miércoles, 9 de noviembre de 2016

Mente y cerebro: una reducción inevitable

"El centro de placer del cerebro evolucionó para guiar nuestras acciones y motivaciones, recompensándonos cuando lo hacemos bien" (Robert G. Heath)


El otro día leí un fenomenal artículo titulado "Existe un "botón" del placer que muy pocos seres humanos conocen, y esta es la razón". Se trata de un experimento neurológico muy interesante de mediados y finales del siglo XX. Este es el enlace al artículo original: http://es.gizmodo.com/existe-un-boton-del-placer-que-muy-pocos-seres-humano-1788441053

Pues bien, tras leer el artículo me vino a la mente esa desesperada estratagema "emergentista" que muchos "filósofos" modernos se sacan de la manga para atacar la propuesta del reduccionismo de toda nuestra mente al mero funcionamiento físico-químico cerebral. Precisamente creo que este artículo supone un gran obstáculo para todo aquel que aún hoy niega esta reducción de la mente y del Yo al cerebro.

La cuestión es que en dicho experimento se demuestra como una simple excitación eléctrica local a una zona muy concreta del sustrato cerebral basta para modificar en gran medida nuestras sensaciones, emociones, conductas y pensamientos. Es decir, que si alguien quiere defender con coherencia que nuestra mente puede ser "algo más" que el procesado mecánico del sustrato material de nuestra cabeza, debe sin duda encajar en su hipótesis una explicación a este experimento, o directamente desechar la hipótesis no reduccionista.

En otras palabras: todo "emergentista" debe dar cuenta de cómo puede ser que una simple estimulación eléctrica (y por lo tanto mecánica) muy localizada en una zona cerebral concreta altere en tal medida nuestra consciencia si no es porque TODA nuestra mente es el producto de un mero proceso mecánico material. Porque si ese "algo más" que éstos defienden (normalmente de manera inefable) realmente existiera, tendría necesariamente que interferir locamente con la electricidad del electrodo del experimento señalado de alguna manera, con lo que ese "algo más" terminaría siendo de este modo un sustrato material: ya que sólo la materia puede interferir con la materia, pero resulta que si ese "algo más" es en el fondo de origen material e interfiere mecánicamente, sin duda se podría reducir él también a una base física y química. Es decir, estaríamos introduciendo ad hoc postulados innecesarios y que no añadirían nada nuevo a la explicación de la mente.

De hecho, llegados a este punto, la navaja de Occam nos lleva a concluir que la explicación más factible de entre todas las alternativas para la mente (dadas las numerosas observaciones empíricas como las del experimento que aquí se enlaza), muy posiblemente sea la que dice que la mente no es otra cosa más que un producto que surge tras el procesamiento mecánico (físico-químico) acontecido en el sustrato cerebral.

E insisto en que el que obstine en defender un "algo más" no material, deberá dar cuenta del modo en que se produce la interacción entre ese "algo más" y las estimulaciones físicas cerebrales (localizadas) que en el laboratorio muestran diversos cambios mentales, y sin que dicha interacción propuesta (si es que se propone algo) se pueda reducir finalmente a meros procesos físicos materiales.

3 comentarios:

  1. Gracias por tu blog y tus artículos. Respecto al reduccionismo de los estados psicológicos al cerebro, me parece que la apuesta de Heidegger, al dar contenido a esos estados Psicológicos, al caracterizar la fenomenología existencial del ser-ahí, como apertura al mundo, abre y mantiene vivo la instancia del reduccionismo cerebral. Saludos.

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    1. Gracias a ti por comentar, Anónimo.

      Un abrazo.

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  2. Soy primerizo en este blog, y por lo tanto sólo puedo especular que uno de ésos filósofos entrecomillados que usted menciona debe ser John R, Searle, que en su "La Mente, una Breve Introducción" explica con bastante elocuencia que el hecho significante de los pensamientos y la conciencia son irreductibles a explicaciones mecánicas. Si bien dichas explicaciones mecanicistas cumplen el importante papel de afirmar la existencia real de los procesos mentales, no son una descripción de los mismos en cuanto tales.

    Para Searle (en versión Mickey Mouse), la conciencia de la mente es un proceso tan subjetivo como lo postuló Descartes, pero la evidencia empírica no es desdeñable en cuanto evidencia, evidencia que amplía el mundo de la vida mediante su urgencia. A lo mejor el experimento que usted menciona es de ese tipo, un llamado urgente e insoslayable que sin embargo no hay que confundir con su denotación, la experiencia del placer, que es un proceso de otro orden ubicado en ese cogito inobservable.

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