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viernes, 25 de abril de 2025

Sintiendo las primeras chispas del AGI con los últimos modelos de IA de OpenAI

Es increible todo lo que ha avanzado la IA en los últimos 4 años. Este vídeo lo ha generado un script de python que tengo en mi empresa el cual es un bot de Slack capaz de generar imágenes y audio usando los últimos modelos de IA de OpenAI. Le pase en el chat de un canal como input la imagen siguiente con la famosa frase de Ligotti:


La personalidad que le hemos puesto a esta demo interna en nuestra empresa es la de cura gallego y le pedimos junto a la imagen que generase una ilustración y un audio con una reflexión sobre la frase adjunta. El resultado es asombroso como poco. Nadie jamás habría pensado hace cuatro años que la IA llegaría tan pronto a este punto Pre-AGI (el siguiente vídeo en formato mp4 mezclando el audio y la ilustración también lo generó la propia IA):
 

sábado, 13 de abril de 2019

El argumento (Thomas Ligotti)

Imagínatelo: puedes ir conduciendo por una carretera resbaladiza cuando, sin previo aviso, tu coche empieza a dar bandazos e invade varios carriles del tráfico que viene en sentido contrario. Sabes que estas cosas ocurren. Puede incluso que te hayan ocurrido a ti en alguna ocasión. Sabes que le ocurren a otra gente todo el tiempo. Sin embargo, este accidente no estaba en tus planes, que es por lo que se le llama accidente. En principio, podría entenderse como el resultado de una confluencia de circunstancias de causa y efecto, aunque nunca serías capaz de rastrearlas hasta su fuente original, ni siquiera remontándote hasta el principio de los tiempos. Sin embargo, se te podría ocurrir que la responsabilidad de tu accidente inminente recae en un amigo o pariente que te llamó para pedirte que fueras a su casa para echarle una mano en algo que tenía que arreglar, porque sin esta inoportuna petición ni siquiera habrías salido de casa. Pero podrías considerar con razón que hay otros factores responsables: la calzada resbaladiza por la que ibas conduciendo, el tiempo que volvía resbaladiza la calzada, todas las cosas que habían determinado el tiempo, el rato que pasaste buscando en tu armario los zapatos que serían más adecuados para el arreglo en cuestión —ese intervalo de perfecta duración que determinó que estuvieras justo donde tenías que estar para no llegar demasiado pronto ni demasiado tarde a tu accidente de tráfico.
Pero al margen de cuáles hubieran podido ser las causas cercanas o remotas de tu accidente de tráfico, tenías una idea de cómo iban a ocurrir las cosas ese día, como la tienes cada día, e ir en tu coche haciendo trompos sin control mientras otros vehículos intentan evitar chocar contigo no estaba en tu programa. Hace un segundo tenías las cosas firmemente controladas, pero ahora derrapas rápidamente hacia quién sabe qué. No estás horrorizado, todavía no, mientras te deslizas por el asfalto escurridizo por la lluvia o la nieve que brilla a la luz de la luna, bajo el aullido del viento y las sombras huidizas. En ese momento todo es aún extrañeza. Has sido transportado a un lugar diferente del que estabas hace un momento. Y entonces empieza. Esto no puede estar ocurriendo, piensas —si es que puedes pensar algo, si eres algo más que un torbellino de pánico. Pero, en realidad, ahora puede ocurrir cualquier cosa. Éste es el mensaje susurrante que se desliza en tus pensamientos: nada es seguro y nada es imposible. De repente se ha puesto en movimiento algo que lo ha cambiado todo. Ha descendido sobre ti algo que llevaba planeando en círculos sobre tu vida desde el día en que naciste. Y por primera vez sientes lo que nunca habías sentido: la inminencia de tu muerte. Ahora ya no hay ninguna posibilidad de autoengaño. La paradoja que surgió con la consciencia se ha esfumado. Sólo queda el horror. Eso es lo que es real. Eso es lo único que siempre fue real, por muy irreal que pudiera parecer. Por supuesto, ocurren cosas malas, como todo el mundo sabe. Siempre han ocurrido y siempre ocurrirán. Forman parte del orden natural de las cosas. Pero no es así como lo entendemos. No es así como creemos que deberían ser las cosas para nosotros. Así es como creemos que las cosas no deberían ser.
¿Pero hubiéramos podido evitar este horror rechazando nuestra creencia en lo que debería ser y no debería ser, creyendo sólo en lo que es? No, no hubiéramos podido. Estábamos condenados a mantener esa creencia y a sufrir todo lo que nos amenaza fuera de ella. Lo que nos condenó (si se nos permite otra imperiosa repetición de este tema) fue la consciencia, madre de todos los horrores y autora de todo lo que creemos que debería ser y no debería ser. Aunque la consciencia nos sacó de nuestro coma en lo natural, todavía nos gusta pensar que, por muy alejados que estemos de las otras cosas vivientes, en esencia no estamos enteramente alienados de ellas. Intentamos encajar en el resto de la creación, viviendo y reproduciéndonos como cualquier otro animal o vegetal. No es culpa nuestra que nos hicieran como nos hicieron: experimentos de seres paralelos. No lo elegimos nosotros. No nos ofrecimos voluntarios para ser como somos. Podemos pensar que estar vivo está bien, sobre todo si se piensa en la alternativa, pero pensamos en ella lo menos posible, porque este simple pensamiento hace levantarse los espíritus de los muertos y todos los demás monstruos de la naturaleza.
Ninguna otra forma de vida sabe que está viva, ni sabe que morirá. Ésta es nuestra maldición exclusiva. Sin este maleficio sobre nuestras cabezas, nunca nos hubiéramos alejado de lo natural tanto como lo hemos hecho: tanto y durante tanto tiempo que es un alivio decir lo que hemos estado intentando con todas nuestras fuerzas no decir: hace mucho tiempo que no somos habitantes del mundo natural. Por todas partes nos rodean hábitats naturales, pero en nuestro interior anida el escalofrío de cosas alarmantes y horrendas. Para decirlo simplemente: no somos de aquí. Si desapareciéramos mañana, ningún organismo de este planeta nos echaría de menos. Nada en la naturaleza nos necesita. Somos como el Dios suicida de Mainländer. Nada le necesitaba tampoco a Él, y su inutilidad se transfirió a nosotros cuando reventó excluyéndose de la existencia. No tenemos nada que hacer en este mundo. Nos movemos entre cosas vivientes, todas esas marionetas naturales que no tienen nada en la cabeza. Pero nuestras cabezas están en otro lugar, un mundo aparte donde todas las marionetas existen no en medio de la vida sino fuera de ella. Somos esas marionetas, esas marionetas humanas. Las desviaciones de lo natural han girado a nuestro alrededor durante todos nuestros días. Las manteníamos a distancia, anormalidades que negábamos como elementos de nuestro ser. Pero fuera de nosotros no hay nada sobrenatural en el universo. Somos aberraciones: seres que nacen como muertos vivientes, ni una cosa ni la otra, o ambas cosas a la vez… cosas siniestras que no tienen nada que ver con el resto de la creación, horrores que envenenan el mundo sembrando nuestra locura por dondequiera que vamos, saturando la luz diurna y la oscuridad con obscenidades incorpóreas. Desde el otro lado de un abismo insondable, insuflamos lo sobrenatural en todo lo que es manifiesto. Flota como una bruma ligera a nuestro alrededor. Vivimos en compañía de fantasmas. Sus tumbas están marcadas en nuestras mentes, y nunca serán exhumados de los cementerios de nuestra memoria. Nuestros latidos están numerados, nuestros pasos contados. Mientras sobrevivimos y nos reproducimos sabemos que estamos muriendo en un rincón oscuro del infinito. Vayamos donde vayamos no sabemos lo que aguarda nuestra llegada, sino sólo que está ahí.
Con ojos que ven a través de un velo translúcido que reluce ante nosotros, miramos la vida desde el otro lado. Allí, algo nos acompaña a lo largo de nuestros días y noches como una segunda sombra que se proyecta en otro mundo y nos ata a él. Encadenados a lo sobrenatural, conocemos sus signos e intentamos amansarlos mediante la desensibilización y la ridiculización. Los estudiamos como símbolos, jugamos con ellos. Entonces los baña una luz extrañamente coloreada, y vuelven a ser reales: la calavera sonriente, la curva guadaña, la lápida mohosa, todas las criaturas oscuras de la tierra y el aire, todos los memento mori que hemos escondido en nuestro interior. Estos esqueletos nuestros, ¿cuándo saldrán y se mostrarán? Gimen cada vez más alto cada año que pasa. El tiempo pasa volando con prisa heladora. El niño que aparece en esa vieja foto, ¿es realmente una versión anterior de ti mismo, diciendo adiós con tu manita? La cara de ese niño no se parece nada a la cara que tienes ahora. Esa cara de niño se funde ahora en la negrura que hay detrás de ti, delante de ti, alrededor de ti. El niño agita la mano y sonríe y se desvanece mientras tu coche sigue derrapando hacia tu futuro bruscamente truncado. Adiós. Entonces aparece otra cara. Ha desplazado a la que estás acostumbrado a ver cuando tu retrovisor está torcido, como lo está ahora, y te encara. No puedes apartar la vista, porque la otra cara está iluminada como una luna llena, lo que te aterra y te fascina al mismo tiempo. Y nada en ella parece natural. Tiene un aire rígido, la cara de algo que asoma en una caja de juguetes. La cara sonríe, pero demasiado y durante demasiado tiempo para ser real. Y sus ojos no parpadean. La escena cambia a cada momento. Personas, lugares y cosas aparecen y desaparecen. Tú apareciste como esperaban otros pero no como elegiste tú. Y desaparecerás como si nunca hubieras existido, tras cumplir tu turno en este mundo. Siempre te dijiste que esta era la manera natural de las cosas y que podías acatarla porque pertenecías a la naturaleza… a la naturaleza MALIGNAMENTE INÚTIL, que te escupió como un pequeño gargajo de sus grandes pulmones.
Pero lo sobrenatural se adhirió a ti desde el principio, enquistando sus rarezas en tu vida mientras esperabas a que la muerte empezara a aporrear tu puerta. No ha venido a salvarte, sino a precipitarte en su horror. Quizá esperabas evitar este horror que presidía tu vida como una gárgola. Ahora descubres que no hay forma de evitarlo. Sólo te quedan segundos, cada uno de los cuales te estrangula un poco más. A tu alrededor se dicen ensalmos por todas partes. Han perdido su poder. Los vivos y los muertos farfullan dentro de ti. No les entiendes. Los sueños se vuelven más brillantes que los recuerdos. La oscuridad cae a paladas sobre los sueños.Esos ojos que no parpadean siguen brillando en el espejo, los ojos de esa cara que sonríe demasiado y durante demasiado tiempo. Y sientes que tu cara también sonríe, que tus ojos tampoco parpadean. El secreto que nunca quisiste saber se revela ahora en tu cabeza: que te hicieron como te hicieron y te manipularon para que te comportaras como te comportabas. Y a medida que el secreto se abre paso en tu cabeza, la sonrisa de esa cara del espejo se estira por las comisuras. Lo mismo hace la tuya, haciendo lo que le ordenan. Las dos caras sonríen a la vez con la misma sonrisa. Se ensancha hasta alcanzar proporciones demenciales. Al fin una voz largamente contenida grita: ¡Qué es esta vida! Pero sólo responde el silencio, burlándose de todas las esperanzas absurdas que alguna vez tuviste.
¿Y ahora qué? Ahora sólo queda esa sonrisa que se ensancha de modo antinatural: un gran abismo donde la negrura se funde con la negrura, nada. Luego la sensación de ser tragado. La historia ha terminado, el argumento está completo.
("La conspiración contra la especie humana", Thomas Ligotti)

viernes, 14 de octubre de 2016

Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow...

“¡Ah, cuán vana, cuán triste / es la lucha por la existencia. Aprende, ¡oh hombre! / como primer principio de la sabiduría / que por un bien […] tu alma está en vilo. […] ¡Aprende a amar con el espíritu, mortifica / el amor del corazón; y bendice, / bendice con alegría cada hora que más cerca de la tumba / te conduce!” (Philipp Mainländer)

Macbeth:

To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day,
To the last syllable of recorded time;
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life's but a walking shadow, a poor player,
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more.
It is a tale told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

Macbeth Act 5, scene 5, 19–28 (Shakespeare)

Traducción libre:

Mañana...esa engañosa palabra: mañana, y mañana, y mañana, una palabra que nos va llevando por días al sepulcro, y cuya falaz lumbre del ayer ilumina al necio hasta que cae en la fosa. ¡Extínguete!¡Apágate ya, luz de mi vida!
La vida no es más que una sombra pasajera, un escenario sobre el cual un pobre imbécil se pavonea y se agita durante un tiempo, y a quien poco después se olvida. Es un cuento narrado por un idiota, todo lleno de estrépito y de violencia, pero que no significa nada.

La vida.

He empezado el artículo comentando esta famosa escena de la obra de Shakespeare porque la siento como uno de esos hechos que todos conocen pero que nadie admite. A mí no me importa confesarlo a boca llena: sinceramente, no me gusta la vida.

Es un sentimiento personal y subjetivo, por supuesto, pero es lo que hay. Y no quiere decir esto que sea un depresivo aislado de esos que no salen de casa ni mucho menos. Al contrario; yo vivo una vida bastante normalita: tengo familia, amigos, amistades, estoy casado y con dos hijos, trabajo a jornada completa, tengo que pagar préstamos, voy al gimnasio, me gusta el cine, la música, la lectura, estudiar y aprender, en fin; el pack completo. Mi existencia es quizás en cierta medida, el prototipo "ideal" de vida deseada y deseable...y a pesar de eso, y de no tener que convivir con ningún problema importante de salud ni de otro tipo, honestamente; os insisto en que la vida me parece, como dijo nuestro amigo Shakespeare: una sombra pasajera (un cuento) narrado por un idiota (en este caso yo), todo lleno de estrépito y violencia (con esa lucha diaria que nuestro cerebro nos empuja a llevar a cabo), y que no significa nada (porque toda nuestra conducta tiene como última meta satisfacer unos espontáneos fines evolutivos que no persiguen ninguna finalidad racional ni relevante en lo relativo al hombre). Es decir; una verdadera mamarrachada sinsentido.

No, no me gusta la vida; o mejor dicho, no me gusta tener que vivir, y de hecho no me ha gustado desde que tengo uso de razón. Pero eso no importa, porque este cuento de la vida es un teatro en el que todos nos vemos obligados a participar, salvo pena de sufrir frustración, dolor y sufrimiento. Y aquel que ante un pesimista espeta aquello de: "Pues ve y salta por un puente", no entiende que le pide tanto como que se tape la nariz y deje de respirar: es imposible, porque al igual que no tenemos ese control ante la respiración, tampoco tiene nadie mentalmente sano la capacidad para quitarse la vida como si tal cosa: el fuerte instinto de conservación se encarga de ello.

De todas formas, esta actitud pesimista ante la existencia no es nada nuevo. Ya en el siglo X, el filósofo y poeta Persa Omar Jayam se lamentaba de esta manera:
"No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso
al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento.
¿Qué es la vida? Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que tendré
que devolver con indiferencia." 
Es un hecho que con el nacimiento todos somos lanzados sin nuestro consentimiento directamente sobre el escenario de la vida, y que como pobres imbéciles es la química de nuestro cerebro luego la verdadera encargada de guiarnos por la senda de la lucha diaria; evidentemente sin escapatoria posible. En este sentido, cualquiera que intenta salir del redil aunque sea sólo un poco, es rápidamente reconducido mediante una inyección de neurotransmisores los cuales le impelen un fuerte malestar en forma de lo que se conoce como frustración, o mediante el hastío. De hecho, es la sensación de hastío la que nos impide estar mucho tiempo sin hacer nada: nos empuja continuamente a estar activos, mientras que es la frustración la encargada de dirigir toda esa actividad hacia fines evolutivamente estables.

La vida en el fondo es una trampa; un escenario del que no es posible salir, y en el que todos debemos ejercer nuestro papel para luego desaparecer (cosa que en biología hace tiempo que se conoce como teoría del soma desechable). El escenario permanece, y lo que cambian son los pobres cómicos que danzan (danzamos) sobre él, forzados como marionetas incapaces de determinar sus propios actos. Hay hoy día alrededor de 7000 millones de personas "vivas" luchando todas sin saber muy bien para qué, y se estima que otros tantos miles de millones ya pasaron por donde nosotros ahora estamos...todos desaparecieron en el abismo de la nada; y nada se sabe de ellos, a parte de que compartieron nuestro fatal destino.

En palabras del sabio Omar Jayam:
"Porque esta vida no es -como probaros espero-,
Mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.
Los cuadros blancos: los días, los cuadros negros: las noches...
Y ante el tablero, el destino acciona allí con los hombres
como con piezas que mueven a su capricho sin orden...
Y uno tras otro al estuche van.
De la nada sin nombre." 
El sesgo del optimismo.

Muchos de vosotros, lectores, seguro que no estáis de acuerdo con mis anteriores párrafos, y es algo normal: la evolución se ha encargado (ha necesitado) programar una tendencia optimista con respecto a la vida en nuestro cerebro. Uno puede tranquilamente reconocer que están muriendo en este mismo instante, retorciéndose de dolor, miles de niños de malaria, y al mismo tiempo relajarse tranquilamente con una plácida lectura disfrutando de una puesta de Sol y pensando en lo bonita que es la vida. Es absurdo pero es así, sólo cuando la realidad pésima del mundo nos embiste de cerca es cuando somos sacados como de improviso de esa ensoñación de esperanza. De hecho, el mejor momento sin duda para conocer a las personas sin este optimista vendaje es ante la enfermedad; momento en que descubre atormentada que su breve paso por la existencia se acaba, y que toda su vida fue un inútil aspaviento cuyo recuerdo está condenado a desaparecer pronto.

No obstante nos resistimos a pensar de este modo. Nos cuesta asimilar la realidad del sinsentido de nuestras vidas, y eso a pesar de que todos desde Darwin comprenden el sinsentido del mundo. Como el gran Emil Cioran dijo en su obra "El ocaso del pensamiento":
"Uno puede decir con toda tranquilidad que el universo no tiene ningún sentido. Nadie se enfadará. Pero si se afirma lo mismo de un sujeto cualquiera, éste protestará e incluso hará todo lo posible para que quien hizo esa afirmación no quede impune. Así somos todos: nos exoneramos de toda culpa cuando se trata de un principio general y no nos avergonzamos de quedarnos reducidos a una excepción. Si el universo no tiene ningún sentido, ¿habremos librado a alguien de la maldición de ese castigo? Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno.
Todos encontramos un sentido para nuestras vidas, y el optimismo "irracional" e innato del que hemos hablado nos ayuda a ello; y sin embargo también al mismo tiempo todos sabemos y comprendemos racionalmente que la vida no tiene sentido objetivo: he ahí el verdadero poder evolutivo, haber sido capaz de construir seres conscientes del sinsentido de su ser; pero capaces a pesar de todo de soportar todo ese sinsentido, y eso a pesar de la lucha, el dolor y el sufrimiento generalizado. Realmente la evolución ha hecho un gran trabajo.

Vivir pese al absurdo.

Pero no todos son capaces de soportar esta cruda realidad. Son muchos a los que esta realidad pésima les supera, y que no son capaces ya de soportar la inútil carga de la vida. Para todos ellos, comentar que sigue habiendo un "consuelo": la curiosidad, y el abrazo al absurdo. La vida es un doloroso trance carente de sentido objetivo en el que todos nos vemos abocados a participar, pero también es, como dice Shakespeare, una sombra pasajera. La vida es breve, y eso es bueno; y también es leve, lo cual asegura su final. Por tanto, podemos abrazar este hecho de brevedad y levedad como consuelo ante el sinsentido, y aprovechar de este modo la existencia como un medio para experimentar con curiosidad la realidad en la que estamos envueltos. Esta postura fue defendida entre otros por el filósofo Albert Camus, el cual veía precisamente en el reconocimiento del absurdo una suerte de liberación personal. También habló al respecto Emil Cioran, esta vez en su obra "En la cima de la desesperación":
"Nada podría justificar el hecho de vivir. ¿Cómo, habiendo explorado nuestros propios extremos, seguir hablando de argumentos, causas, efectos o consideraciones morales? Es imposible, puesto que no quedan entonces para vivir más que razones carentes de todo fundamento. En el apogeo de la desesperación, sólo la pasión por lo absurdo orna aún el caos con un resplandor demoníaco. Cuando todos los ideales corrientes, sean morales, estéticos, religiosos, sociales o de cualquier otra clase, no logran imprimir a la vida una dirección y una finalidad, ¿cómo preservarla del vacío? La única manera de lograrlo consiste en aferrarse a lo absurdo y a la inutilidad absoluta, a esa nada fundamentalmente inconsistente cuya ficción es susceptible sin embargo de crear la ilusión de la vida. Vivo porque las montañas no saben reír ni las lombrices cantar. La pasión por lo absurdo nace únicamente en el individuo que lo ha expiado todo pero que es capaz de soportar terribles transfiguraciones futuras. A quien lo ha perdido todo sólo le queda esa pasión. ¿Qué podría en adelante seducirle? Algunos responderán que el sacrificio en nombre de la humanidad o del bien público, el culto de lo bello, etc. Yo sólo soporto a aquellos seres humanos que han renunciado a experimentar, aunque no sea más que provisionalmente, todos esos sueños. Ellos son los únicos que han vivido de manera absoluta, los únicos habilitados para hablar de la vida. Si pueden hallarse de nuevo el amor y la serenidad, ello es posible mediante el heroísmo y no mediante la inconsciencia. Toda existencia que no contenga una gran locura carece de valor. ¿En qué se diferencia una existencia semejante de la de una piedra, un palo o una mala hierba? Lo afirmo con total honestidad: hay que ser objeto de una gran locura para querer ser piedra, palo o mala hierba."
Pasión por lo absurdo, ese es el concepto. Todo aquel que haya logrado racionalizar el mundo y que no vea para vivir ya más que razones carentes de fundamento, todavía tiene el consuelo de saborear esta pasión. Dice Cioran que hay que ser objeto de una gran locura para querer ser piedra o palo, y yo debo estar loco porque no veo la hora de volver a tal estado inanimado. Bendigo con alegría, como dice Mainländer, cada hora que más me acerca al final de mi paso por este consciente circo vital. 

En este punto quizás alguno se pregunte cómo puede ser la vida de ese hombre absurdo (término utilizado por Camus). Yo os doy mi versión puesto que me considero uno de tales hombres: mi vida es como la tuya, lucho como todos a diario con ganas en pos de los estúpidos fines evolutivos (no queda otro remedio si no se quiere sufrir más de lo necesario), pero lo hago siempre con el anhelo de mi redención final en mente. Bato los brazos con vehemencia cada mañana en el teatro de la vida, escenificando mi papel con curiosidad, sin prestar demasiada importancia a nada de lo que me ocurra (porque todo es pasajero) y con alegría, experimentando con todo aquello que surge en mi breve camino; pero lo hago siempre mirando de reojo el reloj, deseando que termine de una vez la función (out, brief candle!). Es sin duda en mi opinión el mejor modo de pasar este amargo trago existencial. Muy pronto todos nuestros átomos, que como se suele decir en su día fueron polvo de estrellas, volverán a formar parte de piedras o palos, malas hierbas o incluso gusanos; cualquier cosa será preferible antes que esta sufrida lucha racional y consciente en favor de fines irracionales y objetivamente inútiles.

Os dejo para finalizar con la magnífica narración que hizo Orson Welles de la escena de Macbeth con la que he comenzado este artículo. Merece la pena de oír:



martes, 28 de octubre de 2014

Selección de poemas de Omar Khayyám (Omar Jayam)


Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishaburí (en persaغیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوریOmar Jayam o Omar Khayyám (c. 18 de mayo de 1048 — c. 4 de diciembre de 1131) fue un matemático, astrónomo y poeta persa, nacido en Nishapur, la entonces capital selyúcida de Jorasán (actual Irán). Su nombre suele encontrarse también escrito de acuerdo con la transcripción inglesaKhayyam.


Se requiere una gran erudición para cubrir un campo de conocimientos tan vasto como el abarcado por Omar Jayam y para lograr la calidad de la sabiduría que nos trasmite, también en su poesía, que ha requerido siglos para empezar a ser debidamente valorada, al desarrollar la humanidad una cultura más ajustada al universo natural, y menos limitada por las creencias en que se debió apoyar en su proceso de evolución.

A continuación, os voy a copiar una selección personal de parte de las magníficas poesías de este gran sabio. Poesías de una calidad y profundidad asombrosas:
Olvida que no alcanzaste la recompensa que acaso merecías.
Sé feliz. No te quejes.
No esperes nada.
Lo que ha de sucederte escrito está en el Libro
que, a su capricho, hojea el viento de la Eternidad.
*
Amigo ¿en qué meditas? ¿En tus antepasados?
Polvo en el polvo. ¿En sus méritos?
Sonríe… Toma este cántaro y bebamos
escuchando serenamente el silencio del cosmos.
*
Porque esta vida no es-como probaros espero-,Mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.Los cuadros blancos: los días los cuadros negros: las noches...Y ante el tablero, el destino acciona allí con los hombres,como con piezas que mueven a su capricho sin orden...Y uno tras otro al estuche van. De la nada sin nombre.
*
Me pregunto qué poseo verdaderamente.Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte.Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan,cenizas que el viento dispersa: un hombre ha vivido.
*
El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.Toda la ciencia de los hombres: palabras.Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas:sombras.El resultado de tu meditación perpetua: nada
 *
Cuando yo ya no esté, no habrá más rosas, cipreses,labios rojos ni vino perfumado. No habrá más albas ni crepúsculos,alegrías ni penas.El universo no existirá,pues su realidad depende de nuestro pensamiento.
 *
He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno, a la caja de la nada.
 *

 Este es sin duda mi poema favorito de este autor:


VIII. ¿Y después?



Que a esta vida la has vivido

piensa, como lo has querido:
           ¿Y después?

Imagínate, confiado,
que tu hora última ha llegado:
           ¿Y después?

Que cien años transcurrieron
y tu plena dicha vieron,
sin pesares, sin enojos,
y al colmo de tus antojos:
           ¿Y después?

Pídele a tu fantasía
cien años más todavía:
Los dioses que todo pueden
cien años más te conceden...
           ¿Y... después?

 *
VI. Nada



Has recorrido el mundo palmo a palmo

y todo aquello que en el mundo viste,
            es nada, nada;

Has sentido pasar como un ensalmo
músicas y palabras: cuanto oíste,
            es nada, nada;

Al Universo todo lo has medido,
y el Universo en su infinita anchura
             es nada, nada;

Por fin en el rincón te has escondido
de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura?
             ¡Nada, nada, nada!

*
7. Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
y los ojos abrí con sorpresa infinita,
partiré después de reposarme un tiempo
sin saber la razón de mi entrada y salida. 
*
26. Confórmate con saber, únicamente, que todo es misterio; la creación
del mundo y la tuya, el destino del universo y tu suerte. Sonríe ante
estos enigmas como ante un peligro que desdeñaras. No creas que
lograrás saber algo al franquear el umbral de las tinieblas. ¡Paz a
los hombres en el negro silencio del más allá! 

* 
33. La vida es un juego monótono en el que sólo puedes ganar dos cosas:
el dolor y la muerte. ¡Dichoso aquél que expiró el mismo día de su
nacimiento! ¡Y más dichoso aún el que no ha nacido! 
*
69. No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso
al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento.
¿Qué es la vida?. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré
de volver con indiferencia. 
*
32. Llegado a este Universo el porqué ignorando
y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre,
salgo de él como el viento que el desierto cruzando,
sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando.

Estos son mis poemas favoritos. Puedes leer más poemas de Omar Khayyám en este enlace: http://www.amediavoz.com/khayyam.htm

¡Un saludo!


domingo, 5 de enero de 2014

Giacomo Leopardi: poemas sobre la realidad pésima del mundo

Os dejo algunos de los magníficos poemas de Giacomo Leopardi (1798 – 1837 (http://es.wikipedia.org/wiki/Giacomo_Leopardi):


Estremecedora, y a la vez bella, manera en la que este autor nos recuerda la realidad pésima del mundo. Todos deberíamos reflexionar sobre estas eternas cuestiones en algún momento u otro de nuestra vida.

Espero que os guste:

Leopardi, G. (1829) Canto nocturno de un pastor errante de Asia


¿Qué haces, luna, en el cielo? Di, ¿qué haces,
oh silenciosa luna?
Sales de noche, andas
viendo desiertos, y después te escondes.
¿No estás aún fatigada 5
de recorrer las sempiternas sendas?
¿Aún no sientes hastío ni cansancio
de mirar estos valles?
Se parece a tu vida
la vida del pastor. 10
Sale al alba y conduce
por el campo el ganado, contemplando
rebaños, prados, fuentes;
luego, exhausto, descansa por la noche,
y no espera otra cosa. 15
Dime, luna, ¿qué espera
el pastor en su vida,
y tú en la tuya? Dime, ¿adónde tiende
este mi vagar breve
y tu curso inmortal? 20
Viejo canoso, enfermo,
harapiento, descalzo,
con carga pesadísima en los hombros
por montes y por valles,
por rocas, arenales y malezas, 25
al viento, en la tormenta, cuando abrasa
el aire, y cuando hiela,
corre, corre anhelante,
cruza charcos, torrentes,
cae, se levanta, y más y más se afana, 30
sin tregua ni sosiego,
herido, ensangrentado, hasta que llega
allí donde el camino
y donde tanto afán término encuentran:
inmenso, horrible abismo 35
donde al precipitarse todo olvida.
Así, virgínea luna,
es la vida mortal.
Nace al dolor el hombre
y es peligro de muerte el nacimiento. 40
Prueba tormento y pena
desde que abre los ojos, y sus padres
comienzan a enseñarle
a consolarse por haber nacido.
Luego, cuando creciendo 45
va, uno y otro sostiénenle, y por siempre
con actos y palabras
se afanan en cuidarle
y en consolarle de su humano estado:
que otro oficio más grato 50
no hay para un padre que cuidar sus hijos.
Mas, ¿por qué dar a luz,
por qué mantener vivo
a quien por esto hay que prestar consuelo?
Si infortunio es la vida, 55
¿por qué, pues, dura tanto?
Tal, intocada luna,
es el mortal estado.
Mas tú mortal no eres
y tal vez lo que digo no comprendas. 60
Tú, solitaria, eterna peregrina,
tan pensativa, acaso lo que es sepas
este vivir terreno,
este nuestro penar, esta agonía;
lo que es este morir, esta suprema 65
palidez del semblante,
y faltar de la tierra, y alejarse
de toda usual y amante compañía.
Ciertamente, comprendes
el porqué de las cosas, ves el fruto 70
del día y de la noche,
del callado, infinito andar del tiempo.
Sabes sin duda a qué dulces amores
ríe la primavera,
a qué ayuda el estío, y qué procura 75
con su hielo el invierno.
Mil cosas sabes tú, miles descubres,
que al sencillo pastor le están vedadas.
A veces, al mirarte
tan silenciosa en el desierto llano 80
que en su confín se une con el cielo,
o bien con mi rebaño
seguirme en mi camino; cuando miro
fulgurar en el cielo las estrellas,
pensativo me digo: 85
“¿Para qué tantas luces?
¿Qué hace el aire sin fin, esa profunda
serenidad? ¿Qué significa esta
inmensa soledad? ¿Qué soy yo mismo?”
Conmigo así razono; de ese espacio 90
soberbio e ilimitado,
y de esa familia innumerable,
después de tanto obrar, del movimiento
de las celestes y terrenas cosas,
girando sin reposo 95
para volver allá donde nacieron,
la utilidad, el fruto
adivinar no sé. Mas, ciertamente,
¡oh doncella inmortal!, tú sí lo sabes.
Yo sólo sé y comprendo 100
que en los eternos giros
y que en mi ser tan frágil
algún provecho o goce
otro hallará; mi vida es mal tan sólo.
Rebaño mío que feliz reposas, 105
ignorando, imagino, tu miseria,
¡cuánta envidia te tengo!
No sólo porque de ansias
casi libre te encuentras
y todo sufrimiento, todo daño, 110
todo extremo temor olvidas pronto,
sino porque jamás sientes el tedio.
A la sombra descansas en la yerba,
sosegado y alegre,
y gran parte del año 115
transcurres sin enojo en tal estado.
Yo a la sombra me siento sobre el césped
y el hastío me embarga
la mente, igual que un aguijón agudo,
y más lejano estoy ahora que nunca 120
de encontrar el sosiego.
Pero ya nada ansío
ni motivo de llanto hasta aquí tuve.
Por qué gozas y cuánto
decir no sé; mas sé que eres dichoso. 125
Yo poco goce siento,
mas no me quejo de esto solamente.
Si hablar supieses, yo preguntaría:
“Dime, ¿por qué yaciendo
ocioso y sin cuidado 130
todo animal descansa,
y a mí me asalta el tedio si reposo?”
Tal vez si alas tuviese
para ir hasta las nubes
y contar una a una las estrellas, 135
o como el trueno errar de cumbre en cumbre,
sería más feliz, dulce rebaño,
sería más feliz, cándida luna.
O tal vez desvaría
mi mente cuando piensa en otra suerte: 140
tal vez en toda forma
en todo estado, ya en cubil o cuna,
es funesto a quien nace el nacimiento.



A sí mismo   Canto XXVIII


Reposarás por siempre,
cansado corazón! Murió el engaño 
que eterno imaginé. Murió. Y advierto
que en mí, de lisonjeras ilusiones
con la esperanza, aun el anhelo ha muerto.
Para siempre reposa;
basta de palpitar. No existe cosa 
digna de tus latidos; ni la tierra
un suspiro merece: afán y tedio
es la vida, no más, y fango el mundo. 
Cálmate, y desespera 
la última vez: a nuestra raza el Hado 
sólo otorgó el morir. Por tanto, altivo, 
desdeña tu existencia y la Natura 
y la potencia dura 
que con oculto modo
sobre la ruina universal impera, 
y la infinita vanidad del todo.



Canto XLI   Del griego de Simonedes


Canto XLI   Del griego de Simonedes
Que humana cosa dura poco tiempo
es máxima muy cierta,
dice el viejo de Quíos,
que la misma natura
tiene el hombre y las hojas.
Mas esta voz muy pocos
oyen. A la esperanza inquieta, hija
de juveniles pechos,
todos le dan asilo.
Mientras rojas las flores
de nuestra edad acerba
son, el alma orgullosa
cien dulces pensamientos nutre en vano,
ni muerte espera, ni vejez; ninguna
dolencia al hombre sano preocupa.
Mas tonto es quien no mira
cuán presto juventud emprende el vuelo.
Y cómo de la cuna
cercano está el sepulcro.
 Tú, que el pie pondrás pronto
en el fatal camino
de la sede plutónica,
a los goces presentes
tu breve edad confía.


lunes, 15 de abril de 2013

The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot


While the capacity for both awareness and prospection has clear survival advantages, conscious foresight also came at an enormous price—an understanding that somewhere in the future, death awaits us. This knowledge—that old age, sickness, decline of mental power, and oblivion are around the corner—is less than optimistic. It causes a great amount of anguish and fear.
Ajit Varkil, a biologist at the University of California at San Diego, argues that the awareness of mortality on its own would have led evolution to a dead end. The despair would have interfered with daily function, bringing the activities and cognitive functions needed for survival to a stop. Humans possess this awareness, and yet we survive. How?
The only way conscious mental time travel could have been selected for over the course of evolution is if it had emerged at the same time as false beliefs. In other words, an ability to imagine the future had to develop side by side with positive biases. The knowledge of death had to emerge at the same time as its irrational denial. A brain that could consciously voyage through time would be an evolutionary barrier unless it had an optimism bias. It is this coupling—conscious prospection and optimism—that underlies the extraordinary achievements of the human species, from culture and art to medicine and technology. One could not have persisted without the other. Optimism does not exist without at least an elementary ability to consider the future, as optimism is by definition a positive belief about what is yet to come, and without optimism, prospection would be devastating.

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"

Recomiendo este libro a todos aquellos "creyentes" de los diversos Dioses y Vírgenes que se han inventado e imaginado desde los orígenes de la humanidad: debéis saber que ese sentimiento maravilloso e inefable que os hace "creer", no es más que mera consecuencia de un simple proceso cognitivo de vuestro cerebro evolutivo: el hombre ha evolucionado para distorsionar y falsear la realidad exterior, de manera que pueda obtener así el consuelo necesario para sobrellevar el conocimiento consciente del sufrimiento y el dolor implícito del mundo.

http://www.amazon.com/Optimism-Bias-Irrationally-Positive-Vintage/dp/0307473511

(si alguien quiere leer el libro pero no gastar dinero, os puedo pasar una versión en formato epub ;))

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"


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sábado, 2 de marzo de 2013

Naturalizar a Schopenhauer (II)


Me gustaría compartir con vosotros una pequeña reflexión: ¿os habéis planteado alguna vez las enormes semejanzas que existen entre la filosofía de Schop. y las conclusiones a las que está llegando la ciencia moderna? Para no extenderme mucho os propongo un ejemplo concreto:

Es aceptado que la ciencia moderna  reduce la existencia humana (y la vida en general) a un puro proceso evolutivo dado en el espacio-tiempo. Dicha evolución la basan únicamente en procesos mecánicos (naturales) sobre moléculas materiales muy particulares (destacando la molécula de ADN). Esto reduce toda la casuística de la aparición, desarrollo, y conservación de la vida a simples procesos físicos.

Todos los procesos físicos implicados en la ley evolutiva, base de la existencia, se basan tan sólo  en procesos mecánicos actuando en el espacio-tiempo y regidos por las leyes naturales. Pero entre esas leyes naturales  (o regularidades empíricas continuamente observadas ;)) destaca la llamada “segunda ley de la termodinámica”, la cual viene a decir que el mundo(el Universo) tiene una tendencia innata hacia el desorden, el cual DEBE ir siempre e irremediablemente en aumento.

De esta forma la vida (simple proceso natural) parece así consistir en una constante e irracional lucha del propio universo contra su propia esencia. El desorden DEBE aumentar en el mundo, pero existen; sin embargo, ciertas estructuras en el mismo que luchan ciega pero vehementemente contra esa norma: la vida es pues una especie de "deseo" agónico y desenfrenado de orden contra natura, un deseo sinsentido e irracional (y a su vez causa de todos nuestros sufrimientos. Somos seres conscientes, fruto de ese deseo irracional de orden (clara equivalencia con la máxima objetivación de la Voluntad propuesta por Schop.); y nuestro sufrimiento es causado por nuestra obligación de satisfacer esa necesidad irracional). Nuestro sufrimiento es causado así por una constante necesidad de satisfacción hacia nuestra esencia. Parece ser que nuestro sufrimiento es causado por alguna especie de lucha interna en la esencia del mundo: por una parte se exige el desorden, pero por otra se busca el orden. Vamos, es que es algo calcado a la propuesta Schopenheriana de una Voluntad en sí que muestra una lucha fenoménica contra sí misma.

Yo realmente veo tras la ciencia moderna una aproximación equivalente a la filosofía de Schop., sólo que nuestro autor partió del estado del arte filosófico-científico de su época, y lo hizo lo mejor que pudo. No comparto, como sabes, el modo en que llegó el autor a sus conclusiones, aunque sí veo muy justificada sus principales conclusiones revisadas bajo la ciencia actual.
La base filosófica de Schop. fue una extraordinaria proeza teniendo en cuenta la época en que vivió el autor (muy especialmente su postura pesimista del mundo). El pesimismo que Schop. inauguro debería estar hoy, gracias a la ciencia; más vivo y vigente que nunca. Sorprende el hecho de que no sea así. Claramente la poca cultura filosófica entre los científicos y la poca cultura científica entre los filósofos tenga gran parte de culpa.

Estoy convencido de que en algún momento, un Schop. moderno, con el carisma suficiente, naturalizará la obra de Schop. y restaurará su filosofía, aunque debidamente actualizada a los tiempos que corren.

Bueno, no me enrollo más :).

Un cordial saludo, amigos.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Naturalizar la filosofía de Schopenhauer

Supongo en el lector conocimientos previos de la obra filosófica de Schopenhauer y, a partir de ahí, voy a intentar acercaros a la idea de naturalizar sus ideas para poder así acercarlas a la realidad empírica que la ciencia moderna nos muestra:

Yo llegué a Schop. atraído por su pesimismo, y creo que precisamente es esa la base de la filosofía de Schop. que merece de admiración. Cierto que se perdió un poco en el misticismo metafísico y el idealismo de su época, pero es admirable cómo supo interpretar el mundo con esa visión negativa que apenas antes nadie se atrevió a expresar tan claramente (aunque todos la tenían ante sus ojos).

Pero Schop. desconocía (inevitablemente, debido a causas cronológicas) gran parte de las conclusiones científicas actuales, y su obra debe ser revisada críticamente aunque nos pese: la obra de Schop. debe evolucionar hacia el naturalismo (junto con el correspondiente nihilismo negativo al que la conclusiones científicas modernas nos impulsan). Es la continuación lógica del pesimismo del maestro: la filosofía naturalizada (y su nihilismo negativo) es la aproximación más congruente de su filosofía con el conocimiento científico del que disponemos.

Además no supone tanto esfuerzo como puede parecer en un primer momento naturalizar la filosofía de Schop. Basta con desechar todo el misticismo metafísico (y todo intento de conocer algo metafísico), desechar la propuesta idealista por incongruente e innecesaria (porque ya no buscamos trampear ese conocimiento metafísico), y relacionar todo su concepto de Voluntad con lo único que conocemos: los fenómenos del mundo. Por ejemplo, la supuesta objetivación de la Voluntad en el hombre se puede relacionar directamente con la motivación natural fruto del procesamiento eletro-químico y neuronal del cerebro humano (y desarrollado naturalmente por una ley material y evolutiva).

Y es que toda supuesta objetivación de una Voluntad se puede reducir a las meras leyes naturales actuando en el espacio-tiempo. No es necesario acudir a un ente metafísico para comprender los fenómenos del mundo. Sin embargo, nos encontramos que ya no podemos hacer, como digo; la "trampa" que Schop. propone para justificar un conocimiento metafísico (la Voluntad), puesto que al naturalizarnos completamente, limitamos nuestra capacidad de conocimiento a la sóla reflexión sobre el mundo físico. De manera que ni somos, ni seremos capaces de dar cuenta de la causa u origen de la propia naturaleza (siendo ella misma la causa última de todo fenómeno).

Por lo tanto, y creo que eso es lo que os impide avanzar filosóficamente, naturalizar la obra de Schop. implica rechazar un conocimiento metafísico (admitiendo humildemente dicha incapacidad). Precisamente desestimar cualquier conocimiento metafísico es algo que la ciencia ha hecho desde sus orígenes, y que junto con su capacidad formal para rechazar propuestas que son refutadas, la han hecho contribuir exponencialmente al conocimiento teórico de los fenómenos del mundo (junto con su aplicación práctica), como ninguna otra corriente intelectual lo pudo antes.

Como conclusión; decir que Schop. supo ver clara y audazmente (para su época), el sinsentido, la irracionalidad, y la ausencia de finalidad manifiesta de todos los fenómenos de los que somos testigos. Se dejo llevar, sin embargo, por un proceso laborioso (y en parte místico) en su intento de explicar esa negatividad del mundo. Probablemente su intención (consciente o no) era la de permitir cierta salida (o un respiro) a tanto pesimismo. De manera que mediante el ascetismo, las bellas artes y la negación, pretendió dar algo de “sentido” al sinsentido. Pero la cuestión es que; hoy día, tal propuesta es claramente incongruente con los hechos empíricos; y la única solución lógica parece ser naturalizar su filosofía de manera que podamos mantener su base pesimista: la idea de irracionalidad y sinsentido que vemos cada instante a nuestro alrededor, aunque evitando los conflictos empíricos mediante una reducción completa de su filosofía respecto a simples teorías naturales.

Así todo fenómeno en el mundo es pura consecuencia natural (incluida la evolución que da origen a la vida, y por supuesto, nuestra mente, causa de un cerebro material procesando información mecánicamente). De esta manera vemos que nada tiene fin o sentido, porque la naturaleza es completamente ciega e irracional. El mundo fenoménico aparece así como nuestra única base de conocimiento; conocemos cómo funciona el mundo (sus leyes regulares y sus características), pero lamentablemente nunca conoceremos su causa o explicación. Además, es curioso como algunos científicos obstinados, no se resignan e intentan ir más allá explicando el propio Universo. Evidentemente, cuando hacen ese intento, terminan haciendo filosofía en vez de ciencia, y sus resultados dejan muchísimo que desear. Por poner un ejemplo, hace poco Roger Penrose (famosísimo físico aún vivo) propuso su teoría de los eones: se trata de intentar enlazar el fin de un Universo con el Big bang o inicio de otro Universo (de manera que se van encadenando eones, donde el fin de un eón es el comienzo del siguiente). Pero lo realmente interesante de esta propuesta es si increíble esfuerzo por no salirse de la explicación física. Finalmente lo consigue aunque añade muchas premisas que deben aún ser verificadas. De todas formas, aún de confirmarse su teoría, aún quedaría por explicar por la causa del primer eón, la causa de que existan eones en lugar de nada, etc. Es decir, que debemos aceptar el hecho de que, ni la ciencia ni ninguna otra corriente intelectual podrán nunca justificar la causa o explicación de la propia naturaleza.

Abracemos, pues, ese nihilismo negativo total y absoluto al que nos lleva el naturalismo moderno. Abracemos estoicamente a ese rotundo pesimismo al que la ciencia nos ha llevado: Nos reconocemos como consecuencia de una naturaleza irracional que actúa ciega y ferozmente; y ni siquiera sabremos por qué ni para qué. Nuestra pequeña racionalidad local luchará y desaparecerá sin saber para qué tanto dolor. Nos reproduciremos como autómatas que somos impulsados por una ley evolutiva que programó nuestra mente, y daremos cuerda sin remedio, como dice Schop., a ese inútil reloj que es la vida humana.

Bueno, no me enrollo más, espero de corazón al menos haberos hecho reflexionar sinceramente sobre el asunto. Si alguien quiere aportar algo sobre esto que digo, será oído con mucho interés.

Un cordial saludo, amigos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Vivimos en el peor mundo posible


En esta entrada voy a intentar formalizar, en lo posible; mi apoyo personal al argumento de Schopenhauer de que, no sólo vivimos en un mundo cruel y deprimente, sino que realmente vivimos en el peor mundo posible:

[…] incluso a los flagrantes sofismas de Leibniz, según los cuales este es el mejor de los mundos posibles, se le puede oponer sería y honradamente la demostración de que es el peor de los posibles. Pues «posible» significa, no acaso algo sobre lo que podríamos fantasear, sino lo que puede realmente existir y mantenerse. Y este mundo está construido como tendría que estarlo para poder mantenerse a duras penas: si fuera un poco peor, no podría ni siquiera seguir existiendo. Luego un mundo peor, al no poder mantenerse, no es posible, así que este es el peor de los posibles. (MVR II, iv. cap. 46 [trad. PLdeSM, p. 638])

Mi argumentación es la siguiente:

1) El peor mundo imaginable (posible o no) requiere de vida (o estructuras) conscientes de su existencia, y que dicha existencia requiera de recursos (lo que sea) que desear (dando lugar a necesidades y sufrimientos).

2) Un mundo posible, y capaz de albergar vida consciente, requiere de una asimetría entrópica sea cual sea su naturaleza. Es decir, debe haber lugares o partes de dicho mundo más desordenadas que otras, y además, dicha entropía debe aumentar en una dirección del tiempo (asimetría temporal).

3) En dicho mundo, deben actuar leyes naturales en el espacio-tiempo, las cuales permitan y sean aptas para que se produzca un proceso evolutivo de estructuras en creciente orden, y que finalmente den lugar a una estructura capaz de generar conciencia mediante su funcionamiento. De manera que dichas leyes y sus constantes físicas, estarán finamente ajustadas para permitir la existencia de seres conscientes. El problema estadístico se resuelve mediante el principio antrópico, ya que sólo mundos bien ajustados -por muy improbables que sean- podrán albergar vida consciente –que, por cierto, serán conscientes de la improbabilidad de su mundo-.

Por lo tanto:

Aceptar 1) es inevitable. ¿Qué puede haber peor que un mundo con posibilidad potencial de permitir un sufrimiento consciente? (y luego veremos de nuevo que el hecho de que ese sufrimiento sea eterno no es viable). ¿Es posible sufrir sin una asimetría temporal y sin algo que necesitar? ¿Es posible una necesidad sin algo que necesitar? ¿Es posible necesitar algo sin no poseerlo, o no poseer algo sin una asimetría entrópica que diferencie lo que tenemos de lo que no?

Aceptar 2) y 3) es de perogrullo. Un  ser consciente requiere de una estructura material que funcione y actúe en el espacio-tiempo dando lugar a sus pensamientos. Esto es así, y proponer lo contrario no es racionalmente estable: es irracional suponer una consciencia que no requiera de una estructura material de apoyo. Además, aunque se negara tal necesidad material, aún se necesitaría de una asimetría temporal para poder dar lugar a pensamientos, y en definitiva es absurdo proponer una consciencia sin materia, espacio y tiempo sobre las que pensar: ¿sobre qué va a discurrir una conciencia dentro de una nada? Igualmente, al aceptar 1), necesitamos que esa conciencia sufra, y el sufrimiento requiere de necesidades. Una necesidad requiere de asimetría temporal, y de algo que desear, lo que requiere de sustancia y de asimetría en su distribución (asimetría entrópica temporal).

Una vez aceptado lo anterior, llegamos a lo siguiente:

Todo mundo que cumpla 1) formará parte de una clase de mundo abstracta a la que podemos llamar P (clase de peor mundo posible). Además, hemos visto que dichos mundos requieren cumpir 2) y 3) para ser consistentes.Nuestro mundo está dentro de esa clase P, junto con otros mundos imaginarios posibles más o menos similares, los cuales compartirán todos las características requeridas por 1), 2), y 3) para representar el peor mundo posible. Podemos incluso tomar nuestro mundo real y conocido como representante de esa clase, y asegurar junto a Schop. que sí que vivimos en el peor mundo posible (o, como poco, en un representante de P).

Dentro de la clase P, quizás habrá otros mundos posibles cuantitativamente peores que el nuestro; pero eso no es algo relevante: da igual que se sufra conscientemente más o menos, lo importante es el hecho potencial del sufrimiento consciente. Todo mundo que cumpla 1) es candidato a pertenecer a la clase P. Lo importante es comprender que dentro de P, no habrá mundos cualitativamente peores que el nuestro, ya que, por ejemplo; mundos con existencia consciente infinita -que es el único ejemplo cualitativamente peor que por lo visto se nos ocurre, y os reto de nuevo a proponer otro- no son viables debido a las restricciones de 2) y 3). Una asimetría entrópica y temporal impiden la existencia eterna de ninguna estructura -consciente o no-: ¡en un periodo de tiempo infinito y con asimetría entrópica, cualquier estructura tiene la certeza (probabilidad igual a 1) de sufrir un accidente fortuito que la destruya!


Notas para aclarar la argumentación:

La asimetría entrópica no significa más que el hecho de que el mundo exista una diferencia espacial en la densidad de materia, con una dirección clara en la que dicha materia tienda a comportarse: de más a menos densidad y estructura (orden) a menos (desorden). Otra forma de verlo es como una tendencia de la materia a la homogeneidad o heterogeneidad espacial. La entropía u desorden aumentará conforme dicha tendencia natural homogenice la materia en el espacio.

Requerir de una asimetría entrópica lo que viene a decir es que para la aparición de estructuras complejas como nuestro cerebro, capaces de dar lugar a la conciencia, es necesario que exista diferencias (asimetría) en la entropía u desorden en la materia; al menos, en una determinada región del espacio. La vida en la Tierra, por ejemplo; es posible gracias a la diferencia entrópica que existe entre nuestro Sol, y el espacio circundante a él.

Por otra parte, la asimetría temporal es la necesidad de que exista lo que usualmente conocemos como paso del tiempo; una clara dirección temporal donde los procesos físico-químicos tengan lugar en una estructura (como el cerebro) lo suficientemente compleja (ordenada; baja entropía) y que den lugar al pensamiento.


viernes, 16 de julio de 2010

PESIMISMO ILUSTRADO


Pesimismo (del latín pessimum, "lo peor"), doctrina filosófica que sostiene (invirtiendo la tesis leibniziana) que vivimos en el peor de los mundos posibles.

Pues bien, me propongo defender aquí que; no se trata sólo de afirmar que nuestro mundo es el peor mundo imaginable, sino que, además, es el único mundo posible para el ser humano.

Tenemos así dos afirmaciones que defender:

(1) Nuestro mundo es peor mundo imaginable.
(2) Es nuestro único mundo posible.


¿NUESTRO MUNDO ES EL PEOR MUNDO IMAGINABLE?

Cuando hablamos de que el mundo es malo nos referimos a metafóricamente malo, por supuesto. Malo desde nuestro punto de vista como seres vivos autoconscientes. Y no moralmente malo, como si existiera una moralidad universal y esencial que discriminase; sino malo como sinónimo de cruel. Un mundo que permite la desgracia y la calamidad, un mundo donde sufren y sufrimos todos sin excepción.

Intenta imaginarte un mundo sustancialmente peor que el nuestro. Es imposible. Y es imposible porque lo peor que podemos imaginar es un mundo donde todos sufran, y además, sean conscientes de que sufren. Quizás podríamos imaginar un mundo donde todos sufran, y sufran más que en el nuestro, pero eso no es una diferencia sustancial. Estaríamos hablando del mismo mundo, sólo que con alguna diferencia cuantitativa; por ejemplo que existiesen menos recursos a nuestra disposición.

Es decir, que el peor mundo imaginable por un ser humano autoconsciente, es un mundo donde todos sufran más o menos pero sin excepción. Y ese es nuestro mundo.


EL SUFRIMIENTO DEL HOMBRE EN EL MUNDO

Sufrimos en todo momento. Y no hay que pensar únicamente en el sufrimiento físico que se traduce en algún tipo de dolor, sino también en el sufrimiento emocional.

Cuando pasa el día y el equilibrio homeostático de nuestro cuerpo peligra, se produce la sensación de sed. Esa alerta física nos produce una alerta emocional de ansiedad que nos obligará a poner solución a la causa de ese estado de ansiedad; es decir, nos obligará a beber.

Existen, pues, una serie de sensaciones emocionales que en caso de no ser satisfechas producen sufrimiento. Un sufrimiento que cada vez se vuelve más intenso conforme la situación que lo generó necesita ser resuelta de manera más imperiosa.

El estrés, el deseo, y la necesidad son las causas de sufrimiento constante de el hombre. El deseo de obtener lo que no se tiene, la necesidad de obtener lo que necesitamos, y el estrés como mecanismo de defensa ante situaciones amenazantes o de demanda incrementada, llevan inevitable y constantemente a la ansiedad y a la frustración, que nos producirá un sufrimiento cada vez mayor hasta que la situación que lo provocó se resuelva.

Tenemos así que el ser humano sufre constantemente, y en cada momento, por la ansiedad que produce la necesidad. Quizás no seamos conscientes de este sufrimiento, pero sólo debemos intentar dejar de beber, comer o respirar, para ser conscientes de ese dolor sutil.
También sufre por el estrés diario de su autoconciencia: sabe que tiene unas necesidades diarias que debe suplir, sabe que sus seres queridos pueden enfermar, sabe que él mismo puede enfermar, sabe que la muerte nos espera a todos, le preocupa el medio ambiente, le preocupa que mañana no tendrá para pagar la hipoteca, y un muy largo etcétera.
Y, además, está el sufrimiento creado por la ansiedad que supone desear recursos que no están a nuestro alcance. Ansiedad que, si no se resuelve, se convierte en frustración.

Incluso el monje budista, que intenta evitar el sufrimiento evitando el deseo; no puede evitar desear alcanzar el nirvana;lo que le provoca ansiedad y quizás frustración, sino que seguirá sufriendo aunque lo alcance debido a que seguirá necesitando recursos para no morir, y a que seguirá deseando seguir vivo. No hay escapatoria, estar vivo es estar padeciendo.


¿Y QUE HAY DE LO BUENO DE LA VIDA?

Lo que normalmente se entiende por bueno, es metafóricamente bueno, en el sentido de tratarse de acciones que nos crean un sentimiento que nos hace sentir bien. Esas pequeñas sensaciones placenteras son la forma que tiene nuestro sistema neuroendocrino de gratificarnos por haber realizado alguna acción que favorece nuestra supervivencia y/o reproducción.

Aunque ese placer podemos tomarlo como la sensación opuesta al sufrimiento, constituye obligatoriamente una mínima parte de nuestras sensaciones diarias. Además, la necesidad y deseo que sentimos por sentir sensaciones placenteras, supone un nuevo tipo de estrés que nos generará más ansiedad y frustración.

Aumentar artificialmente el número de tales sensaciones (mediante cambios químicos en nuestro cerebro, por ejemplo), no es una acción viable, pues supone una relajación y falta de actitud adaptativa, lo que al final, resulta en más sufrimiento para nosotros y los que nos rodean. Basta pensar en los adictos a la heroína, que; aunque al principio todo va bien, ya sabemos como termina el asunto.

Y es que no es adaptativamente estable aumentar el número de sensaciones placenteras, por lo que ese tipo de sentimientos serán siempre un pequeño claro en el bosque. Claro que nos hará soñar y sufrir en la utópica búsqueda de la felicidad.


¿PODEMOS EVITAR EL SUFRIMIENTO?

Para evitar todo sufrimiento en el ser humano, habría que evitar la necesidad de obtener recursos para sobrevivir, evitar todo tipo de estrés: lo que supondría evitar todas las situaciones que le producen miedo e inquietud; evitar que muera, que enferme, etc., y, por último, evitar que tenga deseos materiales o emocionales.

Es evidente la imposibilidad de conseguir semejante hazaña, por mucho que supuestamente se piense que la humanidad progresa en dicha dirección. Evitar la necesidad para todos los humanos es algo imposible debido a los limitados recursos naturales de los que disponemos: no hay de todo para todos, ni jamás lo habrá. Evitar el estrés es; si cabe, un problema mayor, ya que es algo implícito a la fisiología del ser humano. Somos seres autoconscientes que vemos y nos preocupamos por el futuro que nos aguarda. Cómo evitar el sufrimiento, por ejemplo; que supone ser consciente de que vas a morir irremediablemente. Tendríamos que evitar las potencialmente infinitas preocupaciones que nos angustian cada día.
Y, por último, tendríamos que evitar el deseo por lo que no tenemos. ¿Cómo? ¿Dando de todo a todos? Es un absurdo.


LA ILUSIÓN DEL CIELO

Una típica salida al problema del sufrimiento consiste en propuestas irracionales. Por ejemplo, el cielo de las religiones monoteístas. Un mundo imaginario donde no existe el sufrimiento. Se evita el sufrimiento porque en el cielo no hay necesidades que suplir, ni preocupaciones futuras, ni existe el deseo o; si existe, está completamente satisfecho. Se adorna además la cosa, con el sentimiento inefable de estar y convivir junto a una o varias Deidades.

Bien, sobra decir que este cielo no es más que el producto de nuestra imaginación actuando por necesidad. Necesidad de consuelo ante nuestro sufrimiento insoslayable.

Pero es más, incluso de existir, el cielo no sería nuestra salvación ante el sufrimiento. Imagínate viviendo en tales circunstancias: no necesitas hacer nada para seguir sobreviviendo, no tienes ningún deseo o los tienes todos cumplidos, ni tienes nada por qué preocuparte. ¿Qué hacemos durante toda la eternidad? Sin necesidad ni deseo no hay nada por lo que actuar. El aburrimiento y el tedio serían insoportables. Un sufrimiento como hay pocos.

En definitiva, la única opción al sufrimiento particular de cada uno, es dejar de estar vivo. Ese parece ser el verdadero nirvana que a todos nos llega. De ahí viene lo acertado de la típica frase lapidaria: “descanse en paz”.


¿ES EL NUESTRO EL ÚNICO MUNDO POSIBLE?

Es de sobra conocido, y aceptado, que el ser humano, como ser vivo que es, ha sido cincelado y moldeado espontánea y ciegamente durante millones de años por la ley de la evolución. Sólo se puede negar esta realidad, desde la vehemencia, la irracionalidad, o el escepticismo.
El caso es, que ese moldeado, se basa a su vez en leyes físicas más básicas, y éstas, son pilares básicos de la realidad. Sólo son así, y no podemos decir nada más. Las suponemos universales y necesarias.

Pues bien, un ser humano, que ha sido cincelado de acuerdo a unas leyes, debe su esencia a dichas leyes, y no tendrá cabida en otro mundo con leyes diferentes. Sólo somos funcionales en el medio en el que nos hemos formado, y otros mundos son incompatibles. El nuestro, es nuestro único mundo posible donde vivir; a menos que la diferencia entre las leyes de ambos mundos sea despreciable.

Por ejemplo, colocar un hombre en un mundo donde no transcurra el tiempo es un absurdo, así como llevarlo a un lugar donde la gravedad sea una fuerza repulsiva, etc.

Y, muy importante para la argumentación, sólo un mundo completamente distinto al nuestro permitiría evitar el sufrimiento humano. Un mundo en el que no tendríamos cabida. Estamos condenados al sufrimiento.


CONCLUSIÓN

Llegamos así a una postura filosófica pesimista, en la que no sólo vivimos en el peor mundo imaginable, sino que; además, es el único mundo en el que podemos vivir. Una postura filosófica que niega el progreso del hombre hacia un utópico mundo mejor. Que niega incluso una posibilidad teórica real de un mundo mejor para el hombre.

Vemos que incluso un supuesto mundo imaginario ideal (el cielo), necesitaría de un componente sobrenatural (convivir con Dios) para que nos evitara el sufrimiento debido al tedio y el aburrimiento de una eternidad sin hacer nada. Un componente sobrenatural, que sólo viene a confirmar la imposibilidad de imaginar desde la razón un mundo mejor para el hombre.

En el fondo, esa lucha utópica que parece seguir el ser humano hacia un mundo mejor desde el naturalismo se ve claro que no es más que una estrategia evolutiva de autoengaño dirigida a mantener la legitimidad vigente. Nosotros, los poderosos, prometemos que conseguiremos con el tiempo recursos de todo para todos, así que; por favor, no os sublevéis pobres desgraciados. A su vez, los pobres desgraciados desfavorecidos, se agarran a invenciones irracionales para consolarse con un mundo mejor. Invenciones que, en cuanto se profundiza un poco, se vuelven ilógicas e incongruentes.

El ser humano vive en el único mundo en el que puede vivir, el peor de los mundos imaginables; el peor mundo sin duda para ser un ser autoconsciente.