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martes, 5 de marzo de 2019

El libre albedrío es una ilusión...y aquí tienes la prueba

¡Impactante! La mujer del vídeo de abajo demuestra claramente que si perdemos nuestra memoria a corto plazo, queda al descubierto que ante una misma situación (neurológica = fisico-química) y un mismo estímulo externo (sensible) actuamos siempre del mismo modo, lo cual implica que nuestras decisiones no son "libres" sino que vienen marcadas por algoritmos (heurísticos neuronales) subconscientes bastante deterministas.
Es decir, que es evidente que esta mujer tiene un problema neurológico...pero uno que ayuda a descubrir que sin la ayuda de la memoria a corto plazo es posible experimentar empíricamente con un paciente de manera que se puede replicar fácilmente con un estado cognitivo (neuronal) casi idéntico en varios ocasiones, y así descubrir que ante un mismo estímulo sensible la respuesta es siempre la misma: ¡lo cual va en contra de cualquier tipo de idea de "libertad" (por mucho que se quiera retorcer el término)! 
Os dejo con un extracto del último artículo de Francis de donde he sacado la información principal:
"Te recomiendo este vídeo que nos comenta Antonio José Osuna Mascaró (Tay‏, @BioTay) en Twitter: “El libre albedrío es una ilusión. Esta mujer ha perdido temporalmente su memoria a corto plazo y esto ha hecho que entre en un bucle, cada 90 segundos sus respuestas y expresiones se repiten. Mismos estímulos, mismas respuestas, como las máquinas que somos. Su hija estuvo 9,5 horas manteniendo la misma conversación, en bucles repetidos cercanos a los 2 minutos. Para más detalles de este caso (en palabras de ambas) os recomiendo el último episodio de @Radiolab, “Loops,” a partir del minuto 12:00. Alguien podría pensar que es un caso aislado, quizás pudo haber algún factor que llevaba a Mary Sue al bucle. No es así, el bucle aparece en casi todos los casos de AGT (Amnesia Global Transitoria) [wiki]. Bajo las mismas condiciones el libre albedrío desaparece, como la ilusión que es”".

lunes, 21 de noviembre de 2016

Autómatas evolutivos

"A ninguno de nosotros le gusta el pensamiento de que lo que hacemos depende de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la voluntad, el libre albedrío, el autocontrol…Quizás sería más honesto decir: “Mi decisión fue determinada por fuerzas internas que desconozco“"
(Marvin Minsky)


Hace ya tiempo, a partir de una entrada en el magnífico blog de Pitiklinov: Evolución y Neurociencias, realicé una observación sobre el estudio de la tradicional idea del libre albedrío mediante una reducción al absurdo. Y, como conclusión, comentar que creo que de este modo se puede comprobar que no tiene sentido alguno hablar de una plena libertad de volición en el hombre.

En resumen propongo lo siguiente:

Para empezar, decir que cualquier decisión que tomemos debe ir siempre precedida del descarte de otras posibles alternativas que podríamos hacer realizado en su lugar, de tal modo que si existe un verdadero libre albedrío, decidir entonces voluntariamente hacer algo significaría descartar voluntariamente hacer cualquier otra cosa.

Sin embargo, siempre existen infinitas posibilidades de actuación, por lo que según lo dicho habría que realizar un descarte de infinitas alternativas (grados de libertad) en un tiempo finito (el que tarda el cerebro en procesar), lo que es un absurdo, puesto que descartar una infinidad de elementos requiere un tiempo infinito y quedaríamos atascados en un bucle.

Sin embargo, sabemos que nadie se queda atascado en un bucle repasando todas esas enormes posibilidades de actuación, y vemos por el contrario que lo que acontece en realidad es que de algún modo se termina siempre descartando (involuntariamente) toda esa infinidad de alternativas con excepción de unas pocas posibilidades (se reduce en este sentido, de manera autónoma y espontánea, el grado de libertad a un grado manejable por la razón).

Y ahí está la cosa: este descarte o acotación se realiza INVOLUNTARIAMENTE por algún heurístico programado evolutivamente en el cerebro, lo que elimina cualquier posibilidad de verdadera libre voluntad ya que, si se descartan inconscientemente posibles elecciones, no tengo la voluntad de poder hacer cualquier cosa, sino sólo aquellas que el filtro evolutivo me deja manejar ante cierta situación.

Precisamente este heurístico evolutivo es el encargado de decidir qué opciones se pueden tener en cuenta de entre la inmensidad, y sólo sobre esas (relativamente) pocas opciones (en el mejor de los casos) se puede elegir "libremente" actuar.

Y digo en el mejor de los casos, porque por otra parte está el asunto de si finalmente la toma final de la decisión (una vez hecha la acotación) la realiza la consciencia, o si la decisión también la toma un heurístico (y a la consciencia llega sólo una falsa ilusión de volición). Pero eso es ya otro asunto del que precisamente habla Pitiklinov en el artículo que mencioné al comienzo de esta entrada: https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2014/09/la-ilusion-de-la-voluntad-consciente.html.

Resumiendo un poco, decir que Pitiklinov se basa en el trabajo de Daniel Wegner[2] que visualmente se puede resumir de este modo:


Pero lo fundamental de lo tratado aquí, sin embargo; es que la idea del libre albedrío como tradicionalmente se entiendo es lógicamente inconsistente, y que se puede demostrar dicha inconsistencia por reducción al absurdo. Un cerebro físico no tiene tiempo de poder tener en cuenta un dominio casi infinito de acciones que tomar, y por lo tanto un proceso (un filtro) evolutivo (inconsciente y espontáneo) se encarga continuamente de acotar dicho dominio de manera que el mundo se nos aparezca de modo "manejable", pero al mismo tiempo podemos ver que este heurístico natural elimina cualquier posibilidad de verdadera libre elección: somos autómatas evolutivos con un amplio grado de libertad de acción, pero que no obstante no es libre más que para decidir de entre un subconjunto de acciones acotado y preestablecido por nuestra programación cerebral evolutiva.

Un saludo.

Referencia utilizada:

[1] Daniel M Wegner. The Illusion of Conscious Will. Bradford Books. The MIT Press 2002.

lunes, 25 de enero de 2016

Voluntad de muerte

"El gran crimen del Dolor es haber organizado el Caos, haberlo convertido en universo." (Emil Cioran)
¡Increíble! Este vídeo realmente da que pensar. A mí personalmente me hace reflexionar sobre hasta qué punto los actos volitivos podrían estar determinados en todos los seres vivos -a pesar de las apariencias en contra-. Estos microbios, por ejemplo; sin sistema nervioso ni nada remoto que se le parezca, parecen a primera vista tan rematadamente decididos a "hacer" algo por "voluntad propia" (en este caso fagocitar); que bien hacen pensar hasta qué punto no estaremos nosotros también guiados por dictámenes físico-químicos (a pesar del prejuicio que nos hace presuponer que todos nuestros actos son frutos de un supuesto "libre albedrío").

Porque teniendo en cuenta que nuestro cuerpo no es más que un conjunto de millones de individuos muy parecidos a los de este vídeo actuando en "sociedad", igual en el fondo la suma de nuestras partes implican que no podamos ser una cosa muy diferente a esto que se ve en la grabación: materia organizada en estructuras que "pelean" espontáneamente por un "fin" evolutivo sin sentido racional. Sinceramente, viendo estas imágenes, toma sin duda conciencia las palabras del trágico Mainländer: "El mundo se mueve 'como si' tuviera una causa final, pero lo que en verdad se quiere no es la vida, puesto que ésta es solo apariencia de la voluntad de muerte". Y es cierto que si uno mira a su alrededor en realidad todo parece voluntad sí, pero voluntad de aniquilación: de hecho, nosotros mismos cada día "fagocitamos" sin remedio otros seres a la hora de comer como si fuese lo más natural del mundo...sí, como poco todo esto es algo que da que pensar.

jueves, 28 de mayo de 2015

Estudio sobre la posible ilusión del libre albedrío (en su concepción más débil)


Este mes que termina es el cumpleaños de mi blog. Lo inauguré allá por el 2010 como un modo en que poder expresar por escrito mis ideas e inquietudes. No tenía ni idea por aquel entonces de que conseguiría tantos seguidores, ni mucho menos que llegaría a 30000 visitas. Además, estoy muy orgulloso de saber que gran parte de estas personas que siguen el blog son (sois) gente de alto nivel cultural (es fácil hacer un blog sobre fútbol o sobre coches con miles de visitas, pero creo que es meritorio conseguir que un blog de temas filosóficos y científicos sea seguido por tanta gente).

En fin, no me enrollo más. Gracias por vuestra fidelidad :).

Voy a compartir con vosotros a continuación, a modo de celebración :P, un nuevo y extenso (pero, creo, interesante) artículo, sobre el libre albedrío. Espero que os guste:

Introducción.
"Todos creen a priori en que son perfectamente libres, aún en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida... Pero a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —a su asombro— de que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener. Desde el principio de sus vidas al final de ellas, deben soportar el mismo carácter..." (Arthur Schopenhauer)

Hace ya tiempo, en este artículo traté sobre una posible reducción al absurdo de la idea del libre albedrío clásica. He debatido bastante sobre el tema desde entonces, y la principal pega que se pone a mi argumentación se debe al concepto duro (o extremo) que usé del libre albedrío.

Para muchas personas, el libre albedrío se puede corresponder con una definición más débil que la que yo he usado en mi artículo, una concepción en donde sólo vale con que exista libertad de decisión entre un conjunto acotado de posibilidades. Es decir, que al poder elegir sin trabas de entre un limitado conjunto de alternativas, previamente seleccionadas de un modo involuntario e inconsciente por un heurístico evolutivo, lo siguen llamando libre albedrío; o le ponen otro nombre a la cosa, aunque lo siguen relacionando filosóficamente con las consecuencias que el libre albedrío clásico (su concepción fuerte) otorga al hombre con respecto a su ego (hay mucha resistencia a aceptar la falta de libre albedrío, y cada cual se agarra a donde puede para no resignarse).

Pues bien, vamos a intentar estudiar en detalle esta otra concepción débil del libre albedrío, a ver qué conseguimos:

Voy a partir de un principio bien estudiado y bien contrastado, aunque aún no sea tan ampliamente aceptado en la comunidad como seguro lo será en unos años:

1. La mente humana surge gracias a una complejísima computación neuronal ocurrida en el cerebro. Y hablo de computación, porque según la neurociencia moderna, el cerebro no sería más que un sistema encargado del procesamiento automático de la información. Automático, porque el proceso ocurre espontánea y mecánicamente, y procesador de la información, porque su función sería la de convertir (procesar) una entrada sensitiva de información (sentidos) en una salida o transmisión de resultados al exterior: TODA su conducta (incluyendo el resto del cuerpo -ritmo de los latidos del corazón, de la respiración, etc.- y el mundo externo al propio cuerpo -lenguaje, movimientos, etc.-).

Es, sin duda muy complejo el modo en que se obtiene la información por los sentidos, y el modo en que se realiza el procesado de dicha información, y por supuesto el modo en que se transmite. Además, sin duda, hay mucha retroalimentación entre estos tres elementos, y la complejidad se eleva so manera; sin embargo, lo fundamental que yo quiero proponer en (1), es que la mente surge (o puede ser que surja) mediante un procesado automático de información, lo que hace que se pueda hablar de que la mente es consecuencia del equivalente de una mera computación (neuronal en este caso).

Cualquiera que niegue este punto (1) no debería seguir leyendo, puesto que es evidente que va a negar la mayor de mi argumentación, y sólo va a perder el tiempo; puesto que pretendo deducir, a partir de (1) y de nuestro conocimiento sobre la computación y el tratamiento físico de la información, una conclusión mediante reducción al absurdo. Sin embargo, no le quepa duda al lector que la negación del punto (1) trae consigo muchos problemas (y grandes alternativas que proponer), y que dicha negación entra en contradicción con gran parte del estudio neuricientífico actual. Pero eso ya es problema del negacionista ;).

Bien. Vamos a suponer que todo el que sigue leyendo estas líneas está de acuerdo en (1), y veamos qué podemos concluir a partir de nuestros conocimientos científicos sobre el mundo:

Para facilitar la argumentación (pero sin perder precisión), vamos a considerar el caso más sencillo posible para estudiar esa hipotética libertad de decisión acotada a un grado de libertad finito (libre albedrío en su concepción débil):

2. Vamos a considerar en concreto, la posibilidad o no de una libre elección indeterminada en un entorno con sólo dos grados de libertad: es decir; elegir entre dos alternativas concretas A o B, blanco o negro, 0 ó 1, etc. 

Hay que destacar primero, que vamos a analizar en nuestro estudio, alternativas equivalentes en cuanto a valor o peso. En nuestro argumento, ninguna alternativa se va a ver condicionada por ningún tipo de valor añadido sobre la otra. Porque si, por ejemplo, A tiene mayor peso que B, habrá un sesgo en la probabilidad de que sea A la seleccionada, y por lo tanto no habrá una verdadera libertad de elección puesto que ese peso determina (aunque sea probabilísticamente) el resultado final. Por lo tanto:

3. Ambas alternativas A y B, serán equiprobables, lo que no hace más que señalar la necesidad de una indeterminación en la elección final del individuo de modo que podamos hablar de verdadera libertad. Si un individuo es realmente libre de elegir entre A y B, no estará condicionado ni siquiera parcialmente a elegir una alternativa sobre la otra, por lo que la probabilidad a priori de que seleccione cualquier opción será en principio del 50% (1/2).

Este punto (3) se ve incluso más claro mirado al revés: si entre dos alterativas A y B, hay un condicionamiento sobre el individuo, habrá una probabilidad (una especie de "determinaciónprobabilística) a favor de una de las opciones, por lo que la decisión final NO será jamás verdaderamente libre (indeterminada).

Este es, precisamente, un argumento que se suele tomar prestado de la psicología evolucionista en contra de cualquier tipo de libertad de decisión en el hombre (ni débil ni fuerte):  la evolución condiciona en gran medida gran parte (por no decir, toda) nuestras tomas de decisiones, con lo que la libertad brillaría por su ausencia. Ocurriría esa "determinación" probabilística de la que hablo en casi todas nuestras elecciones; sesgo que iría desde algo apenas medible (50,0...1%, a un sesgo de casi el 100%, como ocurre cuando directamente no tenemos casi libertad de decisión en ciertos casos: por ejemplo, cuando intentamos comer excrementos, mantener relaciones de incesto, etc.: sencillamente NO podemos).

Pero no voy a atacar por este camino la idea de libre decisión acotada. Mi idea es aceptar que (3) es posible y comprobar si dicha asunción se reduce a un absurdo:

Sigamos. Una verdadera libertad indeterminada, requiere de un proceso capaz de elegir entre dos opciones de un modo incondicionado, lo que significa que el proceso podrá elegir entra A y B con una probabilidad igual a 1/2 (50%). Tenemos así la entrada {elige entre A y B}, el proceso de selección {ten en cuenta la entrada y elige de un modo indeterminado entra A y B  -con una probabilidad del 50% entre ambas-}, y una salida {comunicación o transmisión de la decisión final}.

Centrémonos en el proceso de selección:

Debe ser un proceso indeterminado, en el sentido de que a priori debe haber un desconocimiento absoluto sobre el resultado final de la decisión. Ese desconocimiento absoluto, matemáticamente se relaciona (en nuestro caso con un agrado de libertad igual a 2) con el concepto de una probabilidad en el resultado de 1/2. Esta relación matemática que hago, se basa en el conocido principio de indiferencia (o principio de razón insuficiente).

Queda ya claro, que el proceso de toma de decisión (o proceso de selección) debe poder decidir equitativamente entre nuestras dos selecciones pero, ¿cómo puede llevarse esto a cabo?:

Este es un problema clásico en ciencias de la computación, que nos acompaña desde el inicio de esta rama del saber. Bien pronto surgió en el terreno de la computación, el problema de cómo hacer para realizar selecciones probabilistas entre diversas opciones. Por poner un pequeño ejemplo (de entre miles):

Los programadores de videojuegos, es normal que requieran de funciones capaces de generar elementos en el escenario que dependan de un rango de probabilidad. Por ejemplo, en un juego de puzzles tipo Tetris, habrá que determinar de qué tipo es la siguiente pieza que se le ofrecerá al usuario una vez ya ha salido la anterior (si es la alargada, la cuadrada, etc.). Imagina que te piden que programes un Tetris, y te ves en la encrucijada de generar un algoritmo que tenga como salida la pieza que se le mostrará al usuario (y que caerá de arriba hacia abajo) de entre 5 posibles tipos de pieza. ¿Cómo te las ingeniarías para que el algoritmo devuelva una pieza de entre las 5 posibles, con una probabilidad de 1/5?

En pseudocódigo, la cuestión queda más o menos como sigue:

Inicio_programa: Tetris
...
Pieza pieza_a_mostrar;
pieza_a_mostrar = obtener_pieza();
pieza_a_mostrar.mostrar();
...

fin_programa

función obtener_pieza()
   Pieza pieza_a_devolver;
  (¿?)
   devolver pieza_a_devolver;
fin_funcion 

Cómo rellenar el hueco (¿?) es la cuestión. ¿Cómo programar el equivalente a elegir una pieza de entre 5 de un modo equiprobable? ¿Cómo diseñar un método  capaz de hacer tal cosa? Pues la única solución hasta la fecha consiste en el uso de hacer uso de un generador de números aleatorios.

En concreto, para el caso que nos ocupa, se puede generar un número aleatorio, por ejemplo; en el rango ente el 1 y el 100, y posteriormente, y seleccionar una pieza a partir del resultado de éste número aleatorio. Por ejemplo, podemos dividir el rango [1-100] en 5 partes, y asignar a cada parte una pieza. En pseudocódigo, sería algo parecido a:

función obtener_pieza()
   Pieza pieza_a_devolver;
   Numero n = Generar_num_aleatorio(1,100) ;
   si n <=  20 entonces
          pieza_a_devolver.es(Pieza.LARGA);
  si_no si n <= 40 entonces
         pieza_a_devolver.es(Pieza.CUADRADA);
  si_no si n <= 60 entonces
         pieza_a_devolver.es(Pieza.CURVA);
  si_no si n <= 80 entonces
         pieza_a_devolver.es(Pieza.CURVA_2);
  si_no si n <= 100 entonces
         pieza_a_devolver.es(Pieza.CURVA_3);
  devolver pieza_a_devolver;
fin_funcion 

Sin embargo, aunque parezca que el asunto ya está resuelto; no es así. Aún tenemos que desarrollar esa función capaz de generar y devolver el número aleatorio...y aquí es donde empiezan los problemas de verdad. No hay, hasta la fecha, un método capaz de generar un número aleatorio de un modo totalmente eficiente, y lo único que se consiguen son aproximaciones, con lo que se suelen llamar generadores de números psuedoaleatorios (aquí tenéis un buen documento, donde se explica bien el problema, y también las aproximaciones paseudoaleatorias conseguidas).

No hay modo de simular computacionalmente la generación de un número realmente aleatorio. Siempre se termina con un proceso periódico, donde los procesos tienen en general los siguientes problemas:

Cualquier sistema de procesamiento de información, tiene obligatoriamente, una estructura física, la cual condiciona el sistema a un conjunto muy determinado de estados físicos posibles. Por lo tanto, debido a que los estados físicos del sistema son finitos, y a que las reglas o pasos realizados en el procedimiento son finitos, ocurren siempre los siguientes problemas que impiden la generación de verdaderos generadores aleatorios: periodicidad, autocorrelación, aparición de diversos patrones,  sesgos en la media y la varianza, y resultados discretos (donde algunos números del rango nunca llegarán a darse).

El problema de fondo, sin lugar a duda, es equivalente al problema original del que partíamos: es decir; que nos volvemos a encontrar con la disyuntiva original de cómo podría un sistema automático de procesamiento de información, decidir libremente y con equidad ante varias alternativas.

Tenemos así un primer corolario importante:

4. Al no ser posible, mediante técnicas de computación, generar un número realmente aleatorio; podemos concluir que cualquier intento de crear un proceso automático de decisión realmente libre es imposible. Siempre va a haber una "determinaciónprobabilística que hará imposible la indeterminación requerida para que exista plena libertad de decisión entre dos alternativas.

Por otra parte, la mente humana hemos aceptado en (1) que se reduce a un complejo proceso físico de computación neuronal: ¿se podrá trasladar el corolario (4)  al caso del hombre?:

Imaginemos un experimento, en el que el investigador llega y nos pide simplemente que elijamos un color entre el rojo y el verde. Ese es todo el experimento, no habrá recompensas ni ningún resultado. Sólo se trata de elegir entre rojo (A) o verde (B).

Piense que está en esa situación: piense un color entre el rojo y el verde y dígalo en voz alta. Parece que, decidamos lo que decidamos, la elección parece ser realmente libre. Si dijo rojo, pudo haber dicho verde, y viceversa; y la probabilidad de su elección, a priori, parece ser de 1/2. Ni el investigador y ni siquiera usted mismo, sabía en principio, qué color iba a pronunciar. De ser este el caso, la decisión habría sido libre pero: ¿cómo puede la red neuronal de nuestro cerebro conseguir esa indeterminación siendo, como es, un sistema con una estructura física finita junto con el estado físico que ésta determina?

En el proceso, el ojo y el oído de la persona tomaría la información exterior. Esa información pasaría, mediante impulsos eléctricos, al cerebro y éste se dedicaría a procesar el problema: elegir entre rojo y verde (A y B). Si de verdad se procesa una libre decisión, en algún punto de la red neuronal debe ocurrir el equivalente de elegir un número realmente aleatorio (y no solo pseudoaleatorio) que permita formar la salida: "elijo rojo", en lugar de "elijo verde".

Pero es absurdo que un sistema de procesado de información pueda, mediante un conjunto finito de estados, generar un procedimiento capaz de conseguir hacer colapsar de manera independiente una distribución continua y uniforme de valores.

Origen del problema sobre la imposibilidad de conseguir una elección equitativa.

Intentemos profundizar en el origen de ese problema que nos impide idear un método de selección equitativa. ¿Podría residir el problema en la limitación de estados finitos del sistema o la estructura que debe tomar la decisión?  Es más, podemos preguntarnos incluso sobre si es posible generar una propuesta verdaderamente indeterminada y equitativa (condiciones a priori de una libre elección) en un sistema físico cualquiera.

Olvidemos por un momento la computación neuronal y los sistemas automatizados de procesamiento de información; vayamos a nuestro mundo cotidiano: ¿es posible generar aleatoriedad mediante algún procedimiento o método a nuestro alcance?

Si entramos en detalle, veremos que no es posible conseguir tal cosa en nuestro mundo mesoscópico. Si lanzamos un dado, el resultado estará determinado por las condiciones iniciales del lanzamiento, siendo un proceso determinista. En el caso del dado, tenemos un caso similar al computacional ya comentado, de generación pseudoaleatoria. La teoría del caos  imposibilita en la práctica (con nuestra tecnología actual) determinar el resultado del dado, pero NO hay, sin embargo, ninguna imposibilidad teórica que lo prohíba. 

Y el hecho, es que cualquier otra alternativa mecánica caerá en el mismo saco: es siempre posible, en teoría, determinar el resultado, por lo que  la generación no es indeterminada ni, por lo tanto, será equitativa la elección que se haga a partir de dicho resultado determinista.  Y no es equitativa, porque esas mismas condiciones físicas iniciales, van a determinar siempre el resultado, y; aunque el resultado parezca aleatorio, en realidad, habrá sido sesgado desde el inicio del lanzamiento por innumerables factores: como la fuerza inicial, el ángulo de giro, la aceleración inicial, la resistencia del aire, etc., etc. Conocidos esos factores, y con las herramientas matemáticas adecuadas, se podría, siempre en teoría, adivinar el resultado.

El hecho de que las condiciones físicas determinen cualquier generación de aleatoriedad, implican que, antes las mismas condiciones, el resultado será el mismo, y que; si se pudiesen llegar a conocer las mismas, se podría determinar a priori el resultado (y la decisión).

Seguro, que muchos habréis pensado en la mecánica cuántica como un posible método de aleatoriedad, basado en su indeterminación teórica. Pero mucho me temo que no nos vale como solución. La indeterminación en mecánica cuántica, se corresponde con una "determinación" probabilística. Aún en el caso de usar la mecánica cuántica, ¡no logramos una completa indeterminación (lo cual equivaldría a una completa desinformación o desconocimiento del resultado)! sino que nos debemos contentar con una distribución de probabilidades en el estudio del fenómeno. 

Pongamos el caso ideal, equivalente a un lanzamiento de dados cuánticos. Como el resultado se rige por la MC, no podemos determinar (ni siquiera en teoría) el resultado a partir de nuestra información en las condiciones iniciales, ¡pero aún así seguimos teniendo información sobre el resultado final! ¡no logramos la indeterminación necesaria para poder decidir equitativamente! Con las herramientas matemáticas adecuadas, la MC realmente nos permiten determinar la distribución de probabilidad de que el dado cuántico caiga de una manera o de otra a partir de las condiciones iniciales.

Pero, hay, sin embargo, un modo de eliminar teóricamente este sesgo del que hablo. Sería, el caso equivalente a lanzar una moneda cuántica (en lugar de un dado cuántico). Es más, ya hay incluso propuestas para chips que usarían la MC para generar aleatoriedad realmente indeterminada

Pero aún no está todo ganado:

Imaginemos por ejemplo, un chip como el propuesto por la Universidad de Stanford. Lo instalamos en un computador tradicional, y conseguimos, mediantes llamadas a este hardware, un número aleatorio imposible de determinar a priori según las limitaciones teóricas de la MC.

Pero ahora nos encontramos con un problema: para que el chip funcione en la práctica, debe ocurrir la decoherencia cuántica (el colapso de la función de probabilidades del evento, que es de 1/2 para cada resultado posible). Para que el chip ande, y devuelva (0 ó 1), hay que hacer una medición sobre el sistema cuántico, pero, ¿quién medirá? ¿y cómo lo hará para que colapse la función de onda?

Para que la función de onda funcione, y el chip pueda devolver un resultado, se necesita la interacción con un sistema macroscópico. Si, por ejemplo, usamos nuestro ordenador clásico, con el chip cuántico embebido, y programamos un sistema capaz de decidir entre A y B (o rojo y verde), llegará un punto en que el sistema clásico tendrá que "activar" el chip cuántico mediante una señal eléctrica, por ejemplo, y trabajar luego con el resultado indeterminado obtenido (A ó B).

Esto pone de evidencia, que aún se requiere de un sistema clásico determinado que haga la medición indeterminada, para poder elegir posteriormente con equidad o libertad entre las alternativas; y será ese entorno clásico el que finalmente vuelva a introducir el problema de cómo decidir. Entramos en un círculo vicioso:

Hay que interpretar el resultado,  para poner en consonancia cada posible valor del dominio de la función indeterminada, con cada posibilidad de entre las que podemos elegir: 0 -> rojo, 1->verde, por ejemplo. Si, por ejemplo, nuestro ordenador va a transmitir el resultado de su elección mediante una imagen en el monitor, deberá en algún momento, comparar macroscópicamente el valor cuántico obtenido, con su equivalente previamente decidido: habrá que elegir una regla determinada que diga que, si el valor aleatorio es 0 muestre una imagen verde, y en caso contrario una roja.

En otras palabras, aunque podamos conseguir un número verdaderamente aleatorio mediante la MC, la necesidad de que un sistema macroscópico determine cuando tomar la medida, y cómo interpretar el resultado, harán que la decisión no sea finalmente libre: ¿por qué relacionar el valor 0 con el resultado verde, y no con el rojo? ¿cómo se toma esa decisión desde la parte clásica del sistema? ¿Usamos otra medida del chip cuántico de modo que si da 0 se corresponda con que en la siguiente medida del chip, el 0 se corresponda con el rojo y el 1 con el verde, y si da 1 sea al contrario? Pero es evidente que hemos entrado en una regresión infinita, porque ahora habrá que decidir por qué si la primera medida cuántica da 0 se corresponde con que si la segunda da 0 será rojo, y no viceversa.

No hay escapatoria: usar la MC no puede ayudarnos con nuestro problema, porque sus resultados requieren de un sistema clásico que mida e interprete (decida una relación en) el resultado. Una verdadera solución, requeriría de un sistema capaz de generar un estado indeterminado, pero que funcionase exclusivamente en la escala macroscópica donde se toman las decisiones que nos interesan.

El problema cuántico.

No nos engañemos: es cierto que mi argumento anterior puede parecer débil, sobretodo cuando la MC es la esperanza por antonomasia de aquellos que pretenden la indeterminación de nuestros actos; pero no lo es, no es débil en absoluto. Vamos a estudiarlo aún con un poco más en detalles:

Vamos a estudiar el ejemplo más simple imaginable:

Imaginemos que los chicos de la Universidad de Stanford terminan su chip cuántico, y lo introducimos en un microcontrolador clásico. Para más claridad, vamos a imaginar un microcontrolador a medida. Es decir; vamos a programar el circuito mediante hardware, de manera que si el chip cántico devuelve un nivel de alta energía (un bit igual a 1) automáticamente se transmita esa señal (mediante el bus) con lo que a su vez se pondrá a 1 un bit determinado del puerto de salida mediante un filamento; puerto que se conecta a su vez con un LED luminoso rojo. Si el chip cuántico se activa, pero devuelve un nivel de baja energía (bit a 0), esa salida establecerá a 0 (baja energía) el mismo bit del puerto de salida del microcontrolador, con lo que el LED luminoso no encenderá (o se apagará si estaba previamente encendido); y eso se podría corresponder con la opción color verde.

Parece que un sistema así diseñado tendría equidad de decisión (requisito necesario para poder hablar de libertad), pero hay un problema muy claro: ¡Se ha determinado previamente qué es un bit 0 y qué es un bit 1! ¡y se ha construido el circuito realmente a priori, decidiendo de antemano cómo se va a comportar el sistema ante esos resultado de 0 ó 1! Qué es un bit 0 ó 1 es una convención o elección previa. Normalmente se toma como bit 1, un nivel de energía igual o mayor a 0,5 vóltios, y como bit 0 el resto de valores. Cualquier procedimiento que ocurra con este sistema estará determinado a esa elección previa: un umbral mayor a 0,5 voltios haría encender la luz menos veces, y un umbral menor haría que la luz encendiera más veces; hay un sesgo debido a nuestras elecciones sobre la construcción del sistema.

Podría pensarse que el problema que comento estuviera relacionado simplemente con el procesamiento digital que implican estos ejemplos. Pero veremos que en el caso analógico, ocurre lo mismo:

Preparemos el siguiente experimento, se lanza un fotón, contra un espejo semirreflectante donde, según la MC, el fotón traspasará el espejo, o será reflejado con una probabilidad indeterminada (es decir que, a priori, la probabilidad real es de un 1/2 para cada alternativa). Si el fotón traspasa el espejo, irá a parar contra un detector que se iluminará (rojo), y si se refleja, irá a parar a otro detector  (verde).  Ahora ya no tenemos le problema de tener que interpretar valores, el color salta en un detector u otro, sin necesidad de hacer nada más pero...¿quién decide cuándo mirar en cada detector? ¿como conseguir el colapso de onda y la transmisión de esa información del color al mundo macroscópico sin caer en el determinismo? Mientras no se midan los detectores, según la MC, ambos se encuentra en un estado de superposición (encendido / apagado), pero el hecho de medir requiere de la intervención de un sistema macroscópico que rompa la superposición. Ese estado macroscópico se rige por la física clásica, y por lo tanto, aunque caótico, su estado es determinista y previsible.

Tenemos algo similar a esto:

Entrada de información determinista -> proceso cuántico indeterminado -> decisión de proceder a la medición, colapso de onda, y transmisión de la información determinista.

Conclusión.

Un libre albedrío, en su concepción más débil, requiere de libertad de decisión entre alternativas acotadas. Esa libertad, presupone que el órgano o sistema que tome la decisión, podrá, a priori seleccionar cualquiera de las opciones acotadas con igual grado de libertad; lo que supone que nada condicione su elección. Si nada condiciona su elección, la probabilidad de que decida cualquiera de las alternativas es equitativa (1/n siendo n el número de posibilidades donde elegir).

Esa equidad probabilista a priori, requiere incondicionalidad en el sistema, e indeterminación en el proceso; ya que, si la decisión que el sistema tomará está determinada, no habrá libertad de decisión, ya que la selección estará predeterminada a partir de las condiciones físicas iniciales y anteriores a que se tome la decisión, y, si existe algún condicionamiento, ocurrirá un sesgo en la probabilidad entre opciones, y el sistema tendrá una tendencia hacia alguna de las alternativas, lo que anula el concepto de libertad que hemos utilizado.

El único modo imaginable para poder conseguir la indeterminación y la incondicionalidad en un proceso de decisión, hace uso de la idea aleatoriedad. Mediante un dato aleatorio indeterminado, se podría posteriormente decidir equitativamente entre las varias opciones.

No existe, sin embargo, un método capaz de generar un verdadero número aleatorio mediante la física clásica que funciona a escala mesocópica, y lo máximo que se consiguen son funciones pseudoaleatorias, que basan su eficacia en el ruido o el uso de reglas deterministas complejas, de manera que sea muy difícil en la práctica detectar el determinismo implícito en esos procesos (la teoría dice que siempre será posible determinar o prever la serie de valores que la función pseudoaleatoria devolverá conocido el estado inicial).

Una salida prometedora, parecía ser el uso de la mecánica cuántica. Pero, aunque es cierto que se puede idear un método cuántico para obtener un valor realmente aleatorio; las peculiaridades de las leyes de la mecánica cuántica requieren que un sistema macroscópico mida e interprete ese resultado aleatorio. Sin embargo, el proceso de medir e interpretar, requiere, por su parte de una toma de decisión (¿cuándo y cómo medir?), lo que nos lleva a una regresión infinita que nunca terminaría.

No hay modo de generar un sistema aleatorio indeterminado e incondicionado, y por lo tanto, no hay modo de que se pueda seleccionar de un modo equitativo entre varias alternativas. El resultado, en mayor o menor medida, siempre va a estar determinado por las condiciones y el estado del sistema. Y si el resultado está determinado (aunque sólo sea de un modo parcial o probabilista), no hay libertad real en el proceso de decisión.

No se puede elegir con libertad entre rojo y verde, porque no hay modo de decidir con equidad e indeterminación entre ambas opciones. Por lo tanto, es absurdo suponer que el hombre posee libre albedrío; incluso si pretendemos hacer uso de hipotéticas conexiones de nuestra red neuronal con "circuitos" cuánticos. A parte de que las neurociencias parecen rechazar experimentalmente(por ahora) la hipótesis de que en nuestro cerebro ocurran procesos cuánticos relevantes.

El libre albedrío, no sería más que una ilusión surgida de la complicación (el ruido) y el caos; los cuales causarían funciones pseudoaleatorias increíblemente eficientes en su cometido. Estas funciones pseudoaleatorias, habrían sido seleccionadas evolutivamente, con el fin de otorgar al hombre de un grado de libertad nunca visto hasta nuestra aparición en el acervo génico.

Además de introducir ruido de gran calidad para producir apariencia de libre decisión, la evolución también se habría encargado de acotar las alternativas sobre las que trabajar de un modo manejable, y de un sistema de interpretación eficiente entre el ruido pseudoaleatorio y su relación con la alternativa asociada (para más información sobre el ruido externo ambiental y el ruido interno de actividad neuronal inespecífica, podéis leer este estupendo artículo).

Existen muchos estudios que apoyan todo esto que estamos tratando aquí. Por ejemplo, investigadores del Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California, en Davis, lograron predecir las decisiones de los participantes de un experimento, antes de que ellos las tomaran conscientemente mediante la medición del ruido eléctrico neuronal previo. El experimento funciona así: Los voluntarios fueron colocados frente a una pantalla y se les pidió que se concentraran en el centro de la misma. Cuando aparecía en la pantalla siempre el mismo símbolo, los sujetos tenían que tomar la decisión de si mirar a la derecha o a la izquierda, e informar a los investigadores de su decisión. Mientras tanto, los investigadores registraban la actividad de ruido eléctrico cerebral de los participantes. El símbolo aparecía a intervalos aleatorios, así que los participantes no podrían prepararse. La cuestión es que, tal como comentó Jesse Bengson, uno de los autores del estudio: "El estado del cerebro (ruido eléctrico) justo antes de la aparición del símbolo determina si va a mirar a la derecha o a la izquierda". Este estudio ha sido publicado en la revista Journal of Cognitive Neuroscience.


El sistema ideado por la evolución es tan fino, que consigue aumentar o disminuir el grado de libertad concedido a la conciencia según sea el objetivo de la decisión que se vaya a tomar: para decisiones fuertemente relacionadas con las necesidades evolutivas, el grado de libertad es casi nulo, estando la decisión casi determinada con certeza: por ejemplo, cuando nos vemos (casi) imposibilitados para comer excrementos, para mantener relaciones sexuales con un pariente cercano, o para dejar de respirar: otras veces, la decisión es tan carente de sentido evolutivo directo, que se deja al ruido eléctrico actuar libremente, tomando la decisión una ilusoria equidad ideal; como cuando se pregunta a una persona que elija entre el color rojo y el verde, si la elección no tiene efectos positivos o negativos para ella.

En los casos en los que hay un fuerte condicionamiento (como en el caso del incesto), es fácil prever la decisión de la persona, que estará fuertemente sesgada, mientras que cuando la decisión es irrelevante, simplemente habrá que estudiar el estado de ruido cerebral previo a la decisión para poder determinar la decisión pseudoaleatorio del individuo (como en el experimento anteriormente descrito de la Universidad de California). Pero la clave es que, en ningún caso se puede hablar de verdadera libertad; porque, en el primer caso, el condicionamiento evolutivo dicta por completo la decisión del hombre, que por lo tanto no es libre (no hay equidad de acción), y en el segundo caso, las condiciones iniciales del ruido que genera el proceso psuedoaleatorio del cerebro determina igualmente su decisión.

Por lo tanto, tal y como nos planteamos al inicio, aceptar la premisa (1), conduce directamente a que proponer (3) como cierta nos lleve a un absurdo. Recordemos el punto (3):
3. Ante una decisión del tipo A ó B, ambas alternativas serán equiprobables, lo que no hace más que señalar la necesidad de una indeterminación en la elección final del individuo, de modo que podamos hablar de verdadera libertad. Si un individuo es realmente libre de elegir entre A y B, no estará condicionado (ni siquiera parcialmente) a elegir una alternativa sobre la otra, por lo que la probabilidad a priori de que seleccione cualquier opción será en principio del 50% (1/2).
Hemos visto que esta supuesta libertad es absurda, en tanto que no es posible imaginar modo alguno en que conseguir un proceso físico macroscópico totalmente indeterminado. La evolución, por tanto, jamás pudo conseguir tal cosa con nosotros, puesto que parece algo prohibido ya desde un punto de vista teórico. No hay libre albedrío entendido al estilo religioso, y tampoco es posible ese libre albedrío teorizado en una concepción más débil (para salir al paso).

No nos dejemos engañar; no somos en absoluto libres, porque la libertad en nuestro mundo, es imposible.

viernes, 24 de octubre de 2014

Carlos Belmonte hablando sobre la ilusión del libre albedrío


Carlos Belmonte (Albacete, 1943) fue fundador del Instituto de Neurociencias de Alicante (CSIC-UMH), que dirigió entre 1989 y 2009, y ha estudiado en profundidad los mecanismos responsables del dolor. La semana pasada recibió la distinción de Maestro de la Lección Magistral Andrés Laguna 2014, que otorgan la Universidad de Alcalá y la Fundación Lilly, y realizó un repaso a las últimas décadas de la neurociencia en España. Desde su conocimiento del pasado, tampoco rehuye hacer predicciones sobre el futuro en el que ve la neurociencia como una fuente de conocimiento que transformará nuestra manera de entender el dolor, la vida después de la muerte o la culpa.

Os paso a continuación un enlace a una entrevista que ha realizado para el diario El País: http://elpais.com/elpais/2014/10/21/ciencia/1413885358_297991.html

Es una entrevista muy interesante, donde Carlos Belmonte comenta que nuestro concepto de libertad es una ilusión, y que estamos condicionados:

"El concepto de libertad es una ilusión sostenida entre los seres humanos que se basa en que las probabilidades de realizar un acto diferente son tan altas que, en este momento, es imposible predecir lo que va a hacer alguien. Porque son 85.000 millones de neuronas, multiplicado por 1.000 conexiones de media por neurona. Las posibilidades son casi infinitas, pero son finitas, así que al final se va a poder hacer algo que se parecerá extraordinariamente a la actividad de un ser humano.Nuestro concepto de libertad es falso. Estamos condicionados. La consciencia es menos del 10% de nuestra actividad cerebral en un momento determinado. Ahora se está estudiando mucho cómo se producen las decisiones y es evidente que la decisión está tomada mucho antes de que tú la conozcas conscientemente y la expliques. De hecho, cuando se modifica artificalmente una decisión, el sujeto la explica igual. Nosotros explicamos a posteriori las decisiones que adopta nuestro cerebro basándose en la memoria, en las emociones y en toda una serie de datos que se procesan de una manera inconsciente.
Ese es el mérito de Freud, que fue capaz de hablar del inconsciente como un elemento fundamental en la manera de funcionar de los seres humanos. El cerebro es una maquinita hecha para facilitar nuestra supervivencia y todo lo que llamamos procesos mentales complejos en realidad no son más que maneras de analizar los datos, la información y adoptar una información que siempre tiene unos componentes de supervivencia críticos, ya sea nutrición, sexo o cuidados de las crías, de los que no somos conscientes."

La entrevista merece mucho la pena ser leída. Espero que os guste.

Un saludo.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Estudio de la ilusión del libre albedrío (por reducción al absurdo)


A ninguno de nosotros le gusta el pensamiento de que lo que hacemos depende de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la voluntad, el libre albedrío, el autocontrol…Quizás sería más honesto decir: "Mi decisión fue determinada por fuerzas internas que desconozco" 
Marvin Minsky       


He leído hoy un artículo de Pitiklinov en el magnífico blog La Nueva Ilustración Evolucionista.

En el artículo se habla sobre un nuevo estudio sobre el libre albedrío en el hombre, y se menciona el libro The Illusion of Conscious will, de Daniel Wegner.

No voy a repetir aquí lo que Pitiklinov resume estupendamente en su artículo (os recomiendo que leáis la entrada original en el enlace de arriba). Pero sí quiero aportar una pequeña reflexión personal sobre la cuestión del libre albedrío.

Hay mucho debate a favor o en contra, pero me gustaría señalar una posibilidad de estudio sobre este tema, que no se suele tener mucho en cuenta: la reducción al absurdo.

Intentemos ir por reducción al absurdo:

Un verdadero libre albedrío; una libertad plena de decisión, requeriría reflexionar sobre infinitas posibilidades de acción (si puedo hacer lo que quiera, tengo que reflexionar sobre todo eso que puedo hacer antes de actuar). Es decir; que si realmente podemos hacer lo que queramos, habrá que contrastar la infinidad de opciones de que disponemos y elegir una.

Pero reflexionar sobre infinitas posibilidades de acción en un tiempo finito es un absurdo, luego las posibilidades sobre las que se puede reflexionar en cada momento deben ser finitas, y por lo tanto, estarán acotadas.

Y si las posibilidades se acotan, hay infinidad de acciones que no se tienen en cuenta para la decisión, luego no puede existir una total libertad de acción.

La cuestión es: ¿cómo se acotan las infinitas posibilidades? Pues es obvio, la evolución se ha encargado de que sólo tengamos en cuenta la información más relevante para cada tipo de decisión concreta...pero eso no es libre albedrío ni de lejos.

Yo estoy bastante de acuerdo con Daniel Wegner, la idea de que tenemos una plena libertad de acción es una mera ilusión adaptativa, y estoy de acuerdo con Pitiklinov en que dicha ilusión tiene mucha semejanza con el heurístico del sesgo optimista: de hecho, es cierto que puede haber una fuerte interconexión entre ambos. Si la idea de poseer libre albedrío nos hace sentir bien (y empíricamente es algo obvio que es así), el sesgo optimista tenderá a fortalecer la creencia de que SÍ que es así. A pesar de todas las evidencias en contra que pueda haber, hay personas cuyo heurístico optimista no les permite aceptar que son meros autómatas.

Voy, por último, a proponer dos ejemplos que demuestran la reducción al absurdo de la que hablo de un modo práctico:

1) Imaginemos, primero, un experimento ideal, donde se nos propone simplemente que elijamos el color de un coche que nos van a regalar de entre 3 posibles colores posibles: rojo, vede o azul (hay que hacer notar que en este experimento, el peso de cada color es el mismo. Ningún color tiene mayor valor teórico que otro).

El grado de libertad de este ejemplo es de 3, uno por cada color, y no habría problemas en aceptar que el individuo realmente puede tomar fácilmente en consideración cada uno de estos 3 colores y decidir finalmente qué color desea.

Pero ahora vamos a modificar el experimento, y en lugar de 3 colores donde elegir, vamos a proponer al individuo una paleta de 30 colores diferentes. Es indudable que la persona en este caso se sentirá un poco incómoda, mirando la paleta de colores de arriba a abajo. Conforme el grado de libertad aumenta, cuesta más trabajo considerar todas las posibilidades para realizar una decisión.

Llega un momento, conforme el grado de libertad aumenta, que simplemente hay que acotar las posibilidades a tener en cuenta, o nos quedaríamos irremediablemente atascados en el proceso de descarte de entre un grupo enorme de posibilidades.

La reducción al absurdo que propongo, sería el equivalente a que el grado de libertad tienda a infinito: si nos proponen elegir un color cualquiera a voluntad, de entre la infinita gama de colores posibles (no hay límite teórico en el número de colores posibles), simplemente sería imposible considerar todas las opciones: es forzoso acotar la decisión a un grado de libertad finito (y pequeño) para poder llevar a cabo el proceso de tomar una decisión.

Pero si es necesario acotar y descartar una infinidad de posibilidades, el proceso de toma de decisión NO ES LIBRE, puesto que se acota (y de un modo inconsciente) la volición siempre a unas pocas posibilidades de entre una gama mucho mayor (y normalmente infinita). 

2) Pongo un último ejemplo, más claro si cabe, de lo que digo:

Imaginemos que tenemos sed, y que hay una fuente a cien metros de nosotros, pero que entre medias hay un pasadizo con precipicios a ambos lados. Puede parecer que hay poco que decidir en este caso, pero la cosa no es tan sencilla.

Si realmente tenemos libre albedrío, deberíamos poder decidir entre una infinidad de rutas y modos de ir a la fuente. Podríamos ir a la fuente haciendo el pino con las manos, o a la pata coja; andando de espaldas, dando dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, arrastrándonos por el suelo, dando volteretas, dando saltitos, ir rodando, dando tres pasos hacia delante y dos hacia atrás; podríamos ir hacia atrás 500 metros y luego avanzar 600 hasta llegar a la fuente, podríamos, a pesar de la sed, sentarnos y esperar 5 horas antes de ir a la fuente, etc, etc.

Las posibilidades son infinitas (el grado de libertad es infinito). Sin embargo, nadie se queda atascado en un bucle repasando todas esas posibilidades de acción, y se termina descartando (involuntariamente) toda esa infinidad a excepción de unas pocas posibilidades (se reduce el grado de libertad, a un grado manejable por la mente).

En resumen: ante el dilema de ir a la fuente y saciar la sed hay infinitos caminos, modos y momentos de actuación, pero finalmente se tienen en consideración sólo unos pocos de entre los que se termina eligiendo uno. ¡¡Pero esto no es libre albedrío!!

Cuando le preguntas a alguien: ¿por qué has ido andando en línea recta a la fuente en lugar de retroceder 500 pasos antes de avanzar de nuevo? Simplemente te dirá: porque he preferido lo primero a lo segundo, pero estará mintiendo, puesto que la segunda opción NUNCA la tuvo en cuenta (como tampoco tuvo en cuenta ir 501 pasos hacia atrás, ni 502, etc). Él puede creer que tuvo la posibilidad de actuar yendo hacia atrás pero eso es una ilusión,  realmente no le pasó por la conciencia esa alternativa, y evidentemente, aquellas alternativas que no se tienen en cuenta, NO SE PUEDEN ELEGIR de modo alguno.

Hay un proceso inconsciente de acotación de alternativas, ¡¡y es ese proceso (necesario para la supervivencia, por otra parte) el destruye toda nuestra hipotética capacidad de libre elección!! Es algo evidente.

Y como dije ya antes, dicha acotación se produce por un proceso evolutivo. Aquellas alternativas que han dado un mejor resultado reproductivo, son las que prevalecen frente a sus rivales. Esas acotaciones históricas, se ven reflejadas fisiológicamente, en el proceso heurístico inconsciente que se encarga de descartar y acomodar las posibilidades.

Y ya, por otra parte, el asunto de si finalmente la toma final de la decisión (una vez hecha la acotación) la realiza la consciencia, o si la decisión también la toma un heurístico (y a la consciencia llega sólo una falsa ilusión de volición) es otro asunto. Lo fundamental que se quería señalar en esta entrada, es que la idea de libre albedrío es lógicamente inconsistente, y que se puede demostrar dicha inconsistencia por reducción al absurdo.

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Edito para añadir el siguiente debate que he mantenido con un contertulio en el blog La Nueva Ilustración Evolucionista:
Masgüel dijo...
"si finalmente la toma final de la decisión (una vez hecha la acotación) la realiza la consciencia, o si la decisión también la toma un heurístico (y a la consciencia llega sólo una falsa ilusión de volición) es otro asunto."

¿Otro asunto?. Ese es el asunto que trata el libro de Wegner.

"hay infinitos caminos, modos y momentos de actuación, pero finalmente se tienen en consideración sólo unos pocos de entre los que se termina eligiendo uno. ¡¡Pero esto no es libre albedrío!!"

Si no tomas en consideración los argumentos en contra de tus opiniones, no tiene sentido discutir contigo. Si de entrada identificas libre albedrío y omnipotencia, lo absurdo es molestarse en reducirlo al absurdo. La libertad, como venimos repitiendo, no es eso. Te empeñas en una falsa dicotomía.
http://www.youtube.com/watch?v=bXKvRNnXF3A
Samu dijo...
Saludos, Masgüel.

"¿Otro asunto?. Ese es el asunto que trata el libro de Wegner."

Ya lo sé, pero yo estoy tratando un tema relacionado en parte, pero no por completo con el planteamiento de Wegner. Yo creo que, aún aceptando que la conciencia tome la decisión final, se puede comprobar por reducción al absurdo, que hay una criba previa de posibilidades entre las que elegir; y que dicha criba es evolutiva, inconsciente, y que implica un proceso previo involuntario que imposibilita un verdadero libre albedrío. ¿Me permite usted que trate este tema o hay que ceñirse al libro de Wagner?

"Si de entrada identificas libre albedrío y omnipotencia, lo absurdo es molestarse en reducirlo al absurdo."

A ver, amigo. Si se habla de una libertad completa de acción, eso no puede significar más que se puede hacer cualquier cosa que uno se proponga hacer en el momento que se quiera. ¿Cierto, verdad?

Pero eso implica que cuando se decide hacer algo, se debe tener en cuenta y luego rechazar TODO lo demás, y ese todo es infinito.

En el ejemplo que te propongo, si decides ir en línea recta al pozo, estás descartando infinitas otras posibilidades: como por ejemplo, ir hacia atrás 500 pasos y luego avanzar, ir atrás 501 pasos y luego avanzar, etc.

Un verdadero libre albedrío debería poder tener en cuenta cada posibilidad diferente, y luego decidirse por una de ellas; porque, de lo contrario, si directamente se ignoran las alternativas, se está decidiendo sobre un conjunto menor de posibilidades: ¡¡con lo que hay alternativas que sencillamente NO puedes decidir hacer porque ni te la planteas (hay una criba previa que acota el grado de libertad)!!

¿No lo comrpendes?

Un saludo, amigo.
Masgüel dijo...
Lo comprendo muy bien. La libertad no es absoluta, no es omnipotente. Es condicionada. Entre otras cosas, por la cantidad de opciones que en cada caso podamos o nos parezca oportuno considerar. Lo venimos repitiendo desde el principio. Pero que nuestra libertad sea condicionada no nos convierte en autómatas. ¿Lo comprendes tú?.
Samu dijo...
"La libertad no es absoluta, no es omnipotente. Es condicionada.Pero que nuestra libertad sea condicionada no nos convierte en autómatas."

Pues la verdad que me parece absurdo defender que una "libertad" condicionada se pueda llamar libre albedrío. Pero si usted se siente mejor así, pues ande, llame libre albedrío a decidir entra las 4 opciones que un heurístico evolutivo (inconsciente e involuntario) le permite tomar.

Aunque, con todos mis respetos, me parece ridículo llamar a eso libre voluntad.

Un saludo, amigo.
Masgüel dijo...
Aunque las opciones fuesen dos y siempre las mismas, lo ridículo es afirmar que la decisión es un automatismo, si entre las dos, elegimos.

"llame libre albedrío a decidir entra las 4 opciones que un heurístico evolutivo (inconsciente e involuntario) le permite tomar."

Las opciones que "la evolución" me permite tomar no son 4. Son infinitas. Claro está, vez por vez. Porque "la evolución", repito, repito, repito, nos impide hacer infinitas cosas y nos permite hacer otras tantas. Pero están por inventar. El espacio muestral para la organización de formas naturales es indefinido. El universo se construye sobre la marcha.
Samu dijo...
"Aunque las opciones fuesen dos y siempre las mismas, lo ridículo es afirmar que la decisión es un automatismo, si entre las dos, elegimos."

Venga, hombre, no me venga con esas. Si a usted le permiten elegir entre dos y sólo dos opciones, no será un completo autómata, pero no poseerá libre albedrío en absoluto: que es precisamente lo que llevo yo proponiendo desde el principio.

Se puede, por lo tanto, reducir al absurdo la posibilidad del auténtico libre albedrío; y, como mucho (en el mejor caso), podemos quedarnos, porque a falta de pan buenas son tortas, con esa libertad parcialísima y acotadísima que nos permitiría la evolución.

Porque luego está el hecho de que es muy discutible (como proponen Wegner y otros muchos estudios) de que sea nuestra conciencia la que tome finalmente la decisión de entre ese espacio muestral que ofrece la evolución.

Es decir, que en el mejor caso, podemos elegir de entre un grado de libertad acotado y reducido por un proceso inconsciente e involuntario previo, y en el peor caso, ni siquiera eso.

E insisto, con respeto, que si usted llama a cualquiera de estas dos posibilidades, libre albedrío, me parece ridículo.

Un saludo, amigo.
Masgüel dijo...
Si leyeses, mucho más arriba, dije que me sumo a la recomendación de cambiar de vocabulario y hablar de capacidad para elegir o tomar decisiones. El término "libre albedrío" parece condenado a llevar la discusión sobre la libertad a esa absurda dicotomía metafísica entre mecanicismo y omnipotencia.
Samu dijo...
"Si leyeses, mucho más arriba, dije que me sumo a la recomendación de cambiar de vocabulario y hablar de capacidad para elegir o tomar decisiones."

Bueno, pues si usted asume eso, no sé a qué viene a debatir conmigo, cuando todo lo que yo he dicho aquí desde el principio se relaciona con laposible refutación del libre albedrío (el de verdad) en el hombre, mediante la reducción al absurdo.

Parece que está usted de acuerdo conmigo, pero al mismo tiempo no quiere reconocerlo o algo así.

Un saludo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

La ilusión tras el supuesto libre albedrío en el hombre


Tratemos desde un punto de vista naturalizado la clásica y errónea afirmación sobre la realidad del libre albedrío en el ser humano. 

Expongo mi argumentación a continuación:

(1) La premisa inicial, y totalmente necesaria de mi planteamiento, es que la teoría de la evolución nos muestra la realidad sobre la existencia y origen de todos y cada uno de los seres vivos del planeta.  A partir de aquí, seguimos:

(1.1) En la actualidad, la teoría de la evolución explica el origen  y estado actual de los seres vivos, mediante la continua transformación en el espacio y tiempo del conjunto de genes en el acervo génico de nuestro planeta.

(1.2) Un gen no es más que un conjunto de moléculas -y una molécula, un conjunto de átomos unidos en este caso mediante enlaces covalentes-. Y, es importante señalar, que no es nada más que eso: una secuencia ordenada de moléculas consecuencia de las leyes mecánicas de la naturaleza actuando en el espacio-tiempo.

(1.3) La expresión de la información contenida en un gen -o conjunto de genes- da lugar al fenotipo del individuo. Es decir, que la enorme secuencia de moléculas que conforman el genotipo de un ser vivo cualquiera, es el único responsable de su fenotipo, y de nuevo, dicho proceso de expresión es únicamente consecuencia de las leyes mecánicas de la naturaleza.

(1.4) El fenotipo es cualquier característica detectable de un organismo (estructural, bioquímica, fisiológica o conductual) y viene determinada por la interacción entre su genotipo y el medio ambiente.

(1.5) El medio ambiente es por definición, todo lo que rodea al ser vivo. Y todo lo que rodea al ser vivo es naturaleza: materia, energía, y leyes naturales interactuando en el espacio-tiempo.

(2) Todas las plantas y animales son por definición seres vivos.

(3) Según (2),  (1) , (1.3), y (1.4) toda planta y animal consiste y es, simplemente un conjunto ordenado de moléculas muy específicas, que mediante la mecánica se expresan de una manera muy determinada dando lugar a un organismo o individuo.

(4) El ser humano, por definición, es un ser vivo y forma parte del reino animal.

(5) El ser humano; cada hombre, su organismo todo, es; según (4) y las premisas de (4), simplemente un conjunto de materia unida y ordenada por un proceso evolutivo, siguiendo exclusivamente las leyes naturales. Según (1.4) todo su ser viene determinado por su organismo, el cual viene determinado por la expresión natural de su genotipo junto con el medio ambiente.

(6) Según (5) y (1.5), no es necesario para explicar el origen del ser humano ningún ente o acto sobrenatural.

(7) Puesto que el hombre es sólo, y exclusivamente, consecuencia de procesos naturales (6), su conducta no puede requerir o necesitar de algo sobrenatural. Sería una contradicción, y además, las evidencias empíricas muestras justo lo contrario: la conducta del hombre viene preestablecida evolutivamente en su genotipo. Dicha regulación, se sabe además, se expresa fundamentalmente en el organismo, en el sistema neuroendocrino.

(8) El sistema neuroendocrino, es consecuencia del genotipo del individuo (1.4), y en resumen, utiliza la química para compensar o castigar cualquier acto de un individuo. Por ejemplo, para recompensar el enamoramiento o el orgasmo, libera endorfinas.

(9) Según (7) y (8), el organismo humano al completo, incluyendo toda su conducta, es consecuencia única y exclusivamente de procesos naturales: materia actuando en el espacio-tiempo mediante su subordinación a las leyes mecánicas del mundo.

(10) La motivación, por definición, es el concepto en el que englobamos las causas que empujan a un organismo a actuar o moverse. Pero, según (9) vemos que toda conducta o actuación del hombre tiene su base en procesos naturales, más concretamente, según (7) y (8), la motivación es consecuencia de la expresión genética del individuo.

(11) Llegamos con (10) a que toda motivación en el hombre está al servicio de [b]su [/b] genética, y esta, es sólo consecuencia de un proceso evolutivo natural.

(12) Según (11) y (1.3), vemos que todos nuestros actos, del más simple o automático, al más complejo, vienen determinados evolutivamente, y que esta evolución no es más que un proceso natural espontáneo e irracional. No se persigue ningún fin esencial, más que el propio ser. Esto ya lo vio Schopenhauer, y por eso su Voluntad es un querer sin saber qué, porque la propia naturaleza y sus leyes son un querer y un movimiento sin objetivo, y sabemos que él identificó dichas leyes como una objetivación de la Voluntad.

(13) Por otra parte, el hombre en particular, tiene la facultad de poder recordar el pasado remoto, ver el estado presente, y reflexionar sobre su estado futuro. Pero dicha facultad, recordemos, sólo puede ser consecuencia de un complejo proceso neuronal que ocurra en el cerebro del individuo. Según (4) y (3), no puede ser de otra forma, ya que aceptamos que todo el hombre en sí, no es más que naturaleza.

(14) Gracias a (13), el hombre es capaz de decidir conscientemente qué estima es lo más recomendable hacer en cada instante; puede decidir qué hacer. Y de aquí proviene la clásica ilusión del libre albedrío: se toma esta libertad de decisión por una libertad de acción. Pero nosotros sabemos que eso no es cierto. Schopenhauer también lo vio: el hombre, dijo; puede hacer lo que quiera, pero no decidir qué es lo que quiere. Y es que esa decisión –“qué es lo que quiere”- está predeterminada –programada- en su fenotipo, el cual incluye según aceptamos en (8) el sistema neuroendocrino.

(15) Y según (14) y anteriores, vemos que es el sistema neuroendocrino el que determina qué quiere el hombre –mediante un proceso químico de recompensa/castigo-, y ahí es donde nos encontramos el determinismo natural. Podemos reflexionar y seleccionar la mejor alternativa para conseguir un fin, pero ese fin, siempre va a estar predeterminado evolutivamente.

Conclusión: El ser humano no es libre de ninguna manera. Tiene cierta libertad de decisión, pero con una finalidad en su actuación o motivación bien determinada genéticamente (11). No existe tal libertad; sólo somos lo que somos, y estamos obligados a serlo. Concluimos además, que nuestra existencia y nuestros actos no requieren de ningún ente sobrenatural, y es evidente que la naturaleza actúa de manera espontánea, sin perseguir ningún fin esencial: actúa de manera ciega e irracional, y como simples consecuencia de ella que somos, compartimos ese nihilismo.
La naturaleza es un querer insaciable y sinsentido, y eso explica nuestro ser: individuos atormentados y obligados naturalmente a sufrir por nada. Nos dejamos llevar por el infranqueable hedonismo al que nos lleva nuestra naturaleza; luchamos constantemente por sobrevivir y procrear hasta el día de nuestra muerte, y ni siquiera sabemos por o para qué: es natural, no hay respuesta para esa pregunta.

Un cordial saludo a todos.