domingo, 20 de noviembre de 2016

Autómatas evolutivos

"A ninguno de nosotros le gusta el pensamiento de que lo que hacemos depende de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la voluntad, el libre albedrío, el autocontrol…Quizás sería más honesto decir: “Mi decisión fue determinada por fuerzas internas que desconozco“"
(Marvin Minsky)


Hace ya tiempo, a partir de una entrada en el magnífico blog de Pitiklinov: Evolución y Neurociencias, realicé una observación sobre el estudio de la tradicional idea del libre albedrío mediante una reducción al absurdo. Y, como conclusión, comentar que creo que de este modo se puede comprobar que no tiene sentido alguno hablar de una plena libertad de volición en el hombre.

En resumen propongo lo siguiente:

Para empezar, decir que cualquier decisión que tomemos debe ir siempre precedida del descarte de otras posibles alternativas que podríamos hacer realizado en su lugar, de tal modo que si existe un verdadero libre albedrío, decidir entonces voluntariamente hacer algo significaría descartar voluntariamente hacer cualquier otra cosa.

Sin embargo, siempre existen infinitas posibilidades de actuación, por lo que según lo dicho habría que realizar un descarte de infinitas alternativas (grados de libertad) en un tiempo finito (el que tarda el cerebro en procesar), lo que es un absurdo, puesto que descartar una infinidad de elementos requiere un tiempo infinito y quedaríamos atascados en un bucle.

Sin embargo, sabemos que nadie se queda atascado en un bucle repasando todas esas enormes posibilidades de actuación, y vemos por el contrario que lo que acontece en realidad es que de algún modo se termina siempre descartando (involuntariamente) toda esa infinidad de alternativas con excepción de unas pocas posibilidades (se reduce en este sentido, de manera autónoma y espontánea, el grado de libertad a un grado manejable por la razón).

Y ahí está la cosa: este descarte o acotación se realiza INVOLUNTARIAMENTE por algún heurístico programado evolutivamente en el cerebro, lo que elimina cualquier posibilidad de verdadera libre voluntad ya que, si se descartan inconscientemente posibles elecciones, no tengo la voluntad de poder hacer cualquier cosa, sino sólo aquellas que el filtro evolutivo me deja manejar ante cierta situación.

Precisamente este heurístico evolutivo es el encargado de decidir qué opciones se pueden tener en cuenta de entre la inmensidad, y sólo sobre esas (relativamente) pocas opciones (en el mejor de los casos) se puede elegir "libremente" actuar.

Y digo en el mejor de los casos, porque por otra parte está el asunto de si finalmente la toma final de la decisión (una vez hecha la acotación) la realiza la consciencia, o si la decisión también la toma un heurístico (y a la consciencia llega sólo una falsa ilusión de volición). Pero eso es ya otro asunto del que precisamente habla Pitiklinov en el artículo que mencioné al comienzo de esta entrada: https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2014/09/la-ilusion-de-la-voluntad-consciente.html.

Resumiendo un poco, decir que Pitiklinov se basa en el trabajo de Daniel Wegner[2] que visualmente se puede resumir de este modo:


Pero lo fundamental de lo tratado aquí, sin embargo; es que la idea del libre albedrío como tradicionalmente se entiendo es lógicamente inconsistente, y que se puede demostrar dicha inconsistencia por reducción al absurdo. Un cerebro físico no tiene tiempo de poder tener en cuenta un dominio casi infinito de acciones que tomar, y por lo tanto un proceso (un filtro) evolutivo (inconsciente y espontáneo) se encarga continuamente de acotar dicho dominio de manera que el mundo se nos aparezca de modo "manejable", pero al mismo tiempo podemos ver que este heurístico natural elimina cualquier posibilidad de verdadera libre elección: somos autómatas evolutivos con un amplio grado de libertad de acción, pero que no obstante no es libre más que para decidir de entre un subconjunto de acciones acotado y preestablecido por nuestra programación cerebral evolutiva.

Un saludo.

Referencia utilizada:

[1] Daniel M Wegner. The Illusion of Conscious Will. Bradford Books. The MIT Press 2002.

7 comentarios:

  1. "Sin embargo, sabemos que nadie se queda atascado en un bucle repasando todas esas enormes posibilidades de actuación..." --> Tú no has ido con mi novia de compras ;-D Ahora en serio, el libre albedrío es como el alma: no lo puedes ver, ni tocar, ni se ha encontrado por ningún rincón del cerebro. Sostener la idea de que somos algo más que máquinas biológicas es parecido a sostener la existencia de dioses y demás.

    ResponderEliminar
  2. y la cosa se complica si a ese hardware le pones una capa de software, que es lo cultural.
    pero veo que vas para el lado de que todo es discreto, y no puede haber cosas infinitas en el.
    sigues sumando datos que apoyan el universo computable.

    ResponderEliminar
  3. Amigo Samuel, hoy no puedo estar deacuerdo con tu razonamiento por varias razones.

    Por un lado, dices que es imposible descartar infinitas opciones, pero no es cierto, puedo descartar escribir todas las palabras que comiencen por A de un solo golpe decisorio. Igualmente puedo descartar todas las opciones que empiecen por hacer una llamada telefónica, que son infinitas, con solo decidir que empezaré por llamar a alguien.

    Por otro lado, si basas la reducción al absurdo en esto, luego no puedes pretender que el inconsciente si lo pueda hacer sin despeinarse.

    Además supones que lidiamos con infinitas opciones, pero no creo que sea el caso. Uno empieza por decidir si empezará por una llamada o no. Son solo 2 opciones. Despues eliges a quién llamar de tu lista. Digamos 50 opciones, etc.

    Creo que el razonamiento te falla porque supones que ls mente solo puede funcionar en un modo casi automático, pero no es verdad. Cuando andas tomas decisiones automáticas, cuando meditas algo no.

    ResponderEliminar
  4. Hola, Sergio.

    Te aclaro un poco mi postura porque creo que no lo has pillado del todo (o me expliqué mal en el artículo):

    Yo estoy ahora mismo sentado ante el teclado de mi ordenador. Ahora me propongo a decidir racionalmente qué voy a hacer a continuación. Tengo ante mi una infinidad de opciones (planes). Puedo levantarme e ir a la esquina de mi habitación, puedo levantarme e ir a la cocina, puedo levantarme y tirarme por la ventana, puedo levantarme y pegar un cabezazo a la pared, puedo levantarme y hacer el pino, puedo levantarme y empezar a saltar a la pata coja, puedo levantarme...en fin, me imagino que lo captas.

    Y eso sólo empezando por "puedo levantarme", también podría planear: puedo quedarme sentado y tirar el portátil contra la pared, puedo permanecer sentado y no contestar a tu respuesta, puedo quedarme sentado y descargar por torrent una peli, puedo permanecer sentado y escuchar música, puedo permanecer sentado y...lo pillas de nuevo, ¿no?

    También podría comenzar bucles del tipo: me levanto voy a la esquina y me siento de nuevo (y así mil veces), me levanto voy a la cocina pillo algo de comer y me siento, me levanto llamo por teléfono a un amigo y me siento, etc.

    Hay una infinidad de alternativas que mi razón, de poseer libre albedrío debería procesar, porque son todas posibilidades viables: ¿qué hago ante esta avalancha de opciones? ¿me levanto o no me levanto? ¿Te respondo, o me pongo a dar saltitos o a escuchar música? ¿Me pongo a pegar voces, tiro el portátil por la ventana? En este mismo instante podría hacer literalmente una infinidad de acciones y planes distintos...pero sólo hago una cosa: responderte. ¿Por qué? ¿Por qué no me quedo atascado pensando en todo lo que podría hacer, y simplemente hago lo que quiero hacer? ¿Y por qué quiero lo que quiero? ¿Qué fuerzas internas, como diría Minsky, determinan mi decisión? No lo sé. Pero sí sé una cosa: mi razón no ha pensado ni por un momento casi en ninguna de todas las opciones que te he enumerado: un heurístico evolutivo se ha encargado de acotar y limitar el dominio de opciones a tener en cuenta, y eso es un indicativo de que mi razón no puede nunca de este modo poseer una libertad completa de decisión, puesto que no le llega el dominio completo de acciones posibles (ya que quedaría atascada ante tal avalancha de información).

    Por cierto que esta acotación se produce por entre las redes y las subredes neuronales, que son las que determinan con sus salidas de información procesadas (codificadas y simplificadas) lo que se manda como entrada a eso que entendemos por conciencia. Y estas redes neuronales han sido esculpidas gradualmente durante millones de años por la evolución para que llegue únicamente el dominio óptimo de opciones (grado de libertad) que más y mejor permitan al individuo llevar a cabo una tarea que favorezca en lo mejor posible a los fines evolutivos de su genoma.

    Un saludo, amigo.

    ResponderEliminar
  5. Me comentan en otro lugar hablando sobre este artículo mío, sobre la posibilidad de que la física cuántica participe de algún modo en el proceso mental abriendo quizás nuevas posibilidades. Mi respuesta al respecto es la siguiente:

    El tema cuántico es muy controvertido. Para empezar no hay ninguna evidencia biológica o bioquímica que muestren un influjo de las leyes de la MC en el funcionamiento cerebral. De hecho, no hay ninguna constancia clara de que las leyes cuánticas tengan efectos destacables en ningún proceso acontecido en un ser vivo (ni siquiera en bacterias o virus). Lo más cercano que se ha propuesto con ciertos visos de apoyo experimental, es el hecho de que las plantas hacen "uso" de la cuántica para optimizar el proceso de la fotosíntesis; pero ni eso está aún claro del todo.

    Tal es así, que todo aquel científico que se ha decidido por apoyar la tesis de que la cuántica participa en la emergencia de la mente se ha tenido que sacar de la manga parafernalias hoy por hoy infundas (siendo quizás de destacar el absurdo -en mi opinión- de los microtúbulos de Roger Penrose).

    Sea como sea, como digo no hay ninguna base empírica que de soporte a la hipótesis de que las leyes cuánticas influyan en la conciencia (amén de que no sería fácil explicar de qué modo el gradual proceso evolutivo podría haber desarrollado estos ingenios cuánticos).

    Lo que probablemente ocurra es que la mente sea el mero resultado del procesado de información acontecido entre la red neuronal del cerebro; y que dicha red neuronal esté conformada completamente por "grandes" células (neuronas y demás) con un número demasiado alto de átomos e interacciones mutuas como para que nada cuántico tenga significancia debido a los grandes número.

    De todas formas, es cierto que la mente humana posee un abrumador potencial gracias al enorme grado de libertad que posee, pero dicho potencial no necesita de fuentes cuánticas: el caos implícito en la física clásica es suficiente como para permitir este amplio abanico de posibilidades mediante un procesamiento eléctrico entre entes macroscópicos: neuronas, células gliales, neurotransmisores y demás.

    Pero es que incluso si llegase a haber una base cuántica implícita en nuestra consciencia (cosa que insisto hoy día parece muy improbable), eso no evitaría el hecho que comento en el artículo, donde un filtro evolutivo es el encargado de ocultarnos y acotar luego casi todas las posibilidades. Quizás con una base cuántica las posibilidades teóricas de acción sean casi infinitas; pero si luego un filtro evolutivo impreso en el cerebro se encarga de eliminar todas las posibilidades menos unas cuantas, el resultado sigue siendo el mismo: el libre albedrío sería imposible por reducción al absurdo, puesto que jamás se podrá hablar de una verdadera libertad cuando un sistema borra a priori la mayor parte del dominio de acción; a parte de que luego es otro sistema evolutivo preestablecido de premio-castigo (el sistema endocrino) el que guía nuestra conducta por entre las pocas posibilidades que nos dejó el anterior filtro.

    De hecho, nuestra mente consciente (lo que llega a la consciencia), ha pasado por tantos filtros (microcircuitos neuronales preestablecidos), que es muy optimista pensar que en realidad poseamos no sólo libre albedrío, sino alguna libertad consciente en realidad. En este sentido es interesante leer el trabajo de Daniel Wegner que también se menciona en el artículo.

    ResponderEliminar
  6. Hola Samu. Muy buena entrada. En primer lugar me gustaría decirte que a tus razonamientos poco se puede objetar. A mí personalmente me resulta fascinante ver cuán dura de admitir resulta para algunos la idea de que no somos libres, de que no tenemos libre albedrío, o al menos la hipótesis de que nuestra capacidad volitiva es "estrecha". Y he tenido la ocasión de hablar con neurocientíficos (trabajadores del CSIC) que la rechazan frontalmente. He leído algunas entradas tuyas y la verdad es que te explicas de forma muy nítida en un tema tan enrevesado como este. Enhorabuena.

    Sin embargo, quiero plantear dos cuestiones. La primera es preguntarte cómo podemos encajar el tema del libre albedrío versus la génesis en la sombra de nuestras acciones y el automatismo evolutivo con el asunto causa-efecto. En nuestros pensamientos y decisiones, ¿qué es causa, qué es efecto? ¿Sería exagerado decir —adscribiéndonos a tu tesis— que la inconsciencia o el automatismo son "la causa" y la información que llega a la consciencia "el efecto"? Y por último me gustaría añadir una pequeña discrepancia, y es que, en ese manejo inabordable de las infinitas opciones, quizá las infinitas opciones sean finitas. Me explico. Del mismo modo que nuestro cerebro "integra" la información, hace "converger" los inputs, puede a lo mejor utilizar una estrategia similar con el abanico de posibilidades; partiendo de un número relativamente pequeño (o grande) de posibles acciones —¿exponencialmente?— crecer a partir de las mimas, como en un algoritmo. En fin, tienes un blog muy interesante. Saludos.

    ResponderEliminar
  7. Muchas gracias por tus palabras, Anónimo.

    Dices: "¿Sería exagerado decir —adscribiéndonos a tu tesis— que la inconsciencia o el automatismo son "la causa" y la información que llega a la consciencia "el efecto"?" Yo no lo veo exagerado, sino al contrario, algo muy plausible. Creo que la lectura del libro de Daniel Wegner: "The Illusion of Conscious Will" te podría interesar mucho en este sentido.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar