Leyendo el libro
Silogismos de la amargura de Emil Cioran, me ha llamado mucho la atención este fragmento de la obra:
"Una naturaleza religiosa se define menos por sus convicciones que por la necesidad de prolongar sus sufrimientos más allá de la muerte."
Cuánta verdad tiene aquí
Cioran. La persona religiosa, es el mayor representante de ese deseo irracional y ciego que a todos nos empuja a diario a querer; a querer ser, por el simple hecho de ser.
Y todo eso del
paraíso no es más que una burda
excusa: lo que el religioso quiere es vivir...sobrevivir. Quieren seguir cumpliendo, como buenos chicos, esa tarea que la naturaleza les ha encomendado. Quieren vivir más, y a ser posible mejor...pero no es necesario que sea mucho mejor: lo importante es seguir existiendo a toda costa,
no importa el dolor o el sufrimiento, no se concibe el no-ser, la biología dicta el deseo de vivir, y el religioso lleva este dictamen hasta sus últimas consecuencias:
¡desde su lecho de muerte, piden más!
Valga de ejemplo este artículo que publica hoy el diario
El Mundo:
http://www.elmundo.es/espana/2014/11/27/54763b2dca4741d96b8b457c.html
En él, se relata una serie de entrevistas que le hacen a una persona con cáncer terminal, días antes de su muerte. Este hombre, tras una vida de lucha, termina sus días con un doloroso y asfixiante cáncer de pulmón...sin embargo, pide más. En un momento de la entrevista dice:
"Hay que hacerme de todo. Pelarme la fruta, asearme, sacarme a pasear, llevarme al baño... En sólo una semana he notado que la curva va hacia abajo rápidamente. Pero por alguna extraña circunstancia me lo estoy tomando con deportividad. A mí me ayuda muchísimo la fe: estoy muy esperanzado con que, cuando esto acabe, me voy a encontrar con algo plenamente satisfactorio.[...]"
Nadie puede soportar la
no-existencia. Esta persona, soporta el sufrimiento y el dolor, y soporta la angustia, porque realmente
cree que va a seguir existiendo. Ahí reside el anhelo del creyente; ese es su verdadero y codiciado
paraíso, la prolongación de la vida; lo demás son
pretextos.
Sin embargo, no saben lo que piden. Prolongar una vida consciente durante una eternidad...eso es, sin ninguna duda, el infierno más atroz que el ser humano pueda imaginar. Lo que ocurre es que, simplemente, se dejan llevar por sus
instintos naturales: ¡quieren sobrevivir!