sábado, 26 de enero de 2019

Gran avance de Google DeepMind hacia una inteligencia artificial general


Nuevo hito logrado por DeepMind en el camino hacia una inteligencia artificial general. En esta ocasión han logrado entrenar una red neuronal capaz de vencer a los mejores jugadores humanos en un juego de compleja estrategia y de información imperfecta: StarCraft 2.
Y que nadie se engañe porque estemos hablando de un "juego": el hecho de que una red neuronal haya sido capaz de idear (literalmente) en tiempo real estrategias en un juego donde existen miles de billones de variantes, y donde además no se sabe qué es lo que el contrincante está planeando contra ti (sus unidades están ocultas gran parte del tiempo), ni se conocen todos los detalles del terreno de juego (donde hay recursos y donde no), indican que la red neuronal de Google DeepMind sencillamente tiene una gran "intuición", grandes dotes "imaginativas", y una capacidad "cognitiva" estratégica que sencillamente es (casi) indistinguible de la humana (sería totalmente indistinguible si no fuera porque, paradójicamente, juega "humanamente" mejor que cualquier humano).
Esta red neuronal es capaz literalmente de generalizar en situaciones donde hay información imperfecta, incompleta (con "ruido"), y tareas complejas y complicadas que hacer; donde hay que prever qué piensa hacer el enemigo, imaginar la mejor forma de jugar midiendo las consecuencias al medio-largo plazo de las acciones actuales, y todo en igualdad de condiciones que el jugador humano. Esto significa que la red neuronal tiene acceso a la misma información visual que el contrincante, y de hecho, está capada para que no pueda realizar más "clicks" (acciones por segundo) de lo que humanamente a nosotros nos permiten nuestros dedos y nuestra mente...y aún así ha logrado vencer a los mejores jugadores del mundo en el 100% de las ocasiones en dos torneos realizados.
Y es importante enfatizar que este hito supone algo mucho mayor que lo que supuso AlphaZero (donde esta red neuronal derrotaba sin fuerza bruta y usando una "intuición" casi humana a los mejores humanos en juegos de información perfecta: Go, ajedrez, etc.), ahora se trata de que hemos logrado "imitar" habilidades humanas que van mucho más allá de esta limitada "intuición" de AlphaZero: ahora se ha logrado generalizar no sólo situaciones donde basta algo de "intuición", sino situaciones donde es necesario "imaginar" qué está pensando hacer el oponente (teoría de la mente), "idear" estrategias complejas a medio-largo plazo, "entender y comprender" cómo manejar planos imprecisos e incompletos y cómo ordenar el uso de cientos de unidades distintas ("piezas") de manera cooperativa para lograr llevar a cabo esas metas previamente "planeadas", lo cual indica que también se ha logrado simular algo así como "memoria" a corto y largo plazo.
Pero lo más importante es que el modo en que se ha logrado entrenar esta complejísima red neuronal es aplicable a una enorme variedad de otras situaciones (que van más allá de los juegos de ordenador); algo que sin embargo no ocurría con AlphaZero debido a que sólo aplicaba a situaciones de información perfecta (las cuales son raras en el mundo real) y que no requería actuar en tiempo real. Con AlphaStar, sin embargo, DeepMind está en posesión de un "ente cognitivo" que puede hacer frente a situaciones muy similares a las de nuestro día a día, y posiblemente pasará a ser conocido históricamente como el verdadero primer paso logrado hacia la deseada inteligencia artificial general (la cual visto lo visto probablemente llegará en dos o tres décadas lo más tardar).

jueves, 24 de enero de 2019

La física de partículas podría haber llegado a su final (II)

Os dejo a continuación una nueva traducción de otro artículo escrito por la física Sabine Hossenfelder nada menos que para el diario The New York Times. Espero os resulte de interés.
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Diez años después, el Gran Colisionador de Hadrones no logró los descubrimientos apasionantes que los científicos prometieron para conseguir financiar su construcción.
Leslye Davis / The New York Times
El Gran Colisionador de Hadrones es el acelerador de partículas más grande del mundo. Es un anillo subterráneo de 16 millas de largo, ubicado en el CERN en Ginebra, en el que los protones chocan a casi la velocidad de la luz. Con un presupuesto inicial de $ 5 mil millones y un costo de operación anual de $ 1 mil millones, el LHC es el instrumento más caro jamás construido, y eso es a pesar de que reutiliza el túnel de un colisionador anterior.
El LHC ha recopilado datos desde septiembre de 2008. El mes pasado, se completó la segunda ejecución experimental (Run 2) y el colisionador se cerrará durante los próximos dos años para nuevas actualizaciones programadas. Ya con el LHC en pausa, los físicos de partículas están haciendo planes para construir un colisionador aún más grande. La semana pasada, el CERN reveló planes para construir un acelerador que sería mucho mayor y más poderoso que el LHC, el cual costaría más de $ 10 mil millones.
Yo solía ​​ser física de partículas. En mi tesis del doctorado hice predicciones para el LHC, y aunque con el tiempo dejé de trabajar en este campo de la física, sigo creyendo que golpear partículas entre sí es la ruta más prometedora para comprender de qué se compone la materia y cómo se mantiene unida. Pero $ 10 mil millones es un presupuesto que me parece demasiado fuerte. Y no estoy segura de que valga la pena.
En 2012, los experimentos en el LHC confirmaron el descubrimiento del bosón de Higgs , una predicción que se remonta a la década de 1960, y que sigue siendo el único descubrimiento realizado en el LHC. Los físicos de partículas se apresuran a enfatizar que han aprendido otras cosas: por ejemplo, ahora tienen un mejor conocimiento sobre la estructura del protón y han visto nuevas partículas compuestas (aunque inestables). Pero seamos honestos: el resultado general de la mil millonaria inversión en el LHC fue decepcionante.
Antes de que LHC comenzara a funcionar, los físicos de partículas tenían predicciones más emocionantes que meramente descubrir el famoso bosón. Pensaron que otras partículas nuevas también aparecerían cerca de la escala de energía a la cual se podría producir el Higgs. También pensaron que el LHC vería evidencia de nuevas dimensiones del espacio. Además, esperaban que este gigantesco colisionador diera pistas sobre la naturaleza de la materia oscura (que los astrofísicos creen que constituye el 85 por ciento de la materia en el universo) o sobre una fuerza unificada.
Las historias sobre nuevas partículas, materia oscura y dimensiones adicionales se repitieron en innumerables medios de comunicación desde antes del lanzamiento del LHC hasta hace unos años . ¿Qué pasó con todas esas predicciones? La respuesta es simple: Todas esas predicciones resultaron erróneas, eso está claro ahora.
El problema es que una "predicción" en la física de partículas es hoy por hoy poco más que conjeturar (especular). En los últimos 30 años, los físicos de partículas han producido miles de teorías cuyas matemáticas pueden utilizarse para "predecir" prácticamente casi cualquier cosa. Por ejemplo, en 2015, cuando una fluctuación estadística en los datos de LHC parecía ser una nueva partícula, los físicos produjeron más de 500 artículos en ocho meses para explicar lo que luego resultó ser simplemente ruido. Lo mismo ha ocurrido muchas otras veces para fluctuaciones similares, demostrando cuán inútiles son esas ilusorias "predicciones" disfrazadas de ecuaciones.
Hasta la fecha, los físicos de partículas no tienen realmente una predicción matemática sólida y confiable que apoye la idea de que debe haber algo nuevo que encontrar hasta nada menos que unos 15 órdenes de magnitud por encima de las energías actualmente accesibles (es decir, que las matemáticas sólo garantizan que hay algo nuevo al alcanzar estos nuevos 15 órdenes de magnitud en la energía de colisión, algo que escapa y escapará de nuestro alcance tecnológico durante siglos o milenios). Desafortunadamente, los físicos de partículas no han sido muy receptivos con esta información. El año pasado, Nigel Lockyer, el director interino de Fermilab, dijo a la BBC : "A partir de un simple cálculo de la masa de Higgs, tiene que haber nueva ciencia". Este "cálculo simple" predice precisamente que el LHC ya debería haber visto nueva ciencia. Pero no ha sido así.
Hace poco encontré un video promocional para el Future Circular Collider que los físicos se han propuesto construir en el CERN. Este video, que se encuentra en el sitio web del CERN, anuncia la máquina planificada como una prueba para la materia oscura y como una sonda para determinar el origen del universo. Es extremadamente engañoso: sí, es posible que un nuevo colisionador encuentre una partícula que forme la materia oscura, pero no hay ninguna razón particular para pensar que lo hará. Y tal máquina no nos dirá nada sobre el origen del universo. Paola Catapano, jefa de producciones audiovisuales del CERN, me informó que este video "obviamente está dirigido a políticos y no a otros físicos, y utiliza los mismos argumentos que los utilizados para promover el LHC en los años 90".
Pero los grandes experimentos científicos de este tipo son inversiones que hipotecan nuestro futuro. Las decisiones sobre qué financiar deberían basarse en hechos, no en publicidades brillantes. Pero para esto, necesitamos saber cuándo una predicción es una predicción y no solo una conjetura. Y si los físicos de partículas solo tienen actualmente suposiciones (especulaciones), tal vez deberíamos esperar hasta que tengan mejores razones con las que justificar que un colisionador más grande pueda encontrar algo nuevo.
Ciertamente algunos desarrollos tecnológicos, como los imanes potentes, se benefician de estos colisionadores de partículas, y también la física de partículas contribuye positivamente a la educación científica en general. Y sin duda estas son inversiones valiosas, pero si es esto en lo que nos queremos gastar dinero, no es necesario cavar un gigantesco túnel para conseguirlo.
Además hay otras vías a seguir. Por ejemplo, las observaciones astrofísicas que apuntan hacia la materia oscura deberían explorarse más a fondo. Comprender mejor esas observaciones nos ayudaría a hacer predicciones más confiables sobre si un colisionador más grande puede producir la partícula de materia oscura, incluso si es una partícula. Habría que estudiar mejor en qué invertir el dinero aquí y ahora antes de lanzarnos como locos a cavar a ciegas.
También hay interesantes experimentos de escala más modesta (presupuestos más pequeños) que se dejan de construir porque los proyectos gigantescos consumen todo el dinero. Un proyecto importante de modesto presupuesto sería, por ejemplo, el que intentar dilucidar la interfaz entre el reino cuántico y la gravedad, algo que ahora es accesible a pruebas experimentales. Otro lugar donde los descubrimientos podrían estar esperando es en los fundamentos de la mecánica cuántica. Estos experimentos más modestos podrían tener además importantes impactos tecnológicos (cosa dudosa en el caso de invertir en un nuevo acelerador).
Ahora que se está actualizando el LHC, y que los experimentos de física de partículas en el detector se están tomando un descanso, es hora quizás de que los físicos de partículas retrocedan y reflexionen sobre el estado actual de este campo de la física. Es hora de que se pregunten por qué ninguna de las emocionantes predicciones que prometieron han acabado finalmente en descubrimientos. Posiblemente el dinero no resolverá este problema de "predicciones" erróneas. Y tampoco lo hará un colisionador de partículas más grande.
Sabine Hossenfelder es investigadora en el "Instituto de Estudios Avanzados de Frankfurt" y autora del libro "Lost in Math: How Beauty Leads Physics Astray".

miércoles, 23 de enero de 2019

La física de partículas podría haber llegado a su final

Os dejo a continuación una traducción del último (y muy interesante) artículo de la física Sabine Hossenfelder. Espero os resulte de interés.
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El comunicado de prensa del CERN sobre los planes para un colisionador de partículas más grande apareció finalmente en los titulares internacionales. Desafortunadamente, la mayoría de los artículos sobre el tema simplemente repiten el comunicado de prensa y no explican cuánto ha cambiado la situación en la física de partículas tras los datos del LHC. 
Desde fines de la década de 1960, cuando los físicos afrontaron el "zoo de partículas" en las energías nucleares, siempre se tuvo una buena razón para construir un colisionador más grande. Y eso era porque las teorías de la materia elemental estaban incompletas. Pero ahora, con el bosón de Higgs encontrado en 2012, la teoría (el "modelo estándar de la física de partículas") está completa. Todo está listo y todo cuadra. No hay nada que falte. Todos los Pokemon fueron "atrapados".
De hecho, el Higgs fue la última buena predicción que tuvieron los físicos de partículas. Esta predicción se remonta a la década de 1960 y se basó en matemáticas sólidas. En contraste con esto, las predicciones actuales para buscar nuevas partículas en un colisionador más grande (por ejemplo las partículas de supersimétricas o la partícula de materia oscura) no se basan en matemáticas sólidas. Estas predicciones se basan en lo que se llama el "argumento de la naturalidad", y estos argumentos son poco más que especulaciones vestidas con ecuaciones matemáticas. 
He explicado por qué esas predicciones no son buenas en gran detalle en mi libro (y también en este pequeño artículo), pero no importa si te crees (o incluso si entiendes) mis argumentos, solo tienes que observar los datos para ver que las predicciones de los físicos de partículas para la física más allá del modelo estándar no han funcionado en absoluto durante más de 30 años de esfuerzos: 
  • - Los físicos de partículas han predicho partículas de materia oscura desde mediados de los años ochenta...y ninguna ha sido vista. 
  • - Los físicos de partículas predijeron grandes teorías unificadas a partir de la década de 1980...y en la medida en que han podido probarse hasta el momento, todas estas hipótesis se han descartado. 
  • - El hecho es que predijeron que las partículas supersimétricas y/o las dimensiones adicionales del espacio deberían ser observables en el LHC (Según esas predicciones, esto ya debería haber ocurrido). Pero en el LHC no se ha observado nada de nada.
Lo importante ahora es comprender que estos métodos utilizados desde la década de los 80 se han visto que no funcionan. Los hechos ya han demostrado que el argumento de la "naturalidad" es defectuoso, y de hecho fue este argumento la única razón que usaron los físicos de partículas para pensar que el LHC iba a descubrir algo nuevo (además de los Higgs). Pero con este mismo método de predicción ("naturalidad") que ahora sabemos que no funciona, en estos momentos no hay razón para pensar que el LHC en sus próximas ejecuciones (Run 3, 4, etc.), o en un próximo colisionador de partículas más grande se verá algo más que refinamientos de la física predicha por las teorías ya conocidas (esto es, el modelo estándar). 
Por supuesto podría pasar. No estoy diciendo que sepa a ciencia cierta que un colisionador más grande no encontrará algo nuevo. Es posible que tengamos suerte. Simplemente estoy diciendo que actualmente no tenemos predicciones firmes y sólidas que indiquen que un colisionador más grande conduciría a algún avance. El modelo estándar bien podría ser todo lo observable en bastantes órdenes de magnitud de energía.
¡Y esta situación no tiene precedentes en la física de partículas! La única predicción realmente confiable (sólida) que tenemos actualmente para la física más allá del modelo estándar es que eventualmente deberíamos ver los efectos de la gravedad cuántica. Pero para eso tendríamos que alcanzar energías 13 órdenes de magnitud más altas de que lo que incluso el siguiente colisionador planeado lograría. Huelga decir que está hazaña escapa (y escapará) del alcance tecnológico de la humanidad durante siglos (o milenios). 
Por tanto, lo único que podemos decir con garantías que observará un próximo colisionador más grande es medir con más precisión las propiedades de las partículas fundamentales ya conocidas. Y el hecho de que finalmente nos diga algo sobre la materia oscura, la energía oscura, o la asimetría materia-antimateria es una esperanza, y no una predicción.
Los físicos de partículas tuvieron una buena excusa para construir el LHC gracias a la firme predicción matemática del bosón de Higgs. Pero con el Higgs ya descubierto, ese futurible colisionador de partículas más grande no tiene en absoluto una buena motivación. Estamos en el 2019, no en 1999.

martes, 22 de enero de 2019

La incongruencia de ser padre

Cada vez que paso una mala noche cuidando a alguno de mis hijos me da por reflexionar en las horas muertas. Precisamente ayer fue noche de fiebres, y entre cabezada y cabezada no pude evitar preguntarme por el sentido de la paternidad. Es decir, que sí, todos queremos a nuestros hijos con toda el "alma" pero, ¿qué sentido tiene todo este sinvivir cuando sabemos que la guerra está perdida de antemano?
Quiera yo o no quiera, es un hecho que mis hijos, lo mismo que todos nosotros, vamos a morir tarde o temprano. Es como se suele decir, ley de vida. ¿Por qué entonces tanto afán y vehemencia por mantener a la prole lo más sana posible el máximo de tiempo posible? ¿Qué tendencia o impulso nos hace, como padres, luchar con tanta pasión en favor de una causa perdida?
Y espero que no se malinterprete la cuestión: es de perogrullo que todos queremos lo mejor para nuestros hijos; salud y vitalidad sin fin, y es evidente que esta necesidad es natural, perseverante e incluso deseable pero: ¿por qué nos vemos imbuidos instintivamente con tanto arrebato y entusiasmo en una tarea que racionalmente sabemos que es imposible lograr? Nada es para siempre y nuestros hijos en unas pocas décadas envejecerán y acabarán muriendo, repitiendo quizás el ciclo de la vida trayendo al mundo una nueva generación de personas.
Pues bien, objetivamente, desde la biología y la psicología evolucionista, la respuesta parece bastante clara: simplemente el instinto evolutivo es más fuerte y dominante que la reflexión racional. Por mucho que sepamos que criar niños es el equivalente a construir, esculpir, y mimar castillos de arena a la orilla de un mar mientras de reojo miramos el reloj sabiendo que la marea acabará por subir y arrasarlo todo...sencillamente no podemos actuar de otro modo. La razón es estéril en este sentido, y el amor hacia los nuestros sale a borbotones por nuestra piel no importa lo que diga el destino. Todo aquel que tenga hijos sabrá sin duda de lo que hablo.
Hace tiempo que en biología se habla sin tapujos del hecho de que todas las personas conformamos algo que se ha venido a denominar como "soma desechable". Nuestra genética (las instrucciones de ADN que indican el modo en que construir nuestro cuerpo o fenotipo) se transmite, mezcla y recombina en cada generación, pero el fenotipo en sí (el cuerpo material concreto que se ha formado con la recombinación de dos copias de este tipo de instrucciones), conforman un mero medio temporal con el que continuar retroactivamente el propio proceso de copia de instrucciones: en este sentido todos nosotros somos un soma (un vehículo material) encomendados evolutivamente con la "noble" (y simple) tarea de continuar con la réplica de estas moléculas de ADN...y luego nada más. Adiós, chao, abur...de vuelta a esa nada existencial de la que efímeramente salimos.
Así pues, a la vista de la propuesta del soma desechable, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que ese ímpetu y esa pasión que mueve y conmueve a cada padre a la hora de la crianza se debe explica desde el instinto evolutivo, y no desde la racionalidad. Porque la razón por supuesto entiende la incongruencia de atender con tanto cuidado a un cuerpo destinado desde el principio a la fatalidad de una pronta vejez y muerte (seis o siete décadas son apenas un pestañeo a escalas naturales); pero es que racionalmente no podemos hacer nada a favor o en contra de este hecho. Nuestra esencia evolutiva es la encargada de que todos nosotros sintamos sin remedio amor y devoción por nuestros retoños.
Como buenas máquinas de replicar genes que somos, es nuestro sino velar por esos castillos de arena (esos somas que literalmente han salido de nuestras entrañas). Y aunque todos sabemos que el tiempo se llevará irremediablemente por delante cada castillo hacia el olvido...el mandamiento instintivo que llevamos marcado a fuego en el cerebro nos expone claramente que eso no importa; que lo único importante es que el castillo aguante lo suficiente en pie como para que replique esas instrucciones que den a luz una nueva generación de constructores de castillos. Y así por los siglos de los siglos, mientras el planeta aguante.

martes, 15 de enero de 2019

El hombre visto como aparato reproductor


Muchos verán en esta noticia una representación de la voluntad (racional) humana por llevar la vida más allá de nuestro planeta, otros; quizás con mejor juicio, verán una clara muestra de cómo la propia vida se aprovecha de su actual mejor baza -el hombre-, para intentar colonizar otros mundos.
Nuestro antropocentrismo esencial nos hace tender a vernos al mando del timonel colonizador; pero en realidad, visto en perspectiva, bien parece que no somos mucho más que un mero medio con el cual la vida en sí misma trata de germinar más allá de la Tierra. La hipótesis de Gaia, que tan bien divulgó la bióloga Margulis, parece tomar fuerza: el hombre, en el fondo, y como parte del todo vital que es, culminará en ser una especie de aparato reproductor.
Y es que es muy probable que ningún ser humano como tal, dada nuestras enormes dependencias biológicas a un entorno terráqueo, colonice personalmente ningún planeta: posiblemente ni pisemos Marte; pero lo que sí lograremos, si la civilización aguanta en pie lo suficiente, es enviar al espacio con éxito pequeñas y resistentes "semillas" (quizás incluso un pequeño paquete de ADN sintético listo para "florecer" en cuanto caiga intencionadamente o por azar en algún planeta "habitable").
Por lo tanto sí, el Homo Sapiens Sapiens es posiblemente el mejor candidato que tiene Gaia para actuar a modo de mecanismo invasor de otros lugares del Universo. Podríamos ser candidatos a orgánulo encargado de desperdigar la vida por el espacio.

domingo, 13 de enero de 2019

Los últimos momentos

-"¡Joder, me estoy muriendo!", fueron los últimos pensamientos generados por la consciencia eléctrica del cerebro de Meursault. Fue un pensamiento vago y borroso, del estilo del que experimenta todo aquel que es anestesiado antes de someterse a una operación. Y lo curioso es que hacía apenas unos instantes su mente bullía con cientos de razonamientos, ideas, propósitos e intenciones. Se peleaba consigo mismo y con el mundo, buscando con vehemencia imaginativas soluciones a problemas y necesidades generadas de manera inmanente por su propia sesera evolutiva.
Sin embargo, fue en el pequeño lapso que transcurrió entre el alboroto cognitivo que había dominado toda su vida, y ese último juicio previo a su definitiva muerte, lo que le sobrecogió el alma. Todos hemos oído eso de que en nuestros últimos momentos vemos pasar rápidamente algo así como un resumen de toda nuestra vida. Y ciertamente así también le ocurrió a él, pero poco se podría haber imaginado este pobre desdichado, que también le daría tiempo a que un discernimiento final acudiera a su agónico intelecto: -"Valiente gilipollez de existencia".
Meursault nunca había sido una persona religiosa. De hecho, lo máximo que se permitía creer era que nuestro Universo formaba parte de un multiverso cuántico donde todo lo que podía ser era; pero donde únicamente en aquellos mundos cuyas condiciones físico-matemáticas eran adecuadas podían surgir seres conscientes maravillados por su casual dicha existencial. A parte de ésto, no tenía fe en mucho más: este multiverso era autoconsistente y autosostenido. No tenía causa en sí, siendo por tanto eterno. Y punto. Así pues, su ideología no le permitía creer en vidas futuras ni pasadas. Con la muerte, todo eso que de manera más bien inefable identificamos como nuestro "yo", desaparecía para siempre.
Esta manera de pensar le había beneficiado psicológicamente durante su vida tanto o más que a los religiosos todos sus dogmas y revelaciones. De hecho, su nihilismo científico le liberaba de preocuparse por la adoración o el sometimiento a trasnochados rituales místicos. Pudo así centrarse en su vida personal, y en lo que muchos denominan el "Bien social". Llevó una vida más o menos ordenada, estudió una carrera, se casó con una mujer a la que siempre sería fiel, tuvo con ella dos hijas...y luchó y trabajó con cada latido del corazón por sacar adelante a su prole al mismo tiempo que intentaba mejorar el mundo dentro de sus posibilidades, de modo que su descendencia, y la descendencia de todos los demás, pudieran vivir en el mundo más justo posible.
Y en esto mismo estaba inmerso justo antes de que todo sucediera. Su cabeza llena con reflexiones políticas, con preocupaciones económicas, trotando con pasión e ira de problema en problema. Como siempre, buscando soluciones a contratiempos generados por su propio entendimiento. No cabía duda de que su cerebro era una imparable máquina propuesta siempre a detectar y prever dificultades y necesidades en el mundo sensible, para disponerse luego a encontrarles satisfacción, salvo pena de sentir una frustración autoinfligida bioquímicamente.
Pero en el momento en que sintió que su final como individuo estaba tan cerca, Meursault reflexionó, apenas sin tiempo, sobre algo que quizás habría merecido algo más de atención durante su vida: -"¿Por qué y para qué mi cerebro me obligó a comportarme de esta vehemente manera durante tantos años?". Aquello de criar niños y luchar por el bien de la humanidad tiene sentido mientras uno se encuentra sano y fuerte; pero en circunstancias previas a la desaparición del soma desechable que todos constituimos, la cosa no está tan clara. Así que, frente a su aniquilación personal, Meursault se cuestionó aterrado por el sentido del ciclo vital en el que había participado.
Dada su formación académica, sabía que su conducta venía restringida por su sistema neuroendocrino, y que su sistema nervioso completo, de hecho, había sido desarrollado evolutivamente de manera gradual durante millones de años. Así pues, comprendía que cada uno de sus pensamientos, fruto de un cerebro de simio venido a más, debía responder a tal diseño evolutivo. Lo contrario no tenía sentido, puesto que cualquier conducta "contraria" al proceso evolutivo como tal habría sido erradicada casi inmediatamente. Por tanto, todo su comportamiento y sus hábitos obedecían a este imperativo evolutivo: si había contraído matrimonio, si había tenido hijos, si había luchado por ellos, si había combatido en favor de tal o cual ideología política o social, debía ser como acto reflejo de esa impregnación evolutiva. ¡Incluso todo aquello que como ocio le gratificaba estaba determinado!
¿Pero cuál era entonces esa esencia evolutiva que todo lo abarcaba? Es más, ¿busca algo en sí este proceso evolutivo cuyo devenir aquí en la Tierra arrastra ya cerca de 4.000 millones de años? ¿Para qué le sirve al mundo el propio ciclo de la vida? El nihilismo de Meursault, fruto de su confianza en las explicaciones científicas, no tenía más que una respuesta para estas preguntas: -"Ni el mundo busca objetivamente nada, ni el ciclo vital sirve para nada en lo relativo al ser humano como sujeto". La evolución, pensaba Meursault pese a su pronto tránsito hacia el no ser; es un proceso mecánico espontáneo, un hecho que no busca ni persigue nada, sino que emerge naturalmente conforme la materia se limita a obedecer las leyes físicas naturales: especialmente la segunda ley de la termodinámica aplicada a sistemas lejos del equilibrio térmico.
Así pues, la vida surgió hace casi 4.000 millones de años gracias al gradiente energético que conforman el Sol, la Tierra y el frío espacio interestelar; y conformó automáticamente un ciclo de lucha de replicantes donde aquellas instrucciones (ADN) capaces de generar la estructura material (fenotipo) más apta a la hora de acaparar y devorar la energía proveniente del Sol fue naturalmente seleccionada (simplemente gracias a poder permanecer más tiempo dado su intrínseco éxito acaparando los recursos energéticos disponibles). Esta selección natural la determina pues en última instancia la propia termodinámica y el comportamiento mecánico molecular del mundo. Todo es autónomo, no hay metas ni fines, sólo leyes y materia(energía) actuando bajo la acción de las mismas.
Finalmente, siguiendo este mismo e ininterrumpido ciclo natural de recursiva selección natural, hace aproximadamente dos millones de años aparece una especie homínida muy especial: el Homo Sapiens. Su característica principal era un enorme cerebro -que permitía una capacidad cognitiva superior-, manos prensiles, y la capacidad para andar erguido. Por lo demás no era en esencia distinta de cualquier otra especie animal. El hombre obedecía, y obedece, a la naturaleza como cualquier otro ser vivo, reduciéndose tal afirmación al hecho de que todos nosotros somos meras extensiones del comportamiento espontáneo cuya mecánica va determinada a maximizar el consumo de toda la energía de alta calidad disponible, y transformarla en calor (energía de baja calidad que escapa al espacio exterior).
Y de aquí provino el sentimiento de "gilipollez" que sintió, Meursault. Sus hijas, sus nietos, sus compatriotas, y la humanidad como un todo también desaparecerán en el tiempo irremediablemente. E incluso si nos las ingeniáramos para colonizar otros planetas, ¿qué? Todo seguiría siendo el mismo sonsonete de acaparar energía y desechar calor, y así por los siglos de los siglos hasta que no quedase en nuestro Universo en expansión exponencial nueva energía libre que acaparar (la entropía siempre aumenta, por lo cual la energía de calidad irremediablemente va en continuo descenso desde el mismísimo Big Bang). Así pues: ¿qué sinsentido es éste? ¿En qué clase de absurdo existencial nos vemos envueltos desde el nacimiento?
Meursault finalmente muere, no sin antes desear haber vivido de una manera menos apasionada. Y es que vivir tuvo que vivir, ya que así lo llevaba inscrito en su cerebro; no había elección en ese sentido. También estaba obligado a comportarse socialmente tal y como sus genes determinaban a priori justo tras la recombinación génica que lo convirtió en cigoto. Pero en ese instante final comprendió que a pesar de todo este designio genético, la razón otorga al hombre la oportunidad de obedecer los deberes evolutivos de una manera un tanto especial (rebelde). No se trata de ir en contra del interés natural, lo cual es imposible, sino de obedecerlo desde la indiferencia: utilizado el desprecio que el reconocimiento del absurdo existencial permite. De esta manera, el infortunio se resuelve con la risa, la ira con el humor, el agravio y la afrenta con la burla; y nuestro encadenamiento a la vida con la falta de aprecio hacia este destino absurdo que nos coacciona a actuar como marionetas dentro de un escenario objetivamente irracional.
Meursault, de volver a nacer, se habría propuesto tomarse las cosas menos en serio. Quizás después de todo su vida habría sido bastante similar a ésta que vivió, pero sin duda la sonrisa habría cautivado su cara ante cada momento de adversidad, desdicha o calamidad: -"¡Qué más da!", habría respondido siempre riendo para sí mismo: -"Al final todo está bien, puesto que todo es para nada".

jueves, 27 de diciembre de 2018

Hipótesis de la simulación (realidad simulada computacionalmente)


"The belief that there is a significant chance that we will one day become posthumans who run ancestor-simulations is false, unless we are currently living in a simulation." (Nick Bostrom)

El argumento de que nuestra realidad podría ser una simulación trascendental de la cual los entes simulados (entre ellos nosotros) no podemos ser conscientes viene de lejos (nada menos que del filósofo René Descartes), pero fue realmente en el año 2003, tras este magnífico paper (debes leerlo) de Nick Bostrom, cuando la hipótesis llamó realmente la atención de la comunidad especializada (muchos físicos de renombre, por ejemplo; aceptan hoy día su posibilidad sin ambages). De hecho, el razonamiento de Nick se está viendo reforzado en los últimos años gracias al enorme avance vivido en el campo de la computación cuántica.
Vamos a ver de qué trata el asunto:
Grosso modo, la propuesta es la siguiente (más detalles en el paper). Se parte de la premisa de que una de las tres proposiciones siguientes es cierta:
  1. La fracción de civilizaciones inteligentes que alcanzan un estado posthumano es muy cercana a cero (~0%); ó
  2. La fracción de civilizaciones posthumanas interesadas en ejecutar simulaciones de su propio mundo es muy cercana a cero (~0%); ó
  3. La fracción de todos los seres inteligentes (en estado posthumano o no) que viven y experimentan, lo hacen dentro de una simulación con una probabilidad muy cercana a uno (~99.9999...%).
Nota: Se entiende como estado posthumano, a aquel en el cual una entidad inteligente (humana o no, eso no importa) es capaz de construir un computador capaz de ejecutar simulaciones de su propia realidad con una alta fidelidad.
Si (1.) es verdadera, entonces es casi seguro que nos extinguiremos como entes (junto con el resto de posibles civilizaciones, presentes y futuras, esparcidas por el Universo) antes de alcanzar el estado posthumano. Si (2.) es cierta, entonces debe existir una fuerte convergencia en el comportamiento entre civilizaciones (una especie de esencia común que determine por completo el comportamiento de todos los miembros de cientos de civilizaciones -en gran parte incomunicadas dadas las distancias que las separan-). De este modo, en ninguna de estas civilizaciones avanzadas llegarían a aparecer nunca individuos con la libertad y/o la capacidad para ejecutar simulaciones de su mundo (a pesar de poseer la tecnología necesaria para ello). Por último, si (3.) es verdadera, entonces es casi seguro que vivimos en una simulación: es decir, que tiende a cero la probabilidad de que estemos por casualidad en el "primer mundo" donde (1.) y (2.) son falsas (es decir, que el estado posthumano sea posible y abundante, y donde todos estén además deseando recrear computacionalmente su propio mundo, pero que sin embargo no formemos parte de una simulación previa a pesar de la recursividad del proceso).
Finalmente, y a modo de corolario de lo anteriormente expuesto, Nick Bostrom propone que: "a menos de que ahora mismo estemos viviendo en una simulación, es casi una certeza que nuestros descendientes nunca llegarán a ejecutar una simulación de nuestro mundo". Es decir, que o bien el estado posthumano es inviable, o bien hay "algo" en nuestra esencia natural (compartida con el resto de posibles entes inteligentes que pueblan o poblarán el Universo) que impide que nunca jamás un individuo con los recursos suficientes llegue a simular computacionalmente la realidad -de manera que (1.) ó (2.) serían ciertas-.

La computación cuántica.

Cuando en el 2003 se propuso esta hipótesis, el campo de la computación cuántica estaba en pañales. Pero eso ha cambiado recientemente. Cada año se bate un nuevo récord en el número de qubits que los científicos son capaces de manejar de manera eficiente (con cada vez más bajos niveles de error), y muy pronto se espera que empezarán a aparecer las primeras computadoras cuánticas capaces de superar en poder de cálculo a los supercomputadores clásicos. De hecho, si el número de qubits continúa creciendo al mismo ritmo de los últimos años, ¡llegará en cuestión de décadas el momento en que será posible simular computacionalmente el estado de los miles de billones de partículas que pueblan nuestro Universo (dentro del horizonte cosmológico)!
Y esto es así precisamente gracias al fundamento cuántico de nuestra realidad. El estado de superposición de los qubits (los cuales no "almacenan" como valor un 0 ó 1, sino o y 1 al mismo tiempo; ponderados y normalizados por dos parámetros alpha y beta) hacen que la capacidad de cómputo aumente siguiendo una progresión exponencial con cada qubit que se añade al proceso, lo cual implica que únicamente con unos pocos cientos de qubits trabajando juntos -500, por ejemplo- , es posible procesar en paralelo nada menos que 2500 estados...¡un número mucho mayor que el de partículas que pueblan nuestro Universo (visible)!
Valga notar que actualmente Google va en busca de la supremacía en la computación cuántica con un futurible procesador de 49 qubits, lo cual da una idea de lo "poco" que falta para que ese estado posthumano del que hablamos antes sea viable.

En resumen.

Que si las promesas teóricas del computador cuántico se hacen realidad (y todo apunta en ese sentido), y si en el Universo existen (o existirán) suficientes civilizaciones inteligentes capaces de alcanzar dicha tecnología (la cual al ser humano parece que le llevará algo así como 10.000 años -momento en que se asentaron nuestros inicios culturales como civilización-), entonces la premisa (1.) de Bostrom casi la podemos descartar. Dado lo vasto del Universo es complicado que seamos la única civilización existente, y dada la "facilidad" con la que hemos dominado la tecnología cuántica es difícil creer que otros entes inteligentes no harán lo propio en un periodo de tiempo similar al nuestro. El estado posthumano parece en este sentido que es bastante viable y abundante (es decir, que lo es ya en el presente por entre las galaxias, o que lo será en el futuro, dependiendo de cómo de "rápido" haya actuado -cognitivamente- la evolución en la Tierra en relación a la "evolución" en otros planetas habitables).
Por otra parte, la premisa (2.) es, siguiendo un razonamiento antrópico, bastante poco plausible. De hecho, una de las primeras cosas que hizo el ser humano en cuanto adquirimos el poder de procesar la información (clásicamente) tras la segunda guerra mundial fue crear pequeñas "simulaciones" de nuestro mundo (valga de ejemplo el mítico juego del Pong). Más aún, cada nueva generación de videoconsolas (y procesadores gráficos GPU) no tienen más aliciente que el de permitir mejorar la fidelidad con la que podemos recrear simulaciones del mundo. Así pues parece que nuestra esencia natural tiende más bien en sentido contrario de lo que dice (2.): instintivamente parece que estamos ávidos de mejorar nuestra capacidad de procesar información para generar cada vez realidades más complejas y fieles a la nuestra. Por tanto, es bastante plausible rechazar también esta segunda premisa. De esta manera, una vez rechazados los puntos (1.) y (2.) gracias al aceptable soporte empírico del que disponemos (nuestro cercano dominio de la computación cuántica generalizada y nuestro instintivo comportamiento en favor de simular la realidad), nos queda elegir entre aceptar (3.): vivimos en una realidad simulada computacionalmente dentro de un proceso recursivo, o aceptar que da la astronómica casualidad de que vivimos en el "origen" o "primer mundo"; aquel en donde (1.) y (2.) son falsos, pero donde (3.) tampoco se cumple.
En concreto, de ser cierto el último caso, nuestro mundo sería entonces algo así como la "raíz" de un proceso computacional iterativo que algún ente (humano o no) de nuestro Universo echará a andar tarde o temprano: una primera generación de computadores cuánticos simularán con una fidelidad asombrosa una copia idéntica de nuestra realidad, y los seres simulados dentro de esa primera generación harán lo propio, puesto que su "mundo", aunque simulado, también poseerá el fundamento cuántico capaz de permitir una segunda generación simulada. Y de este modo el proceso continuará siguiendo un curso recursivo en principio sin fin.
Sin embargo, cuesta creer que por pura casualidad vayamos a estar en la cúspide o en el "origen" de la gigantesca pirámide que conforma posiblemente esta anidación de simulaciones cuánticas, por lo que sí; posiblemente (3.) sea cierto y nos encontremos casi con toda certeza (~99.9999...%) formando parte de una realidad simulada externamente (esto es, de manera trascendente).
Y es cierto que todo esto suena a ciencia ficción, pero es que la cercana realidad de la computación cuántica, junto con nuestro comportamiento instintivo natural parecen que no dejan mucho espacio para no aceptar esta posibilidad como cierta (o probablemente cierta). De hecho, pensad en lo siguiente: el día en que alcancemos la capacidad de cómputo necesaria, ¿cuál será la mejor manera que tendremos a mano para justificar la viabilidad de la realidad simulada? ¡Exacto! ¡Generando experimentalmente una!

sábado, 22 de diciembre de 2018

El movimiento: la verdadera esencia del mundo

"Todo fluye, nada permanece" Heráclito de Éfeso (540 a.C. - 480 a.C.) 

Hay un hecho sorprendente de la realidad que solemos pasar por alto, quizás por culpa de la costumbre: en el mundo todo se encuentra en continuo movimiento. Pero no es sólo que todo, absolutamente todo, esté siempre cambiando en un interminable devenir; es que la esencia del propio Universo, esa base intangible e inmaterial que da forma de manera trascendente a las mismísimas leyes naturales que dicen luego cómo debe comportarse el fenómeno...directamente prohíben eso que solemos entender como reposo.
En el laboratorio observamos hace tiempo (conforme mejoraron las técnicas experimentales) que nada estaba en el mundo microscópico totalmente quieto, pero la cuestión más importante es que este hecho no refleja una limitación instrumental (práctica) nuestra, sino que representa un comportamiento esencial de la propia existencia, la cual dictamina por principio y como fundamento insoslayable, que la ausencia de movimiento es imposible. En este sentido, cada punto infinitesimal del espacio se ve obligado a participar en un flujo incesante de cambio fenomenológico. De todas formas este conocimiento teórico no es nuevo, y la física moderna dió cuenta de ello hace ya casi un siglo con sus matemáticas, siendo en este sentido posiblemente el principio de indeterminación de Heisenberg su máximo exponente:


Este principio, de hecho, es una descripción matemática asombrosamente sencilla de entender, donde mediante una simple inecuación vemos representada nada menos que la esencia más pura de lo que trasciende a nuestra realidad. Una regla matemática que pone cota inferior a la cantidad mínima de movimiento permitida en el mundo, siendo ésta la causa fundamental de que ningún fenómeno pueda permanecer inmutable en el tiempo. Como decimos todo cambia, cada minúsculo punto del Universo reverbera siempre sin remedio, aunque sólo sea gracias a las fluctuaciones del "vacío" cuántico. Y la demostración no podría ser más evidente: si algo en el mundo pudiese permanecer realmente inmutable entre dos instantes de tiempo, su posición no cambiaría, y por tanto no habría indeterminación alguna en su posición (Δx = 0; es decir, xfinal - xinicial = 0, o lo que es lo mismo: posición final = posición inicial = inmutabilidad). Del mismo modo tampoco poseería indeterminación su cantidad de movimiento (Δp = 0). Pero este hecho, de ser cierto, haría que la parte izquierda de la inecuación de Heisenberg valiese cero, lo cual contradice a la misma puesto que a la derecha tenemos la constante de Planck h, que es un número positivo distinto de cero. Por tanto, mediante reducción al absurdo se demuestra fácilmente que, puesto que el principio de indeterminación es indiscutiblemente parte fundamental de la existencia, no es posible que algo permanezca en reposo absoluto (inmutable) dentro del Universo ni siquiera por un instante: jamás.
Por lo tanto sí, querido Heráclito, todo fluye y nada permanece. El movimiento es inevitable, y la total aniquilación ("erosión") de toda estructura, sistema o ser fenoménico es simplemente cuestión de tiempo. Sin embargo, en el momento en que entendemos que absolutamente todo cambia sin cesar, ¿cómo podemos atrevernos ya a decir que algo "es"? Si nada es permanente, a excepción del incesante cambio, ¿cómo podemos defender siquiera que realmente exista algo aparte de este continuo flujo del conjunto de lo inmanente? Posiblemente, y a pesar de lo contraintuitivo que suene, es probable que todo lo que identificamos como objetos o sistemas independientes sean meras ilusiones cognitivas de nuestra mente evolutiva, siendo quizás lo único real el propio movimiento del continuo fenoménico.
Por último, llegados a este punto parece más que evidente que también eso que entendemos como Homo Sapiens (el ser humano), no es en sí nada independiente y externo del constante flujo del ser; y por tanto está condenado desde el principio a derivar y terminar cambiando por completo, más pronto que tarde, dentro de este fluir hasta acabar siendo irreconocible como el fenómeno que actualmente conformamos; borrándose además por el camino todo nuestro rastro existencial pasado, dada la constante erosión causada por el propio discurrir fenomenológico. Ciertamente ante estos pensamientos uno no puede más que reírse de la vehemencia con la que las personas (todas) perseguimos tantos objetivos que, a la vista de los hechos, sabemos ya a priori que pasarán irremediablemente a la historia universal como un mero centelleo cosmológico.
Pone uno las noticias en el televisor, y dan ganas de mofarse (por no llorar) ante la falta de visión de toda esa gente: cuánto enfrentamiento y sufrimiento, cuánta ira y rencor, que apasionado ímpetu en pos de absurdos, leves y ecuánimes ideales condenados desde el principio a desaparecer junto con todo lo demás en el fluir del tiempo. Realmente actuamos sin ser conscientes de que lo eterno es imposible; y de que el fruto o beneficio de cualquier tipo de lucha (personal o social) es realmente fugaz y efímero (siendo generosos). Creo que todos necesitaríamos leer más libros de historia, de geología, de biología, de física, y por supuesto, de cosmología. Quizás así, gracias al conocimiento del sinsentido existencial, podríamos por fin lograr un mundo mejor. ¡Qué mejor que la burla y la falta de aprecio ante nuestro absurdo destino (condenado desde el principio al olvido), como perfecto antídoto racional con el que refrenar ese impulsivo ardor instintivo que la evolución inscribió en nuestros cerebros de mono hace un par de millones de años!


domingo, 16 de diciembre de 2018

Sobre el mito de la caja negra en el campo de la inteligencia artificial

En relación a esta buena entrada de Santiago donde trata el hito que DeepMind ha logrado con el sistema de inteligencia artificial Alpha Zero, me gustaría comentar algo sobre la cuestión que más se malinterpreta actualmente de la moderna IA: ¿es cierto que no sabemos cómo hace lo que hace? ¿Se trata realmente de una misteriosa caja negra inexpugnable?
Pues bien, la respuesta es no y no. Sabemos perfectamente (los que se dedican e investigan en este campo) por qué la moderna IA hace lo que hace y cómo lo hace. Y lo de "la caja negra" pues...sencillamente es un mito sensacionalista. Todo el machine learning actual (Alpha Zero incluido) es el resultado de procesos matemáticos algebraicos trabajando sobre números reales. Más en concreto, millones de operaciones de sumas y multiplicaciones tensoriales sobre un conjunto de (millones) de números reales almacenados en un fichero para tal fin. Como veis no hay misterio ni "magia" por ninguna parte.
Y tampoco hay de momento misterio en por qué esos números y no otros (diferentes conjuntos de números aplicados a estructuras algebraicas distintas producen finalmente un resultado casi idéntico). Hay que entender que el entrenamiento de una red neuronal (en todas sus variantes), consiste simplemente en ajustar (derivar o modificar) poco a poco números reales sobre un (estático) "molde" operacional (algrebráico) concreto de modo que finalmente se logra encontrar una función (matemática) que permite correlacionar muy bien un gran (casi infinito) conjunto de entradas (información fenomenológica), con un gran (casi infinito) conjunto de salida (lo que se entiende como generalización). Este proceso de ajuste (entrenamiento) utiliza una cantidad de información finita, por un periodo de tiempo finito, con un hardware muy limitado, y trabaja sobre una estructura algebraica (red neuronal) finita ¡y sin embargo conseguimos como resultado encontrar una función matemáticacapaz de relacionar con poco margen de error los elementos de dos subconjuntos de fenómenos (casi) infinitos!
Es decir, que si hay de verdad en el campo de la IA algo que podamos llamar misterioso, no es otra cosa que el hecho de observar (con asombro) cómo es posible que nuestro mundo funcione de modo tal que una larga cadena de operaciones algebraicas con una cantidad limitada y finita de constantes numéricas (una vez entrenada la red, los números ya no cambian) pueda aprehender un patrón capaz de relacionar dos subconjuntos fenomenológicos (casi) infinitos de entradas y salidas. ¡Sin embargo esto mismo se puede aplicar igualmente a nuestro propio cerebro y a nuestra propia cognición!...lo cual trae sin duda a cuento al socorrido principio antrópico: el mundo es como es porque de ser de otro modo no sería posible que un cerebro como el nuestro pudiese generalizar la realidad. Pero una vez aceptado ésto la poca "magia" que quedaba desaparece y ya no es tan sorprendente que nosotros hayamos podido imitar este asombroso comportamiento natural (esencial) de una manera "artificial" (usando silicio en lugar de carbono).
En resumen: que de misteriosa la moderna inteligencia artificial tiene más bien poco, lo mismo que de caja negra no tiene nada a parte de que nos cuesta poder seguir el rastro de las operaciones que se deben ejecutan en cada momento al procesar la información de entrada (limitación práctica). Y si hay algo de "mágico" en todo ésto, es el prodigioso hecho de que las leyes del mundo permiten que CUALQUIER objeto capaz de procesar cierto tipo de información siguiendo un cierto proceso algebraico concreto (recordemos que nuestro cerebro hace ésto mismo), obtiene automáticamente la capacidad para poder generalizar patrones fenomenológicos: es decir, que la verdadera fascinación de la IA se aplicaría también a todo sistema nervioso central en animales, y no sería otra cosa que el descubrir que con una cantidad finita de información y de procesado matemático ("estructura" algebraica operacional y números reales en el caso de la IA, estructura sináptica y umbrales de potenciales eléctricos en el caso biológico), es posible relacionar un conjunto (casi) infinito de entradas y salidas fenomenológicas.
Repitamos una vez más: la "magia" que parece rodear a la inteligencia artificial es extrapolable a nuestra propia inteligencia, y gira todo en torno al hecho de que la esencia de nuestra realidad genera lo que entendemos como fenómeno natural siguiendo unas leyes físicas tan concretas y restringidas, que hacen posible ¡a priori! que un procesado matemático de información finita (sin importar el sustratoque haga los cálculos) pueda conectar (relacionar) dos conjuntos casi infinitos de hechos naturales ¡simplemente mediante el uso de una función algebraica!
Ya luego, si este maravilloso hecho esencial (condición necesaria para que "funcione" Alpha Zero pero también para que "funcione" nuestro cerebro), es fruto de la casualidad, del principio antrópico, o si por contra tiene una base o sentido teleológico (o directamente teológico), es una cuestión que pertenece al mundo de la metafísica. Y en este sentido cada cual puede creer en lo que más le convenza. ¿Es más digerible la idea de una infinidad de Universos -con leyes naturales diversas- conviviendo en un multiverso? ¿Que sólo existe un mundo que es del modo en que es por casualidad? ¿O quizás que algún tipo de "Intencionalidad" trascendental afinó las leyes para que la cognición pudiera aparecer? Hoy por hoy es ésta una cuestión subjetiva que cada cual libremente puede racionalizar como mejor le convenga ya que no hay evidencia empírica que apoye o refute una postura de la contraria.
Yo personalmente apuesto por lo que Max Tegmark denominó como multiverso de nivel IV: una realidad matemática (platónica) donde todas las estructuras matemáticas realmente existen, siendo sólo en aquellas donde las leyes físicas (las matemáticas que la sustentan) son tales que permiten la generalización fenomenológica (esto es, la cognición) donde aparecen seres que se preguntan asombrados por su propia condición. Pero como digo, se trata de pura especulación.