lunes, 9 de septiembre de 2019

Philipp Mainländer: "Filosofía de la Redención" (Segunda edición)

"En el ser humano la voluntad de morir, que es el impulso más íntimo de su ser, se manifiesta, de tarde en tarde, como un profundo anhelo de reposo" (Mainländer)
Entra en imprenta la segunda edición de la traducción del libro "Filosofía de la Redención" de Philipp Mainländer que con tanto cariño Carlos Javier González Serrano y Manuel Pérez Cornejo hicieron hace ya cinco años. Una magnífica obra que ha sido injustamente ignorada debido simplemente al estigma que supuso que su autor se quitase la vida precipitadamente.
Sin embargo, la cosmovisión de Mainländer (discípulo de Schopenhauer) es magnífica, y su tesis correlaciona bastante bien con el fenómeno descrito por la ciencia moderna. En concreto, su propuesta se basa principalmente en lo que la física moderna entiende como aumento de la entropía y sobre lo que los cosmólogos denominan por un lado Big Bang y por otro la "muerte" térmica del universo. En este sentido el autor comenta que:
"El mundo completo, el Universo, tiene una meta: el no-ser y logra ésta mediante el continuo debilitamiento de su suma de fuerzas." (Philipp Mainländer)
Me gustaría terminar este comentario resumiendo (para aquellos que no se vean con ánimos o que duden en leer el trabajo original), y en palabras de Antonio Priante, esta obra capital de la filosofía:
"En el principio era Dios, o sea, para decirlo con palabras de Spinoza, la sustancia divina originaria. Esa entidad absoluta, única, inmaterial, no estaba contenida ni en el tiempo ni en el espacio, si es que esto es pensable. Idéntica a sí misma, no siendo otra cosa que ser puro, eterno e indestructible, un buen día – y perdón por el uso, metafórico, del tiempo -, hastiada sin duda de su divina perfección, decidió echarlo todo a rodar y dejar de ser.
¿Pero cómo el Ser puede dejar de ser? ¿Cómo algo que no existe en el tiempo y el espacio, algo absolutamente inmaterial y trascendente puede morir? Y entonces inventó el mundo. Es decir, su sustancia divina segregó un mundo material con su tiempo, su espacio y su multiplicidad de seres inanimados y animados, que son – somos – partículas de aquella unidad originaria, llamadas todas a perecer. El fin del Universo es su muerte, su aniquilamiento, aunque sólo sea por cumplir con el segundo principio de la termodinámica (que Mainländer había aprendido de Clausius, quien la acababa de inventar) y su consiguiente entropía. Y es así cómo Dios cometió suicidio: convirtiéndose en un mundo destinado a morir.
Es decir, y a ver si queda claro, que el Universo no surgió de un deseo de creación sino de un deseo de autodestrucción. El Universo, la “creación” toda, es el largo proceso del suicidio de Dios, cuyo inicio fue una gran explosión que dio origen a la materia, al tiempo y el espacio."

viernes, 6 de septiembre de 2019

Voluntad de vida y pulsión de muerte

Hoy nos hemos levantado con esta noticia en los diarios: "Los superhongos, una nueva y misteriosa amenaza para la salud mundial". Los antibióticos cada vez hacen menos efecto, los antifúngicos lo mismo, los virus siguen sin tratamiento efectivo (más allá de la prevención con vacunas en el mejor caso); y no aparecen nuevos tratamientos alternativos por mucho que se invierta en ello. Para cuando nos demos cuenta, en unas pocas décadas más, la evolución se habrá encargado de generar bacterias y hongos inmunes a toda terapia (y virus para los cuales no exista posibilidad de vacuna: tipo sida, o la gripe), y entonces será el momento en que retrocederemos un par de siglos en cuanto a los cuidados médicos. Los niños volverán a morir con mucha más frecuencia y la esperanza de vida caerá estrepitosamente (lo cual llevará automáticamente a un aumento de embarazos).
Y es curioso que lo que la evolución quitará por un lado: enorme disminución en la esperanza de vida debido a la resistencia a los tratamientos de los microbios, lo dará por otro: aumento explosivo en la natalidad. Como siempre, vemos como la naturaleza lucha o compite contra "sí misma" de una manera que no deja de ser paradójica. Parece existir una voluntad esencial de vida pero también una contradictoria pulsión de muerte (como Freud señaló). La evolución, y la vida a la que ésta da lugar, parece que se mueve siempre de manera que maximiza la destrucción: impregna de voluntad de vida al fenómeno, pero sólo para asegurarse de que éste se esforzará con todas sus fuerzas por sobrevivir, lo cual supone indirectamente que aniquilará por el camino sin excepción el máximo posible de otras formas de vida.
De esta manera parece que la representación (el fenómeno) en el mundo se autorregula de tal forma que se maximiza siempre un ciclo natural por el que se automutila y se devora a sí misma de manera voraz y vehemente, pero también de manera ciega e irracional (esto es, sin un motivo racional y objetivo aparente). No es extraño que Schopenhauer viese (incluso antes de Darwin) que el mundo (el fenómeno) podría ser la representación directa (múltiple) de una (única) esencia trascendente: una Voluntad de ser. Una esencia que simplemente "buscaría" el ser por el ser y el ser de todas las maneras posibles.
Y sería este trascendental "deseo" o "necesidad" irracional (esto es, sin objetivo racional añadido al simple "deseo", podríamos decir "instintivo", por querer ser) lo que llevaría a que esta Voluntad esencial diese lugar (al objetivarse) a la representación de un mundo como el nuestro: donde las leyes físicas se organizan de modo que todo tienda al cambio constante: a un continuo movimiento y a la experiencia de juguetear continuamente con las piezas de lego (átomos) que constituyen las estructuras materiales. La Voluntad "juega" con su creación (es decir, consigo misma una vez objetivizada): crea y destruye continuamente, se devora y mutila al representarse en lo múltiple (en el fenómeno); pero siempre de manera ciega y vehemente: necesita destruir para crear, y necesita maximizar la destrucción para maximizar su creatividad: su "deseo" de ser de todas las formas posibles es un deseo impaciente y feroz. Sin duda, "quiere" agotar todas las posibilidades lo más pronto posible.
Pero claro, si hay algún perjudicado en todo este sinsentido cósmico es el propio fenómeno, el cual se ve obligado a luchar y sufrir como un mero medio (una marioneta) a las órdenes directa de esa irracional Voluntad por el ser y de ser de todos los modos posibles. Así pues, Schopenhauer concluye:
«Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras, cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas».

sábado, 31 de agosto de 2019

Reflexiones de un viejo filósofo: ¿cuál es el sentido de la vida?

Interesante vídeo donde un viejo filósofo sigue haciéndose las preguntas esenciales después de toda una vida. No deja indiferente su reflexión:

 

Su frase final es demoledora: "So I just go on existing that's the truth of existing"

Me ha recordado en cierta medida a la tesis evolucionista de Carlos Castrodeza: "Una vez ubicado su medio, ¿cómo se ve el hombre? Se vislumbra como un ser forzado a (deseoso de) sobrevivir sobre todas las cosas. No importa cuál sea su sufrimiento, su miseria, su menosprecio a la vida, su desesperación. Se ve arrastrando su existencia, a menudo, de una manera tan tragicómica como amarga"
(Carlos Castrodeza)

"La idea central es que biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto."
("La razón de ser. Meditaciones darwinianas", Carlos Castrodeza)

sábado, 3 de agosto de 2019

"El hacedor de estrellas", por Olaf Stapledon

"En mi agonía grité contra el implacable hacedor. Grité que al fin y al cabo la criatura es más noble que el creador, pues la criatura ama y desea el amor, aun el amor de esa estrella llamada el Hacedor de Estrellas; pero el creador, el Hacedor de Estrellas, ni amaba ni necesitaba amar. Pero tan pronto como di ese gritomiseramente ciego, me sentí consumido por la vergüenza, pues se me hizo evidente de pronto que la virtud del creador no es lo mismo que la virtud en la criatura. Pues el creador, si ama a su criatura, no ama en realidad más que una parte de sí mismo; pero la criatura, al alabar a su creador, alaba a una infinitud que está más allá de sí misma. Advertí que la virtud de la criatura era amar y adorar, y que la virtud del creador era crear y ser la meta incomprensible, inalcanzable e infinita de las criaturas." ("El hacedor de estrellas", Olaf Stapledon)


Me gustaría recomendaros a todos un libro simplemente maravilloso que da mucho que pensar: "El hacedor de estrellas" de Olaf Stapledon (http://www.lecturalia.com/libro/23266/el-hacedor-de-estrellas

"Resumen y sinopsis de "El hacedor de estrellas" de Olaf Stapledon

Una noche de amargura y desengaño, un hombre contempla el firmamento desde lo alto de una colina. De pronto se ve inmerso en una suerte de viaje astral que lo traslada por toda la galaxia, de la que explorará el nacimiento y el ocaso, con la meta última de comprender la naturaleza de la fuerza primigenia, el enigmático «hacedor de estrellas». Stapledon abre un gran angular cuyo protagonista es la inmensidad del tiempo y del espacio, invitándonos a una auténtica aventura existencial. Entre la cosmogonía y la fábula científica, ésta es, en palabras de Borges, una «novela prodigiosa» que ha merecido un lugar privilegiado entre los clásicos de la ciencia ficción". 

Buscadla en internet que la podéis encontrar gratis en PDF. El libro data de 1937 pero no os dejéis engañar, es una obra de arte muy actual en cuanto a la física y la astrofísica que describe. Aquí tenéis otra reseña más completa: https://www.fabulantes.com/2016/02/hacedor-de-estrellas-olaf-stapledon/

"[...] Al final, no obstante, la reflexión metafísica de Stapledon da un giro sorprendente desde la visión casi religiosa hacia la reflexión estética. En este sentido no encontramos una presentación complaciente de las virtudes del amor divino que se suponen desde tantas religiones. El Creador es a un tiempo sustancia infinita y desarrollo creativo que se mejora a través de innumerables creaciones. Y en esta consideración, Stapledon nos golpea con el problema del mal. Por muy perfecto que sea el Hacedor de estrellas éste contempla cada creación de la misma manera en que un artista estudia su obra terminada. No hay amor universal, sino análisis para refinar su arte creador. Incluso la presencia de la crueldad y del mal más abyecto es un sacrificio para que el resto de la creación pueda brillar por contraste. La criatura que contempla a su creador sólo puede angustiarse por el dolor al tiempo que se regocija en la gloria. Es el precio de alcanzar aquello que es inefable." 

El libro, que aunque lo venden como una novela de ciencia ficción es más bien un ensayo filosófico, termina así:

«Yo sentía piedad por aquellos seres últimos y torturados, sentía vergüenza y furia, y desprecié mi derecho al éxtasis ante aquella perfección inhumana; y deseé volver a mi cosmos inferior, a mi propio mundo, humano y torpe, y a unirme con mi propia especie semianimal contra los poderes de las tinieblas, sí, y contra ese tirano invencible, despiadado, indiferente, cuyos pensamientos eran mundos sensibles y torturados».


Comentar por último, que las propuestas de Olaf, que como digo más que novela parece que hace un maravilloso ensayo filosófico (muy adelantado para la época), tienen cierto paralelismo con la moderna propuesta de Max Tegmark de multiverso nivel IV (es.wikipedia.org/wiki/Multiverso). De hecho, Olaf menciona en varias ocasiones al "Hacedor de estrellas" como un infinito creador matemático limitado exclusivamente por la lógica. Brian R. Greene, denomina esta misma idea como Multiverso matemático (es.wikipedia.org/wiki/Multiverso_final).

También 
se puede distinguir cierta relación entre la obra de Olaf y el libro del físico Bernard Haisch: "The God Theory: Universes, Zero-point Fields, and What's Behind It All ", que se puede entender incluso como una revisión más actual de las ideas de Olaf: http://quevidaesta2010.blogspot.com/2017/05/the-god-theory-universes-zero-point.html

domingo, 28 de julio de 2019

Después de tanto, todo para nada

Vida
"Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada."

(José Hierro)


La reflexión está servida: 
Si no es por una cosa será otra: causas internas o externas al propio ser humano. Pero, sea como fuere, la cuestión es que es muy poco probable que la humanidad como tal aguante en pie mucho más tiempo. Puede que otro siglo u otro milenio, qué más da. El esfuerzo y la vehemencia de nuestra especie tiene próxima fecha de caducidad: el ciclo reproductivo llegará más pronto que tarde a su fin. Y llegado el momento: ¿de qué habrá servicio tanta lucha y dolor en pos de ese ideal que es el Bien social? ¡Qué trágico es todo! ¡Qué absurdo es ese estéril sacrificio humano! 
Ya en tres ocasiones la humanidad estuvo a punto de extinguirse por motivos naturales. En estos tres puntos históricos, el último de ellos hace apenas un "pestañeo geológico", la población se redujo a poco más de 10.000 personas en todo el globo y fue un "milagro" que no siguiéramos la suerte de los neandertales. La próxima "oportunidad" podría estar cerca y venir en forma de cataclismo natural (asteroides, gran erupción volcánica, cambio climático radical, etc.) o ser causada por nuestra propia conducta (guerra nuclear, edición génica descontrolada, virus o bacteria pandémica, etc). Y ahí está la "gracia", no sabemos ni cómo ni cuándo, sólo que ocurrirá.
De hecho, es bien sabido que lo único que nos permite continuar con esta farsa social es lo mismo que nos permite continuar con nuestra vida personal como soma desechabledesconocemos a priori el momento y la manera en que acabará todo. Y es que si fuese de otro modo, si tuviésemos a mano un vídeo grabado con todo lujo de detalles y etiquetado con la fecha del fin, el terror y la depresión paralizaría toda nuestra conducta y nos arrastraría hacia la psicosis más absoluta. ¿Quién se iba a levantar a trabajar todos los días a las 7 de la mañana sabiendo con certeza absoluta que el fin será en X años debido a la causa Y? ¿Quién no actuaría ante esta circunstancia con desgana, frustración y abatimiento? 
Imagina, por ejemplo; que X = 30 años y que Y = "Un asteroide enorme impacta sobre la Tierra provocando primero una inmensa destrucción, y posteriormente un invierno glacial que dura centurias". Un asteroide lo suficientemente grande como para que sólo sobrevivan a duras penas ciertas bacterias. ¿Qué haríamos ante esta revelación? ¿Continuar construyendo (o reconstruyendo) catedrales y hospitales que nadie llegará a utilizar? ¿Continuar felizmente teniendo (y criando) hijos condenados a no alcanzar a la edad adulta? Seguro que no. La manía y el caos reinaría ante este panorama. 
En su obra más conocida, "La negación de la muerte" (1973), Ernest Becker, escribió: «Creo que los que consideran que la comprensión total de la condición humana nos volvería locos están en lo cierto [...] El ser humano, literalmente, se sume en el ciego olvido mediante juegos sociales, engaños psicológicos, preocupaciones personales tan alejadas de la realidad de su situación que son formas de locura, locura acordada, locura compartida, locura disfrazada y dignificada, pero locura de todos modos». 
Dignificamos nuestra conducta diaria cerrando los ojos ante el fatal destino que es seguro que llegará. Hacemos como si fuese imposible, nos vemos como seres eternos e indestructibles: acordamos que el homo sapiens no puede desaparecer. Nos vestimos psicológicamente con los trajes de "Dios"...pero seamos serios, en el fondo no somos más que monos venidos a más. ¡Claro que nuestra especie pasará a la historia! Una más entre tantas. Somos "Dioses" de pacotilla. Pobres idiotas revoloteando con aires de grandeza incapaces de comprender su total prescindibilidad para el mundo natural. 
Pero evidentemente nadie se va a preocupar demasiado por X o por Y. No es algo para lo que estemos hecho (no es una conducta evolutivamente estable). Por el contrario, como dice Thomas Ligotti: "Llegará un día para cada uno de nosotros —y luego para todos nosotros— en que el futuro habrá terminado. Hasta entonces, la humanidad se aclimatará a cada nuevo horror que venga a llamar a la puerta, como ha hecho desde el principio. Seguirá adelante y adelante hasta detenerse. Y el horror seguirá adelante, con las generaciones cayendo en el futuro como muertos en tumbas abiertas. El horror que nos transmitieron se transmitirá a otros como un legado escandaloso". 
Seguiremos aclimatandonos a cada adversidad por supuesto; continuaremos luchando y sufriendo con vehemencia por evitar lo inevitable, cegados a consciencia en la creencia de que el hombre posee el don de la inmortalidad. Pero finalmente el secreto será revelado; en cierto momento futuro el velo caerá y descubriremos la fatalidad programada. Y cuando el fin sea evidente e inevitable, al fin una voz largamente contenida por la humanidad gritará horrorizada: ¡Qué es esta vida! Pero sólo responderá el silencio infinito, burlándose de todas las esperanzas absurdas que alguna vez tuvimos. 

miércoles, 17 de julio de 2019

Sobre la automatización del trabajo y la renta básica universal...que no llegará tan fácilmente

¿Quién decía que los impuestos de las grandes tecnológicas iban a servir para pagar las pensiones y la futura renta básica universal (tras la automatización de los puestos de trabajo)? Pues va a ser que no (al menos, no por las buenas). La cuestión es que los dueños de las máquinas son empresas...que pertenecen a países, que quieren que todos los beneficios posibles de sus empresas de origen vayan a parar a las arcas de su propio estado, y no a las arcas de los estados donde sus empresas operan, fabrican, o venden.
Se ve venir un futuro no demasiado lejano donde habrá una lucha brutal por conseguir que las grandes empresas extranjeras con una automatización cada vez mayor paguen más y más impuestos, mientras que estas empresas con su séquito de abogados luchará con todo su arsenal legal (y de lobby) por lo contrario (con el apoyo además del país de origen de la propia empresa: como demuestra la noticia de entrada). Teoría de juegos en acción, para variar. Es muy ingenuo pensar que las grandes tecnológicas van a soltar dinero a raudales así porque sí.
Por ejemplo, si una empresa se deshace del importante coste de la mano de obra de un humano es en busca de maximizar beneficios...pero si luego se pretende que pague muchos impuestos extras por esta automatización (en teoría tantos como para compensar con rentas universales la pérdida salarial de los desempleados) los beneficios dejarían de maximizarse (y podrían incluso descender según sea la exigencia en impuestos). Pero la idea de comprar máquinas inteligentes pierde entonces todo su sentido (que siempre es y será maximizar el beneficio empresarial).
Por lo tanto, la automatización masiva de las próximas décadas por parte de las grandes tecnológicas (de todas las grandes empresas en realidad) va a ir unidad a una importante ingeniería empresarial por pagar LO MÍNIMO mínimo posible en impuestos para así maximizar (esencia de toda empresa capitalista) el beneficio neto tras la inversión en esas máquinas que sustituyan al hombre.
Y para los incrédulos que sueltan lo mismo de siempre: "¿entonces quién comprará sus productos?" Pues la respuesta es más sencilla de lo que parece: lo comprará el 30 ó 40% de personas que retengan algún puesto de trabajo no automatizado en el sector privado (y los pensionistas y funcionarios públicos). Las ventas netas van a bajar por supuesto (debido principalmente a la precariedad económica del 50% de desempleados de larga duración que existirá)...¡pero el ahorro en el coste de la mano de obra humana (el coste más grande con diferencia dentro de cualquier empresa) supondrá que el beneficio se maximizará a pesar de esta bajada de ventas! Y repitamos una vez más: el objetivo de cualquier empresa es maximizar el beneficio neto ¡NO maximizar las ventas! (como diría Antonio Recio: "es de primero de mayorista" :P).
Para que se entienda con un ejemplo muy ilustrativo (aunque sea poco exacto numéricamente, da igual): desde el punto de vista empresarial los accionistas (y los dueños en general), estarán más contentos si se venden 25.000 coches al año (a esa clase media-alta, alta, y pensionista-funcionaria restante -la mitad de la población aproximadamente-) con un margen de beneficio (gracias a evitar el ENORME coste humano y a casi no pagar impuestos) de, por ejemplo; 20.000€ por unidad fabricada, que vender 50.000 coches anuales con un margen por unidad de 2.000€. ¡Quintuplicar los beneficios vendiendo la mitad! ¡Cualquier accionista babea sólo de pensar en esta posibilidad! Menos ventas pero menos problemas, menos mantenimiento, menos distribución... ¡al mismo tiempo que se multiplica por cinco el beneficio neto! ¡Qué maravilla! "¡Comprar más máquinas!", gritarán a los cuatro vientos.
La tendencia en las próximas décadas por parte de las grandes empresas será por tanto posiblemente la de intentar fabricar menos (la mitad si es necesario) para la clase pudiente restante (el 40% de trabajadores no automatizables, el funcionariado y el pensionista), pero buscando al mismo tiempo reducir al máximo lo costes (automatizando tanto como puedan la fabricación, distribución, y servicio) y pagando al mismo tiempo el mínimo de impuestos posibles. De ese modo se logrará, aunque parezca lo contrario a primera vista, continuar maximizando el beneficio neto a un ritmo mayor que nunca...¡incluso aunque sea a costa de reducir las ventas totales! Es interesante remarcar que este hecho, de darse, supondrá dar un vuelco total a la política empresarial tradicional observada claramente como mínimo desde el siglo XIX: ya no se buscará llegar a las masas (vender a cuanta más gente mejor), sino que las grandes empresas se centrarán en vender y servir a la clase pudiente mientras lucha contra la clase baja y media-baja (los desempleados) por no pagar rentas ni impuestos que hagan inútil la inversión en estas máquinas inteligentes (que cada vez serán más y más eficientes y baratas de adquirir, por otra parte).
La diferencia de clases parece que se verá muy pues reforzada al límite en las próximas décadas; y los bienes y servicios volverán a estar en manos de una nueva especie de "burguesía" y "aristocracia" renovada. La cuestión es saber cómo se las ingeniará esta nueva clase pudiente para reprimir al 50% de desgraciados en paro. Pero no debemos olvidar que históricamente represiones similares (y mayores) se han visto en el pasado y han permanecido estables durante siglos. Además, en este posible futuro cercano, parte del control civil (es decir, la policía) también estará automatizada de un modo u otro, lo cual permitirá al estado (a los grandes lobbies en realidad), a mantener esta represión con más facilidad que en épocas previas, evitando precisamente el tipo de revueltas violentas que en el pasado tan eficientes fueron para cambiar el sistema social y/o político.
Parece que se aproximan tiempos muy inciertos (fundamentalmente para nuestros hijos y nietos)...pero pocos aún lo saben.


sábado, 13 de julio de 2019

El mundo no va a mejor

Se nota que el mundo está cada vez mejor, ¿verdad? Después de todo, es lo que todos dicen.
Y es que, como comenta Thomas Ligotti con acierto: "Ser alguien es muy duro, pero ser nadie [máquinas autónomas -térmicas- replicantes de genes] está fuera de la cuestión. Debemos ser felices, DEBEMOS imaginar que Sísifo era feliz, debemos creer porque creer es absurdo. Día tras día, en todos los aspectos, nos va mejor y mejor. Ilusiones positivas para personas positivas.[...]".
Sí, señor. Cada día el mundo va mejor; ya se hunda un submarino nuclear de cierta nación o se renueve la flota completa de submarinos nucleares de otro país. Ya cambie notoriamente el clima o se aproximen insospechadas crisis y guerras (véanse las últimas noticias sobre el tema Iraní: UK empieza a enviar más destructores a la zona). ¡Detalles nimios que no importan demasiado porque el mundo claramente va a mejor!
Hay salvación. Todo tiene solución. El ser humano avanza y mejora día a día...¡Qué estúpido espejismo!:
"Si proseguimos con estas consideraciones hasta su amargo final, no existirá duda de la conclusión. Mientras la humanidad se mantenga de forma aturdida en el fatal espejismo de estar biológicamente predestinada al triunfo, nada en lo fundamental cambiará. A medida que la población se incremente y la atmósfera espiritual se espese, las técnicas de protección deberán asumir un carácter cada vez más brutal. Y los humanos persistirán en su sueño de salvación y en la afirmación de un nuevo Mesías [en este siglo, el tecno-optimismo]." (Peter Wessel Zapffe)
Sabias palabras de Zapffe: "[...] Mientras la humanidad se mantenga de forma aturdida en el fatal espejismo de estar biológicamente predestinada al triunfo, nada en lo fundamental cambiará". Pero todo eso son paparruchas, ¡por supuesto! Es evidente que el mundo va a mejor diga lo que diga ese señor, ¿no es cierto? Preguntad a cualquiera. Todos os dirán que así es: la humanidad avanza. ¡Las cosas mejoran!
Pero aunque todos lo digan, al mismo tiempo todos saben (de manera más o menos inconsciente) que eso no es verdad. Vivimos atados al noticiero a la espera de la próxima noticia que nos ponga los pelos de punta: el próximo Fukushima, la próxima guerra, la próxima epidemia, etc. ¿Qué ocurre entonces? ¿En qué quedamos?

El sesgo del optimismo.

Pues lo que ocurre es que todos venimos al mundo evolutivamente sesgados cuando reflexionamos según qué temas. Uno esperaría que todas nuestras meditaciones racionales fuesen neutras, ¡pero todo apunta a que no es el caso! Y así lo han demostrado numerosos estudios. Al parecer tenemos una tendencia innata natural e irracional (sesgo) hacia el optimismo. Según esta teoría (insisto, bastante contrastada) nuestro cerebro funciona así...y punto.
En este sentido quizás el trabajo más comprensible y claro sea el de la la neurocientífica Tali Sharot. Podéis ver una charla TED que ofreció para desarrollar las ideas que trata en su recomendable libro ("The Optimism Bias: Why we're wired to look on the bright side"):www.ted.com/talks/tali_sharot_the_optimism_bias?language=es
¡Pero no puede ser! Dirán muchos, indignados con estas palabras. La ortodoxia oficial nos dice que: "Jamás, una parte tan importante del planeta había vivido tan bien. Jamás la esperanza de vida fue tan alta, jamás hubo tanta gente bien alimentada, jamás hubo menos hambre en el mundo, jamás hubo unas coberturas médicas tan altas como en la actualidad. Y no solo me refiero a mejoras de la capacidad de supervivencia del ser humano, sino a nivel ético: jamás hubo tantas democracias como ahora, jamás hubieron tantos derechos civiles respaldados por legislaciones, jamás hubo tanta libertad de expresión, pensamiento, culto, etc."
Pero debéis ser cautos, y reconocer con honestidad que quizás esta ortodoxia es simplemente una consecuencia del "fatal espejismo de estar biológicamente predestinados al triunfo". Ilusiones positivas para personas que (evolutivamente) deben ser positivas.
Pero en cuanto uno logra superar la barrera ortodoxa y observa con detenimiento la realidad, lo que se observa es bien distinto:
El mundo tiene LOS MISMOS problemas de siempre (número arriba, número abajo): guerras (más o menos como siempre, donde todos pelean por "robar" recursos al contrario con cualquier excusa y buenas palabras: "democratizar", evitar la posesión de "armas de destrucción masiva", que si no dejas pasar por el estrecho de Ormuz, que si esta isla es mía o tuya. Cualquier cosa vale), enfermedades (casi las mismas de siempre con algunas nuevas: por ejemplo el ébola, que está a una mutación de distancia de dejar en pañales a la peste medieval. Destacando además que el cáncer sigue matando casi a tanta gente como hace 40 años, etc.), desigualdad social (en claro aumento en todos los países), explotación (esclavitud 2.0: donde occidente se aprovecha del tercer mundo para obtener recursos y mano de obra semiesclava -a veces infantil-), corrupción por todas partes, sistemas dictatoriales en casi todo el mundo (con el añadido del auge en occidente de los partidos nacionalistas y extremistas -por la derecha y por la izquierda-), crisis de recursos (los recursos no renovables se agotan y nadie hace mucho a parte de mirar hacia otro lado mientras queman lo poco que va quedando con promesas renovables incumplidas, siempre a 15 años vista -puro marketing-), crisis económicas periódicas (la última del 2008 fue muy mala, pero la siguiente auguran que será mucho peor), crisis de retroceso intelectual (terraplanistas, antivacunas, homeópatas,...), claro retroceso en la libertad de expresión en muchos países occidentales (fundamentalmente donde el nacionalismo o la política extremista y/o religiosa están regresando), etc, etc...a lo que hay que añadir PROBLEMAS NUEVOS derivados de la industrialización del siglo XIX: cambio climático, deterioro de los polos, de la capa de ozono, destrucción de las reservas naturales -reducción de la Amazonia, por poner un ejemplo-, desertización del mundo, etc.; y también OTROS PROBLEMAS debidos al desarrollo tecnológico del siglo XX y XXI: amenazas atómicas por doquier (centrales, residuos, y armas nucleares que en cualquier momento darán el susto: es cuestión de más o menos tiempo), amenazas bioquímicas, amenazas biológicas (armas en desarrollo, cuestiones como la resistencia de las bacterias a los antibióticos por su mal uso médico y ganadero, etc.), amenazas por la edición genética humana (a ver qué sale de ahí, con China a la cabeza), amenazas por el avance de la IA (fake news, armas autónomas militares, paro masivo debido al exponencial automatismo del trabajo, futura lucha por conseguir una renta básica universal, etc.).
En fin. Que realmente es complicado entender como tanta gente, muchas de ellas muy bien formadas, pueden ser tan ingenuamente optimistas. La única explicación posible es el ya comentado sesgo evolutivo del optimismo: hay que ser positivos, DEBEMOS ser positivos. En palabras de Zapffe: "Y los humanos persistirán en su sueño de salvación y en la afirmación de un nuevo Mesías [en este siglo, el tecno-optimismo]."

Incredulidad programada.

Seamos serios, dirán en este momento la mayoría de lectores a pesar de lo ya comentado: todo eso son paparruchas. ¡El mundo va a mejor! ¡No puede ser que el mundo no vaya a mejor!
debe ser así. No podemos ni debemos abandonar el positivismo. Tenemos que buscar y encontrar cualquier idea que nos ayude a lograr comprender a pesar de todo por qué el mundo va a mejor. Y así podemos ignorar lo negativo, centrarnos en los datos positivos, acotar la realidad. El coste intelectual no importa...¡y si es necesario nos inventaremos la historia! Todo sea por mantener el positivismo y romper la disonancia cognitiva que los hechos del mundo producen en nuestro interior.
Así pues, no nos queda para finalizar más que decir una vez más todos a una lo evidente: ¡Que el mundo va a mejor! ¡Que todo tiene solución! ¡Que la salvación está a nuestro alcance puesto que nuestro mesías tecnológico así lo promulga! Todo es cuestión de fe y esperanza...como siempre lo ha sido.

sábado, 6 de julio de 2019

La incongruencia del cientificismo optimista

La vida no tiene sentido, pero eso no me produce ningún problema.
Esta frase arriba remarcada bien podría ser atribuida a cualquiera de los miembros de esa masa creciente de ateos cientificistas que, habiendo ya hace años matado intelectualmente a "Dios", hacen frente al nihilismo resultante con esta postura mitad estoicidad, mitad ignorancia existencialista. Una desafiante actitud optimista que ni el mismísimo Nietzsche habría esperado realmente ver algún día: "Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre" (Así habló Zaratustra). Y no estaría mal que tanta gente se creyera al nivel de ese inefable superhombre capaz de todo aún a pesar de estar inmerso en un enorme sinsentido universal...si no fuese por un detalle: que el mundo permite en sí (tiene el potencial) para posibilitar la evolución y existencia de seres conscientes. Y este hecho marca una gran diferencia ante la optimista pose del cientificista y coloca su actitud en terreno fanganoso e incongruente:

La vida (concepto muy humano), es un horror en tanto en cuanto somos conscientes del propio nihil inmanente. Y es que es complicado entender cómo no entienden todas estas personas, tan intelectuales por otra parte, con repugnancia el hecho empírico que nos demuestra que somos meras marionetas evolutivas dentro de un sinsentido cósmico que no lleva a ninguna parte (fuera del mandamiento físico natural de devorar gradientes a la máxima velocidad posible), y que estamos también condenados a desaparecer (como sujetos y como especie) de nuevo en la nada tras unos pocos eones (o décadas, que para el caso es lo mismo)! 

Sería realmente complicado entender este optimismo reinante si no fuera por el hecho de que todos estamos cegados por el irracional sesgo evolutivo del optimismo del que nos habla entre otros la neurocientífica Tali Sharot. Ese velo cognitivo que nos aparta de nuestra vista la cantidad de realidad necesaria como para poder continuar con nuestro día a día como si tal cosa.

Thomas Ligotti dice con mucho acierto: "Ser alguien es muy duro, pero ser nadie [marionetas] está fuera de la cuestión. Debemos ser felices, DEBEMOS imaginar que Sísifo era feliz, debemos creer porque creer es absurdo. Día tras día, en todos los aspectos, nos va mejor y mejor. Ilusiones positivas para personas positivas.[...]". 

Y es que realmente somos como marionetas (máquinas replicantes) evolutivamente obligadas a estar alegres y ser positivas trabajando para un sinsentido cósmico termodinámico, dentro de un universo desde el inicio condenado a su futura aniquilación total (con su Big Rip o "muerte" térmica aseguradas). A la vista de esta visión y de que el 99% de las personas son tan ilusamente (incluso irracionalmente) optimistas: ¡qué bien se las tuvo que ingeniar el proceso evolutivo con el desarrollo del género homo durante millones de años para que no se auto-aniquilara horrorizado ante su propio ser! Como dijo Zapffe : "[...] ¿Por qué entonces la humanidad no se extinguió hace mucho tiempo, durante las grandes epidemias de locura? ¿Por qué sucumbe tan sólo un muy reducido número de individuos al no poder resistir la tensión de la vida -[a causa de que] el conocimiento les aporta más de lo que pueden sobrellevar? La historia de la cultura, así como la observación de nosotros mismos y de los otros, permite [dar] la siguiente respuesta: la mayor parte de la gente aprende a salvarse limitando artificialmente el contenido de su conciencia." 

Yo veo en cientificista moderno este tipo de autolimitación artificial (un mirar hacia otra parte mientras sigue saltando como el resto de marionetas de un lado para otro). 

Pero como dijo Shakespeare

"Life's but a walking shadow, a poor player, 
That struts and frets his hour upon the stage, 
And then is heard no more. It is a tale 
Told by an idiot, full of sound and fury, 
Signifying nothing." (Macbeth

Sí, señor. Magistral obra y magistrales palabras de este genio de la literatura: somos unos pobres idiotas que nos llevamos toda nuestra leve e insulsa vida pataleando, peleando, trabajando, y esforzándonos en el fondo simplemente por consumir energía (generar entropía de la manera más eficiente posible: origen éste de toda disputa geopolítica...y también personal); pero que además nos vemos obligados a contarnos a nosotros mismos una historia feliz (incompleta y autolimitada) para no acabar colgados de una cuerda debido a la cruel realidad de toda esta "nadería" universal. 

A unos les da por vivir en la absoluta ignorancia de la realidad cuáles perros lamiéndose las brevas al Sol (analfabetismo existencial), a otros les da por buscar esa socorrida y especulativa salvación trascendental y mística (que si el alma, que si el espíritu, que si Jesucristo, Buda, que si panteísmo, que si el tecno optimismo que dice que con el tiempo seremos semidioses: Punto Omega, que si el Tao, etc), y luego están los que comprenden (cientificista) pero también aceptan la absurda realidad (los que se imaginan por narices a Sísifo feliz a pesar de la incoherencia: "La vida no tiene sentido, pero eso no me produce ningún problema"). 

Pero en el fondo no hay tanta diferencia entre estos tres grupos de personas. Simplemente se trata de diferentes fórmulas (estrategias) con las que escapar del horror consciente que de otro modo nos llevaría a la locura. A la naturaleza cualquier cosa le vale con tal de continuemos con el ciclo termodinámico: "Tú cree lo que te dé la gana -dice "Gaia"- pero ve a trabajar cada día y genera y consume recursos todo lo que puedas antes de caer reventado en esa tumba abierta que al final te espera". 

Y así vamos todos, cada marioneta con sus cuentos e historias, pero siempre disipando energía con cada aliento...y viendo como el cronómetro va llegando a cero. Y debemos creer: "Día tras día, en todos los aspectos, nos va mejor y mejor. Ilusiones positivas para personas positivas." 

Pero que no se os olvide: 

"Respaldados por nuestros progenitores y el mundo, nunca juzgaremos que esta vida es MALIGNAMENTE INÚTIL. Casi nadie declara que una maldición ancestral nos contamina en el útero y envenena nuestra existencia." 

Casi nadie va a declarar que su existencia es herencia de una maldición ancestral (el verdadero pecado original), pero pensadlo fríamente a la luz de los hechos (aunque sea por un segundo antes de volver al trabajo o de continuar con vuestro consumo diario de gradientes energéticos -ese bocadillo-): ¡es que es cierto! ¡La vida consciente (la aparición del "yo") es una abominación natural malignamente inútil (en lo relativo a ese soma desechable que todos constituimos)! 

Máquinas replicantes (marionetas) eficientes generadoras de entropía que son conscientes de la necedad del "fin" evolutivo (termodinámico) que las ata y mueve cada segundo de sus vidas mientras inventan por el camino historias con la que ser positivas (dentro de esa horrorosa esclavitud existencial) reforzando así incluso con más vehemencia la destrucción de gradientes energéticos. Y si este auto-refuerzo cognitivo impuesto (sesgo evolutivo del optimismo) no es una "maquinación" natural maligna no sé qué puede serlo. 

El mundo es en esencia indiferente al fenómeno (a todo él), pero es que además se vale de cualquier medio  (fenoménico) para sus "fines" naturales: ¡incluso dotar de razón y conciencia a un ser para maximizar el aumento entrópico, pero al cual al mismo tiempo le debe programar evolutivamente en el cerebro unos necesarios sesgos hacia el optimismo para que no se aniquile y para que prospere frente a todo sufrimiento y dolor! Y esto cuadra bastante bien con el concepto de "malignidad". Nuestra existencia es así mucho que nos pese un germen de una esencia maligna de base, herencia de una maldición ancestral (transmitida por nuestros progenitores). 

Pero insisto, son tan fuertes los hilos naturales (instintivos) que nos mueven que, si hoy mismo apareciese un indiscutible mensaje en el cielo que dijese con enormes letras gigantescas y parpadeantes: "Humanos míos, soy Dios y quiero que sepáis que estoy utilizando vuestro esfuerzo simplemente para conseguir calentarme utilizando una Caldera trascendental que escapa a vuestra capacidad experimental y de comprensión"...muy probablemente poco cambiaría en el planeta: todos seguiríamos con nuestras vidas y continuaríamos inevitablemente luchando por "calentar" a ese indeseable y egoísta "Dios". Y es que en el fondo sólo somos seres humanos con muchos aires de grandeza ("superhombres" de pacotilla).


sábado, 29 de junio de 2019

Marionetas alegres

Un ámplio conocimiento de la realidad supone comprender que eso que llamamos felicidad o tristeza, alegría, frustración, excitación, placer, dolor, sufrimiento, etc., son simples modulaciones electroquímicas de nuestro cerebro evolutivo. El sistema neuroendocrino dictamina desde el mismo instante de la fecundación y la recombinación génica qué es lo que nos va a "gustar" y lo que "no nos va a gustar" hacer; lo que hará que nuestro cerebro chorree endorfinas y también las conductas que llevarán a que nuestro sistema nervioso nos hagan padecer las emociones y sensaciones más desagradables del mundo. Un ámplio conocimiento de la realidad supone comprender que el ser humano es nada más (y nada menos) que un subproducto evolutivo como otro cualquiera, y que pese a nuestro (idolatrado) raciocinio somos tan presos y esclavos de los instintivos e inconscientes designios evolutivos como cualquier otra especie que puedas ver correteando por la pradera en busca de un cacho de carne que meterse en el cuerpo. 
La realidad es que nuestro "yo" es un constructo cognitivo del sujeto (del cerebro), un simple soma material a la espera de ser naturalmente desechado mientras obedece con obligada disciplina lo que su cerebro le dice qué debe y qué no debe hacer. Un ser coaccionado continuamente a la esclavitud del sistema neuroendocrino que (literalmente) mueve sus acciones y conductas diarias como hace un titiritero moviendo a una infeliz marioneta que, habiendo alcanzado el "desgraciado don" de la consciencia, se creyese ilusamente "libre" y "feliz" porque piensa ser ella la que mueve sus hilos del modo en que le "gusta y apetece". 
Pero la realidad es que esos "deseos" evolucionistas que determinan todo el movimiento biológico en el mundo (no sólo el gradual cambio fisiológico entre especies, sino también toda la conducta y el desplazamiento de lo vivo), es un complejo proceso mecánico físico emergente: fundamentalmente termodinámico. Los "objetivos" evolutivos se reducen a complejos "objetivos" mecánicos espontáneos: a su física subyacente. Un acontecimiento que ocurre de manera innata y consustancial sin que medie razón objetiva alguna, tan sólo la aplicación de las eternas leyes naturales. 
Es decir, que son las leyes físicas del mundo (su esencia, en realidad) las que hacen emerger la mecánica evolutiva de manera natural tan pronto se dan las circunstancias necesarias (un sistema lejos del equilibrio térmico afectado por un fuerte gradiente energético: léase el trabajo del biofísico Jeremy England, entre otros). Y esta mecánica evolutiva da lugar a su vez a la aparición de complejas estructuras materiales capaces de devorar este gradiente de energía tan pronto como sea posible (esa es, de hecho, la base de la lucha evolutiva biológica en la Tierra: una pelea entre "máquinas" replicantes por ver quién es la que permanece por más tiempo en la existencia gracias al mérito de su eficiencia particular como maximizadores locales en su capacidad para disipar energía: aumentar la entropía global). 
El "objetivo" evolutivo de la supervivencia y la reproducción se reducen así al "objetivo" físico de devorar gradientes energéticos al mayor ritmo posible (aumentando de manera indirecta la complejidad estructural de los objetos materiales existentes), y ese mero "objetivo" termodinámico natural, ciego e irracional, es el que dicta en última instancia cómo deben ser las cosas para que puedan permanecer estructuralmente con buena probabilidad en el tiempo (es la verdadera causa última de todo el fenómeno del universo). 
Pero ese "objetivo" físico y evolutivo, no es una meta o finalidad como nosotros lo entendemos desde el punto de vista racional, sino un mero designio sobrenatural o metafísico que escapa (y escapará) de cualquier indagación empírica. El mundo "persigue" ese aumento entrópico (ese devorar gradientes) simplemente porque su esencia así lo ordena al dar origen a este mundo fenoménico tan concreto al que estamos expuestos (guiado por lo lo que entendemos por leyes naturales)...pero en realidad desconocemos el porqué de estas leyes tan particulares en lugar de cualquier otras, o de ninguna en absoluto. Es decir, desconocemos la propia esencia en sí de nuestro mundo físico (del fenómeno y su mecánica). Pero esto es ya otra historia donde es mejor de momento no entrar (aunque el que lo desee tiene el trabajo de David Hume y Kant para entretenerse en ello). 
De todas formas, si nos aferramos y limitamos -no hay alternativa en realidad- a lo único que podemos conocer: la descripción físico-matemática de la experiencia sensible, el hecho natural es que la esencia del mundo hace que fenomenológicamente la materia se ordene siempre para aumentar la entropía al mayor ritmo posible, y como fruto de esa especificación emerge de manera natural una evolución cósmica universal (léase el libro "Evolución Cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza", de Eric Chaisson), que luego en determinados planetas da lugar a una evolución biológica (orgánica) la cual a veces termina creando seres "inteligentes" y conscientes...conscientes del horror y de su propia miseria racional una vez logran descubrir que son marionetas al servicio de este "fin" último termodinámico (racionalmente) inútil. 
Y este es el punto al que se pretendía llegar: sabiendo todo lo que sabemos; que somos unos indiferentes títeres movidos en cada segundo por naturales hilos físicos que nos empujan objetivamente hacia un "fin" totalmente irrelevante no sólo en cuanto al ser humano en particular; sino respecto a todo el contenido fenomenológico global del universo...¿cómo se puede ser alegre si no es mediante una ignorancia perseguida (cerrar los ojos ante el horror y dejarse llevar por el hedonismo), la incapacidad para comprender (hay quien puede entender la realidad y quien simplemente no es capaz), o una ilusa deshonestidad intelectual (dejándose vencer y saltando esas páginas del libro de la realidad que no nos conviene reconocer)? 
Porque ciertamente es el hedonismo y ese puntual baño de endorfinas, junto con el sesgo natural que la evolución nos marcó a fuego entre nuestras neuronas (léase a Tali Sharot y su libro: "The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain"); lo que nos hace sobrellevar la vida con una naturalidad cómica (tragicómica, mejor dicho). Marionetas idiotamente felices porque creen, embobadas, que son ellas las que verdaderamente mueven sus hilos del modo en que desean...mientras van cayendo una tras otra en esa sepultura sin fondo dispuesta para todas ellas a la espera de que vayan terminado su (racionalmente) inútil tarea existencial como disipadoras de energía. Y es así como la vida humana, y el mundo en general, se muestran como un mecanismo autónomo e irracional, una existencia fenoménica no sólo inútil, sino malignamente inútil (puesto que la inutilidad se torna maligna en cuanto en tanto el horror de la conciencia de este trágico absurdo existencial aparece como fenómeno en el mundo: como ocurrió aquí en la Tierra en su día con la evolución del género homo). 
Además, este universo malignamente inútil sabemos que fenoménicamente tiene fecha de caducidad (con un Big Rip o una "muerte" térmica científicamente aseguradas), por lo que todo lo existido, lo existente o lo que reste por existir terminarán de nuevo en la nada (nihil), en el olvido, en la erosión, y en la ausencia. Todo volverá a ser nada...y todo habrá sido para nada. Como dijo Schopenhauer: «Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada». 
Pero desgraciadamente no podemos regodearnos mucho tiempo en estos pensamientos, ¿verdad? No podemos convivir con semejante visión de la realidad. Debemos dejar que el velo optimista que tan finamente la evolución tejió para nosotros haga su función: debemos ser felices y ser buenas marionetas. Debemos saltar de un lado para otro en este maligno e inútil mundo, trabajando (devorando gradientes energéticos) como esclavos mientras mendigamos un poco de dopamina al mismo tiempo que exhibimos una turbada y grotesca sonrisa en nuestras caras de muñeco, lo cual sólo pretende esconder ante los demás ese desconsuelo que todos arrastramos en nuestros más oscuros e íntimos pensamientos (esos que no podemos ni queremos dejar pasar al pensamiento consciente). 
Como dice Thomas Ligotti: "Ser alguien es muy duro, pero ser nadie [marionetas] está fuera de la cuestión. Debemos ser felices, DEBEMOS imaginar que Sísifo era feliz, debemos creer porque creer es absurdo. Día tras día, en todos los aspectos, nos va mejor y mejor. Ilusiones positivas para personas positivas.[...] 
Respaldados por nuestros progenitores y el mundo, nunca juzgaremos que esta vida es MALIGNAMENTE INÚTIL. Casi nadie declara que una maldición ancestral nos contamina en el útero y envenena nuestra existencia. Los médicos no lloran en las salas de partos, o no suelen. No agachan la cabeza y dicen: «El cronómetro se ha puesto en marcha». El recién nacido puede llorar, si las cosas van bien. Pero el tiempo secará sus ojos; el tiempo se ocupará de ello. El tiempo se ocupará de todos hasta que no quede ninguno de nosotros del que ocuparse. Entonces todo volverá a ser como era antes de que echáramos raíces en un lugar que no es el nuestro.  
Llegará un día para cada uno de nosotros —y luego para todos nosotros— en que el futuro habrá terminado. Hasta entonces, la humanidad se aclimatará a cada nuevo horror que venga a llamar a la puerta, como ha hecho desde el principio. Seguirá adelante y adelante hasta detenerse. Y el horror seguirá adelante, con las generaciones cayendo en el fututo como muertos en tumbas abiertas. El horror que nos transmitieron se transmitirá a otros como un legado escandaloso. 
Estar vivo: décadas de levantarse a la hora, luego recorrer penosamente otra ronda de emociones, sensaciones, pensamientos, deseos —la gama completa de agitaciones—, para desplomarse finalmente en la cama a sudar en el pozo negro del sueño profundo o hervir a fuego lento en las fantasmagorías que importunan nuestras mentes cuando sueñan. ¿Por qué aceptan tantos de nosotros una cadena perpetua en vez del extremo de una soga o la boca de una pistola? ¿Acaso no merecemos morir? Pero no estamos obsesionados por este tipo de preguntas. No nos interesa hacerlas, ni responder a ellas con la mano en el corazón. ¿No podríamos acabar así con la conspiración contra la especie humana? Parece que esta sería la decisión adecuada: la muerte de la tragedia en brazos de la no existencia. Mundos sobrepoblados de nonatos no tendrían que sufrir si deshiciéramos lo que hemos hecho para poder seguir adelante durante todos estos años. Dicho esto, nada que sepamos nos hará dar ese paso. ¿Qué podría ser más impensable? Sólo somos seres humanos. Preguntad a cualquiera."