lunes, 25 de julio de 2016

Canto al sufrimiento


Canto al sufrimiento

Aciago sufrimiento: 
¿Por qué existes como tal en el mundo?
Dime, ¿es que acaso no había otra manera 
de hacer las cosas?
Sufre el hombre desde el mismo nacimiento; 
tan pronto se niega a obedecer 
algún mandamiento evolutivo
se ve acuciado por un tormentoso dolor:  
¿es que no fue posible evitar tu 
fenómeno universal? 
¿no es quizás posible la vida 
sin ti como compañero de viaje? 
Y si es ese el caso, me pregunto: 
¿para qué sirve todo ese 
dolor que nos infliges? 
¿para qué es útil esta sufrida vida?

Dicen que el ciclo de la vida 
es nacer, crecer luego, 
y finalmente reproducirse y morir; 
pero se olvidan a menudo 
de mencionar que todo este ciclo 
va acompañado en cada instante, 
aunque no siempre sea evidente, 
de tu presencia, nefasto compañero. 
Porque es sin duda, 
y precisamente, tu penosa naturaleza
 la que impele de apasionada 
voluntad de lucha a todo ser animado.

Y ya que estamos: 
¿cuál es el sentido de 
semejante bucle eterno 
de impuesto malestar? 
Nadie lo sabe, y realmente pocos son
los que pueden siquiera reflexionar 
sobre el asunto dada 
una limitada sensibilidad. 
Pero para el que así se pregunta, 
para aquel que tiene el privilegio
de querer encontrar una respuesta,
 y que lo hace además con honestidad;
 para este hombre digo, 
sí que se vislumbra ya una objetiva
respuesta, a pesar de que todavía
sea parcial. Y es la siguiente: 
El ciclo vital no vale absolutamente
para nada; o al menos, para nada relevante 
a la propia vida como fenómeno.
Detrás de tu ser, amargo sufrimiento;
sólo encontramos al reflexionar racionalmente
una mundana ley física que obliga a nivelar
potenciales energéticos de manera eficiente.
¡Qué destino más absurdo para 
tanto dolor y lucha!
  
Y aunque quizás después de todo
 finalmente alguna utilidad Alguien o Algo 
pueda sacar de tu triste tarea,
sufrir ecuménico; no será de seguro
 algo relacionado con el bien vital,
 sino con alguna oscura Necesidad trascendental.

Sí; quizás Alguien se aproveche
 de ti inmortal peregrino, 
porque eres tú y sólo tú el impulso de la vida. 
Eres la causa y el fin de nuestro ser,
 causa y fin de la complejidad: 
el verdadero pecado original 
culpable de haber organizado el caos. 
Nuestra mera existencia supone
 el uso y abuso de tu ser, desagradable alentador, 
como el artilugio más cruel imaginable

Porque eso es todo lo que eres: 
una herramienta; 
un sombrío instrumento 
del que quizás algún Ente se aproveche
 en su intento de satisfacer 
alguna miserable e inefable Carencia. 
Posiblemente su Conciencia, 
si es que algo de eso posee, 
se encuentre atormentada
 por tal abominable Acto de creación.

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