miércoles, 13 de octubre de 2010

Alegría y euforia por los 33 mineros salvados o la hipócrita doble moral de occidente


Es la noticia del día, de la semana, casi del mes; los 33 mineros chilenos serán rescatados con vida. Todos los medios retratan la felicidad del pueblo chileno y de occidente en general. La euforia se contagia porque aunque ha supuesto mucho esfuerzo y se ha necesitado gran cantidad de recursos, se han salvado 33 vidas.

Ahora bien, nadie cae en la cuenta -o el que cae, mira hacia otro lado- de que esa gran cantidad de recursos que se han invertido en dicho rescate, podrían haber sido usados para otros fines. Por ejemplo; con todo lo invertido en el famoso rescate, se podrían haber salvado la vida de miles de personas del tercer mundo.
Y es un hecho, todo esos recursos podrían haber salvado miles de vidas, en lugar de sólo 33. ¿Por qué entonces tanta felicidad? ¿No deberíamos de estar tristes e incluso enfadados con el pueblo chileno que ha dejado morir a miles de personas por salvar a sólo 33? Si se supone que todos los humanos somos iguales, y que la vida de todos tiene el mismo valor -principal tesis de la moral occidental-; destinar recursos en salvar a 33, cuando se podrían haber salvado a miles, no puede ser tomado como algo moralmente correcto, ¿por qué estamos entonces tan contentos?

Lo primero que nos vendrá a la mente para salvar la contradicción moral, es que lo que se debería haber hecho es salvar a los 33 mineros, y a los miles de subdesarrollados al mismo tiempo. Muy bonito, pero evidentemente es una salida utópica. Es un hecho obvio y objetivo que los recursos del mundo son limitados -muy limitados incluso-, no hay de todos para todos, y hay que elegir. Occidente acapara gran parte de los recursos del planeta en detrimento del resto, y occidente debe elegir, y elige, como repartirlos. Nuestros medios de comunicación nos muestran claramente lo que finalmente hacemos con ellos: preferimos proveer a unos pocos de “los nuestros” antes de ayudar con la misma cantidad de recursos a “muchos más de los otros”. Y, además, esta actitud no debería -ni debe- tomarse como algo malo, al contrario; es algo natural -y por lo tanto esencialmente bueno- ayudar a los más próximos; a “los nuestros”. De hecho, nosotros actuamos de la misma forma en nuestro ámbito más personal. Si nos ponen entre la espada y la pared, y nos piden elegir entre salvar de una muerte anunciada a un hermano o a un completo desconocido (en este caso concreto, el recurso escaso es que sólo podemos salvar a uno), evidentemente el 99,9% de nosotros salvaremos a nuestro pariente -salvo enfemedad mental que nos impida actuar razonadamente-. Y este es un hecho objetivo y autoevidente. Y repito, no es nada malo salvar a nuestro hermano antes que a un extraño, es algo natural -bueno-.

Lo que es malo -metafóricamente malo, ya que en un mundo natural no hay nada esencialmente malo- es esa doble moral hipócrita de la que occidente hace gala. Preferimos salvar a los nuestros antes de a los demás, ¿por qué lo negamos? Por favor, dejemos de engañar y autoengañarnos; somos egoístas. Somos unos hipócritas egoístas. De todas formas, es lo que cabe esperar ahora que sabemos lo que somos, lo que es el hombre; simplemente una máquina de reproducir genes. No existe ninguna moral esencial. Estamos programados para sobrevivir y reproducir nuestros genes a toda costa. Y eso es todo. Nuestro comportamiento se reduce a estrategias evolutivas destinadas a maximizar ese objetivo. Y si nos engañamos -autoengañamos- negando lo evidente, es porque actualmente el comportamiento evolutivamente estable así lo requiere.

Nota:

Es evidente que sí existen recursos en occidente para haber salvado simulténamente a los 33 chilenos y a los miles de subdesarrollados que han muerto en su lugar, pero lo que debe quedar claro es lo siguiente: 1º No se ha hecho. Se salvó a 33 mineros en vez de a miles de africanos que finalmente murieron esta semana. 2º aunque se hubiese hecho, o se haga en el futuro, en casos similares, lo que debe ser evidente es que occidente jamás destinará al resto subdesarrollado mas que lo necesario para sacar provecho de ello. El 99% de los recursos de occidente se destinan -y destinarán no cabe duda- a occidente, y el 1% se presta al resto sólo como estrategia, y nunca de manera puramente altruista. Siempre se esperará algo a cambio, aunque sea de manera tan indirecta como obtener una buena publicidad favorable “mostrando” que somos muy buenos y altruistas.

Conclusión:

Aunque la hipócrita doble moral de occidente no puede tomarse como algo malo -esencialmente malo-, puesto que forma parte de la estrategia evolutiva -natural- que nos favorece a todos y cada uno de nosotros; si que me parece reprochable el no aceptarla; el negarla. Desde la ciencia natural es un hecho “objetivo” que dicha doble moral es un acto evolutivo, un autoengaño que todos compartimos, y que hemos desenmascarado desde la ciencia natural. Pero claro, como no podemos cambiar lo que somos -máquinas al servicio del gen-, lo único que nos queda es resignarnos y aceptar nuestra “verdadera moral”. Debemos dejar de ser hipócritas. Si finalmente llega ese día, el día que todos aceptemos la evidencia, ya no será necesario el autoengaño, y; aunque no seremos más “buenos” -porque no hay moral esencial de referencia-, al menos sí seremos menos hipócritas.

Nota. Está claro que ser menos hipócrita no es ningún objetivo esencial del ser humano -porque no existen tales objetivos-, pero, sin embargo; podría ser nuestra “salvación”, nuestro deseado “paraíso”. Me explico:
Desde las ciencias naturales, sabemos que existe una carrera armamentística evolutiva entre “engañar” y “detectar el engaño” para maximizar nuestro acopio de recursos y favorecer así nuestra supervivencia y la de los nuestros. El que mejor engaña obtendrá más beneficios en el mundo de altruismo recíproco del que formamos parte. Y, además, es evidente que la mejor forma de engañar es engañar “sin saberlo” -autoengaño-. Es la forma más eficaz de engaño y lo que da forma a gran parte de nuestro comportamiento. En particular, es lo que nos hace negar nuestra doble moral. No podemos aceptar que preferimos salvar a unos pocos de “los nuestros” antes que a muchos de “los otros”. No es algo evolutivamente estable...por ahora.
Lo crucial es que, ese estar atentos a los engaños y ese esfuerzo por engañar mejor, nos produce estrés y ansiedad. Un sufrimiento que se ve agravado por nuestra autoconciencia que no es más que una herramienta aparecida como medio para mejorar el engaño y la detección del engaño, pero con la triste disfunción añadida de permitirnos ser conscientes de nuestro sufrimiento -no sólo sufrimos sino que sufrimos porque sabemos que sufrimos y sufriremos hasta nuestra muerte-.
Y; aquí viene lo bueno, aunque está claro que jamás dejaremos de estar al servicio de los genes -luchando por su supervivencia y replicación-, si que podríamos crear conscientemente una estrategia evolutivamente estable que minimizase nuestro sufrimiento.
Si todos fuésemos sinceros con nuestras intenciones, si dejáramos el autoengaño -y el engaño consciente-, no sería necesario estar alerta constantemente. Podríamos homogeneizar el medio infinitamente, dejaríamos de necesitar verlas venir. Podríamos relajarnos, vivir en un mundo mejor, más sincero; donde no haría falta una moral “de cuarto de baño” para mantener la cohesión social.
Viviríamos como hormigas, sí; y, con el tiempo, dejaríamos el lastre que supone la autoconciencia. Volveríamos a la animalidad, y; aunque seguiríamos sufriendo, al menos no seríamos conscientes de ese sufrimiento. Eso es lo más parecido a un paraíso terrenal, y lo mejor a lo que puede aspirar el ser humano.

Pero vamos, soy consciente de que llevar a cabo este plan es una tarea titánica, que incluso podría no ser jamás viable como EEE. Pero, bueno; de utopías vive el hombre. Además, como dice Castrodeza, quizás la tecnociencia nos lleve al mismo fin, aunque por otros medios, claro.



- Bibliograífa recomendada:

Para aquellos que no hayan entendido mi argumento, o que quieran profundizar en el mismo, os recomiendo la siguiente bibliografía:

  • “El Gen Egoísta” - Richard Dawkins.
  • Nihilismo y Supervivencia - Carlos Castrodeza.
  • La Darwinización del mundo - Carlos Castrodeza.


También os recomiendo el resto de libros de Richard Dawkins -especialmente sus primeros libros-, y las extensas referencias bibliográficas que traen los dos libros de Carlos Castrodeza.













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