martes, 26 de noviembre de 2019

Todo el mundo juzga, todo el tiempo

"Escucha, como carne sensible que somos, por muy ilusorias que sean nuestras identidades, elaboramos esas identidades haciendo juicios de valor. Todo el mundo juzga, todo el tiempo. Si tienes un problema con eso es que vives en un mundo equivocado." (Rust Cohle, Serie "True Detective")


Hace unos días terminé de ver la primera temporada de "True Detective", famosa serie de HBO. No sé cómo se me escapó, pero hasta ahora no descubrí semejante obra maestra. La temporada completa está repleta de demoledoras frases de uno de los protagonistas, Rust Cohle (interpretado magistralmente por Matthew McConaughey), pero me llamó especialmente la atención la cita con la que abro este artículo: es la puñetera argumentación que mejor define eso que entendemos como el "yo". Todo el mundo juzga, y lo hacemos todo el puto tiempo: desde el mismo momento en que abrimos los ojos a primera hora de la mañana. Una frase que me recordó además un artículo que escribí hace ya bastante tiempo y que me gustaría compartir con vosotros a continuación:

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Hoy he terminado de leer la novela "La caída", de Albert Camus. En mi opinión, y en pocas palabras, el libro es una maravilla. Es imposible que alguien lea este libro, y no sienta resquebrajar parte de las ideas preconcebidas que todos tenemos sobre el modo de nuestro estar en el mundo.

No voy a entrar en mucho detalle sobre todo lo que este magnífico libro nos puede enseñar sobre este mundo que todos creemos, erróneamente, conocer tan bien. Pero sí voy, sin embargo, a detallar un punto concreto -quizás el más importante- que me ha llamado mucho la atención. Un asunto que, aunque parece evidente cuando se menciona, pasa normalmente desapercibido en el transcurso de nuestras vidas diarias en sociedad:

En cierto punto del libro, Clamence (nombre del protagonista de la novela) describe el momento de su vida, en que se hace consciente del hecho de que todo gira en torno a un continuo juicio de valor sobre su persona: se da cuenta, de hecho, de que la vida no es más que un juicio perpetuo; comprueba que todos somos continuamente objetivo de innumerables valoraciones que sobre nosotros vierten otras personas. Clamence vivía ignorante de esta evidencia, era puro instinto. Pero algo tan trivial y simbólico como una carcajada burlona ("¡Pobre infeliz!"), dirigida hacia su persona, lo sacan de su ceguera. Ese desprecio sufrido delante de una muchedumbre lo corroe durante meses. Llega a tal punto que, de tanto rumiar este infortunio, se obsesiona; se vuelve consciente de cada atribución y de cada clasificación que hacen sobre él. Aunque lo peor, sin duda, es que a causa de esta súbita conciencia no puede evitar sufrir una crisis de personalidad: es decir; comienza también él, a juzgarse a sí mismo.

Y en nuestras vidas ocurre exactamente lo mismo. Eso nos quiere decir, Camus. Puede que no seamos conscientes, o que lo seamos muy de vez en cuando; pero la vida en sociedad es un juicio constante de todos contra todos: cada movimiento que realizamos a diario, cada pequeña decisión que tomamos, cada palabra que sale por nuestra garganta; TODO lo que hagamos o digamos, en definitiva, es automáticamente juzgado por toda aquella persona que lo perciba. 

Y la tensión es palpable. Aunque no lo sintamos en la conciencia, cada relación social que mantenemos es una lucha por mantener nuestra reputación. La cosa es así, lo llevamos en los genes. Una necesidad por conseguir estatus y respeto que es, sin lugar a dudas, causa de gran parte del sufrimiento humano.

Pero lo peor es el método elegido por la evolución para que podamos suplir con éxito esta necesidad de alcanzar un buen estatus social: ese método no es otro que la autoestima. Autoestima; que no es otra cosa que el juicio más implacable al que toda persona se enfrenta en su vida: su propio juicio. Un juicio que realizamos sobre nosotros mismos para estudiar, sin cesar, qué es lo que pensamos que los demás opinan de nosotros. Por cierto, y dicho sea de paso, no hay peor tortura que sufrir de una baja autoestima. Como nos enseña Camus, una simple risa burlona, en un mal momento personal, es todo lo que se necesita para hundir la vida de una persona. ¡Cuántos complejos no habrán nacido, fruto de un simple acto de desprecio recibido delante de otras personas!

Y claro, luego está el conocimiento simultáneo del absurdo del asunto. ¿Cuál es el fin de tanto juicio? ¿Para qué tanto empeño en juzgar y en ser bien juzgado? Pues para lo de siempre; para lo único: para nuestra supervivencia y reproducción. Tanto dolor, esencialmente para nada; tanta ansiedad y angustia, para trasmitir una cadena de moléculas de ADN a una nueva generación: ¡no  hay cosa más absurda!

Y además, es un sufrimiento inevitable; es inevitable preocuparse por nuestra reputación. Es tan inevitable, como no sentir aversión por la comida podrida, o no colocar las manos frente a la cara cuando vemos que nos vamos a golpear la cabeza. Esta necesidad de mantener el estatus es instintiva; y poco se puede hacer por controlar tan estúpido mandato biológico. Porque sin duda es estúpido que nos afecte la valoración que los demás puedan hacer de nuestros actos; pero no importa lo mucho que luchemos contra ello, finalmente todo nos afecta por mucho que lo neguemos; porque es que sencillamente no podemos parar de juzgar: nuestra "felicidad" depende de ello, porque nuestra "felicidad", por desgracia, depende de cuanto nos alaben y de cuantos nos adoren; depende de someter y de dominar el juicio ajeno...y cuanto más mejor.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Frases de Rustin Spencer "Rust" Cohle (Serie: "True Detective")

Os dejo algunas frases del personaje Cohle de la primera temporada de la serie "True Detective". Una maravilla televisiva cuyo guión bien parece que haya sido escrito por Thomas Ligotti:
- Sobre el sentido de la vida
“He visto el final de miles de vidas. Jóvenes, viejos, cada uno tan seguro de su propia realidad, de que su experiencia sensorial constituye algo único e individual, algo con un propósito y un significado. Tan seguros de que son algo más que una marioneta biológica. Bueno, la verdad siempre sale a luz y todos la ven. Una vez que las cuerdas se cortan todos terminan derrumbándose”
- Sobre la conciencia humana
“Creo que la conciencia humana fue un trágico paso en falso de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos, la naturaleza creó un aspecto separado de ella, somos criaturas que no deberíamos existir de acuerdo a la ley natural. Somos cosas que funcionan bajo la ilusión de tener un ser propio, una acumulación de experiencias sensoriales y sentimientos, programada para asegurarnos que somos alguien, cuando en realidad nadie es nadie. Quizás lo más honorable que podríamos hacer como especie es negar esa programación, dejar de reproducirnos, caminar de la mano hacia nuestra propia extinción, una última noche, hermanos y hermanas, excluyéndonos voluntariamente de un contrato injusto”.
- Sobre la aceptación de la muerte
“14 horas mirando imágenes de cadáveres y esto es lo que comienzas a ver. Los miras a los ojos, incluso en una foto, y puedes leerlos. ¿Sabes lo que ves? Le dan la bienvenida. No al principio, pero justo ahí, en el último instante. Es indudablemente un alivio. Porque todos ellos tenían miedo y ahora ven, por primera vez, lo fácil que era simplemente dejarse ir. Después ven, en ese último nanosegundo, ven lo que eran. Tú, tú mismo, todo este gran drama, nunca fue más que un burdo engaño de la arrogancia y la estúpida voluntad, y puedes simplemente liberarte de todo eso, finalmente darte cuenta que no tienes que aferrarte tan fuerte. Darte cuenta de que toda tu vida, todo lo que amas, lo que odias, tus memorias, todo tu dolor, era parte de una misma cosa. Era todo un mismo sueño, un sueño que albergaste dentro de una habitación cerrada, un sueño acerca de ser una persona. Y como en muchos sueños, en el final hay un monstruo”.
- Sobre la religión
“Si lo único que hace que una persona sea decente es la esperanza de una recompensa divina, entonces, hermano, esa persona es un pedazo de mierda, y me gustaría que salieran a luz cuantas más de ellas mejor. ¿Tienes que juntarte con otros y contarte historias que violan cada ley del universo sólo para poder superar el maldito día? ¿Qué dice eso de tu realidad?”

The Long Bright Dark

Rust: Parece como si la gente de aquí no supieran que el mundo exterior existe. Podrían estar viviendo en la puta luna.

Marty: Hay muchas clases de guetos en el mundo.

Rust: Sólo hay un gueto, amigo. Es una gran cloaca en el espacio...

Marty: La escena de hoy... es la mayor locura que he visto jamás... Oye, una pregunta ¿eres cristiano, verdad?

Rust: No

Marty: ¿Y por qué tienes un crucifijo en tu apartamento?

Rust: Bah, es una forma de meditación

Marty: ¿Cómo dices?

Rust: Contemplo el momento del huerto, la idea de permitir tu propia crucifixión

Marty: Pero no eres cristiano, ¿en que crees?

Rust: Creo que no se debe hablar de esta mierda en el trabajo

Marty: Espera, espera, llevamos juntos tres meses... y no te he sacado nada... se amable, no pretendo convertirte.

Rust: Me considero un realista. Puesto en términos filosóficos soy lo que llaman un "pesimista".

Marty: ¿Ah, vale... Y qué significa eso?

Rust: Que soy malo en las fiestas.

Marty: Déjame decirte... tampoco eres bueno fuera de ellas.

Rust: Creo que la conciencia humana es un trágico error de la evolución. Nos volvimos demasiado conscientes de nosotros mismos. La naturaleza creó un aspecto separado de sí misma. Somos criaturas que no deberíamos existir según la ley natural.

Marty: Joder, eso suena horroroso, Rust.

Rust: Somos cosas que se obsesionan bajo la ilusión de tener un "yo". Una creación de experiencias y sentimientos sensoriales. Programados, con la seguridad de que todos somos alguien... cuando de hecho, nadie es nadie.

Marty: Oye, yo no escupiría esa mierda si fuera tú. Las personas por aquí no piensan de esa forma. Yo no pienso de esa forma.

Rust: Creo que lo único honorable que nuestra especie puede hacer es negar nuestra programación. Dejar de reproducirnos. Caminar de la mano hacia la extinción. Una última medianoche, hermanos y hermanas rechazando la injusticia.

Marty: Y, ¿qué te hace levantarte por las mañanas?

Rust: Me convenzo de que doy testimonio... pero la verdadera respuesta es que, obviamente, esa es mi programación. Y no tengo el coraje para suicidarme.

Marty: Veo que he tenido mucha suerte de conocerte mejor hoy... En tres meses no te he odio una palabra y...

Rust: Me has preguntado...

Marty: Si.. y ahora te suplico que cierres la puta boca.

Diálogo de la serie True Detective, 1ª temporada. Guión de Nic Pizzolatto

viernes, 22 de noviembre de 2019

¿Por qué envejecemos?

"[...] en una realidad de recursos escasos se ha generado una situación de supervivencia entre estructuras en que unas «depredan» sobre otras para potenciar su propia existencia desde un Big Bang inicial. Y por razones energéticas (o sea, llanamente físicas) las estructuras que «medran» son, tautológicamente, las más estables (negentropía «fuerte»). Tal estabilidad se ceba termodinámicamente a expensas de las estructuras menos estables (negentropía «débil»). O sea que dentro de una línea evolucionista el proceso imperante es la selección de lo circunstancialmente más estable. Por supuesto que, en realidad, trivialmente, todo es un proceso de selección que podemos calificar como selección natural, aunque ciertamente el apelativo natural en este contexto amplio está de más, es decir, es una acepción redundante porque el mundo y todo lo que en él ocurre es natural."
("El flujo de la historia y el sentido de la vida", Carlos Castrodeza)


Este año cumplí los 40, y en mi círculo familiar y de amigos la mayoría también igualan o superan esta edad. La principal consecuencia de sobrepasar esta edad es el hecho de ser conscientes, ya sin lugar a dudas, del continuo proceso de envejecimiento en nuestro cuerpo. Las arrugas y los primeros achaques empiezan a aparecer. Muchos tenemos que empezar a tomar pastillas casi a diario y los dolores más o menos crónicos empiezan a afectan a casi todos los cuarentones. El deterioro físico se evidencia también en el modo tan brusco en que se reduce nuestra capacidad y rendimiento deportivo y mecánico en general; y no es raro que empecemos a oír (con pavor) de conocidos o vecinos que van incluso muriendo con edades parecidas a la nuestra. Y no es para menos: el cáncer empieza a ser cada vez más probable, lo mismo que las patologías cardiovasculares (los dos grupos de enfermedades que matan a 2 de cada 7 personas en el mundo desarrollado).

En resumen: que ese proceso de envejecimiento con el que empezó nuestro declive físico a partir de los 30 (sin que en principio nos afectase demasiado), a partir de los 40 ya es más que evidente. La mortalidad se duplica con cada año cumplido...y ya empezamos a verle las orejas al lobo. Así pues, quizás sea buen momento para dejar de lado por un rato la PlayStation y reflexionar un poco sobre el propio hecho del envejecimiento. La pregunta es evidente: ¿por qué narices envejecemos? ¿Por qué no permanecemos con la vitalidad y la salud del veinteañero hasta el fin de nuestros días? ¿Por qué existe ese punto de inflexión pasada la pubertad? Y no voy a entretenerme con la fisiología de la vejez, que si los telómeros de nuestras células se acortan, que si tal que si cual; sino que me gustaría tratar el propio hecho en sí sin importar la biología subyacente. El hecho es que envejecemos, y nos merecemos comprender la razón última de que este proceso natural tenga lugar: es decir, que queremos comprender por qué estos procesos fisiológicos ocurren cuando biológicamente podrían ser evitados (y de hecho en ciertos seres vivos es el caso y la esperanza de vida es muy diferente según la especie).

Pues bien, vamos a intentar explicarlo:

Somos producto de un proceso evolutivo.

Para entender la vejez, primero hay que entender que nuestro cuerpo es, grosso modo, el resultado de la expresión o traducción de moléculas de ADN en aminoácidos que se amalgaman luego para conformar a las proteínas que dan lugar a la fisiología de nuestro cuerpo. Brevemente: una cierta secuencia finita y ordenada de cientos de moléculas de ADN codifican la información necesaria (a la que llamamos gen) para sintetizar cada una de nuestras proteínas. Finalmente todo este conjunto de genes se agrupan y empaquetan en varios cromosomas: el libro de instrucciones que almacenan algo así como el "algoritmo" (conjunto ordenado de operaciones mecánicas y sistemáticas que permiten realizar una tarea) con el que fabricar el fenotipo de los diversos seres vivos.

Por otro lado, y relacionado con ésto, el proceso de evolución biológica que lleva ocurriendo en nuestro planeta desde hace alrededor de 4.000 millones de años no es ni más ni menos que un proceso mecánico espontáneo por el que ese código del que hemos hablado (esos libros de instrucciones moleculares) se reconfiguran en el tiempo como si piezas de lego se tratasen. Cada especie aparecida (y desaparecida) en la Tierra en esencia no se diferencian de nosotros nada más que en el orden y la cantidad de moléculas de ADN contenidas en su "libro" particular de instrucciones. Cambia un poco el código genético, y el resultado (el fenotipo) variará de modo que en vez de un niño de ojos azules te saldrá uno con ojos castaños; cambialo mucho, y al procesar el "algoritmo" completo de traducción en lugar de un niño aparecerá un gorrión o una garrapata. Y aunque parezca exagerado, en esencia es así de sencillo: toda la variación de vida en el mundo se deben a modificaciones (a veces pequeñas) en el orden y cantidad de nucleótidos contenidos en los cromosomas. Por poner un ejemplo, entre el hombre y el chimpancé apenas varía un 1% del total de genes en nuestros respectivos cromosomas. El resto de instrucciones son idénticas.

Gen que codifica una proteina

El algoritmo de "Dios".

El proceso evolutivo se reduce en cierto modo a la ejecución de un algoritmo natural (mecánico y físico) que se reproduce en bucle una y otra, y otra vez. Se juega con mutaciones (cambios) aleatorios en el orden en que se enlazan los nucleótidos (las letras que codifican al gen y que se traducen en proteínas), y luego se pone a "prueba" a la criatura "mutada" en una selección ciega y espontánea (natural) por la que permanecen aquellos fenotipos (expresión del libro de instrucciones) que mejor se adaptan al ambiente. Si el cambio aleatorio beneficia la supervivencia de la nueva criatura, ese libro de instrucciones modificado permanece con más probabilidad en el mundo, desplazando normalmente por el camino a otras especies menos aptas dadas las circunstancias.

En este sentido, es un algoritmo bastante simple y sencillo el que ha llevado a las primeras formas de vida hasta lo que vemos hoy día a nuestro alrededor:

1) Las moléculas de ADN expresan un libro completo de instrucciones (cromosomas) formando un complejo organismo compuesto de proteínas (estructuras tridimensionales con funciones bien diferenciadas). Esa expresión implica la generación de fenotipos o "individuos" (cuerpos, somas, u organismos según se les quiera llamar, da lo mismo).
2) Los "individuos" luchan entre sí de manera innata (instintiva, ciega, espontánea e irracional) por los recursos disponibles en el medio para lograr permanecer (sobrevivir) y replicarse. Este paso es autónomo en el sentido de que aquellas estructuras que no luchan por permanecer o lo hacen de manera poco eficaz simplemente desaparecen, quedando por defecto las que sí luchan y lo hacen bien. En este sentido, podemos decir parafraseando a Carlos Castrodeza que: "La idea central es que biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto".
3) Durante la réplica de los "individuos" (de su genoma en realidad), ocasionalmente acontece alguna mutación (un baile fortuito de nucleótidos), que lleva a la posibilidad de que algún gen se traduzca en una proteína diferente que podría (o no) otorgar a la descendencia alguna facultad que la diferencie y la haga más competente que sus rivales.
4) Volver al punto 1) durante una iteración infinita, paralela, y a escala global (el ciclo de la vida).

Simple, ¿verdad? Pues este sencillo proceso mecánico (físico) natural y espontáneo gradualmente (durante millones de años) conformó la complejidad estructural (fenotípica) de toda la vida que vemos hoy día a nuestro alrededor. Como vemos, en el fondo se trata de un juego natural por el que el mundo ordena y reestructura una larga cadena de moléculas unidas en forma de doble hélice usando cuatro tipo de componentes (letras). Si ordenas las letras de una manera determinada, se expresa como fenotipo un perro; y si cambias el orden y la cantidad de letras pues aparece por ejemplo un cocodrilo. Por lo demás, no hay diferencia esencial alguna.

Muy bien pero, ¿por qué envejecemos?

La respuesta es asombrosamente simple: la vejez sucede porque el proceso evolutivo no necesita del "individuo" una vez éste sobrepasa holgadamente la edad reproductiva. Es decir, que de manera autónoma (como todo en la naturaleza), la evolución ha seleccionado durante millones de años aquellos "libros de instrucciones" que mejor se adaptan al ambiente...pero sólo hasta que llegan a la edad reproductiva y dejan progenie. En otras palabras: el algoritmo evolutivo que antes vimos supone que la naturaleza sólo "requiere" que la reproducción (con sus ocasionales mutaciones) tengan lugar, por lo que existe una sobreprotección automática sobre aquellos genes que refuerzan y protegen al fenotipo (al individuo) hasta que este alcanza su madurez sexual, momento en que la presión evolutiva se va relajando conforme esa edad es sobrepasada. Y además, debido a que gran parte de los seres vivos invierten cierto esfuerzo en criar a su prole y a que son capaces de tener durante su vida varios procesos de crianza, esta distensión es gradual y dependiente del ser vivo en cuestión. Más adelante profundizaremos un poco más en este punto, pero centrémonos de momento en el hecho de que la razón fundamental; la base de la explicación, es así de simple: todo individuo no es más que un soma dedicado a la tarea de sobrevivir hasta alcanzar la edad reproductiva, momento a partir del cual la selección natural deja estadísticamente de proteger gradualmente al fenotipo ya adulto, lo cual implica que comienzan a aparecer desperfectos y una inevitable degradación fisiológica que la evolución no se "molesta" en corregir puesto que no es indispensable para que las instrucciones (el genoma) del individuo permanezcan en el acervo génico.

En resumen.

La "meta" fundamental de la evolución ha sido desde el primer momento la copia y permanencia de los diferentes genomas (una larga encadenación de moléculas de ADN). Pero no persistieron en el tiempo cualquier encadenación de ADN, sino que lo han hecho aquellas que fueron capaces de expresar (traducirse) en proteínas que les diese ventaja sobre otras encadenaciones de ADN menos "fértiles" (siempre siguiendo el natural algoritmo de "Dios" que vimos arriba). Estas proteínas empezaron a conformar orgánulos y órganos cada vez más complejos en esta lucha natural por sobrevivir y copiar las "mejores" instrucciones, lo cual acabó dando lugar a los seres multicelulares, los animales y plantas, la reproducción sexual y todo lo demás. Pero estos individuos (los somas), fruto de la expresión génica, debe quedar claro que no son más que medios de reproducción: máquinas temporales cuya única misión es la de replicar moléculas de ADN.

Y debido a que la importancia (intrínseca y espontánea) para el mundo natural es la réplica del genoma, el soma es algo secundario, un mero subproducto: un vehículo con una misión bien clara por la que debe trabajar y luchar. Y como representación de este hecho nos encontramos con la vejez: la senilidad no es ni más ni menos que el retrato de lo poco que le importa el sujeto al Universo. La evolución, siguiendo las leyes mecánicas de la física, refuerza y protege espontáneamente la salud y el bienestar del individuo expresado (el fenotipo), pero tan pronto la edad reproductiva es lo suficientemente superada, el proceso evolutivo no tiene "necesidad" de seguir protegiendo (seleccionando) genes que hagan persistir la salud y la juventud del organismo. Se produce por tanto una laxitud natural, de modo que los genomas (los  libros de instrucciones) no tienen genes "preocupados" por el bienestar del sujeto que ya pasó con creces la edad reproductiva. Y de hecho, se acumulan genes que más bien hacen lo contrario: favorecen al individuo jóven incluso si su misma expresión tardía perjudica al individuo "viejo". La vejez gradual y la posterior muerte del individuo son así la muestra gráfica más clara de la indiferencia que "siente" el mundo hacia los sujetos, el individuo, el soma, o como se lo quiera llamar. La vejez del cuerpo NO es físicamente inevitable, ni tampoco la muerte, pero es que la naturaleza no se preocupa por el medio (que es lo conforma cada sujeto) sino por el "fin" (evolutivo). De hecho, el soma no es más que un títere obligado a continuar con el (objetivamente) irracional ciclo de la vida. Todos los seres vivos (la expresión del genoma) son marionetas movidas por los hilos de la eterna iteración del algoritmo evolutivo que antes estudiamos.

Muy bien pero, ¿por qué el ritmo de envejecimiento y la esperanza de vida cambia tanto según sea el ser vivo?

Hace ya unos años se publicó un libro que entraba de lleno en este asunto. Su título era "Biología de la muerte", y fue escrito por los científicos André Klarsfeld y Frédéric Revah. Y aunque no tengo espacio aquí para explicar por completo la interesante tesis de estos autores, sí puedo mencionar esquemáticamente la cuestión de por qué unos seres vivos envejecen y mueren antes que otros: en el fondo se trata de un hecho estadístico (y por supuesto autónomo).

Muy grosso modo, el proceso evolutivo realiza (ciegamente) un ajuste natural entre la fertilidad del organismo y la capacidad de adaptación a su medio. Puede sonar confuso pero vamos a entenderlo muy bien con varios ejemplos prácticos (hay que tener en cuenta que hablamos de escalas de tiempo evolutivas y de seres vivos en entornos silvestres):

- Imaginemos primero la historia evolutiva de los actuales conejos silvestres (o de su antecesor más inmediato). Estos pequeños animales posiblemente han tenido siempre muchos depredadores en su nicho natural, por lo que es probable que los individuos, tras tener algunas pocas camadas de media, fuesen cazadas o muriesen accidentalmente de un modo u otro. Esto supone que existe históricamente un coto estadístico sobre la edad media a la que estos animales han tenido descendencia antes de morir devorados, por hambre, o por otra causa. Es decir; que durante el proceso evolutivo que llevó a lo que hoy conocemos como conejo, estadísticamente se produjo un autoajuste natural entre la fertilidad y la esperanza de vida que maximizó la probabilidad de supervivencia de la especie.

Pongamos números:

El conejo en libertad vive de media 9 años. Y esto es así porque la evolución no tuvo la "necesidad" de proteger la salud de estos somas (vehículos del genoma) por mucho más tiempo. Es decir, que como durante la historia evolutiva de este animal la mayoría de las crías han sido gestadas de media por conejos de menos de 9 años, el proceso evolutivo relajó espontáneamente la protección fenotípica para edades superiores. Hay que destacar que estos 9 años no son el límite máximo de edad que puede alcanzar un conejo, sino el punto de inflexión en el que a la naturaleza ya no se "preocupó" históricamente más por elegir "buenos" genes para lo que les ocurra a los individuos de mayor edad. Por cierto que un conejo criado en cautiverio y en perfectas condiciones suele morir alrededor de los 12 años debido a la decadencia (vejez) producida por esta laxitud evolutiva antes mencionada: simplemente el fenotipo no está programado para poder sobrepasar (ni siquiera en principio) por mucho ese tope de edad. Es algo "similar" a la obsolescencia programada de nuestros equipos electrónicos (es interesante notar en este punto que en el ser humano se cree que el tope teórico de edad máxima alcanzable son los 120 años).

- Continuemos con otro ejemplo:

La línea evolutiva del Homo Sapiens se cree que comenzó hace varios millones de años. Y desde hace aproximadamente 200.000 años los cambios genéticos en nuestro genoma posiblemente han sido mínimos. Y volviendo al inicio de este artículo podemos preguntar de nuevo: ¿por qué la decadencia y el declive en nuestra salud en general comienza gradualmente a partir de los 30 años? Pues ahora sabemos que por el mismo motivo que en el caso anterior. Durante esos millones de años que han llevado hasta lo que hoy entendemos como hombre, de media, la edad en que se ha producido más procreación y crianza de individuos ha sido estadísticamente menor de 30 años; por lo que la evolución de este modo se "despreocupó" históricamente de nuestra salud a partir de la veintena, condenándonos "inconscientemente" al gradual proceso del envejecimiento.

Es decir, que evolutivamente ha sido importante sobreproteger siempre al individuo (manteniendo en el acervo "buenos" genes) para maximizar en lo posible la probabilidad de que éste alcance la edad media de procreación; pero sencillamente no ha tenido manera ni "necesidad" de seleccionar genes que se traduzcan en mejorar la esperanza de vida demasiado por encima de esta edad media de crianza. Y hay que recordar de nuevo que a la naturaleza lo que le "importa" (su "meta" u "objetivo") no es en absoluto proteger o preservar al individuo en sí (el medio), sino maximizar y garantizar la supervivencia del propio genoma (las moléculas de ADN que codifican la información del fenotipo: que es meramente el vehículo o máquina reproductora). Al mundo natural le importa un comino, por ejemplo, que una mosca viva de media "sólo" una semana (no "siente" lástima alguna por ningún soma en sí), lo único que le "interesa" es conseguir mantener y preservar para la biosfera el acervo génico termodinámicamente más eficiente dadas las circunstancias geológicas (más información sobre esta mención termodinámica en la siguiente entrada: "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución, por Dorion Sagan" o leyendo el magnífico libro "¿Qué es el Sexo?", de Lynn Margulis y Dorion Sagan").

- Un último caso de ejemplo:

Es conocido que existen seres vivos que viven cientos, o incluso miles de años: por ejemplo ciertos ejemplares de eucaliptos o robles (en concreto el roble Jarupa). ¿Cómo lo hacen? ¿Cuál es el secreto de su "eterna" juventud? Pues en realidad siguen los mismos principios ya vistos: resulta que, durante la historia evolutiva de estas longevas especies, consiguieron (estocásticamente) la rara habilidad fenotípica de conseguir aumentar la fertilidad del individuo con el paso de los años (lo cual es algo excepcional y poco visto en el mundo natural). La expresión del genoma de estos individuos consiguen dominar su medio con tal eficiencia que no sólo tienen una alta tasa de supervivencia individual, sino que siguen creciendo más y más, ¡y aumentan su fertilidad conforme más viejos son! En la evolución de estas especies conforme pasaron los años los individuos lograron (por pura fortuna) aumentar la media media de procreación puesto que lograron permanecer y dominar cada vez mejor su medio, a la vez que (también por fortuna) crecían más y más, y producían más y más descendencia cuanto más crecían. De este modo, estadísticamente, la mejor estrategia natural para maximizar esparcir su genoma fue históricamente la de proteger la "salud" del soma todo el tiempo posible. Así pues, la evolución tardó mucho más de lo normal en relajar su protección en estas especies, e incluso surgieron estrategias muy interesantes de regeneración de daños e incluso de clonación.

Corolario.

Para el mundo, el individuo no supone nada. Menos que nada: sólo somos marionetas a las órdenes de un espontáneo mandamiento mecánico (evolutivo) cuya base fundamental física se basa en las leyes termodinámicas (el necesario aumento de entropía). Y así pues, podríamos concluir junto al filósofo español Carlos Castrodeza que"Una vez ubicado su medio, [el hombre] se vislumbra como un ser forzado a (deseoso de) sobrevivir sobre todas las cosas. No importa cuál sea su sufrimiento, su miseria, su menosprecio a la vida, su desesperación. Se ve arrastrando su existencia, a menudo, de una manera tan tragicómica como amarga".

Y no hay más. Todos vamos a envejecer pronto y todos vamos a morir tras una dura vida de lucha y crianza por y para replicar esas moléculas helicoidales tan chulas que llevamos en el núcleo de nuestras células. El Universo "quiere" reducir gradientes energéticos (aumentar la entropía) y somos un medio más con el que lo consigue. Y si este "deseo" o "necesidad" natural tiene o no alguna utilidad es ya una cuestión metafísica sobre la que casi seguro jamás sabremos gran cosa.

Tanta belleza, al lado
de una estación tan breve,
sugiere a nuestra atónita razón
esta desoladora conjetura:
el mundo fue creado sin ningún fin o telos
y si -como nos diarían algunos-
hay una meta,
no somos nosotros.
(Joseph Brodsky)

martes, 5 de noviembre de 2019

OpenAI libera el modelo GPT-2 de 1.5B

OpenAI acaba de liberar el modelo GPT-2 1.5B: openai.com/blog/gpt-2-1-5b-release/

GitHub modelo: github.com/openai/gpt-2
Podemos probar el nuevo modelo en funcionamiento aquí: talktotransformer.com/
Yo he probado con el siguiente texto y es increíble el resultado (por ahora sólo funciona en inglés):
Entrada: In quantum mechanics, superdeterminism is a hypothetical class of theories that evade Bell's theorem by virtue of being completely deterministic. It is conceivable that someone could exploit this loophole to construct a local hidden variable theory that reproduces the predictions of quantum mechanics. Superdeterminists do not recognize the existence of genuine chances or possibilities anywhere in the cosmos. [Y GPT-2 continúa a partir de aquí con] There are no physical processes that could create such chances or possibilities, since no matter, even space-time itself, is fully describable as a quantum field.
In superdeterminism, the universe is not just "out there" somewhere. There is no such thing as "outside of the universe," as in the Copernican Principle. It is not "in our heads," as in the "mystery of the soul." Quantum mechanics does not describe a world that is either independent of our brains or somehow related to them, as in a common dualist view.
If we were to adopt a deterministic interpretation of quantum mechanics, we would have to conclude that there was no such thing as "me." "I" was an epiphenomenon of the quantum wavefunction, a placeholder for the properties of...
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Lo más impresionante es el último párrafo porque ¡realmente forma parte de la tesis del superdeterminismo cuántico! Y dudo mucho que el modelo haya sido entrenado con datos de este modelo cuántico que casi nadie conoce ni suele tener en cuenta. Sin duda, un enorme hito para el avance de la inteligencia artificial.
El texto original de entrada lo saqué de la web de la física Sabine: backreaction.blogspot.com/2019/07/the-forgotten-solution-superdetermin

Mucha más información y de más calidad en este video de Dot CSV:

lunes, 9 de septiembre de 2019

Philipp Mainländer: "Filosofía de la Redención" (Segunda edición)

"En el ser humano la voluntad de morir, que es el impulso más íntimo de su ser, se manifiesta, de tarde en tarde, como un profundo anhelo de reposo" (Mainländer)
Entra en imprenta la segunda edición de la traducción del libro "Filosofía de la Redención" de Philipp Mainländer que con tanto cariño Carlos Javier González Serrano y Manuel Pérez Cornejo hicieron hace ya cinco años. Una magnífica obra que ha sido injustamente ignorada debido simplemente al estigma que supuso que su autor se quitase la vida precipitadamente.
Sin embargo, la cosmovisión de Mainländer (discípulo de Schopenhauer) es magnífica, y su tesis correlaciona bastante bien con el fenómeno descrito por la ciencia moderna. En concreto, su propuesta se basa principalmente en lo que la física moderna entiende como aumento de la entropía y sobre lo que los cosmólogos denominan por un lado Big Bang y por otro la "muerte" térmica del universo. En este sentido el autor comenta que:
"El mundo completo, el Universo, tiene una meta: el no-ser y logra ésta mediante el continuo debilitamiento de su suma de fuerzas." (Philipp Mainländer)
Me gustaría terminar este comentario resumiendo (para aquellos que no se vean con ánimos o que duden en leer el trabajo original), y en palabras de Antonio Priante, esta obra capital de la filosofía:
"En el principio era Dios, o sea, para decirlo con palabras de Spinoza, la sustancia divina originaria. Esa entidad absoluta, única, inmaterial, no estaba contenida ni en el tiempo ni en el espacio, si es que esto es pensable. Idéntica a sí misma, no siendo otra cosa que ser puro, eterno e indestructible, un buen día – y perdón por el uso, metafórico, del tiempo -, hastiada sin duda de su divina perfección, decidió echarlo todo a rodar y dejar de ser.
¿Pero cómo el Ser puede dejar de ser? ¿Cómo algo que no existe en el tiempo y el espacio, algo absolutamente inmaterial y trascendente puede morir? Y entonces inventó el mundo. Es decir, su sustancia divina segregó un mundo material con su tiempo, su espacio y su multiplicidad de seres inanimados y animados, que son – somos – partículas de aquella unidad originaria, llamadas todas a perecer. El fin del Universo es su muerte, su aniquilamiento, aunque sólo sea por cumplir con el segundo principio de la termodinámica (que Mainländer había aprendido de Clausius, quien la acababa de inventar) y su consiguiente entropía. Y es así cómo Dios cometió suicidio: convirtiéndose en un mundo destinado a morir.
Es decir, y a ver si queda claro, que el Universo no surgió de un deseo de creación sino de un deseo de autodestrucción. El Universo, la “creación” toda, es el largo proceso del suicidio de Dios, cuyo inicio fue una gran explosión que dio origen a la materia, al tiempo y el espacio."

viernes, 6 de septiembre de 2019

Voluntad de vida y pulsión de muerte

Hoy nos hemos levantado con esta noticia en los diarios: "Los superhongos, una nueva y misteriosa amenaza para la salud mundial". Los antibióticos cada vez hacen menos efecto, los antifúngicos lo mismo, los virus siguen sin tratamiento efectivo (más allá de la prevención con vacunas en el mejor caso); y no aparecen nuevos tratamientos alternativos por mucho que se invierta en ello. Para cuando nos demos cuenta, en unas pocas décadas más, la evolución se habrá encargado de generar bacterias y hongos inmunes a toda terapia (y virus para los cuales no exista posibilidad de vacuna: tipo sida, o la gripe), y entonces será el momento en que retrocederemos un par de siglos en cuanto a los cuidados médicos. Los niños volverán a morir con mucha más frecuencia y la esperanza de vida caerá estrepitosamente (lo cual llevará automáticamente a un aumento de embarazos).
Y es curioso que lo que la evolución quitará por un lado: enorme disminución en la esperanza de vida debido a la resistencia a los tratamientos de los microbios, lo dará por otro: aumento explosivo en la natalidad. Como siempre, vemos como la naturaleza lucha o compite contra "sí misma" de una manera que no deja de ser paradójica. Parece existir una voluntad esencial de vida pero también una contradictoria pulsión de muerte (como Freud señaló). La evolución, y la vida a la que ésta da lugar, parece que se mueve siempre de manera que maximiza la destrucción: impregna de voluntad de vida al fenómeno, pero sólo para asegurarse de que éste se esforzará con todas sus fuerzas por sobrevivir, lo cual supone indirectamente que aniquilará por el camino sin excepción el máximo posible de otras formas de vida.
De esta manera parece que la representación (el fenómeno) en el mundo se autorregula de tal forma que se maximiza siempre un ciclo natural por el que se automutila y se devora a sí misma de manera voraz y vehemente, pero también de manera ciega e irracional (esto es, sin un motivo racional y objetivo aparente). No es extraño que Schopenhauer viese (incluso antes de Darwin) que el mundo (el fenómeno) podría ser la representación directa (múltiple) de una (única) esencia trascendente: una Voluntad de ser. Una esencia que simplemente "buscaría" el ser por el ser y el ser de todas las maneras posibles.
Y sería este trascendental "deseo" o "necesidad" irracional (esto es, sin objetivo racional añadido al simple "deseo", podríamos decir "instintivo", por querer ser) lo que llevaría a que esta Voluntad esencial diese lugar (al objetivarse) a la representación de un mundo como el nuestro: donde las leyes físicas se organizan de modo que todo tienda al cambio constante: a un continuo movimiento y a la experiencia de juguetear continuamente con las piezas de lego (átomos) que constituyen las estructuras materiales. La Voluntad "juega" con su creación (es decir, consigo misma una vez objetivizada): crea y destruye continuamente, se devora y mutila al representarse en lo múltiple (en el fenómeno); pero siempre de manera ciega y vehemente: necesita destruir para crear, y necesita maximizar la destrucción para maximizar su creatividad: su "deseo" de ser de todas las formas posibles es un deseo impaciente y feroz. Sin duda, "quiere" agotar todas las posibilidades lo más pronto posible.
Pero claro, si hay algún perjudicado en todo este sinsentido cósmico es el propio fenómeno, el cual se ve obligado a luchar y sufrir como un mero medio (una marioneta) a las órdenes directa de esa irracional Voluntad por el ser y de ser de todos los modos posibles. Así pues, Schopenhauer concluye:
«Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras, cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas».

sábado, 31 de agosto de 2019

Reflexiones de un viejo filósofo: ¿cuál es el sentido de la vida?

Interesante vídeo donde un viejo filósofo sigue haciéndose las preguntas esenciales después de toda una vida. No deja indiferente su reflexión:

 

Su frase final es demoledora: "So I just go on existing that's the truth of existing"

Me ha recordado en cierta medida a la tesis evolucionista de Carlos Castrodeza: "Una vez ubicado su medio, ¿cómo se ve el hombre? Se vislumbra como un ser forzado a (deseoso de) sobrevivir sobre todas las cosas. No importa cuál sea su sufrimiento, su miseria, su menosprecio a la vida, su desesperación. Se ve arrastrando su existencia, a menudo, de una manera tan tragicómica como amarga"
(Carlos Castrodeza)

"La idea central es que biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto."
("La razón de ser. Meditaciones darwinianas", Carlos Castrodeza)

sábado, 3 de agosto de 2019

"El hacedor de estrellas", por Olaf Stapledon

"En mi agonía grité contra el implacable hacedor. Grité que al fin y al cabo la criatura es más noble que el creador, pues la criatura ama y desea el amor, aun el amor de esa estrella llamada el Hacedor de Estrellas; pero el creador, el Hacedor de Estrellas, ni amaba ni necesitaba amar. Pero tan pronto como di ese gritomiseramente ciego, me sentí consumido por la vergüenza, pues se me hizo evidente de pronto que la virtud del creador no es lo mismo que la virtud en la criatura. Pues el creador, si ama a su criatura, no ama en realidad más que una parte de sí mismo; pero la criatura, al alabar a su creador, alaba a una infinitud que está más allá de sí misma. Advertí que la virtud de la criatura era amar y adorar, y que la virtud del creador era crear y ser la meta incomprensible, inalcanzable e infinita de las criaturas." ("El hacedor de estrellas", Olaf Stapledon)


Me gustaría recomendaros a todos un libro simplemente maravilloso que da mucho que pensar: "El hacedor de estrellas" de Olaf Stapledon (http://www.lecturalia.com/libro/23266/el-hacedor-de-estrellas

"Resumen y sinopsis de "El hacedor de estrellas" de Olaf Stapledon

Una noche de amargura y desengaño, un hombre contempla el firmamento desde lo alto de una colina. De pronto se ve inmerso en una suerte de viaje astral que lo traslada por toda la galaxia, de la que explorará el nacimiento y el ocaso, con la meta última de comprender la naturaleza de la fuerza primigenia, el enigmático «hacedor de estrellas». Stapledon abre un gran angular cuyo protagonista es la inmensidad del tiempo y del espacio, invitándonos a una auténtica aventura existencial. Entre la cosmogonía y la fábula científica, ésta es, en palabras de Borges, una «novela prodigiosa» que ha merecido un lugar privilegiado entre los clásicos de la ciencia ficción". 

Buscadla en internet que la podéis encontrar gratis en PDF. El libro data de 1937 pero no os dejéis engañar, es una obra de arte muy actual en cuanto a la física y la astrofísica que describe. Aquí tenéis otra reseña más completa: https://www.fabulantes.com/2016/02/hacedor-de-estrellas-olaf-stapledon/

"[...] Al final, no obstante, la reflexión metafísica de Stapledon da un giro sorprendente desde la visión casi religiosa hacia la reflexión estética. En este sentido no encontramos una presentación complaciente de las virtudes del amor divino que se suponen desde tantas religiones. El Creador es a un tiempo sustancia infinita y desarrollo creativo que se mejora a través de innumerables creaciones. Y en esta consideración, Stapledon nos golpea con el problema del mal. Por muy perfecto que sea el Hacedor de estrellas éste contempla cada creación de la misma manera en que un artista estudia su obra terminada. No hay amor universal, sino análisis para refinar su arte creador. Incluso la presencia de la crueldad y del mal más abyecto es un sacrificio para que el resto de la creación pueda brillar por contraste. La criatura que contempla a su creador sólo puede angustiarse por el dolor al tiempo que se regocija en la gloria. Es el precio de alcanzar aquello que es inefable." 

El libro, que aunque lo venden como una novela de ciencia ficción es más bien un ensayo filosófico, termina así:

«Yo sentía piedad por aquellos seres últimos y torturados, sentía vergüenza y furia, y desprecié mi derecho al éxtasis ante aquella perfección inhumana; y deseé volver a mi cosmos inferior, a mi propio mundo, humano y torpe, y a unirme con mi propia especie semianimal contra los poderes de las tinieblas, sí, y contra ese tirano invencible, despiadado, indiferente, cuyos pensamientos eran mundos sensibles y torturados».



Comentar por último, que las propuestas de Olaf, que como digo más que novela parece que hace un maravilloso ensayo filosófico (muy adelantado para la época), tienen cierto paralelismo con la moderna propuesta de Max Tegmark de multiverso nivel IV (es.wikipedia.org/wiki/Multiverso). De hecho, Olaf menciona en varias ocasiones al "Hacedor de estrellas" como un infinito creador matemático limitado exclusivamente por la lógica. Brian R. Greene, denomina esta misma idea como Multiverso matemático (es.wikipedia.org/wiki/Multiverso_final).

También 
se puede distinguir cierta relación entre la obra de Olaf y el libro del físico Bernard Haisch: "The God Theory: Universes, Zero-point Fields, and What's Behind It All ", que se puede entender incluso como una revisión más actual de las ideas de Olaf: http://quevidaesta2010.blogspot.com/2017/05/the-god-theory-universes-zero-point.html

domingo, 28 de julio de 2019

Después de tanto, todo para nada

Vida
"Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada."

(José Hierro)



La reflexión está servida: 
Si no es por una cosa será otra: causas internas o externas al propio ser humano. Pero, sea como fuere, la cuestión es que es muy poco probable que la humanidad como tal aguante en pie mucho más tiempo. Puede que otro siglo u otro milenio, qué más da. El esfuerzo y la vehemencia de nuestra especie tiene próxima fecha de caducidad: el ciclo reproductivo llegará más pronto que tarde a su fin. Y llegado el momento: ¿de qué habrá servicio tanta lucha y dolor en pos de ese ideal que es el Bien social? ¡Qué trágico es todo! ¡Qué absurdo es ese estéril sacrificio humano! 
Ya en tres ocasiones la humanidad estuvo a punto de extinguirse por motivos naturales. En estos tres puntos históricos, el último de ellos hace apenas un "pestañeo geológico", la población se redujo a poco más de 10.000 personas en todo el globo y fue un "milagro" que no siguiéramos la suerte de los neandertales. La próxima "oportunidad" podría estar cerca y venir en forma de cataclismo natural (asteroides, gran erupción volcánica, cambio climático radical, etc.) o ser causada por nuestra propia conducta (guerra nuclear, edición génica descontrolada, virus o bacteria pandémica, etc). Y ahí está la "gracia", no sabemos ni cómo ni cuándo, sólo que ocurrirá.
De hecho, es bien sabido que lo único que nos permite continuar con esta farsa social es lo mismo que nos permite continuar con nuestra vida personal como soma desechabledesconocemos a priori el momento y la manera en que acabará todo. Y es que si fuese de otro modo, si tuviésemos a mano un vídeo grabado con todo lujo de detalles y etiquetado con la fecha del fin, el terror y la depresión paralizaría toda nuestra conducta y nos arrastraría hacia la psicosis más absoluta. ¿Quién se iba a levantar a trabajar todos los días a las 7 de la mañana sabiendo con certeza absoluta que el fin será en X años debido a la causa Y? ¿Quién no actuaría ante esta circunstancia con desgana, frustración y abatimiento? 
Imagina, por ejemplo; que X = 30 años y que Y = "Un asteroide enorme impacta sobre la Tierra provocando primero una inmensa destrucción, y posteriormente un invierno glacial que dura centurias". Un asteroide lo suficientemente grande como para que sólo sobrevivan a duras penas ciertas bacterias. ¿Qué haríamos ante esta revelación? ¿Continuar construyendo (o reconstruyendo) catedrales y hospitales que nadie llegará a utilizar? ¿Continuar felizmente teniendo (y criando) hijos condenados a no alcanzar a la edad adulta? Seguro que no. La manía y el caos reinaría ante este panorama. 
En su obra más conocida, "La negación de la muerte" (1973), Ernest Becker, escribió: «Creo que los que consideran que la comprensión total de la condición humana nos volvería locos están en lo cierto [...] El ser humano, literalmente, se sume en el ciego olvido mediante juegos sociales, engaños psicológicos, preocupaciones personales tan alejadas de la realidad de su situación que son formas de locura, locura acordada, locura compartida, locura disfrazada y dignificada, pero locura de todos modos». 
Dignificamos nuestra conducta diaria cerrando los ojos ante el fatal destino que es seguro que llegará. Hacemos como si fuese imposible, nos vemos como seres eternos e indestructibles: acordamos que el homo sapiens no puede desaparecer. Nos vestimos psicológicamente con los trajes de "Dios"...pero seamos serios, en el fondo no somos más que monos venidos a más. ¡Claro que nuestra especie pasará a la historia! Una más entre tantas. Somos "Dioses" de pacotilla. Pobres idiotas revoloteando con aires de grandeza incapaces de comprender su total prescindibilidad para el mundo natural. 
Pero evidentemente nadie se va a preocupar demasiado por X o por Y. No es algo para lo que estemos hecho (no es una conducta evolutivamente estable). Por el contrario, como dice Thomas Ligotti: "Llegará un día para cada uno de nosotros —y luego para todos nosotros— en que el futuro habrá terminado. Hasta entonces, la humanidad se aclimatará a cada nuevo horror que venga a llamar a la puerta, como ha hecho desde el principio. Seguirá adelante y adelante hasta detenerse. Y el horror seguirá adelante, con las generaciones cayendo en el futuro como muertos en tumbas abiertas. El horror que nos transmitieron se transmitirá a otros como un legado escandaloso". 
Seguiremos aclimatandonos a cada adversidad por supuesto; continuaremos luchando y sufriendo con vehemencia por evitar lo inevitable, cegados a consciencia en la creencia de que el hombre posee el don de la inmortalidad. Pero finalmente el secreto será revelado; en cierto momento futuro el velo caerá y descubriremos la fatalidad programada. Y cuando el fin sea evidente e inevitable, al fin una voz largamente contenida por la humanidad gritará horrorizada: ¡Qué es esta vida! Pero sólo responderá el silencio infinito, burlándose de todas las esperanzas absurdas que alguna vez tuvimos.