domingo, 10 de mayo de 2015

El absurdo (II)

"Los hombres se parecen a esos relojes de cuerda que andan sin saber por qué. Cada vez que se engendra un hombre y se le hace venir al mundo, se da cuerda de nuevo al reloj de la vida humana, para que repita una vez más su rancio sonsonete gastado de eterna caja de música, frase por frase, tiempo por tiempo, con variaciones apenas imperceptibles."
Parerga y Paralipómena.(Schopenahuer)

¿Conoce alguien a las dos personas que aparecen en la fotografía? Evidentemente no. Yo tampoco los habría conocido hasta hace muy poco. No te preocupes, son sólo dos de mis bisabuelos paternos.

No tienen nada de especial. Son sólo dos personas más que han pasado por la existencia, y que la abandonaron tras una breve instancia por la realidad: Nacieron a finales del siglo XIX. Mi bisabuelo, que era químico, murió a los 52 años de edad por problemas cardíacos, y ella, que era ama de casa, murió a los 34 años debido a "dolores reumáticos". Poco más se conoce de sus vidas.

Sin duda vivieron y padecieron, tendrían buenos y malos momentos, seguro que en muchas ocasiones disfrutaron, gozaron, rieron, lloraron, amaron y odiaron. Y por supuesto que, como seres humanos que fueron, se vieron envueltos en el mismo juego de necesidad y satisfacción en que todos nosotros nos encontramos ahora mismo. Lucharían por obtener recursos, por tener hijos, y por suplir todas las exigencias de la vida. Finalmente, llegado el momento, verían también, horrorizados, como se les apagaba la vida, y como volvían a esa nada que constituye la muerte.

La cuestión es que ya nadie sabe de ellos. Si fueron buenos o malos, felices o infelices, no tiene importancia alguna, ni siquiera para sus familiares directos (de hecho, mi padre tampoco pudo reconocer a sus propios abuelos en la foto, ya que no los llegó a ver en vida). Ya nadie sabe apenas nada de la vida de estas personas, y además a nadie le interesa lo más mínimo. Es absurdo. Fueron personas hace poco más de 60 años, estaban vivas como nosotros. Se esforzaron por hacer lo que se supone que todos debemos hacer: sobrevivir, dejar descendencia, y asegurarse de que esa descendencia crezca y se reproduzca a su vez, de modo que el ciclo pueda continuar. Y lo hicieron bien, prueba de ello es que yo ahora mismo estoy aquí escribiendo estas líneas. Y pese a todo lo que hicieron, no queda ya ni rastro de su ser.

Fueron marionetas. No puedo expresarlo de otro modo: fueron utilizados para un estúpido fin, al que nadie puede dar un sentido racional. La teoría del soma desechable viene al cuento. Quizás se pueda decir que sus genes perviven en su descendencia (yo, para no ir más lejos, comparto aproximadamente 1/8 de sus genes), pero mis bisabuelos sin duda no eran sólo las copias de esas moléculas de ADN que también hay en mi genoma: ellos eran mucho más. De hecho, si hay algo que pueda definir a una persona, es su fenotipo completo, ese soma que es precisamente el que desaparece tras una breve existencia. Porque si hay algo que lucha y sufre, es la expresión del gen, y no el gen en si mismo. No, mis bisabuelos ya no existen, como tampoco yo existiré dentro de poco tiempo, por mucho que mis hijas procreen.

Es un hecho: mis bisabuelos fueron títeres de este teatrillo de mundo. Igual que lo somos y yo. También nosotros dejaremos pronto la existencia, y a las pocas décadas, todo rastro de nuestro paso por la realidad habrá desaparecido. El sonsonete del que habla Schopenhauer continuará, y nosotros desapareceremos pronto por completo. Si fuimos felices o infelices, ricos o pobres, buenos o malos, pronto dejará de tener importancia. Si tu vida fue muy satisfactoria, y estuvo llena de gozos, o si te dedicaste a la meditación budista no tendrá importancia alguna. El tiempo no sólo borrará todos nuestros actos, sino también la consecuencia de nuestros actos. Llegado el punto, será imposible que nadie pueda siquiera conocer de nosotros por mucho que lo intente.

Y no me negarás que es grotesco. Que es ridículo. Cualquier persona que lo piense y lo comprenda, no tiene más remedio que reír con descaro ante esta realidad. Porque somos seres racionales dentro de una existencia irracional, una existencia que no tiene causa racional (porque la evolución es simple acto mecánico), ni tampoco un fin racional (porque los fines de nuestra existencia son los fines de nuestra causa evolutiva, la cual es un mero acto espontaneo). Y para más inri, somos seres conscientes de este fatal e irracional destino; comprendemos la indiferencia del universo hacia nosotros, y entendemos que nuestro sino en la Tierra consiste en obedecer unos dictados que aseguran la supervivencia de ciertas moléculas de ADN que nuestras células llevan en su núcleo.

Si aún así, si a pesar de todo lo dicho, te resistes a compartir estas ideas (que en el fondo no son más que la divulgación de las ideas de autores como Schopenhauer o Albert Camus), no te preocupes, el tiempo me dará la razón cuando todo nuestro ser, junto con las consecuencias de nuestro ser, sean pasto de la nada más absoluta. Reflexiona un segundo: ¿De qué habrá servido tu vida dentro de algunas décadas cuando nadie te recuerde y nadie se preocupe por tu existencia? ¿De qué sirvió los 34 años de vida de mi bisabuela? ¿Para qué tuvo que vivir, luchar, y morir dolorida en una cama?...¿para que yo pudiera aparecer en el mundo y continuar con este ciclo de dolor y miseria? ¡¡Por favor, es absurdo!!