sábado, 12 de septiembre de 2015

Carta a un amigo cristiano

Querido, Enric:

Desgraciadamente su posición (cristiana) a mí no me vale, porque mi cabecita ella no me deja creer más que en lo razonable y en lo que puedo palpar y contrastar: es decir; en las teorías científicas que describen lo natural.

Pero no se crea que soy inmune ante la estupefacción queme produce la idea de saber qué narices es esta naturaleza (y no hablo de cómo se comporta la naturaleza, de lo cual se encarga la ciencia, la cual tengo ya muy mamada): Por poner un simple ejemplo; ¿por qué existen las leyes de conservación? ¿qué hace o determina que esas leyes deban cumplirse siempre tal y como lo hacen? ¿por qué, por ejemplo, la energía debe conservarse en un sistema (y qué es la energía, por cierto), por qué debe permanecer constante el momento lineal y angular, etc.? Para responder al porqué de estas preguntas, habría que tener una visión empírica de la propia maquinaria, del proceso en sí que da lugar a los fenómenos naturales que sentimos, pero esa visión es imposible (porque estamos limitados al fenómeno). Por lo tanto, existe sin duda un misterio intrínseco a lo natural, que sólo un necio puede negar (aunque quizás lo que irrite sea el término "misterio" y no el concepto en sí).

Yo soy consciente del misterio, Enric; pero me cuesta llenar ese misterio con una idea cualquiera de mi fantasía o imaginación. Me parece absurdo, una vez descrito el fenómeno natural, pretender explicar su esencia con una hipótesis subjetiva (a mi justa medida).

Por lo tanto, yo le comprendo, amigo; pero no comprendo como da el paso de lo natural a ese Dios cristiano tan concreto, si no es por una mera cuestión psicológica de necesidad personal suya. Y puesto que es una necesidad personal y subjetiva suya, tan válida me parece como el Dios hindú, el Dios redentor de Mainlander, el Dios de mi vecino, o simplemente con la propuesta “todo es naturaleza sin ningún Dios” (panteísmo). Es decir; que me veo obligado al agnosticismo.

Por lo tanto, aunque no niego de ningún modo que cuando usted (o yo) perezcamos pueda estar esperando en algún lugar Jesucristo con toda la parafernalia asociada al cristianismo, me parece más creíble personalmente, la hipótesis que surge tras inducir hacia el futuro nuestra no existencia previa al nacimiento, y relacionarla (en sus atributos) con nuestra no existencia posterior a la muerte: pienso así que, posiblemente, al morir desaparecerá nuestra conciencia y nuestro Yo a todos los niveles (naturales y sobrenaturales). De hecho, no tengo evidencias de más existencias que de esta que disfruto ahora mismo, lo que me hace creer (inferir), que es la estructura natural de mi cerebro lo que crea mi consciencia, y que será su aniquilación natural (con la muerte) la que la haga desaparecer para siempre (o hasta que el trillón de neuronas y sinapsis que dan lugar a mi memoria actual se unan de nuevo por azar xDD).

E insisto; quizás me equivoque y tenga usted razón, pero siempre me viene a la mente esta frase de Freud:
"Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista."
Si el día que yo muera, me lo encuentro charlando con Jesús y le reconozco, le daré la mano con alegría y le concederé que tenía usted razón. Desgraciadamente, creo que ambos moriremos y desapareceremos sin conocer la Verdadera esencia tras el misterio del mundo...aunque usted al menos morirá creyendo que sabe cuál es la Respuesta. Le envidio.

Un abrazo.

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