Evitar la muerte en lo posible es un objetivo natural de todo ser vivo (junto con el instinto de reproducción). Todos luchamos por mantenernos vivos, desde la bacteria unicelular hasta el ser humano. Parece ciertamente que hay una voluntad en el mundo que empuja vehementemente en este sentido.
Una visión moderna podría relacionar esa lucha por la vida, con una lucha contra las leyes termodinámicas del mundo, las cuales son, paradójicamente, en gran medida responsables de la aparición de la propia vida. No querer morir, es no querer que nuestra estructura corporal se desintegre; lo que supone una lucha continua contra las leyes naturales. Esta lucha es la base de todo el sufrimiento en el mundo.
Por otra parte, somos fruto de una ley natural evolutiva, la cual se puede reducir (y se debe) a leyes físicas más fundamentales: como la mecánica y la termodinámica. Esto nos debe hacer sospechar de que esa voluntad instintiva de la que todos somos partícipe, debe ser compartida por todo ente natural en el mundo. Y, es cierto que es eso lo observamos, por ejemplo, al estudiar la vehemencia con la que los cuerpos se mueven en el espacio, siguiendo rutas geodésicas, y presentando una lucha ciega ante cualquier cambio de trayectoria o estado. Acelerar un cuerpo inerte supone un trabajo; un esfuerzo, y eso es así porque el cuerpo se resiste naturalmente al cambio: es lo que se ha venido en llamar la ley de inercia.
Todo en la naturaleza parece obedecer a los designios de una ciega voluntad, de la cual nos tenemos que contentar con conocer sus diversas representaciones en el mundo.
En este punto, podemos tomar una actitud más o menos mística, y asociar esta voluntad con una entidad independiente del mundo: con una Voluntad, o podemos simplemente contentarnos con asociar esa voluntad simplemente con las propias leyes naturales. Sea como fuere, el resultado es muy similar, puesto que el conocimiento de facto en uno y otro caso es casi el mismo.
Este impulso irracional del que hablamos, lo vemos representado tanto en el movimiento de los átomos, como en la motivación humana, y además, dicho impulso es responsable no sólo de la aparición de la vida, sino del sufrimiento que hay en ella. Y esto es así debido a una lucha interna entre los diversos entes vivos (y no vivos) por seguir existiendo, acaparando el máximo de recursos posibles, los cuales son necesarios para mantener las complejas estructuras materiales, en contra de la 2ª ley de la termodinámica.
Esa voluntad o impulso natural es causa determinante en la aparición de todo fenómeno natural, y también es a la vez responsable de las calamidades en el mundo. La naturaleza lucha irracional y espontáneamente contra sí misma.
Y la muerte sí es indudablemente una solución al sufrimiento [b][i]individual[/i].[/b] Estar vivo requiere constituir y mantener un cuerpo complejo, el cual necesita de continuos recursos. Esto impone ya de base, y sin tener en cuenta otras necesidades del ser vivo como el deseo de reproducción, una lucha continua por mantener el organismo. Esa lucha, esa necesidad, nos garantiza un sufrimiento el cual sólo puede ser aliviado con la propia muerte.
Tampoco es plan de tirarse por un puente porque; primero de todo, la propia naturaleza nos ha grabado en la cabeza un miedo terrible a autolesionarnos, el cual es tan complicado o más de superar que la aversión al incesto, y segundo, porque no hay prisa: la naturaleza ya se encarga de matarnos a todos más o menos lentamente.
La vida es un sufrimiento pero es finita, por lo que no tiene mucho sentido aligerar lo que por otra parte es inevitable. Una vez que se comprende el sufrimiento, y se comprende el nihilismo y pesimismo del mundo, la vida se antoja más llevadera. El que nada espera no sufre decepciones, ni se agobia ante la adversidad. El pesimismo es la mejor herramienta para lograr una actitud estóica; actitud ciertamente necesaria para minimizar el sufrimiento en este mundo.
Bueno, lo dejo aquí, con el fragmento de una obra que desde siempre me ha llamado la atención:
Jorge Manrique
(1440-1479)
Coplas por la muerte de su padre
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte 5
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer, 10
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado, 15
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar 20
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos 25
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir; 30
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos 35
y los ricos.
Invocación:
Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones, 40
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco yo
de verdad, 45
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada 50
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos, 55
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Desde siempre me ha parecido que no hay mayor consuelo ante la vida, que el saber que algún día moriremos.
Un saludo, amigos.
"No hay que tomarse nada a pecho -se repite quien se enoja consigo mismo cada vez que sufre y no pierde ninguna ocasión de sufrir." El aciago Demiurgo (Emil Cioran)
martes, 9 de abril de 2013
sábado, 2 de marzo de 2013
Naturalizar a Schopenhauer (II)
Me gustaría compartir con vosotros una pequeña reflexión:
¿os habéis planteado alguna vez las enormes semejanzas que existen entre la
filosofía de Schop. y las conclusiones a las que está llegando la ciencia
moderna? Para no extenderme mucho os propongo un ejemplo concreto:
Es aceptado que la ciencia moderna reduce la existencia humana (y la vida en general) a un puro proceso evolutivo dado en el espacio-tiempo. Dicha evolución la basan únicamente en procesos mecánicos (naturales) sobre moléculas materiales muy particulares (destacando la molécula de ADN). Esto reduce toda la casuística de la aparición, desarrollo, y conservación de la vida a simples procesos físicos.
Todos los procesos físicos implicados en la ley evolutiva,
base de la existencia, se basan tan sólo en procesos mecánicos actuando en el
espacio-tiempo y regidos por las leyes naturales. Pero entre esas leyes
naturales (o regularidades empíricas
continuamente observadas ;)) destaca la llamada “segunda ley de la
termodinámica”, la cual viene a decir que el mundo(el Universo) tiene una
tendencia innata hacia el desorden, el cual DEBE ir siempre e irremediablemente
en aumento.
De esta forma la vida (simple proceso natural) parece así consistir
en una constante e irracional lucha del propio universo contra su propia
esencia. El desorden DEBE aumentar en el mundo, pero existen; sin embargo, ciertas
estructuras en el mismo que luchan ciega pero vehementemente contra esa norma:
la vida es pues una especie de "deseo" agónico y desenfrenado de
orden contra natura, un deseo sinsentido e irracional (y a su vez causa de todos
nuestros sufrimientos. Somos seres conscientes, fruto de ese deseo irracional
de orden (clara equivalencia con la máxima objetivación de la Voluntad
propuesta por Schop.); y nuestro sufrimiento es causado por nuestra obligación
de satisfacer esa necesidad irracional). Nuestro sufrimiento es causado así por
una constante necesidad de satisfacción hacia nuestra esencia. Parece ser que
nuestro sufrimiento es causado por alguna especie de lucha interna en la
esencia del mundo: por una parte se exige el desorden, pero por otra se busca
el orden. Vamos, es que es algo calcado a la propuesta Schopenheriana de una
Voluntad en sí que muestra una lucha fenoménica contra sí misma.
Yo realmente veo tras la ciencia moderna una aproximación
equivalente a la filosofía de Schop., sólo que nuestro autor partió del estado
del arte filosófico-científico de su época, y lo hizo lo mejor que pudo. No
comparto, como sabes, el modo en que llegó el autor a sus conclusiones, aunque
sí veo muy justificada sus principales conclusiones revisadas bajo la ciencia
actual.
La base filosófica de Schop. fue una extraordinaria proeza
teniendo en cuenta la época en que vivió el autor (muy especialmente su postura
pesimista del mundo). El pesimismo que Schop. inauguro debería estar hoy,
gracias a la ciencia; más vivo y vigente que nunca. Sorprende el hecho de que
no sea así. Claramente la poca cultura filosófica entre los científicos y la
poca cultura científica entre los filósofos tenga gran parte de culpa.
Estoy convencido de que en algún momento, un Schop. moderno,
con el carisma suficiente, naturalizará la obra de Schop. y restaurará su
filosofía, aunque debidamente actualizada a los tiempos que corren.
Bueno, no me enrollo más :).
Un cordial saludo, amigos.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Refutación formal de la filosofía de Schopenhauer
De aquí podemos sacar que según Schop.:Si, convencidos de que la intuición es la fuente primera de toda evidencia, de que solo la relación inmediata o mediata con ella es una verdad absoluta, de que además el camino más cercano a esta es el más seguro porque toda mediación de conceptos está expuesta a muchos engaños; si con esta convicción nos dirigimos a la matemática tal y como se estableció como ciencia con Euclides y ha permanecido en su conjunto hasta nuestros días, no podemos menos de encontrar extraño e incluso erróneo el camino que sigue. Nosotros exigimos que toda fundamentación lógica se reduzca a una intuitiva; ella, en cambio, se esfuerza con gran empeño en rechazar deliberadamente la evidencia intuitiva que es propia de ella y siempre cercana, para sustituirla por una evidencia lógica.
El MVR, pág. 82, 83
(1) La intuición es la fuente primera de toda evidencia, y la relación inmediata o mediata con ella es una verdad absoluta.
De aquí obtenemos:Pues hasta que no hemos aprendido de ese gran espíritu que las intuiciones del espacio y el tiempo son totalmente distintas de las empíricas e independientes de toda impresión sensorial, que no están condicionadas por ella sino que la condicionan, es decir, son a priori y por eso no están expuestas al engaño de los sentidos, hasta entonces no hemos podido comprender que el tratamiento lógico de la matemática que hace Euclides es una inútil precaución, una muleta para piernas sanas, y que se asemeja a un caminante que en la noche, tomando un firme camino iluminado por un arroyo, se guarda de pisarlo y camina siempre a su vera sobre un suelo accidentado, contentándose con topar de tramo en tramo con el supuesto arroyo.
Solo ahora podemos afirmar con seguridad que lo que en la intuición de una figura se nos manifiesta como necesario no procede de la figura trazada sobre el papel, quizá de forma deficiente, ni tampoco del concepto abstracto que ahí pensamos, sino que nace inmediatamente de la forma de todo conocimiento de la que tenemos conciencia a priori: esa forma es siempre el principio de razón: aquí, en cuanto forma de la intuición, es decir, del espacio, es el principio de razón del ser; pero su evidencia y validez es tan grande e inmediata como la del principio de razón del conocer, es decir, la certeza lógica. Así que para dar crédito únicamente a esta última no necesitamos ni debemos abandonar el dominio propio de las matemáticas y acreditarlas en otro totalmente ajeno a ellas, el de los conceptos. Si nos mantenemos en el terreno propio de las matemáticas obtenemos la gran ventaja de que en ella saber que algo es así es lo mismo que saber por qué lo es, en lugar de separar totalmente ambas cosas, como hace el método de Euclides, y poder conocer solo la primera y no la última. […] Sin embargo, en la física solo estamos satisfechos cuando el conocimiento de que algo es así va unido al de por qué lo es: que el mercurio en el tubo de Torricelli tiene una altura de 28 pulgadas es un mal saber si no se le añade que está retenido por el contrapeso del aire. ¿Pero en la matemática ha de bastarnos la qualitas occulta del círculo por la cual los sectores de cada dos senos que se cortan en él forman siempre rectángulos iguales? Que eso es así lo demuestra Euclides en la proposición 35 del tercer libro: el porqué está todavía por ver. Igualmente, el teorema de Pitágoras nos da a conocer una qualitas occulta del triángulo rectángulo: la demostración de Euclides, coja y hasta capciosa, nos abandona en el porqué; y la sencilla figura adjunta, ya conocida, ofrece de un vistazo, en mucho mayor medida que aquella demostración, la comprensión del asunto y una íntima convicción interna de aquella necesidad y de la dependencia de aquella propiedad respecto del ángulo recto: También en el caso de catetos desiguales se ha de poder llegar a tal convicción intuitiva, como en general en el caso de cualquier verdad geométrica, ya simplemente porque su descubrimiento siempre partió de una intuición de esa necesidad y la demostración no se ideó hasta después: así pues, no es preciso un análisis del curso del pensamiento en el primer descubrimiento de una verdad geométrica para conocer intuitivamente su necesidad.
El MVR, pág. 86,87.Mas eso es lo que Euclides ha hecho. Solo sus axiomas los basa, y por necesidad, en una evidencia inmediata: todas las siguientes verdades geometricas son demostradas lógicamente […]
Ciertamente, el partió del correcto supuesto de que la naturaleza ha de ser consecuente en todos los casos, o sea, también en su forma fundamental, el espacio; por eso, dado que las partes del espacio están entre sí en relación de razón y consecuencia, ninguna determinación espacial puede ser de otra forma que como es sin entrar en contradicción con todas las demás.
Rl MVR, pág. 90
(2) Las intuiciones del espacio son apriori y no están expuestas al engaño de los sentidos.
(3) La geometría de Euclides es una inútil precaución, una muleta para piernas sanas. Y parece que es una inútil precaución porque su base se sustenta en el conocimiento intuitivo de su necesidad.
(4) Euclides basó, dice Schop., los axiomas de la geometría Euclídea por necesidad en una evidencia inmediata, y todas las siguientes verdades geométricas son demostradas lógicamente.
(5) De los puntos (1) al (4), podemos concluir que Schop. defendió en su obra la verdad de la geometría Euclidea basándose en el hecho de que; según él, dicha geometría parte y se nutre de un conocimiento intuitivo apriori del espacio. Ese conocimiento intuitivo es fuente de toda verdad absoluta, e inmune a engaños.
Hasta aquí estas bonitas palabras. Ahora vamos con la contrastación experimental:
(6) A finales del siglo XIX, el avance científico comenzó a tener serios problemas para dar cuenta de ciertas incongruencias surgidas a partir del mejor conocimiento conseguido sobre el electromagnetismo. En resumen, la ciencia de finales del siglo XIX, descubrió que muchos fenómenos no eran consistentes con la física construida a partir de la geometría Euclidiana.
(7) La ciencia finalmente se ve obligada a rechazar la hipótesis de que el espacio se comporta siguiendo una geometría Euclidea. Simplemente ve refutada dicha geometría mediante la observación empírica de ciertos fenómenos y su contrastación experimental. Lo observado no cuadraba con lo esperado según esta geometría.
(8) Surge así una nueva teoría científica, llamada Teoría General de la Relatividad, capaz de dar cuenta de esas nuevas inconsistencias aparecidas, además de poder seguir dando solución al mismo tiempo a todos los resultados que la física clásica había conseguido. La TGR englobaba pues la solución a los nuevos problemas surgidos, y explicaba la física clásica como una simple aproximación a una escala de observación de objetos a baja velocidad.
(9) Según la TGR, la física basada en la geometría de Euclides es una simple aproximación local a escalas de baja velocidad. Es pues una limitación sensorial la que hace que el espacio 3-dimensional Euclideo nos aparezca como evidentemente verdadero.
(10) Muy importante es que la TGR nos habla sobre una nueva geometría espacial. Esa geometría no es "intuitiva", pero tiene la capacidad para dar cuenta experimentalmente de fenómenos que la física pre-relativista simplemente no podía.
(11) La geometría del espacio no es pues euclidea: no es 3-dimensional, no es plana, ni cumple con los axiomas de Euclides, salvo localmente y de manera aproximada en casos concretos (para escala de velocidades pequeñas, etc.). Le TGR nos habla de un espacio curvo (no-euclidiano) de 4 dimensiones con sus propios axiomas.
(12) Según (7) y (9), nuestra "intuición" nos engaña al pretender conocer la geometría espacial, debido principalmente a limitaciones sensoriales.
Ahora veamos la incongruencia:
(13) Según (7), (9) y (12): La observación empírica de ciertos fenómenos y su contrastación experimental nos hicieron ver incongruencias que finalmente nos llevaron a rechazar la hipótesis de que el espacio se comporta siguiendo una geometría Euclidea. Ocurre así, que nuestra "intuición" nos engaña al pretender conocer la geometría espacial, debido principalmente a limitaciones sensoriales (principalmente limitaciones de escala: baja velocidad respecto de la velocidad de la luz, etc.).
(14) Según (13) la geometría Euclidea, aunque “intuitiva”, no es congruente experimentalmente con el espacio del mundo.
(15) Partiendo de (14), por lógica, sabemos que una proposición que no es congruente no puede ser verdadera.
(16) Con (5) y (15), vemos que Schop. se equivocó en su creencia sobre la verdad geométrica Euclidea del espacio.
(17) Y vimos en (5) que basó su creencia en que, según él, dicha geometría parte y se nutre de un conocimiento intuitivo apriori del espacio. Ese conocimiento intuitivo lo supone fuente de toda verdad absoluta, e inmune a engaños.
Entre los puntos (16) y (17) vemos la contradicción:
El espacio no es Euclideo, luego la geometría que surge del conocimiento intuitivo "apriori" del espacio no es cierta, por lo que tenemos que:
(18) El conocimiento intuitivo no es siempre fuente de verdad absoluta, y no es inmune a engaños (según (12)).
Llegamos así a una conclusión importante:
No importa a lo que llamara Schopenhauer intuición . Da completamente igual en la argumentación propuesta. Definamos como queramos a esa intuición, pero el punto (1) no se mantendrá. Podemos igualar la intuición (de Schop.) a la "intuición" científica (intuición = "intuición"), o lo podemos igualar a una intuición Divina. Da igual lo que se haga, porque la conclusión es la mima: Sea lo que sea la intuición de Schop., no es inmune a engaños y se equivoca (18). Hay, así, una grave incongruencia en su filosofía.
Habría que buscar críticamente una solución a esta incrongruencia, ya que el resto de la filosofía la basa Schopenhauer en el punto (1), que tras (18) ya no se mantiene, por lo que toda su filosofía queda en entredicho.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Naturalizar la filosofía de Schopenhauer
Supongo en el lector conocimientos previos de la obra filosófica de Schopenhauer y, a partir de ahí, voy a intentar acercaros a la idea de naturalizar sus ideas para poder así acercarlas a la realidad empírica que la ciencia moderna nos muestra:
Yo llegué a Schop. atraído por su pesimismo, y creo que precisamente es esa la base de la filosofía de Schop. que merece de admiración. Cierto que se perdió un poco en el misticismo metafísico y el idealismo de su época, pero es admirable cómo supo interpretar el mundo con esa visión negativa que apenas antes nadie se atrevió a expresar tan claramente (aunque todos la tenían ante sus ojos).
Pero Schop. desconocía (inevitablemente, debido a causas cronológicas) gran parte de las conclusiones científicas actuales, y su obra debe ser revisada críticamente aunque nos pese: la obra de Schop. debe evolucionar hacia el naturalismo (junto con el correspondiente nihilismo negativo al que la conclusiones científicas modernas nos impulsan). Es la continuación lógica del pesimismo del maestro: la filosofía naturalizada (y su nihilismo negativo) es la aproximación más congruente de su filosofía con el conocimiento científico del que disponemos.
Además no supone tanto esfuerzo como puede parecer en un primer momento naturalizar la filosofía de Schop. Basta con desechar todo el misticismo metafísico (y todo intento de conocer algo metafísico), desechar la propuesta idealista por incongruente e innecesaria (porque ya no buscamos trampear ese conocimiento metafísico), y relacionar todo su concepto de Voluntad con lo único que conocemos: los fenómenos del mundo. Por ejemplo, la supuesta objetivación de la Voluntad en el hombre se puede relacionar directamente con la motivación natural fruto del procesamiento eletro-químico y neuronal del cerebro humano (y desarrollado naturalmente por una ley material y evolutiva).
Y es que toda supuesta objetivación de una Voluntad se puede reducir a las meras leyes naturales actuando en el espacio-tiempo. No es necesario acudir a un ente metafísico para comprender los fenómenos del mundo. Sin embargo, nos encontramos que ya no podemos hacer, como digo; la "trampa" que Schop. propone para justificar un conocimiento metafísico (la Voluntad), puesto que al naturalizarnos completamente, limitamos nuestra capacidad de conocimiento a la sóla reflexión sobre el mundo físico. De manera que ni somos, ni seremos capaces de dar cuenta de la causa u origen de la propia naturaleza (siendo ella misma la causa última de todo fenómeno).
Por lo tanto, y creo que eso es lo que os impide avanzar filosóficamente, naturalizar la obra de Schop. implica rechazar un conocimiento metafísico (admitiendo humildemente dicha incapacidad). Precisamente desestimar cualquier conocimiento metafísico es algo que la ciencia ha hecho desde sus orígenes, y que junto con su capacidad formal para rechazar propuestas que son refutadas, la han hecho contribuir exponencialmente al conocimiento teórico de los fenómenos del mundo (junto con su aplicación práctica), como ninguna otra corriente intelectual lo pudo antes.
Como conclusión; decir que Schop. supo ver clara y audazmente (para su época), el sinsentido, la irracionalidad, y la ausencia de finalidad manifiesta de todos los fenómenos de los que somos testigos. Se dejo llevar, sin embargo, por un proceso laborioso (y en parte místico) en su intento de explicar esa negatividad del mundo. Probablemente su intención (consciente o no) era la de permitir cierta salida (o un respiro) a tanto pesimismo. De manera que mediante el ascetismo, las bellas artes y la negación, pretendió dar algo de “sentido” al sinsentido. Pero la cuestión es que; hoy día, tal propuesta es claramente incongruente con los hechos empíricos; y la única solución lógica parece ser naturalizar su filosofía de manera que podamos mantener su base pesimista: la idea de irracionalidad y sinsentido que vemos cada instante a nuestro alrededor, aunque evitando los conflictos empíricos mediante una reducción completa de su filosofía respecto a simples teorías naturales.
Así todo fenómeno en el mundo es pura consecuencia natural (incluida la evolución que da origen a la vida, y por supuesto, nuestra mente, causa de un cerebro material procesando información mecánicamente). De esta manera vemos que nada tiene fin o sentido, porque la naturaleza es completamente ciega e irracional. El mundo fenoménico aparece así como nuestra única base de conocimiento; conocemos cómo funciona el mundo (sus leyes regulares y sus características), pero lamentablemente nunca conoceremos su causa o explicación. Además, es curioso como algunos científicos obstinados, no se resignan e intentan ir más allá explicando el propio Universo. Evidentemente, cuando hacen ese intento, terminan haciendo filosofía en vez de ciencia, y sus resultados dejan muchísimo que desear. Por poner un ejemplo, hace poco Roger Penrose (famosísimo físico aún vivo) propuso su teoría de los eones: se trata de intentar enlazar el fin de un Universo con el Big bang o inicio de otro Universo (de manera que se van encadenando eones, donde el fin de un eón es el comienzo del siguiente). Pero lo realmente interesante de esta propuesta es si increíble esfuerzo por no salirse de la explicación física. Finalmente lo consigue aunque añade muchas premisas que deben aún ser verificadas. De todas formas, aún de confirmarse su teoría, aún quedaría por explicar por la causa del primer eón, la causa de que existan eones en lugar de nada, etc. Es decir, que debemos aceptar el hecho de que, ni la ciencia ni ninguna otra corriente intelectual podrán nunca justificar la causa o explicación de la propia naturaleza.
Abracemos, pues, ese nihilismo negativo total y absoluto al que nos lleva el naturalismo moderno. Abracemos estoicamente a ese rotundo pesimismo al que la ciencia nos ha llevado: Nos reconocemos como consecuencia de una naturaleza irracional que actúa ciega y ferozmente; y ni siquiera sabremos por qué ni para qué. Nuestra pequeña racionalidad local luchará y desaparecerá sin saber para qué tanto dolor. Nos reproduciremos como autómatas que somos impulsados por una ley evolutiva que programó nuestra mente, y daremos cuerda sin remedio, como dice Schop., a ese inútil reloj que es la vida humana.
Bueno, no me enrollo más, espero de corazón al menos haberos hecho reflexionar sinceramente sobre el asunto. Si alguien quiere aportar algo sobre esto que digo, será oído con mucho interés.
Un cordial saludo, amigos.
Yo llegué a Schop. atraído por su pesimismo, y creo que precisamente es esa la base de la filosofía de Schop. que merece de admiración. Cierto que se perdió un poco en el misticismo metafísico y el idealismo de su época, pero es admirable cómo supo interpretar el mundo con esa visión negativa que apenas antes nadie se atrevió a expresar tan claramente (aunque todos la tenían ante sus ojos).
Pero Schop. desconocía (inevitablemente, debido a causas cronológicas) gran parte de las conclusiones científicas actuales, y su obra debe ser revisada críticamente aunque nos pese: la obra de Schop. debe evolucionar hacia el naturalismo (junto con el correspondiente nihilismo negativo al que la conclusiones científicas modernas nos impulsan). Es la continuación lógica del pesimismo del maestro: la filosofía naturalizada (y su nihilismo negativo) es la aproximación más congruente de su filosofía con el conocimiento científico del que disponemos.
Además no supone tanto esfuerzo como puede parecer en un primer momento naturalizar la filosofía de Schop. Basta con desechar todo el misticismo metafísico (y todo intento de conocer algo metafísico), desechar la propuesta idealista por incongruente e innecesaria (porque ya no buscamos trampear ese conocimiento metafísico), y relacionar todo su concepto de Voluntad con lo único que conocemos: los fenómenos del mundo. Por ejemplo, la supuesta objetivación de la Voluntad en el hombre se puede relacionar directamente con la motivación natural fruto del procesamiento eletro-químico y neuronal del cerebro humano (y desarrollado naturalmente por una ley material y evolutiva).
Y es que toda supuesta objetivación de una Voluntad se puede reducir a las meras leyes naturales actuando en el espacio-tiempo. No es necesario acudir a un ente metafísico para comprender los fenómenos del mundo. Sin embargo, nos encontramos que ya no podemos hacer, como digo; la "trampa" que Schop. propone para justificar un conocimiento metafísico (la Voluntad), puesto que al naturalizarnos completamente, limitamos nuestra capacidad de conocimiento a la sóla reflexión sobre el mundo físico. De manera que ni somos, ni seremos capaces de dar cuenta de la causa u origen de la propia naturaleza (siendo ella misma la causa última de todo fenómeno).
Por lo tanto, y creo que eso es lo que os impide avanzar filosóficamente, naturalizar la obra de Schop. implica rechazar un conocimiento metafísico (admitiendo humildemente dicha incapacidad). Precisamente desestimar cualquier conocimiento metafísico es algo que la ciencia ha hecho desde sus orígenes, y que junto con su capacidad formal para rechazar propuestas que son refutadas, la han hecho contribuir exponencialmente al conocimiento teórico de los fenómenos del mundo (junto con su aplicación práctica), como ninguna otra corriente intelectual lo pudo antes.
Como conclusión; decir que Schop. supo ver clara y audazmente (para su época), el sinsentido, la irracionalidad, y la ausencia de finalidad manifiesta de todos los fenómenos de los que somos testigos. Se dejo llevar, sin embargo, por un proceso laborioso (y en parte místico) en su intento de explicar esa negatividad del mundo. Probablemente su intención (consciente o no) era la de permitir cierta salida (o un respiro) a tanto pesimismo. De manera que mediante el ascetismo, las bellas artes y la negación, pretendió dar algo de “sentido” al sinsentido. Pero la cuestión es que; hoy día, tal propuesta es claramente incongruente con los hechos empíricos; y la única solución lógica parece ser naturalizar su filosofía de manera que podamos mantener su base pesimista: la idea de irracionalidad y sinsentido que vemos cada instante a nuestro alrededor, aunque evitando los conflictos empíricos mediante una reducción completa de su filosofía respecto a simples teorías naturales.
Así todo fenómeno en el mundo es pura consecuencia natural (incluida la evolución que da origen a la vida, y por supuesto, nuestra mente, causa de un cerebro material procesando información mecánicamente). De esta manera vemos que nada tiene fin o sentido, porque la naturaleza es completamente ciega e irracional. El mundo fenoménico aparece así como nuestra única base de conocimiento; conocemos cómo funciona el mundo (sus leyes regulares y sus características), pero lamentablemente nunca conoceremos su causa o explicación. Además, es curioso como algunos científicos obstinados, no se resignan e intentan ir más allá explicando el propio Universo. Evidentemente, cuando hacen ese intento, terminan haciendo filosofía en vez de ciencia, y sus resultados dejan muchísimo que desear. Por poner un ejemplo, hace poco Roger Penrose (famosísimo físico aún vivo) propuso su teoría de los eones: se trata de intentar enlazar el fin de un Universo con el Big bang o inicio de otro Universo (de manera que se van encadenando eones, donde el fin de un eón es el comienzo del siguiente). Pero lo realmente interesante de esta propuesta es si increíble esfuerzo por no salirse de la explicación física. Finalmente lo consigue aunque añade muchas premisas que deben aún ser verificadas. De todas formas, aún de confirmarse su teoría, aún quedaría por explicar por la causa del primer eón, la causa de que existan eones en lugar de nada, etc. Es decir, que debemos aceptar el hecho de que, ni la ciencia ni ninguna otra corriente intelectual podrán nunca justificar la causa o explicación de la propia naturaleza.
Abracemos, pues, ese nihilismo negativo total y absoluto al que nos lleva el naturalismo moderno. Abracemos estoicamente a ese rotundo pesimismo al que la ciencia nos ha llevado: Nos reconocemos como consecuencia de una naturaleza irracional que actúa ciega y ferozmente; y ni siquiera sabremos por qué ni para qué. Nuestra pequeña racionalidad local luchará y desaparecerá sin saber para qué tanto dolor. Nos reproduciremos como autómatas que somos impulsados por una ley evolutiva que programó nuestra mente, y daremos cuerda sin remedio, como dice Schop., a ese inútil reloj que es la vida humana.
Bueno, no me enrollo más, espero de corazón al menos haberos hecho reflexionar sinceramente sobre el asunto. Si alguien quiere aportar algo sobre esto que digo, será oído con mucho interés.
Un cordial saludo, amigos.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Vivimos en el peor mundo posible
En esta entrada voy a intentar formalizar, en lo posible; mi apoyo personal al argumento de Schopenhauer de que, no sólo vivimos en un mundo cruel y deprimente, sino que realmente vivimos en el peor mundo posible:
[…] incluso a los flagrantes sofismas de Leibniz, según los cuales este es el mejor de los mundos posibles, se le puede oponer sería y honradamente la demostración de que es el peor de los posibles. Pues «posible» significa, no acaso algo sobre lo que podríamos fantasear, sino lo que puede realmente existir y mantenerse. Y este mundo está construido como tendría que estarlo para poder mantenerse a duras penas: si fuera un poco peor, no podría ni siquiera seguir existiendo. Luego un mundo peor, al no poder mantenerse, no es posible, así que este es el peor de los posibles. (MVR II, iv. cap. 46 [trad. PLdeSM, p. 638])
Mi argumentación es la siguiente:
1) El peor mundo imaginable (posible o no) requiere de vida (o estructuras) conscientes de su existencia, y que dicha existencia requiera de recursos (lo que sea) que desear (dando lugar a necesidades y sufrimientos).
2) Un mundo posible, y capaz de albergar vida consciente, requiere de una asimetría entrópica sea cual sea su naturaleza. Es decir, debe haber lugares o partes de dicho mundo más desordenadas que otras, y además, dicha entropía debe aumentar en una dirección del tiempo (asimetría temporal).
3) En dicho mundo, deben actuar leyes naturales en el espacio-tiempo, las cuales permitan y sean aptas para que se produzca un proceso evolutivo de estructuras en creciente orden, y que finalmente den lugar a una estructura capaz de generar conciencia mediante su funcionamiento. De manera que dichas leyes y sus constantes físicas, estarán finamente ajustadas para permitir la existencia de seres conscientes. El problema estadístico se resuelve mediante el principio antrópico, ya que sólo mundos bien ajustados -por muy improbables que sean- podrán albergar vida consciente –que, por cierto, serán conscientes de la improbabilidad de su mundo-.
Por lo tanto:
Aceptar 1) es inevitable. ¿Qué puede haber peor que un mundo con posibilidad potencial de permitir un sufrimiento consciente? (y luego veremos de nuevo que el hecho de que ese sufrimiento sea eterno no es viable). ¿Es posible sufrir sin una asimetría temporal y sin algo que necesitar? ¿Es posible una necesidad sin algo que necesitar? ¿Es posible necesitar algo sin no poseerlo, o no poseer algo sin una asimetría entrópica que diferencie lo que tenemos de lo que no?
Aceptar 2) y 3) es de perogrullo. Un ser consciente requiere de una estructura material que funcione y actúe en el espacio-tiempo dando lugar a sus pensamientos. Esto es así, y proponer lo contrario no es racionalmente estable: es irracional suponer una consciencia que no requiera de una estructura material de apoyo. Además, aunque se negara tal necesidad material, aún se necesitaría de una asimetría temporal para poder dar lugar a pensamientos, y en definitiva es absurdo proponer una consciencia sin materia, espacio y tiempo sobre las que pensar: ¿sobre qué va a discurrir una conciencia dentro de una nada? Igualmente, al aceptar 1), necesitamos que esa conciencia sufra, y el sufrimiento requiere de necesidades. Una necesidad requiere de asimetría temporal, y de algo que desear, lo que requiere de sustancia y de asimetría en su distribución (asimetría entrópica temporal).
Una vez aceptado lo anterior, llegamos a lo siguiente:
Todo mundo que cumpla 1) formará parte de una clase de mundo abstracta a la que podemos llamar P (clase de peor mundo posible). Además, hemos visto que dichos mundos requieren cumpir 2) y 3) para ser consistentes.Nuestro mundo está dentro de esa clase P, junto con otros mundos imaginarios posibles más o menos similares, los cuales compartirán todos las características requeridas por 1), 2), y 3) para representar el peor mundo posible. Podemos incluso tomar nuestro mundo real y conocido como representante de esa clase, y asegurar junto a Schop. que sí que vivimos en el peor mundo posible (o, como poco, en un representante de P).
Dentro de la clase P, quizás habrá otros mundos posibles cuantitativamente peores que el nuestro; pero eso no es algo relevante: da igual que se sufra conscientemente más o menos, lo importante es el hecho potencial del sufrimiento consciente. Todo mundo que cumpla 1) es candidato a pertenecer a la clase P. Lo importante es comprender que dentro de P, no habrá mundos cualitativamente peores que el nuestro, ya que, por ejemplo; mundos con existencia consciente infinita -que es el único ejemplo cualitativamente peor que por lo visto se nos ocurre, y os reto de nuevo a proponer otro- no son viables debido a las restricciones de 2) y 3). Una asimetría entrópica y temporal impiden la existencia eterna de ninguna estructura -consciente o no-: ¡en un periodo de tiempo infinito y con asimetría entrópica, cualquier estructura tiene la certeza (probabilidad igual a 1) de sufrir un accidente fortuito que la destruya!
Notas para aclarar la argumentación:
La asimetría entrópica no significa más que el hecho de que el mundo exista una diferencia espacial en la densidad de materia, con una dirección clara en la que dicha materia tienda a comportarse: de más a menos densidad y estructura (orden) a menos (desorden). Otra forma de verlo es como una tendencia de la materia a la homogeneidad o heterogeneidad espacial. La entropía u desorden aumentará conforme dicha tendencia natural homogenice la materia en el espacio.
Requerir de una asimetría entrópica lo que viene a decir es que para la aparición de estructuras complejas como nuestro cerebro, capaces de dar lugar a la conciencia, es necesario que exista diferencias (asimetría) en la entropía u desorden en la materia; al menos, en una determinada región del espacio. La vida en la Tierra, por ejemplo; es posible gracias a la diferencia entrópica que existe entre nuestro Sol, y el espacio circundante a él.
Por otra parte, la asimetría temporal es la necesidad de que exista lo que usualmente conocemos como paso del tiempo; una clara dirección temporal donde los procesos físico-químicos tengan lugar en una estructura (como el cerebro) lo suficientemente compleja (ordenada; baja entropía) y que den lugar al pensamiento.
jueves, 25 de octubre de 2012
El Bien y el Mal
Bien, en primer lugar señalar lo evidente: no podemos justificar la
existencia del Mal y el Bien (con mayúsculas). Más bien al contrario, la
ciencia nos permite afirmar con gran probabilidad de acierto justo lo
contrario: que no hay en el mundo tal cosa. Ahora bien, también es
innegable que todos poseemos nuestros ideales sobre lo que creemos que
es malo o bueno; aunque, como veremos, se tratan de simples conceptos
cognitivos en la mente del individuo.
Nos encontramos con una ilusión similar a la del aparente libre albedrío en el hombre: es cierto que en toda cultura y en toda persona parece haber cierta representación mental del mal y el bien, causa evidente de la enorme ventaja adaptativa que poseer tal concepto ofrece al individuo para vivir en sociedad, pero esa "universalidad" esconde el mayor subjetivismo y relativismo posible. Lo que está bien o mal, no sólo varía de una cultura a otra, de una época a otra, sino también de un individuo a otro.
Cada grupo social y cada individuo toman por bueno -y no siempre conscientemente, y ese es el motivo de que la ilusión de universalidad persista- lo que le conviene para su bienestar, y por malo, aquello que le perjudica o le podría perjudicar personal o grupalmente. Como siempre, en el fondo se trata de tomar estrategias adaptativas que mejoren nuestras probabilidades de éxito reproductivo y de supervivencia.
Lo que es bueno en una cultura determinada en un momento determinado, lo determina una estrategia evolutivamente estable para ese ambiente social. Esas estrategias se van asociando dinámicamente a nuestro concepto de bien (cumplir esa regla EE) y de mal (incumplir esa regla EE). Así, con el tiempo, nuestro concepto de bien y de mal se va moldeando y variando según sea nuestra situación personal y social, es decir, según sean nuestras circunstancias. Si queréis profundizar en el tema, aquí tenéis un estupendo documento introductorio en la teoría de juegos y las estrategias evolutivamente estables (EEE): http://fisica.cab.cnea.gov.ar/estadisti … juegos.pdf
Se suele decir que es imposible imaginar un mundo sin Mal. Es lógico, ya que el mal (en minúsculas, el único que existe) surge del conflicto de intereses en nuestra vida social e interpersonal. Para poder evitar el mal, habría que evitar la conflictividad humana, algo completamente inimaginable partiendo del hecho de que somos producto de un proceso evolutivo consecuencia de una irremediable lucha natural por obtener los escasos recursos del mundo (y no hay que entender por recursos sólo lo material, sino también lo energético y el conjunto de servicios básicos): es evidente que no hay de todo para todos y jamás lo habrá –gracias a las leyes de la termodinámica-, por lo que es imposible imaginar un mundo sin guerras ni conflictos, sin lucha de razas y especies, sin robos, sin asesinatos, sin envidia, sin avaricia, sin muerte, y en resumen; sin todas esas cosas que solemos asociar al concepto de mal.
Esa es la clave del asunto: la lucha por los recursos. En el ser humano, la sociedad necesita leyes o normas que dicten qué está permitido hacer y qué no, y además, instintivamente, se refuerzan esas normas asociándolas al concepto imaginario abstracto del Bien y el Mal, tras lo cual el individuo, y dependiendo de sus circunstancias personales, hará otro tanto, moldeando dinámicamente en el tiempo su concepción de lo bueno y lo malo.
Y precisamente esa subjetividad y relatividad es el gran problema que se encuentran aquellos que intentan hacer de la ética una ciencia. Pretenden universalizar un proceso cognitivo subjetivo del individuo: gran error. Lo más parecido a universalizar la ética, puede venir si acaso, de la mano de ciencias como la psicología evolucionista o de la sociobiología, pero ya eso es otro cantar.
Nos encontramos con una ilusión similar a la del aparente libre albedrío en el hombre: es cierto que en toda cultura y en toda persona parece haber cierta representación mental del mal y el bien, causa evidente de la enorme ventaja adaptativa que poseer tal concepto ofrece al individuo para vivir en sociedad, pero esa "universalidad" esconde el mayor subjetivismo y relativismo posible. Lo que está bien o mal, no sólo varía de una cultura a otra, de una época a otra, sino también de un individuo a otro.
Cada grupo social y cada individuo toman por bueno -y no siempre conscientemente, y ese es el motivo de que la ilusión de universalidad persista- lo que le conviene para su bienestar, y por malo, aquello que le perjudica o le podría perjudicar personal o grupalmente. Como siempre, en el fondo se trata de tomar estrategias adaptativas que mejoren nuestras probabilidades de éxito reproductivo y de supervivencia.
Lo que es bueno en una cultura determinada en un momento determinado, lo determina una estrategia evolutivamente estable para ese ambiente social. Esas estrategias se van asociando dinámicamente a nuestro concepto de bien (cumplir esa regla EE) y de mal (incumplir esa regla EE). Así, con el tiempo, nuestro concepto de bien y de mal se va moldeando y variando según sea nuestra situación personal y social, es decir, según sean nuestras circunstancias. Si queréis profundizar en el tema, aquí tenéis un estupendo documento introductorio en la teoría de juegos y las estrategias evolutivamente estables (EEE): http://fisica.cab.cnea.gov.ar/estadisti … juegos.pdf
Se suele decir que es imposible imaginar un mundo sin Mal. Es lógico, ya que el mal (en minúsculas, el único que existe) surge del conflicto de intereses en nuestra vida social e interpersonal. Para poder evitar el mal, habría que evitar la conflictividad humana, algo completamente inimaginable partiendo del hecho de que somos producto de un proceso evolutivo consecuencia de una irremediable lucha natural por obtener los escasos recursos del mundo (y no hay que entender por recursos sólo lo material, sino también lo energético y el conjunto de servicios básicos): es evidente que no hay de todo para todos y jamás lo habrá –gracias a las leyes de la termodinámica-, por lo que es imposible imaginar un mundo sin guerras ni conflictos, sin lucha de razas y especies, sin robos, sin asesinatos, sin envidia, sin avaricia, sin muerte, y en resumen; sin todas esas cosas que solemos asociar al concepto de mal.
Esa es la clave del asunto: la lucha por los recursos. En el ser humano, la sociedad necesita leyes o normas que dicten qué está permitido hacer y qué no, y además, instintivamente, se refuerzan esas normas asociándolas al concepto imaginario abstracto del Bien y el Mal, tras lo cual el individuo, y dependiendo de sus circunstancias personales, hará otro tanto, moldeando dinámicamente en el tiempo su concepción de lo bueno y lo malo.
Y precisamente esa subjetividad y relatividad es el gran problema que se encuentran aquellos que intentan hacer de la ética una ciencia. Pretenden universalizar un proceso cognitivo subjetivo del individuo: gran error. Lo más parecido a universalizar la ética, puede venir si acaso, de la mano de ciencias como la psicología evolucionista o de la sociobiología, pero ya eso es otro cantar.
sábado, 8 de septiembre de 2012
La ilusión tras el supuesto libre albedrío en el hombre
Tratemos desde un punto de vista naturalizado la clásica y errónea afirmación sobre la realidad del libre albedrío en el ser humano.
Expongo
mi argumentación a continuación:
(1) La premisa inicial, y totalmente necesaria de mi
planteamiento, es que la teoría de la evolución nos muestra la realidad sobre
la existencia y origen de todos y cada uno de los seres vivos del planeta. A partir de aquí, seguimos:
(1.1) En la actualidad, la teoría de la evolución explica el
origen y estado actual de los seres
vivos, mediante la continua transformación en el espacio y tiempo del conjunto
de genes en el acervo génico de nuestro planeta.
(1.2) Un gen no es más que un conjunto de moléculas -y una
molécula, un conjunto de átomos unidos en este caso mediante enlaces
covalentes-. Y, es importante señalar, que no es nada más que eso: una
secuencia ordenada de moléculas consecuencia de las leyes mecánicas de la
naturaleza actuando en el espacio-tiempo.
(1.3) La expresión de la información contenida en un gen -o
conjunto de genes- da lugar al fenotipo del individuo. Es decir, que la enorme
secuencia de moléculas que conforman el genotipo de un ser vivo cualquiera, es
el único responsable de su fenotipo, y de nuevo, dicho proceso de expresión es
únicamente consecuencia de las leyes mecánicas de la naturaleza.
(1.4) El fenotipo es cualquier característica detectable de
un organismo (estructural, bioquímica, fisiológica o conductual) y viene
determinada por la interacción entre su genotipo y el medio ambiente.
(1.5) El medio ambiente es por definición, todo lo que rodea
al ser vivo. Y todo lo que rodea al ser vivo es naturaleza: materia, energía, y
leyes naturales interactuando en el espacio-tiempo.
(2) Todas las plantas y animales son por definición seres
vivos.
(3) Según (2), (1) ,
(1.3), y (1.4) toda planta y animal consiste y es, simplemente un conjunto
ordenado de moléculas muy específicas, que mediante la mecánica se expresan de
una manera muy determinada dando lugar a un organismo o individuo.
(4) El ser humano, por definición, es un ser vivo y forma
parte del reino animal.
(5) El ser humano; cada hombre, su organismo todo, es; según
(4) y las premisas de (4), simplemente un conjunto de materia unida y ordenada
por un proceso evolutivo, siguiendo exclusivamente las leyes naturales. Según
(1.4) todo su ser viene determinado por su organismo, el cual viene determinado
por la expresión natural de su genotipo junto con el medio ambiente.
(6) Según (5) y (1.5), no es necesario para explicar el
origen del ser humano ningún ente o acto sobrenatural.
(7) Puesto que el hombre es sólo, y exclusivamente,
consecuencia de procesos naturales (6), su conducta no puede requerir o
necesitar de algo sobrenatural. Sería una contradicción, y además, las
evidencias empíricas muestras justo lo contrario: la conducta del hombre viene
preestablecida evolutivamente en su genotipo. Dicha regulación, se sabe además,
se expresa fundamentalmente en el organismo, en el sistema neuroendocrino.
(8) El sistema neuroendocrino, es consecuencia del genotipo
del individuo (1.4), y en resumen, utiliza la química para compensar o castigar
cualquier acto de un individuo. Por ejemplo, para recompensar el enamoramiento
o el orgasmo, libera endorfinas.
(9) Según (7) y (8), el organismo humano al completo,
incluyendo toda su conducta, es consecuencia única y exclusivamente de procesos
naturales: materia actuando en el espacio-tiempo mediante su subordinación a
las leyes mecánicas del mundo.
(10) La motivación, por definición, es el concepto en el que
englobamos las causas que empujan a un organismo a actuar o moverse. Pero,
según (9) vemos que toda conducta o actuación del hombre tiene su base en
procesos naturales, más concretamente, según (7) y (8), la motivación es
consecuencia de la expresión genética del individuo.
(11) Llegamos con (10) a que toda motivación en el hombre
está al servicio de [b]su [/b] genética, y esta, es sólo consecuencia de un
proceso evolutivo natural.
(12) Según (11) y (1.3), vemos que todos nuestros actos, del
más simple o automático, al más complejo, vienen determinados evolutivamente, y
que esta evolución no es más que un proceso natural espontáneo e irracional. No
se persigue ningún fin esencial, más que el propio ser. Esto ya lo vio Schopenhauer,
y por eso su Voluntad es un querer sin saber qué, porque la propia naturaleza y
sus leyes son un querer y un movimiento sin objetivo, y sabemos que él
identificó dichas leyes como una objetivación de la Voluntad.
(13) Por otra parte, el hombre en particular, tiene la
facultad de poder recordar el pasado remoto, ver el estado presente, y
reflexionar sobre su estado futuro. Pero dicha facultad, recordemos, sólo puede
ser consecuencia de un complejo proceso neuronal que ocurra en el cerebro del
individuo. Según (4) y (3), no puede ser de otra forma, ya que aceptamos que todo
el hombre en sí, no es más que naturaleza.
(14) Gracias a (13), el hombre es capaz de decidir
conscientemente qué estima es lo más recomendable hacer en cada instante; puede
decidir qué hacer. Y de aquí proviene la clásica ilusión del libre albedrío: se
toma esta libertad de decisión por una libertad de acción. Pero nosotros sabemos
que eso no es cierto. Schopenhauer también lo vio: el hombre, dijo; puede hacer lo
que quiera, pero no decidir qué es lo que quiere. Y es que esa decisión –“qué es
lo que quiere”- está predeterminada –programada- en su fenotipo, el cual
incluye según aceptamos en (8) el sistema neuroendocrino.
(15) Y según (14) y anteriores, vemos que es el sistema
neuroendocrino el que determina qué quiere el hombre –mediante un proceso
químico de recompensa/castigo-, y ahí es donde nos encontramos el determinismo
natural. Podemos reflexionar y seleccionar la mejor alternativa para conseguir
un fin, pero ese fin, siempre va a estar predeterminado evolutivamente.
Conclusión: El ser humano no es libre de ninguna manera.
Tiene cierta libertad de decisión, pero con una finalidad en su actuación o motivación
bien determinada genéticamente (11). No existe tal libertad; sólo somos lo que
somos, y estamos obligados a serlo. Concluimos además, que nuestra existencia y
nuestros actos no requieren de ningún ente sobrenatural, y es evidente que la
naturaleza actúa de manera espontánea, sin perseguir ningún fin esencial: actúa
de manera ciega e irracional, y como simples consecuencia de ella que somos,
compartimos ese nihilismo.
La naturaleza es un querer insaciable y sinsentido, y eso
explica nuestro ser: individuos atormentados y obligados naturalmente a sufrir
por nada. Nos dejamos llevar por el infranqueable hedonismo al que nos lleva
nuestra naturaleza; luchamos constantemente por sobrevivir y procrear hasta el
día de nuestra muerte, y ni siquiera sabemos por o para qué: es natural, no hay
respuesta para esa pregunta.
Un cordial saludo a todos.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Alcance práctico de la filosofía de Schopenhauer
De la filosofía de Schopenhauer, el mayor alcance práctico
que podemos sacar es descubrir el sinsentido de la vida, su falta de finalidad
esencial. Descubrirla como un producto causado sólo y únicamente por las leyes
de la naturaleza actuando en el espacio y el tiempo.
Y es que, siendo en esencia un producto de regularidades
entre causas y efectos en el espacio-tiempo, no podemos esperar ser en esencia
nada más que eso: aglomeración de materia al servicio de dichas regularidades.
El querer y la necesidad, fuentes del sufrimiento, no son más que abstracciones
que pueden reducirse a explicaciones físico-químicas básicas: Nuestra
complejidad estructural para mantenerse y reproducirse en el espacio-tiempo, y
de acuerdo a las leyes del mundo, deben constantemente conseguir y consumir
energía. Esa es la necesidad fundamental de la vida: conseguir y consumir
energía para mantener nuestra complejidad estructural en el tiempo. Una
necesidad ciega e irracional, producto espontáneo de leyes mecánicas.
No hay ética posible, no hay actos buenos y malos, no hay
nada. El arte es simplemente un pasatiempo más, y el ascetismo un quiero y no
puedo. No es posible negar lo que somos, porque no tenemos libertad de acción.
Somos materia reunida espontáneamente por las leyes del mundo, y eso seremos
mientras estemos vivos. La única manera de negar la vida es dejar de vivir.
Pero no nos equivoquemos, no nos creamos libres siquiera
para dejar de vivir cuando lo deseemos. Eso es sólo pura poesía. Estamos
programados por la ley de la evolución para sobrevivir y ayudar a los más
cercanos a toda costa, y eso es lo que haremos hasta el fin de nuestros días
-salvo que suframos alguna neuropatología, en cuyo caso la evolución a veces se
deshace del individuo defectuoso bajo la forma de un engañoso suicidio
voluntario-.
En mi opinión, Schopenhauer fue un increíble visionario al
descubrir en su tiempo, al hombre como un simple fenómeno más de la naturaleza,
producto y sujeto a las leyes del mundo, en el espacio y el tiempo. Fue realmente
un logro su descubrimiento de que todos los fenómenos del mundo, desde el más
simple o inorgánico hasta el más complejo como el hombre, simplemente es el
producto espontáneo de leyes naturales ciegas e irracionales. La ciencia
posteriormente le ha dado la razón.
Schopenhauer, a continuación, introduce su particular metafísica
sobre esos hechos empíricos, y relaciona las leyes del mundo actuando en el
espacio y el tiempo, como la objetivación de una cosa en sí, a la que llamó
Voluntad. Pero la voluntad, como metafísica que es, no es objeto de
conocimiento –al contrario de lo que piensa Schopenhauer-. Por último, la parte digamos
más positiva de su filosofía, el arte y
el ascetismo como negación de la voluntad de vida, es producto de esa
metafísica propuesta que nunca podremos conocer, por lo que no son de tener en
cuenta.
De lo único que podemos estar seguros es que somos esclavos
de lo que somos. Esclavos de la necesidad de energía, esclavos de las leyes del
mundo, esclavos de nuestro cerebro, y de la química de nuestro sistema
neuroendocrino.
No tenemos libertad de acción: actuamos como debemos. La
ilusión del libre albedrío consiste en que podemos hacer lo que queramos pero
no decidir lo que queremos. No hay escapatoria y no hay negación.
Añoremos mientras, nuestro pronto regreso al no ser, a la
inconsciencia, me parece el consuelo más
realista que tenemos para sobrellevar la realidad del mundo.
lunes, 6 de agosto de 2012
Extracto del libro 'Dios no existe' de Christopher Hitchens
Extracto del libro 'Dios no existe' de Christopher Hitchens; capítulo 32.
Lo que sigue es una revisión científica de la historia del Génesis que
escribí para dejar de manifiesto lo absurdo que es, en términos lógicos,
intentar encajar a pieza cuadrada de la ciencia en el agujero redondo
de la religión. No pretende ser sacrílego con la belleza poética del
Génesis, sino una mera extensión de lo que ya han hecho al Génesis los
creacionistas con su insistencia en que no se lea como una saga mítica,
sino como prosa científica. Si se escribiera el Génesis con el lenguaje
de la ciencia moderna, diría algo así:
En el principio
(concretamente el 23 de octubre de 4004 a.C., a mediodía) creó Dios el
big bang a partir de una fluctuación de la espuma cuántica, seguida por
una inflación cosmológica y un universo en expanción.
Había
oscuridad por encima del abismo, y por eso Dios ordenó que unos átomos
de hidrógeno (que creó a partir de quarks) se fusionasen y se
convirtieran en átomos de helio, desprendiendo energía en forma de luz. Y
a la fuente de luz la llamó Sol, y al proceso fusión. Y vio Dios que la
luz estaba bien porque ahora Dios podía ver qué hacía. Creó, pues, la
Tierra. Y atardeció y amaneció: día primero.
Dijo Dios:
"Haya en el cielo muchas fuentes de luz por fusión". Algunas de esas
fuentes de fusión las agrupó en colecciones que llamó galaxias; parecían
hallarse a millones, o incluso miles de millones de años luz de la
Tierra, lo cual significaría que habían sido creadas antes de la primera
creación, en 4004 a.C. Dado que resultaba confuso, Dios creó la luz
cansada, y quedó conservada la historia de la creación. Y Dios creó
muchos portentos como gigantes rojos, enanas blancas, quásares, pulsars,
supernovas, agujeros de gusano y hasta agujeros negros de los que no
puede escaparse nada. Pero como Dios no puede ser obligado por nada,
creó la radiación de Hawking, por la que puede escaparse información de
los agujeros negros. Esto todavía cansó más a Dios que la luz cansada, y
atardeció y amaneció: día segundo.
Dijo Dios: "Acumúlense
las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y sepárense
los continentes por la tectónica de placas".
Decretó que la
extensión del fondo oceánico crease zonas de emergencia, e hizo que las
zonas de subducción erigiesen montañas y provocasen terremotos. En los
puntos débiles de la corteza, Dios creó islas volcánicas en las que al
día siguiente colocó organismos similares pero distintos a sus parientes
de los continentes, para que todavía más tarde unos seres creados
llamados humanos los confundiesen con descendientes evolucionados
creados por la radiación adaptativa. Y atardeció y amaneció: dia
tercero.
Y viendo que la tierra estaba despoblada, Dios creó
animales de cada especie, decretando: "No evolucionarás a especies
nuevas, y tu equilibrio no se puntuará". Y Dios puso en las rocas
fósiles que parecían anteriores a 4004 a.C., similares pero distintos a
las criaturas vivas. Y la secuencia parecía una descendencia con
modificación. Y atardeció y amaneció: día cuarto.
Y dijo
Dios: "Bullan las aguas de animales vivientes, los peces". Y creó Dios
las grandes ballenas, cuya estructura esquelética y fisiológica era
homóloga a la de los mamíferos terrestres que crearía el mismo día, pero
más adelante. Después Dios creó en abundancia a todas las criaturas,
grandes y pequeñas, declarando que estaba permitida la microevolución,
pero no la macroevolución. Y dijo Dios:Natura non facit saltum (La
naturaleza no da saltos). Y atardeció y amaneció: día quinto.
Y Dios creó a los póngidos y los homínidos con una similitud genética
del 98 por ciento, y a dos de ellos los nombró Adán y Eva. En un
capítulo del libro donde Dios explicó cómo hizo todo esto, dijo que creó
polvo a Adán y a Eva al mismo tiempo, pero en otro capítulo dijo que
creó a Adán y después creó a Eva con una de sus costillas de Adán. Como
esto produjo confusión en el valle de la sombra de la duda, Dios creó a
los teólogos para que lo entendiesen.
Y distribuyó
abundantemente por el suelo dientes, mandíbulas, cráneos y pelvis de
fósiles transicionales de criaturas preadamitas. A una elegida como
creación especial, la nombró Lucy; podía caminar erguida, como los
humanos, pero tenía el cerebro pequeño, como los monos. Y como Dios se
dio cuenta de que también esto era confuso, creó a los paleontólogos
para que lo entendiesen.
Justo cuando ataba los cabos
sueltos de la creación, Dios se dio cuenta de que los descendientes
inmediatos de Adán no comprenderían la cosmología inflacionaria, la
relatividad general global, la mecánica cuántica, la astrofísica, la
bioquímica, la paleontología y la biología evolutiva, de modo que creó
mitos de la creación. Pero había en el mundo tantas historias de la
creación, que Dios se dio cuenta de que también esto era confuso, y creó
a los antropólogos y los mitólogos.
A estas alturas, el
valle de la sombra de la duda estaba plagado de escepticismo, de modo
que Dios se enojó tanto que perdió los estribos y maldijo a los primeros
humanos, disciéndoles que fueran y se multiplicaran (pero no con
aquellas palabras). Pero los humanos se lo tomaron literalmente, y ahora
son seis mil millones. Y atardeció y amaneció: día sexto.
Dios ya estaba cansado, de modo que proclamó: "Gracias a mí que es viernes", y creó el fin de semana. Fue buena idea.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)