jueves, 31 de mayo de 2018

Lo que la ciencia nos dice sobre el mundo

"[...]el panorama general parece inclinarse pesadamente hacia un futuro lejano donde todo consiste en partículas estables aisladas: electrones, neutrinos y protones (a menos que los protones se desintegren). [...] la densidad de estas partículas irá a cero, y eventualmente cada una estará separada de todo lo demás por un horizonte cosmológico, haciéndolas incapaces de interactuar entre sí."
(John Baez, matemático en la Universidad Riverside de California)



Un buen amigo me pasó hace unos días un grandísimo libro de divulgación del físico Enrique F. Borja: "El vacío y la nada".

El libro es imprescindible, ameno y muy instructivo como introducción al estudio de lo que la física moderna nos pueden decir sobre el vacío y la nada (cuántica), que es mucho. De hecho, el libro es tan bueno que me hizo reflexionar sobre todo lo que he ido aprendiendo desde que hace ya 8 años empezara a escribir en este blog. En este sentido, y aprovechando que el blog está a punto de alcanzar las 400.000 visitas, voy a intentar realizar un pequeño resumen esquemático de todo lo que he ido tratando en este tiempo:

Sobre la vida del hombre.

1) La vida subjetiva del hombre es en esencia dolor y sufrimiento; una lucha constante dirigida a satisfacer unos interminables deseos que tan pronto son resueltos son reemplazados por unos nuevos en un eterno ciclo sin fin. El hombre sabe claramente qué es lo que quiere (y lucha por ello con vehemencia) pero no sabe por qué quiere lo que quiere.

2) La fuente de estos subjetivos sentimientos y emociones de dolor y frustración es neurológica. El cerebro es un órgano evolutivo que se encarga mediante neurotransmisores de modificar y alterar nuestra conciencia con estas inquietudes e impresiones indeseables, al mismo tiempo que también mediante procesos bioquímicos se encarga de hacer llegar a nuestra conciencia qué es aquello que se supone que debemos querer.

3) Por lo tanto la conducta del hombre está siempre condicionada por estos procesos bioquímicos y cognitivos inconscientes (es decir, por una mecánica que acontece entre bambalinas y de la que sólo llega a nuestra consciencia el producto final: "quiero esto y no lo otro").

4) Por lo tanto, esa vocecita o impresión interna (como diría David Hume) que aparece ante nuestra conciencia no es más que el fruto de un proceso neurológico inconsciente y constante. El hecho de que nosotros podamos hacer "lo que queramos" pero que no podamos desear qué es lo que queremos (una de las tesis del filósofo Schopenhauer), se demuestra así por el hecho de que lo que debemos desear es algo que viene impreso en las redes neuronales de nuestro cerebro.

5) El cerebro, junto con el resto del sistema nervioso del hombre, son órganos que han aparecido gradualmente por un proceso evolutivo dirigido fundamentalmente por la selección natural. Así pues este órgano, como cualquier otro órgano funcional, está finamente adaptado para lograr los dos objetivos fundamentales de la vida: la supervivencia y reproducción del cuerpo que lo posee.

6) Por lo tanto el hombre debe desear aquello que favorece con mayor probabilidad su supervivencia y reproducción. De esta manera el sistema neuroendocrino se ocupa de manera autónoma y subconsciente de dirigir nuestras acciones hacia objetivos favorables a estas dos metas de la vida. La fuente de nuestros deseos es pues natural y evolutiva: todo lo que ponga en peligro esta finalidad será reprimido con frustración y dolor, y todo lo que aporte a su favor es recompensado con una buena dosis de dopamina.

Conclusión) El eterno ciclo de lucha en que nos vemos envuelto desde el nacimiento es una iteración natural compartida por el resto de seres vivos. Todos los seres vivos "quieren" lo mismo, más bien lo único: sobrevivir y reproducirse. Y el resto de objetivos y finalidades que muchos ponen sobre los hombros del ser humano son meras retóricas o, como diría Carlos Castrodeza: "ruido metafísico maquillado de lenguaje enjundioso". De manera que el hombre subjetivamente sufre y lucha de continuo por satisfacer unos deseos y necesidades que son mera representación racional (a posteriori) fruto de procesos cognitivos inconscientes autónomos y programados evolutivamente. En el fondo se trata de afanarse por sobrevivir y punto.


Sobre la razón.

1) Nuestro nivel de raciocinio es quizás, junto con el bipedismo, el rasgo que más nos distingue del resto de animales. No obstante tanto la razón como la consciencia en sí no pueden ser más que unos productos evolutivos como otros cualquiera.

2) Y como productos evolutivos que son deben basar su existencia plenamente en el hecho de que posean una completa funcionalidad adaptativa que favorezca una eficiente supervivencia y reproducción. Esta es su razón de ser, y su verdadera (y única) función.

3) Mediante la razón el ser humano es capaz de prever con gran eficiencia los fenómenos por venir de manera que puede planear y actuar en consecuencia (hasta cierto punto). No obstante los grados de libertad que nos permite el mundo son muy limitados y la moderna neurología nos enseña que una gran parte de nuestros actos vienen ya decididos por procesos cognitivos inconscientes (y por lo tanto instintivos e irracionales), siendo la razón luego una mera intérprete que se encarga de racionalizar ante la conciencia lo que ya hemos decidido a priori sin que medie su consentimiento.

4) Son por lo tanto casos muy concretos y específicos aquellos en los cuales la razón toma realmente el mando. Sin embargo aún en estas situaciones nuestra libertad de acción está coartada por nuestra capacidad para prever las consecuencias de nuestras conductas; es decir, por el hecho de saber a priori si cierta acción nos reportará un sentimiento agradable o desagradable. De esta manera antes de decidir qué hacer, ya sabemos de antemano el efecto bioquímico (al corto, medio y largo plazo) que vendrán acompañando a cada una de las alternativas a nuestra disposición.

5) Como resultado finalmente todos acabamos actuando en la búsqueda de la mayor cantidad de dopamina (hedonismo más o menos consciente), y evitando en lo posible toda impresión de frustración y dolor psicológico. La razón a la hora de acordar qué hacer es por tanto prisionera del sistema neuroendocrino o de los heurísticos inconscientes (según sea el caso): y este es precisamente el modo en que la evolución logra que no nos salgamos de la vereda y se acaten siempre los mandamientos naturales.

Conclusión) La razón tiene mucho menos peso en nuestra conducta diaria de la que damos por sentado. Como ya aventuró primero Sigmund Freud, y hoy día casi por unanimidad la comunidad científica (los neurólogos), una gran parte de nuestra toma de decisiones provienen de procesos cognitivos neuronales inconscientes, de los que la consciencia es mera espectadora que ve lo que se le induce (a posteriori) a ver. Por lo tanto la razón tiene por una parte una función justificadora ante nuestros actos y decisiones no conscientes (debe imaginar e inventar ante la consciencia razones sobre por qué hemos hecho tal o cual cosa), y por otra parte ante situaciones muy complejas también a veces forma parte activa de la toma de decisiones; aunque lo hace muy coaccionada por la reacción bioquímica que prevé que tendrá el cerebro ante la situación que pueda desencadenar nuestros actos. Así pues la razón está absolutamente al servicio de los fines evolutivos de supervivencia y reproducción. Es más, se puede decir que es precisamente por poseer todavía una clara funcionalidad adaptativa por lo que siguen permaneciendo y existiendo en el acervo génico seres racionales (aunque nada garantiza que la razón algún día deje de ser circunstancialmente funcional y simplemente desaparezca tal como apareció). Podemos decir a modo de resumen que la razón NO nos diferencia en esencia del resto de seres vivos. Somos un eslabón más del reino animal con ciertas características novedosas (que ya otros animales del género Homo poseyeron en el pasado antes de extinguirse, por cierto), pero que no obstante como especie (tanto a nivel individual como social y pese a la razón) compartimos con el resto de seres vivos la única meta vital posible: la supervivencia y la reproducción...y punto.

Sobre la vida.

Uno de los libros más interesantes que he leído últimamente ha sido "Evolución Cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza", de Eric Chaisson. Este tipo de obras, junto con estudios muy recientes como el realizado por el físico Jeremy England (entre muchos otros), llevan a pensar sobre la vida del modo siguiente:

1) Lo que conocemos como vida es un fenómeno tan natural como otro cualquiera. No tiene nada de especial y se ve que es un estado organizado de la materia que surge espontáneamente en cuanto se dan las circunstancias físico-químicas adecuadas.

2) Lo vivo y lo inerte no se diferencian así en esencia en nada, siendo su aparente desigualdad fenoménica fruto de un proceso natural que tiende siempre a llevar la complejidad estructural de la materia al nivel de eficiencia que dadas las circunstancias maximicen el consumo de lo que se llama en física energía libre. Es decir, que todo sistema fuera del equilibrio térmico tiende de manera natural a evolucionar hacia estados donde el aumento de entropía es máximo.

3) Dadas las circunstancias químicas adecuadas llega un momento en que la organización material que más y mejor consume estas divergencias de potencial preexistentes consiste en replicar en el tiempo ciclos periódicos de muy diversa índole.

4) Existen ciclos "inertes" como los huracanes, los ríos, la climatología en general, etc.; y luego existen ciclos más complejos que conforman la vida (la biosfera). Este ciclo vital no es más que la repetición continua de complejos procesos materiales que tienen la facultad de ser capaces de almacenar la información necesaria para replicar con mucha fidelidad su propia estructura.

Conclusión) El mundo físico "busca" consumir y degradar siempre al mayor ritmo posible la energía de calidad disponible en su ser de manera que el aumento de entropía lleve globalmente al Universo al estado que contenga la mínima cantidad de gradientes (o diferencias) de potencial. En nuestro caso el Sol constituye una fuente continua de energía (fotones muy energéticos) que hacen de nuestro planeta un entorno abierto y lejos del equilibrio térmico. Y es este hecho, junto con la química tan especial que contiene la Tierra, lo que llevó a que casi desde su formación (hace más de 4 mil millones de años) se formasen estructuras muy complejas capaces de repetir un ciclo (construcción-destrucción) no sólo de manera muy eficiente, sino con la capacidad de mantener fielmente en cada iteración del ciclo ésta eficiencia (e incluso mejorarla mediante pequeñas variaciones aleatorias: evolución biológica). Por lo tanto lo vivo y lo inerte son fenómenos que no se diferencian en esencia en nada sustancial salvo en esta fidelidad replicativa y en el grado de eficiencia devorando energía alcanzado gracias a la misma...y nada más. Es en realidad mucho menos de lo que pensamos lo que distingue físicamente pongamos a un huracán y una persona: en realidad la única diferencia es nuestra mayor capacidad media por unidad de masa y tiempo para consumir energía libre dadas las circunstancias.


Sobre el futuro.

1) La moderna cosmología tiene muy claro cómo va a acabar eso que entendemos como nuestro Universo (porque realmente no sabemos si hay o no más de uno). En resumen, y grosso modo, sabemos que la vieja idea (que todavía se creía a principios del siglo XX) de un Universo eterno y estático es errónea. Nuestro Universo no es estático y no es eterno, lo que significa que tuvo un origen y tendrá un final.

2) El origen de nuestra realidad aconteció en lo que se conoce como Big Bang fruto de una fluctuación en el vacío cuántico. Se conocen hoy día muchos más detalles sobre este proceso de lo que la gente piensa, gracias sobre todo a la física de partículas (modelo estándar) y a la cosmología (modelo inflacionario). Sea como fuere, si el origen de nuestro mundo se conoce bastante bien (y luego lo veremos con más detalles), mejor aún se conoce su destino.

3) Descartada la opción estática e inmutable (cosa que le costó reconocer incluso al propio Albert Einstein), queda únicamente la posibilidad de la expansión o la contracción del espacio-tiempo.

4) Según todas las observaciones astronómicas y las propuestas cosmológicas, el Universo se expande de hecho aceleradamente. Las galaxias se separan unas de otras con una velocidad cada vez mayor hasta que la separación relativa supera la máxima velocidad de la luz por lo que quedan aisladas físicamente para siempre.

5) Este aislamiento supone la aparición de horizontes donde la comunicación es imposible entre las partes. Ya hoy día miles de millones de galaxias han escapado y siguen escapando cada segundo al traspasar el horizonte cosmológico que nuestra posición relativa en la Tierra supone.

6) En un futuro no demasiado lejano (equivalente a la edad actual del Universo, unos 13.800 millones de años) todo en el Universo habrá sobrepasado un horizonte cósmico, por lo que desde nuestro planeta no podremos acceder físicamente de ningún modo a los billones de galaxias que hoy día sí vemos a nuestro alrededor. Nuestra galaxia habrá quedado pues aislada por completo y no tendremos modo alguno de observar o contactar con algo que esté más allá de la Vía Láctea.

7) Pero no sólo quedaremos aislados del resto de la realidad que ahora vemos, sino que incluso las estrellas de nuestra Vía Láctea poco a poco irán agotando su combustible hasta acabar convertidas en agujeros negros, enanas marrones, y otros cuerpos celestes "inertes" (en cuanto a que se encontrarán en equilibrio térmico).

8) Finalmente también los agujeros negros se evaporan debido a la radiación de Hawkins y los planetas y objetos celestes remanentes de las antiguas estrellas en su fase principal irán por mera estadística (fluctuaciones) escapando (cinéticamente) de la atracción gravitatoria de la propia galaxia pasando finalmente su horizonte.

9) Con el tiempo (bastante tiempo, incluso a escalas cosmológicas) todo cuerpo celeste conformará su propio horizonte cosmológico que lo separará del resto de lo real: pero serán sistemas inertes en completo equilibrio térmico encerrados en el sistema que su horizonte conforma. Más aún, dadas las leyes de la mecánica cuántica, será siempre posible (con cierta probabilidad) que cualquier cuerpo remanente se vaya desgarrando poco a poco debido a lo que se conoce como efecto túnel (por lo que las partículas irán escapando del potencial gravitatoria del cuerpo y saliendo también por el horizonte).

10) Así que todo el Universo (no importa el punto de referencia donde nos fijemos) acabará por lo tanto siendo finalmente una pequeña estructura inerte y caótica conformando un sistema cerrado, aislado y en equilibrio térmico. La flecha del tiempo no será distinguible en esta situación y el movimiento neto o efectivo no tendrá sentido lógico.

Conclusión) Todo acabará siendo nada, del mismo modo en que se afirma que de la nada apareció en el Big Bang todo. El futuro de nuestro Universo y de todo lo que él contiene está sin duda marcado: la nada espera al final del camino. Como el físico Enrique F. Borja dice en su ya mencionado libro: "[...]Todo parece indicar que el Universo es un gran préstamo del vacío: sólo queda saber en qué términos se ha establecido este préstamo". En este sentido sobre el préstamo merece la pena mencionar que posiblemente el principio de indeterminación de Heisenberg tenga algo que ver (más al respecto aquí).


Sobre la materia.

Hay día hablar sobre la materia básica que lo compone todo es hablar de física de partículas; y hablar de física de partículas de momento es hablar del modelo estándar. A este respecto la mejor fuente en internet para iniciarse en su estudio son los cursos que el profesor Leonard Susskind impartió para la Universidad de Stanford hablando sobre una introducción a la teoría cuántica de campos (Quantum Field Theory - QFT), el modelo estándar de partículas, y sobre la Supersimetría y la teoría de la gran unificación (GUT). Es notable como este gran físico logra explicar de manera formal matemática todos estos asuntos, pero que a la vez lo haga utilizando la complicación justa y necesaria para transmitir la base esencial de lo que desea enseñar.  Podéis acceder a todas sus clases desde YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCNPslw9h5x5OqEBUX65DEmg.

1) La materia entendida como sustancia esencial con propiedad propia no existe. La materia es en realidad una propiedad emergente de una entidad mucho más fundamental: los campos cuánticos.

2) Todo eso que vemos a nuestro alrededor y que suponemos compuesto de "materia", en realidad no son más que perturbaciones en las ondas de probabilidad de ciertas partes de estos campos cuánticos. Si en cierta posición del espacio-tiempo no hay "materia", lo que en realidad queremos decir es que en ese lugar los campos cuánticos están fluctuando levemente en su estado fundamental (de energía mínima). Y cuando decimos que aquí o allí hay materia lo que en realidad ocurre es que en esas posiciones los campos cuánticos han sido de alguna manera excitados y presentan ondulaciones y alteraciones que simplemente en esa posición han salido del estado básico de energía mínima. La dinámica de dichas perturbaciones supone la emergencia (y permanencia) de lo que entendemos como partículas estables y por ende de la materia.

3) Pero un campo cuántico no es una sustancia tangible como tal, sino un constructo matemático que nos dice que cada posición infinitesimal del espacio-tiempo posee ciertas propiedades numéricas que describen un estado local. En este sentido si nos vale con un sólo número para describir la propiedad del estado hablamos de un campo escalar, y si necesitamos más números para cada lugar infinitesimal será un campo vectorial o tensorial. La cuestión es que los campos son entidades abstractas sin realidad propia.

4) El hecho de que estos campos sean "cuánticos" implican que obedecen los postulados matemáticos de la mecánica cuántica, lo cual indica que cada posición infinitesimal viene descrita como hemos dicho por números que representan estados cuánticos. Sin embargo un estado cuántico se sabe desde hace tiempo que es algo sin existencia determinada y definitiva, sino fluctuante y regido por la probabilidad. En concreto, cada punto infinitesimal de eso que llamamos campo se corresponde matemáticamente con una especie de oscilador armónico simple que simplemente indica que estamos tratando con ondas de probabilidad y su dinámica.

5) Todo el espacio, vacío o con materia, es pues una especie de mar de ondas matemáticas de probabilidad que fluctúa continuamente y cuya definición sólo tiene sentido de manera estadística. Las partículas no son nada que podamos entender como eminentemente físico, y más bien se resume todo en una colección de números y un álgebra (la dinámica o cambio del valor de estos números) que cada posición infinitesimal del mundo posee.

Conclusión) La vieja imagen del mundo material como compuesto de puro vacío y de bolitas tangibles se ha venido abajo. Hoy día sabemos que el vacío no está vacío del todo (tiene una infinidad de perturbaciones aleatorias -fluctuaciones- que generan partículas "virtuales" que entran y salen de la "realidad"), y también sabemos que la materia como tal se compone de partículas subatómicas que no son entidades o sustancias palpables sino que constituyen simples variaciones estadísticas en la energía de cierta posición de un campo cuántico determinado. Una partícula es sólo el hecho emergente de que en cierta posición un estado cuántico ha perdido matemáticamente el estado de energía fundamental del armónico simple, presentando una onda de probabilidad del armónico simple pero en un estado excitado. Y a eso se reduce todo lo que vemos en nuestro día a día: todo lo que ves o tocas son a su nivel más básico ondas de probabilidad vibrando en un mar cuántico. Desde luego parece que la realidad es matemática y que la física es más bien un "algo" (ilusorio) que emerge de manera cognitiva tras el procesar de nuestro cerebro.


Sobre el origen del mundo.

Lo que la gente normalmente conoce sobre este asunto es, con suerte, el concepto "tradicional" del Big Bang (entendido como una "extraña" explosión). Pero en realidad se tiene hoy día una teoría mucho más detallada y formal sobre qué fue exactamente lo que ocurrió hace 13.800 millones de años en el origen de nuestra realidad:

1) En el principio fue la nada...cuántica. Y como Enrique F. Borja explica en su ya tres veces mencionado libro, en ésta nada ya había algo incluso antes de "nuestro" Big Bang. En concreto lo que había eran campos cuánticos en estado de reposo absoluto (estado fundamental o de mínima energía) como los arriba descritos.

2) Como ya vimos, un campo es una sucesión infinitesimal de números colocados en cada posición del espacio que determinan su estado en ese lugar; y en los campos cuánticos esto es igual sólo que los números varían con una dinámica cuántica. Así pues, las leyes cuánticas también estaban ya ahí antes de que ocurriese el origen de todo lo que nos rodea.

3) Hoy día el modelo estándar habla de que existen muchos campos cuánticos distintos (al menos uno por cada interacción y partícula conocidas), pero en el principio todos estos campos estaban vacíos (en estado basal, sin excitación y por lo tanto sin partículas). Campos que estaban absolutamente en su estado de mínima energía, por lo que tal estado era estable y podrían haber seguido conformando esa nada cuántica eternamente.

4) Sin embargo había (y probablemente hay) un campo escalar (en los cuales un sólo número determina toda su información en cada punto infinitesimal del espacio) que no se encontraba en su estado de mínima energía. Este campo escalar denominado inflatón, de naturaleza muy similar al campo escalar de Higgs (cuya partícula asociada es el famoso bosón de Higgs), estaba en un estado metaestable -que no estable- atascado en un mínimo local (y no global).

5) Imagina como símil que estás en el campo y caes en un pequeño hoyo de 5 metros en el suelo. Tu estado de energía en ese punto es metaestable porque es un mínimo local (posees menos energía potencial dentro del pozo que fuera), pero no es un mínimo global porque fuera del pozo puede haber un hoyo de 50 metros o por ejemplo un acantilado que te lleve a nivel del mar (y por lo tanto en esos lugares poseerías aún menos energía potencial). El estado o tendencia natural es buscar siempre el estado fundamental de mínima energía global (llegar al mar), pero si te atascas en un mínimo local como ese pozo de 5 metros y no tienes energía suficiente para salir de él, pues clásicamente allí te quedas. Es decir, que si no tienes algo que te propulse fuera del pozo y tus piernas no pueden saltar tanto pues no hay modo de escapar.

6) El inflatón estaba en esa situación. Su estado energético en toda su extensión era tal que cualquier cambio o fluctuación decaía rápidamente de nuevo en el mínimo local donde se encontraba. No podía escapar del pozo local donde se encontraba. En realidad en ese momento todo era frío, inmóvil, y carente de excitaciones que se pudiesen llamar partículas. Por lo tanto no había nada...pero era una nada metaestable (y no estable), es decir; era una nada con un potencial residual para en algún momento poder ser "algo" distinto.

7) Volvamos al caso de nuestra caída en el pozo de 5 metros. No podemos escapar sin ayuda de ninguna manera. Pero imagina ahora que alguien excava un túnel que conecta directamente nuestro pozo con la ladera de una colina que conduce al mar. Un túnel muy largo y de poca pendiente. Una vez el túnel esté terminado y nos abran acceso podremos rodar lentamente (debido a la poca inclinación) por la pendiente del mismo durante un tiempo hasta llegar a la ladera para caer finalmente al mar a toda velocidad. Y justo en el momento de chocar contra el mar toda la energía cinética que hemos obtenido gracias al descenso de potencial mientras rodabamos, perturbará el agua lanzando grandes oleajes alrededor. Y cuanto más denso seamos y cuanta más velocidad llevemos mayor será la cantidad de olas que generemos al frenar con la caída.

8) El origen de nuestro Universo sufrió un proceso muy similar. El inflatón como decimos estaba atascado en un mínimo de potencial del que no podía escapar, pero recibió una ayuda...se produjo por puro azar un proceso que sólo es posible en el mundo cuántico: un tunelaje espontáneo. Grosso modo se puede decir que cuánticamente la probabilidad de que tal tunelaje tenga lugar espontáneamente aunque sea minúscula no es igual a cero. Así que dado el suficiente tiempo...el estado del inflatón escapó de su mínimo local mediante un proceso parecido al de excavar un largo túnel "fantasma" para dar lugar a una ladera fuera del potencial.

9) Pero como este tunelaje supone que la energía potencial del campo escalar disminuye, la ley de la conservación de la energía (que también es previa al Big Bang) requiere de un aumento de igual magnitud en la energía cinética (en el movimiento global). Pero claro, en ese momento no había nada que mover (no había partículas ni excitaciones ni sustancia movible alguna), por lo que tuvo que ser el propio espacio en sí el que se moviese mediante su expansión. Por lo tanto, durante todo el tiempo que tardó el inflatón en escapar de su mínimo local (es decir, en llegar al borde de la ladera) el espacio ocupado se fue al mismo tiempo expandiendo.

10) El hecho de que la pendiente del tunelaje fuese leve hizo que el inflatón rodara durante el suficiente tiempo como para que la expansión del espacio creciera exponencialmente hasta alcanzar un tamaño astronómico (proceso inflacionario). La nada microscópica se hizo así en menos de una milésima de segundo colosalmente grande: el espacio-tiempo había nacido.


11) Y tras el tunelaje y la posterior caída por la ladera hasta el final del trayecto (cuando el inflatón alcanzó un nuevo estado de energía mínima) se produjo un frenazo similar al que nosotros experimentamos en el símil anterior al caer al mar. Este frenazo del inflatón, como decimos equivalente a un gran golpe contra el mar, supuso una gran excitación sobre el resto de campos cuánticos preexistentes que hasta ese momento habían permanecidos en su estado fundamental sin partículas (sin perturbaciones).

12) El mar de electrones, por ejemplo; se vió así sacudido y de su perturbación nacieron esas ondas de propagación que nosotros entendemos como partículas (electrones en este caso); y lo mismo sucedió con el resto de campos. Miles de cientos de billones de ondas excitadas emergieron por entre todo el (ya en ese momento astronómicamente grande) espacio. Unas ondas enormemente perturbadas que por lo tanto poseían una cantidad gigantesca de energía cinética. En menos de un segundo el espacio se "llenó" en todas partes a la vez de "materia" a una temperatura tan alta que no  podemos ni siquiera concebir. Ese proceso instantáneo de "llenado" (casi uniforme y por entre todo el espacio) es lo que se conoce realmente como Big Bang, pero hay que comprender que ya antes ocurrieron muy diversos procesos en este preexistente "algo" sustancial del que hemos hablado.

Conclusión)  El origen de nuestro Universo se conoce con una cantidad de detalles que pocos pueden siquiera imaginar. Conocemos bastante bien lo que ha ocurrió en el mundo desde que tenía una mil millonésima de segundo hasta nuestros días, 13.800 millones de años después. Y resulta que antes del Big Bang ya había algo; ya había campos cuánticos similares e iguales a los de hoy, siendo la única diferencia el estado general energético de dichos campos. Ciertamente la ciencia no puede ir más allá y explicar la esencia de estos campos, ni tampoco la esencia de las leyes cuánticas o de las leyes de conservación que sabemos que ya existían. Simplemente sabemos que todo eso estaba ya ahí antes de que la "materia" apareciera tal y como nosotros la conocemos, y de hecho muchos sospechan que hay otros lugares donde este mismo proceso tuvo lugar de manera independiente y desconectada. De esta manera es bastante probable que el proceso inflacionario que dió lugar a nuestro mundo particular haya dado e incluso esté dando en este momento lugar al nacimiento de otros nuevos Universos individuales. Esta propuesta denominada multiverso está sobre la mesa de una manera muy seria, e incluso muchos afirman; el gran físico Leonard Susskind incluido, que podría tratarse de un proceso de creación eterna. Una eterna creación (nucleation) de mundos naciendo (decayendo) en distintos puntos del (¿infinito?) campo del inflatón.

Sobre el futuro del hombre.

Hace poco un amigo virtual me dio a conocer un libro muy interesante y reciente del que no sabía nada (y otro buen amigo virtual me ayudó a conseguirlo en la red para leerlo). El libro es "The Physics of Life: The Evolution of Everything" de Adrian Bejan, y viene a apoyar con interés el trabajo de los autores ya comentados Eric Chaisson y Jeremy England.

En pocas palabras se concuerda que existe sin duda en el mundo una tendencia natural innata hacia generar con la máxima eficiencia movimiento, y consumir así gradientes de potenciales energéticos al mayor ritmo posible por unidad de masa y unidad de tiempo. Adrian Bejan reduce así toda evolución y cambio fenoménico a este "deseo" espontáneo de la realidad afirmando que no hay más diferencia entre lo que entendemos como vivo o inerte que la cantidad de energía que es capaz de consumir (el flujo de movimiento total que es capaz de generar). Y este hecho nos ayuda también a comprender no sólo la historia evolutiva que ha llevado a la aparición del Homo Sapiens, sino que nos permite entrever el posible futuro de nuestra especie:

1) Ninguna especie es o puede ser eterna o estática. Toda estructura en el mundo, viva o no, es un ente condenado al cambio y a la adaptación, a la lucha por la permanencia. Esta permanencia pasa obligatoriamente por ser una estructura material capaz de maximizar dadas las circunstancias fisico-químicas el aumento de entropía en el mundo.

2) Tan pronto aparece en cierto nicho o ambiente otra estructura capaz de mejorar esta eficiencia en el flujo de consumo energético, la naturaleza de manera autónoma prescinde de la antigua y la sustituye por la nueva. Este proceso de sustitución es automático y tan natural como el hecho de que una roca ruede siempre por una ladera todo lo posible siguiendo el camino que minime su energía potencial (y por tanto maximice su energía cinética en el camino).

3) El ser humano basa su enorme éxito o dominancia en planeta gracias a su capacidad cognitiva para poder adaptarse y consumir con eficiencia en muy diversas situaciones. Nuestro hábitat es ya la Tierra entera y no hay otra especie animal capaz de rivalizar de momento con nosotros en nuestra habilidad para generar flujos de movimiento: cada innovación técnica y tecnológica se ha encargado de mejorar esta eficiencia empezando por el fuego y terminando por la moderna industria.

4) Pero como ya hemos visto en el mundo nada es eterno y todo cambia...y eso supone que el hombre está condenado a desaparecer como tal más pronto que tarde (hablando a escalas cosmológicas). Decenas de millones de otras especies desaparecieron ya fruto de la contingencia (meteoritos, cambios geoclimáticos, etc.) o de la rivalidad con otras estructuras (como le ocurrió por poner un ejemplo al Homo Neanderthalensis que no fue capaz de rivalizar con nuestra superior habilidad para producir flujos y consumos).

5) Si el hombre desaparece, o mejor dicho cuando desaparezca, será también debido a un accidente natural que cambie demasiado el hábitat global del planeta como para que podamos hacerle frente a tiempo; o será debido a que aparezca otra estructura material capaz de competir con nosotros en este ámbito global. Es decir, que dado el suficiente tiempo es muy probablemente que de una u otra manera alguna otra estructura llegue a superar nuestra eficiencia para producir y consumir energía libre...y la naturaleza espontáneamente la "seleccionará" a ella para que domine y permanezca en la realidad.

6) ¿Y qué tipo de estructura podría lograr el hito de superarnos como entes maximizadores de consumo energético? La respuesta es simple: otra estructura tan inteligente o más que el ser humano. Posiblemente una estructura tan capaz y trabajadora como el hombre, pero que carezca de nuestras limitaciones biológicas más mundanas. En otras palabras, que como el tristemente fallecido Stephen Hawking ya adelantó: «La inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana».

7) Adrian Bejan nos enseña que lo artificial y lo natural son conceptos vagos inventados por nuestra subjetividad. Lo que realmente existe son diversas estructuras físicas y un mandamiento termodinámico natural que cumplir. En este sentido el Universo en sí no diferencia y todo lo toma según la vara de medir del flujo de movimiento total que cierta estructura es capaz de conseguir. Así pues, probablemente conforme el hombre vaya devorando energía y construyendo entes inteligentes no basados en el carbono (para producir aún más rápido), irá al mismo tiempo modificando el propio sistema planetario -nuestro hábitat- (como por ejemplo la aparición de estructuras fotosintéticas modificó el contenido gaseoso de toda la Tierra en el pasado aniquilando a muchas especies).

8) Imagina aparatos cada vez más y más inteligentes (y ni siquiera es necesario que lleguen a alcanzar nuestra conciencia, que como ya vimos es un mero artificio evolutivo funcional que al hombre le ayudó a sobrevivir pero que no es imprescindible para lograr conductas ingeniosas). Estos entes no biológicos irán cada vez logrando capacidades cognitivas más amplias e irán por tanto realizando poco a poco todo el trabajo que actualmente hacemos nosotros (las personas pasarán a ser en gran medida disfuncionales y ociosas).

9) Y es que muchos se preocupan de si esta falta de trabajo para el hombre debe ir acompañada o no de una renta básica universal o sobre qué harán las personas cuando no tengan que trabajar (porque procesos autónomos lo hagan todo). Pero el verdadero problema es que la naturaleza no se preocupará lo más mínimo en mantener en la existencia a seres ociosos y disfuncionales (en relación a su inutilidad para aportar en favor de la verdadera y única meta natural: mejorar la eficiencia del consumo energético).

10) Muy poco a poco cada vez harán falta menos personas para mantener el parqué de máquinas inteligentes autónomas, mientras que la productividad crecerá exponencialmente gracias a la eficacia de estas máquinas que no lastran nuestras "debilidades" biológicas (no descansan, no enferman, etc.). Es bien conocido que muchas especies ajustan el número de descendientes a las condiciones ambientales, y en el hombre posiblemente este proceso ocurra también de manera más o menos inconsciente. El hecho es que las personas poco a poco irán intuyendo que traer hijos al mundo en un planeta abarrotado de máquinas (y de personas) con una falta total de trabajo y de utilidad práctica, sea poco "ético" o "deseable". Finalmente el hastío (el tan consabido hastío Schopenhaueriano) amargue la existencia de todos esos que no tienen nada que hacer, lo cual tirará posiblemente aún más a la baja el crecimiento demográfico.

11) Un proceso gradual de sustitución de personas por máquinas ocurrirá en el planeta (ya lo hace de hecho en ciertas zonas del primer mundo aunque de manera poco perceptible aún). Y por otra parte, la búsqueda del aumento en la eficiencia empujará a las grandes compañías tecnológicas a crear máquinas capaces de crear (y mejorar) otras máquinas sin apoyo humano (como ya aventuró nuestro gran Mariano Rajoy xDD). Ese será sin duda el punto de inflexión que marcará nuestro destino. Valga la pena mencionar que ya en estos momentos Google publicó hace poco un paper donde demuestran cómo lograron que una red neuronal fuese capaz de crear ella misma otras redes neuronales más eficientes que las alternativas desarrolladas por ingenieros humanos para la resolución de ciertos problemas (lo llamaron AutoML).

12) Y por supuesto está el hecho puesto de relieve con maestría por Carlos Castrodeza por entre su obra: la evolución biológica no "permite" que órganos no funcionales permanezcan en el acervo génico. Esto quiere decir que conforme las máquinas hagan más y más tareas que requieren de habilidades cognitivas complejas, estas tareas dejarán de ser hechas por personas, lo cual supondrá que tales capacidades dejarán de tener funcionalidad adaptativa en nosotros e irán muy gradualmente desapareciendo. Es decir; que más pronto que tarde el ser humano se "idiotizará" conforme su supervivencia no dependa de su inteligencia de manera tan crucial como lo ha sido hasta la fecha: un proceso que se verá acelerado en cuanto las máquinas tengan la capacidad para autoensamblarse, automantenerse y autodiseñarse (mejorarse) por ellas mismas.

Conclusión) Hace unos días mi empresa me encargó la supervisión del desarrollo de un proyecto de red neuronal capaz de entresacar de manera autónoma información relevante de CVs tipo Word (docx) or PDF. La razón: un encargo de una famosa empresa textil que ha visto como la generación de los llamados "millennials" no saben/no quieren rellenar los típicos campos de los formularios web que la empresa ponía a disposición de los interesados en conseguir un trabajo en sus tiendas. Los "millennials" por lo visto (en general) tienen las ganas/conocimientos justos para escribir un documento Word y adjuntarlo con un botón...y no que se les pida más. Yo lo veo un claro ejemplo real de todo lo dicho arriba: muchas de nuestras capacidades cognitivas están empezando ya en esta nueva generación a "sobrar". Y lo disfuncional como decimos la evolución gradualmente lo barre del acervo génico. Si pudiéramos pintar en una gráfica las habilidades mentales medias del ser humano en las generaciones por venir, probablemente veríamos una curva descendente para las próximas décadas y centurias. Más pronto que tarde nuestros tataranietos irán delegando más y más tareas en máquinas cada vez más y más autónomas y autosuficientes (incluso la propia crianza de nuestros hijos); y es muy posible que llegue el momento en que el ser humano como tal deje de ser el ente termodinámicamente dominante en el planeta. A partir de ese momento, y por muy distópico que suene, la supervivencia de nuestra ya disfuncional especie estará tan en peligro como lo pueda estar hoy día el oso panda.


Conclusión general.

Nuestro mundo según la física moderna parece ser parte de una realidad preexistente. Ya antes del famoso Big Bang existían las leyes físicas naturales y también existía una sustancia (el campo del inflatón) con el potencial de generar en cualquier momento un Universo mediante un proceso cuántico de tunelaje hacia estados de menor energía. Este tunelaje puede suceder aleatoriamente en cualquier momento y lugar del inflatón y causar espontáneamente desde la nada "material" la aparición (nucleation) de un Universo "burbuja" que se expandirá exponencialmente en millonésimas de segundos. Al detenerse la expansión se produce un brusco "frenado" que transforma esa cinética de movimiento en la creación de billones de partículas dentro de la "burbuja": un Big Bang ha ocurrido. Este proceso se cree que se repite por entre el inflatón de manera continua por lo que nuestro Universo sería un caso particular de una multitud de "burbujas" que existen de manera independiente (multiverso). También se cree que este proceso inflacionario podría ser eterno en el sentido de que siempre habría un lugar en el campo del inflatón con capacidad para nuclear una burbuja más (un nuevo mundo).

Desde el mismo momento en que nuestro Big Bang ocurre las pequeñas diferencias (de origen cuántico) de densidad en la distribución de la materia/radiación resultante va guiando la dinámica del mundo hasta que tras 380.000 años se forman los primero átomos estables, dando lugar a unas posiciones del espacio con más densidad de partículas que otras. Fue esta pequeña desigualdad en la distribución del potencial gravitatorio (siempre atractivo) lo que permitió la formación de las estrellas, galaxias, cúmulos, y demás cuerpos celestes.

Tras el "frenazo" inflacionario se produce como vemos la dominancia atractiva de la materia/radiación sobre el cosmos por lo que la expansión del espacio se va frenando. Sin embargo, algo extraño ocurrió hace alrededor de 8.000 millones de años: el espacio de nuevo comienza a expandirse exponencialmente (justo como en el periodo inflacionario). Este efecto de repulsión se debe a la llamada energía oscura, y muchos piensan que es el remanente (con mucho menor potencial) del propio campo del inflatón que al principio nos dió lugar. Grosso modo, conforme el espacio de expande aparece más inflatón (más energía oscura en realidad, sea finalmente lo que sea) en el nuevo espacio "surgido". Así pues se produce un efecto retroalimentado: al aumentar el espacio aumenta el área del Universo, y la energía oscura sabemos que es un "algo" (inflatón o lo que sea) que se encuentra naturalmente (espontáneamente) en cada posición del espacio. Así pues más área supone más energía oscura empujando al propio espacio que crece aún más rápido, lo cual crea aún más energía oscura y, bueno, ese es el origen de la expansión exponencial que llevará al Universo a una segura "muerte" térmica donde cada objeto macroscópico se habrá separado y aislado de todo lo demás tras un horizonte cosmológico.

Es decir, que esta burbuja nuestra que llamamos mundo acabará primero aislando cada galaxia de las demás, y luego, una vez todo sean pequeños sistemas aislados y cerrados por horizontes cosmológicos, la física llevará cada isla existencial (sin flujo neto de energía) hacia su estado de máximo equilibrio termodinámico: es decir, hacia su "muerte" térmica. Nuestro mundo será entonces, justo como al principio, un frío mar de nada cuántica. Toda la perturbación en los campos habrá cesado y la expansión llevará por fin a que la "materia" deje de de nuevo de existir.

Podemos ver que existe una asombrosa conexión entre el estado que presentará el fin de nuestro Universo y su estado original, aunque existe una diferencia que no se puede pasar por alto: en todo el proceso se habrá consumido parte de la energía potencial del inflatón (justo cuando cayó mediante tunelaje cuántico a un estado energético menor). Esto significa que podría ser el caso de que en el fondo toda la realidad (todo el multiverso) no fuese otra cosa más que una colosal maquinaria encargada de devorar gradientes energéticos: acabar en suma con el potencial del propio inflatón en sí mismo. En fin, de momento este punto es pura especulación pero llama la atención la similitud entre este proceso inflacionario guiado por diferencias de potencial y el modo en que la física empírica nos enseña como ante cualquier diferencia de potencial el fenómeno empírico actúa en nuestro mundo en consecuencia con un movimiento y flujo dirigido precisamente a terminar con esta diferencia.

Sea como fuere nuestro cosmos está condenado a "morir" en un estado de máximo equilibrio donde no existirá diferencia de potencial alguno. Y precisamente esta tendencia natural por abolir gradientes es la fuente de toda la mecánica del mundo: inerte o animada. El mundo no distingue en esencia de ninguna manera entre los fenómenos vivos o no vivos, siendo esta diferencia fruto de nuestra subjetiva interpretación. En el fondo la naturaleza todo lo que "desea" es maximizar la cantidad de movimiento (de flujo) por entre su ser. Maximizar así, en suma, el ritmo al que se devora toda diferencia de potencial dadas las circunstancias particulares de cada momento y lugar para alcanzar cuanto antes su propia "muerte" térmica.

Precisamente fue siguiendo esta misma (y única) tónica de evolución natural como resultó que el mejor modo en que se pudo consumir gradientes en cierto planeta fuera del equilibrio térmico (al estar girando alrededor de una estrella) hace más de 4.000 millones de años fue mediante la repetición de ciclos macromoleculares. Ciertas reacciones químicas estables y capaces de replicar su ciclo de formación resultaron ser ideales medios para acaparar la energía resultante de la llegada de esos energéticos fotones surgidos en la estrella cercana, y transformar así estos mismos fotones en una radiación infrarroja de muy baja calidad y sin potencial para generar nuevo movimiento. Así pues el planeta espontáneamente evolucionó para constituirse en una caldera gigantesca capaz de devorar la potencia radiada por la estrella y lanzar al espacio como desecho radiación inútil. Huelga decir que hablamos de la Tierra, el Sol y el surgimiento de lo que llamamos vida.

Posteriormente la historia de eso que denominamos vida es la historia de cómo esta caldera planetaria terrestre ha ido evolucionando en su conjunto (en un sentido holístico -Gaia- tal como lo entendía la destacada bióloga Lynn Margulis) siempre hacia la máxima eficiencia posible. En este concreto sentido hablaron también con mucha propiedad Dorion Sagan y Eric D. Schneider en su libro "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución" al decir:

«Lo que más nos interesa aquí es la gran simplificación sintetizada en el aforismo "la naturaleza aborrece los gradientes". Este concepto sorprendentemente fructífero, que exponemos en detalle, condensa buena parte de la investigación reciente en termodinámica. La idea de que la naturaleza aborrece los gradientes, una de las nociones clave de este libro, es muy simple: un gradiente no es más que una diferencia de temperatura, presión o concentración química, por ejemplo a lo largo de una distancia. La aversión de la naturaleza hacia los gradientes implica que éstos tenderán espontáneamente a desaparecer, de manera especialmente espectacular por la acción de sistemas complejos autoorganizados, que aceleran su disgregación. El concepto simple de gradientes que se deshacen resume la difícil ciencia de la termodinámica, desmitifica la entropía -tan importante para el universo como la gravedad- y arroja luz sobre cómo surgen de manera natural estructuras y procesos complejos, incluidos los de la vida. Al final se plantean diversas cuestiones filosóficas que resultan ineludibles. La principal es la existencia de la vida. ¿Por qué existe la vida?¿Tiene ésta, desde una perspectiva científica, una función general? Nuestra respuesta es que sí. Un gradiente de presión barométrica en la atmósfera (la diferencia entre masas de alta y baja presión) da pie a un tomado, un sistema cíclico complejo. La función del tornado, su propósito, es eliminar el gradiente. La vida tiene un propósito natural similar. Sólo que, en vez de deshacer rápidamente un gradiente de presión y después desaparecer, la vida tiende a reducir, en el transcurso de miles de millones de años, el enorme gradiente estelar que existe entre el Sol caliente y el espacio frío, ganando complejidad en el proceso. La evolución de formas de vida complejas e inteligentes puede explicarse por la eficacia de la vida como sistema cíclico consagrado a la reducción de gradientes. La función original y básica de la vida, como la de los otros sistemas complejos que examinamos en este libro, es reducir un gradiente medioambiental.»

Pero todo esto, por supuesto, implica que el propio ser humano (razón y conciencia incluidas) no son en el fondo más que parte de este intrincado proceso disipativo general. No somos especiales ni distintos en nada esencial del resto de seres vivos (ni no vivos). Somos, en pocas palabras, un medio más del cual el Universo se vale para luchar en su animadversión ante los mencionados gradientes. En este sentido dicen estos mismos autores:

«"Heráclito tenía razón", afirma Popper, "no somos [el individuo] cosas, sino llamas. O, más prosaicamente, somos, como todas las células, procesos metabólicos, redes de vías químicas.[...] Los árboles despliegan activamente sus raíces y hojas para absorber el agua y la energía, dos ingredientes necesarios para incrementar la disipación. [...] Cada nueva hoja, cada nueva predisposición fototrófica, es una nueva oportunidad para la degradación de energía. En resumen, el dicho cartesiano "pienso, luego existo" se convierte en "existo porque disipo".»

Pero el hecho de que seamos de momento el medio más efectivo a la hora de disipar energía no implica que siempre lo vayamos a ser. Nuestra especie no tiene ninguna gracia divina ni implica que la cúspide en la eficiencia ya se haya alcanzado con nosotros. Justo al contrario, es más que probable que seamos reemplazados quizás no dentro de mucho por otras estructuras (biológicas o no, lo mismo da) que sean capaces de llevar la destrucción del gradiente energético que genera el Sol a cotas muy superiores a lo conseguido por nosotros. Y en cuanto este sea el caso la naturaleza se deshará de nosotros sin miramientos ni contemplaciones: pasaremos a formar parte del registro histórico como un peldaño más en esta carrera natural de fondo. Ciertamente lo que quiera que sea que nos sustituya será tan inteligente o más que nuestra especie y sin duda será más eficiente que nosotros en la generación neta de densidad en el flujo de movimiento.


Visto en perspectiva todo el multiverso parece ser una gran máquina encargada de devorar variaciones de potencial. Es decir, que toda la realidad aparenta consistir en ser una suerte de universal "lucha" natural en pos de agotar tan pronto como sea posible la utilidad energética del campo del inflatón en sí mismo: extinguir y acabar con la capacidad esencial del propio Ser para que la realidad finalmente "agote" completamente y de una vez por todas el potencial. En otras palabras: crear y generar movimiento desde la nada metaestable (con potencial) hasta que todo se disipe de nuevo en la nada ("muerte" térmica), y repetir este proceso tantas veces como sea necesario hasta que se consiga alcanzar por fin una nada estable y sin potencial alguno para generar nuevo cambio: hay que destacar que esta misma tendencia ideal es, de hecho, la que observamos localmente en todo el fenómeno a nuestro alrededor.

Sea como fuere una cosa está clara: en este particular Universo nuestro, único al que tenemos acceso empírico, todo se confabula y estructura de continuo para apagar y atenuar su propio ser. Cuando miramos a nuestro alrededor absolutamente todo lo que vemos, personas incluidas, nos somos más que medios naturales con los que la realidad se afana con vehemencia en acabar tan pronto como sea posible con su capacidad existencial (esto es, con toda diferencia de potencial).

Es evidente que a todos estos hechos fenoménicos se les pueden sacar mucha chicha filosófica, pero eso escapa del alcance de esta entrada que bastante larga me ha quedado ya. Sólo mencionar de todas formas un nombre para aquel que tenga inquietud en este sentido: Philipp Mainländer.

sábado, 26 de mayo de 2018

El mejor consejo para nuestros hijos

“Money is human happiness in the abstract; he, then, who is no longer capable of enjoying human happiness in the concrete devotes himself utterly to money.” 
(Arthur Schopenhauer)



Esta canción, "Simple Man" de Lynyrd Skynyrd nos cuenta el mejor consejo que podemos darle a nuestros hijos (lástima que la música de hoy día no le llegue ni a los talones a la de esta época):

Mama told me when I was young
Come sit beside me my only son
And listen closely to what I say 
And if you do this it'll help you 
some sunny day. Oh Yah!

Oh take your time don't live too fast
troubles will come and they will pass
Go find a woman and you'll find love
And don't forget son there is someone up above

And be a simple kind of man
Oh be something you love and understand
Baby be a simple kind of man
Oh won't you do this for me son if you can?

Forget your lust, for the rich man's gold
All that you need is in your soul
And you can do this Oh baby if you try
All that I want for you my son is to be satisfied

And be a simple kind of man
Oh be something you love and understand
Baby be a simple kind of man
Oh won't you do this for me son if you can?

Boy don't you worry, you'll find yourself
Follow your heart and nothing else
And you can do this Oh baby if you try
All that I want for you my son is to be satisfied

Baby be a simple kind of man
Oh won't you do this for me son if you can?
Baby be a simple, be a simple man.


domingo, 6 de mayo de 2018

"El flujo de la historia y el sentido de la vida", por Carlos Castrodeza

"Una vez ubicado su medio, ¿cómo se ve el hombre? Se vislumbra como un ser forzado a (deseoso de) sobrevivir sobre todas las cosas. No importa cuál sea su sufrimiento, su miseria, su menosprecio a la vida, su desesperación. Se ve arrastrando su existencia, a menudo, de una manera tan tragicómica como amarga"
(Carlos Castrodeza)


Os dejo a continuación una reflexión sobre un fragmento de la obra "El flujo de la historia y el sentido de la vida" de Carlos Castrodeza:
"[...]en un mundo siempre limitado por recursos escasos, incluso con abundancias engañosas, se sale adelante, si se sale, a cualquier precio. Claro está que ese precio indeterminado aparenta no ser tal, a fin de que la supervivencia en grupo sea hasta cierto punto mínimamente sostenible. Habría una selección natural obvia, a corto plazo, y otra calificada como darwiniana, menos obvia, a un más largo plazo. Esta retórica, en definitiva, es básicamente instrumental/estética, aunque matizada epistémicamente por ontologías portadoras de sentido existencial incluso en una atmósfera nihilista.

Sucede que, explícitamente, el proceso de supervivencia directa, o indirecta por medio de la reproducción, implica trivialmente la extracción de energía del medio, o bien directamente, o bien y sobre todo implicando al «otro» en un hacer simbiótico o parasitario. Asimismo, claro está, a la hora de la reproducción, en nuestra especie hay que implicar necesariamente al otro. El lenguaje es un instrumento para ayudar a la realización de esas acciones de un modo directo o de infinitos modos indirectos. El lenguaje, en este sentido, va más allá de la consecución de una cohesión social en el sentido que le imprime, por ejemplo, Robin Dunbar,7 pero no más allá de potenciar una simbiosis o un parasitismo en pos de la supervivencia y la reproducción propias. Más allá solo hay ruido metafísico maquillado de lenguaje enjundioso.

Una actividad considerada noble, como la investigación científica, en realidad implicaría el conocimiento del mundo para su utilización o explotación. De modo que el placer de conocer, en clave aristotélica, por ejemplo, sería el acicate para potenciar ese uso como ocurre con toda actividad placentera que no sea patológica. Es decir, una apetencia placentera es el estímulo para potenciar la supervivencia y la reproducción propias. La actividad puede no ser propiamente placentera en el nivel individual, pero sí en otro nivel, como por ejemplo en el nivel génico, en cuyo caso, aunque no la consideráramos propiamente placentera, lo sería de un modo lato o, si se prefiere, singularmente perverso. En general, y como diría Heidegger, la esencia de la ciencia es tecnológica, aunque la esencia de la tecnología no lo sea.

La ciencia, en efecto, no piensa, pero no en el sentido heideggeriano de no ir a la esencia del ser, sino, muy al contrario, en el sentido de que el pensar en sí no tiene sentido. Se piensa para algo y por algo, siempre, trivialmente de nuevo, en conexión con la propia supervivencia directa o indirecta por medio de la reproducción. Lo demás, digámoslo una vez más, es ruido metafísico. O, asimismo, es ruido epistémico, ético o estético o, incluso, es incurrir en juegos de supervivencia y reproducción, dado que el hombre sería un simio antropoide que juega hasta que muere."
Qué grandes palabras de Carlos Castrodeza, y qué facilidad para expresar algo que queremos convertir en complicado pero que es muy simple de explicar en realidad. El sentido de TODA conducta biológica se reduce a lo siguiente:
"[...] el proceso de supervivencia directa, o indirecta por medio de la reproducción, implica trivialmente la extracción de energía del medio, o bien directamente, o bien y sobre todo implicando al «otro» en un hacer simbiótico o parasitario"
Un párrafo que esquematiza y reduce lógicamente todo lo que hacen (hacemos) los seres vivos. Y es que no hay más, y el resto es, como dice Carlos, "ruido metafísico maquillado de lenguaje enjundioso". Aceptemos las cosas como son de una vez. Si aprobamos y creemos en la tesis darwinista, no queda más remedio para ser consecuente que abrazar también el nihilismo accidentalista hasta sus últimas consecuencias (esto es, "darwinizar" TODO nuestro mundo).

Porque realmente es curiosa esa moda epistémica tan actual que existe de aceptar el darwinismo pero al mismo tiempo querer "salvar" al hombre del más puro accidentalismo inventando para ello un nuevo "ente" esencial llamado cultura. Pero, no. La cultura, la moral, la ética, el arte, incluso la ciencia y la tecnología, no son en esencia NADA sin el cerebro biológico que les da soporte. Un cerebro evolutivo (expresión visible de parte de nuestro genotipo) que es dueño y señor cognitivo, y que dicta lo que nos gusta y lo que no; lo que deseamos y lo que no, lo que debemos hacer y lo que no. Quita al cerebro (fenotipo del gen) de la ecuación existencial y TODO lo demás desaparece...cultura incluida.

Así que no nos engañemos con cantos de sirena esencialistas. El darwinismo indica el camino, y el camino parece conducir al accidentalismo y al nihilismo más puro imaginable. E insistamos de nuevo, lo demás es ruido subjetivo de nuestra cosecha.

En su momento Darwin dijo: "¿Cómo algo tan simple como la selección natural resulta tan difícil de entender?". Y la historia parece que se repite. ¿Cómo algo tan sencillo de entender como que toda conducta (todo movimiento natural) se reduce simple y llanamente a su física subyacente: es decir, a leyes termodinámicas básicas?

Carlos Castrodeza lo expresa con maestría en este fragmento:
"[...] en una realidad de recursos escasos se ha generado una situación de supervivencia entre estructuras en que unas «depredan» sobre otras para potenciar su propia existencia desde un Big Bang inicial. Y por razones energéticas (o sea, llanamente físicas) las estructuras que «medran» son, tautológicamente, las más estables (negentropía «fuerte»). Tal estabilidad se ceba termodinámicamente a expensas de las estructuras menos estables (negentropía «débil»). O sea que dentro de una línea evolucionista el proceso imperante es la selección de lo circunstancialmente más estable. Por supuesto que, en realidad, trivialmente, todo es un proceso de selección que podemos calificar como selección natural, aunque ciertamente el apelativo natural en este contexto amplio está de más, es decir, es una acepción redundante porque el mundo y todo lo que en él ocurre es natural."
Y ciertamente no hay más. El mundo y la vida como tal son una banalidad, un hecho insustancial. Pero no pasa nada, no hay por qué maquillar las cosas. O si las maquillamos por necesidad psicológica, al menos hagámoslo a sabiendas de que lo que hacemos es crear una mera estética ajustada a nuestras necesidades personales: un apéndice epistémico subjetivo que nos ayuda a aceptar la realidad y que nos permite en último término cumplir mejor con lo que ya sabemos que es la única esencia vital: sobrevivir estructuralmente...y punto.

domingo, 29 de abril de 2018

La futura renta básica universal

"La renta básica es la alternativa a una situación social insostenible"
(Santiago Niño-Becerra - catedrático de Estructura Económica)


Ayer salió publicada en la portada del diario El País este artículo: https://elpais.com/economia/2018/04/28/actualidad/1524911412_619791.html

En el artículo se habla abiertamente de cómo el gobierno actual quiere que la ‘tasa Google’ pase a financiar las pensiones ya este año. Y aunque poca gente se ha dado cuenta o lo ha relacionado directamente, esta noticia es la primera señal clara que demuestra que la necesidad social de eso que se llama renta básica universal está más cerca de lo que parece. Se trata de uno de los primeros signos históricos que evidencia que el trabajo perdido a mano de la tecnología lo tendrán en teoría que sufragar las propias compañías y sus accionistas. Evidentemente esto es algo que las compañías no harán por voluntad propia (dada la naturaleza humana), por lo que ahora posiblemente vendrá la reacción legal de estas compañías en contra de tales tasas, y finalmente llegará la necesidad de una revolución en toda regla (del estilo de las del pasado siglo XX) para lograr instaurar esa obligación fiscal en las grandes compañías. No cabe duda de que queda un largo trecho que pelear por la RBU y la "guerra", aunque pocos se hayan dado cuenta, acaba de empezar.

Y no nos refugiemos por cierto en la excusa de que las empresas necesitan que la gran masa de personas compren sus productos y que por lo tanto necesitan pagar dicha renta básica:

Porque, ¡ojo! La automatización supone para las empresas un aumento enorme de rentabilidad: es decir, que con vender la mitad o menos les vale para ganar igual incluso más que antes (el coste más grande de lejos en cualquier empresa es el coste humano). Por lo tanto a las grandes compañías les valdrá con vender menos y ganar más, en lugar de pagar muchos impuestos para poder "autocomprarse". Se trata de matemática pura. La renta básica universal es absurda desde el punto de vista empresarial en cuanto supone que las empresas irían a financiar a coste cero la compra de sus propios productos, y eso mucho me temo que no es rentable (ni tiene sentido económico).

La historia es imposible de prever, pero lo que posiblemente pase es que el aumento de eficiencia en la producción (disminución bestial de costes), suplirá en el tiempo la disminución en la demanda (debido a la precariedad de la clase media y baja que pasarán a ser baja y muy baja). Finalmente una élite (pequeña clase alta dueña y/o diseñadora de las máquinas de un modo directo o indirecto) vivirá muy holgadamente en favor de los demás. Y resulta además que esta clase alta será dueña también de grandes armas autónomas y constituirán un lobby enorme capaz de comprar cualquier gobierno.

Si algún día, por tanto, llega esta RBU, habrá que pelear por ella y muy posiblemente de manera violenta (como ocurrió en las revoluciones del pasado).

jueves, 26 de abril de 2018

Los problemas del realismo científico

“La Matemática no es real, pero «parece real». ¿Dónde está ese lugar?”
(Richard Feynman)


Desde luego el realismo científico puramente materialista tiene un gran problema con el tema de describir qué son las partículas. En este interesante artículo, por ejemplo; se resume la cosa así: "O sea, que las partículas fundamentales pueden tener dos “aspectos”, según cómo se interpreten: o son puntos infinitesimales rodeados de una nube que manifiesta algunas propiedades de la partícula (que es el consenso actual) o son pequeñas perturbaciones de los diferentes campos que permean el universo."

Pero ambas "interpretaciones" tienen sus problemas:  la primera nos fuerza a creer que la materia que nos forma está constituida por ¡puntos adimensionales infinitamente pequeños!, la segunda nos dice que la materia no es más que una perturbación ondulatoria de probabilidad en un campo cuántico lo cual significa que la materia...en fin, que es algo así como una onda matemática que se expande por un campo cuántico esencial inefable.

Las partículas de materia observadas desde el prisma de la física moderna bien parece que no son NADA más que construcciones matemáticas instrumentalistas. La cuestión es: ¿qué concepto de realidad física se le puede dar a un punto sin dimensión infinitamente pequeño (constructo matemático físicamente indecible donde los haya), o a una perturbación en forma de onda de probabilidad matemática "vibrando" dentro de un campo cuántico?

¿Podemos visto lo visto seguir tratando la materia más fundamental que nos conforma como algo con realidad física independiente? ¿O no será más bien que todo no es más que una ilusión cognitiva fruto de un devenir puramente (y esencialmente) matemático? Si este fuera el caso bien podría decirse que la realidad física como tal no existe, sino que lo que verdaderamente (esencialmente) "existiría" es toda esa "sustancia" matemática de fondo.

jueves, 12 de abril de 2018

"Razón Biológica, la base evolucionista del pensamiento", por Carlos Castrodeza

"Esto es lo que conviene analizar. ¿Por qué al hombre le duele su ignorancia, como podría dolerle un miembro que nunca ha tenido?" 
(Carlos Castrodeza)


Hoy acabo de releer por segunda vez el magnífico libro de Carlos Castrodeza: "Razón Biológica, la base evolucionista del pensamiento". Es una lástima que este buen filósofo español no tenga más reconocimiento, y es una mayor pena que falleciese antes de poder terminar de germinar toda su línea de trabajo.

Como muestra de su talento me gustaría compartir con vosotros la manera en que este autor, un fenomenal biólogo reconvertido en filósofo, termina el libro arriba mencionado con este memorable epílogo (como él diría, para flemáticos):

"Leslie Stevenson publicó una pequeña obra maestra, Siete Teorías de la Naturaleza Humana. En este escrito Stevenson simplificó, sin trivializar, la contemplación de las cuestiones sempiternas epistemológicas y éticas de la filosofía. Stevenson proponía que todo ser humano siempre se formula, de un modo tácito al menos, las siguientes preguntas, y en este orden: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Por qué no acepto mi situación? ¿Hay solución? (en realidad, estas son las preguntas kantianas por excelencia). Las dos primeras preguntas (cosmológica y antropológica) plantearían en sus respuestas la propia epistemología, y las dos segundas un principio ético, tanto en su fase pre-ética (sintomatología) como en la práctica ética propiamente dicha.
Stevenson explicitaba entonces siete cosmovisiones típicas. Según la terminología aquí empleada, una sería típicamente racionalista, la platónica, dos instintivistas de signos opuestos, la cristiana y la existencialista de Sartre, dos instrumentalistas, la freudiana y la marxiana, una positivista, la conductista de Skinner y otra refutacionista, la etológica de Loren.
La idea de Stevenson era que todos los seres humanos participamos en mayor o menor grado de las cosmovisiones de estos creadores.
Lo cierto es que el modelo de Stevenson se puede generalizar aún más, e incluir una serie adicional de cosmovisiones que cubran de un modo mucho más completo las pretensiones humanas. De hecho, y de acuerdo con las ideas expuestas, a lo largo páginas, habría una cosmovisión de la que derivarían as las demás. Esta sería una cosmovisión de corte biológicoevolucionista, basada específicamente en un esquema darwiniano, que iría más allá de la ortodoxia vigente y sería, desde luego, más amplia que el que propugna Lorenz y, sobre todo, Skinner.
La raíz de esta cosmovisión generalizadora [biológicoevolucionista] estaría en el sufrimiento animal, y específicamente en el humano, lo que reflejaba muy exactamente la sensibilidad del propio Darwin al respecto. Procede pues, para cerrar estas disquisiciones naturalistas, contestar a las preguntas Stevensonianas desde esta perspectiva biológica general y a un nivel 'macroscópico', es decir, tomando como referencia lo que se estima que el hombre siente 'a flor de piel'. Sensación que, no es otra cosa, sino la materia prima para el estudio de una supuesta naturaleza humana por parte tanto de racionalistas como de intuicionistas, en los extremos, así como de cualquier otro estudioso al respecto.
¿Dónde ve el hombre que está cuando su autoconciencia se va despertando? Ve que el mundo es un lugar amenazador. Siente, contemplándolas, las amenazas del frío, del hambre, de enfermedad, del tedio, de los depredadores, de la hostilidad de sus congéneres, del fracaso vital en sus distintas dimensiones. Intenta contrarrestar estas amenazas a costa prácticamente de lo que sea y de quien sea, aunque teóricamente manifieste cierta contención. Pero siempre constata que la inseguridad persiste, y que hay que seguir viviendo hasta que, quizá en el mejor de los casos, se sucumba gradualmente por el deterioro orgánico [vejez] que se impone hasta la muerte.
Una vez ubicado su medio, ¿cómo se ve el hombre? Se vislumbra como un ser forzado a (deseoso de) sobrevivir sobre todas las cosas. No importa cuál sea su sufrimiento, su miseria, su menosprecio a la vida, su desesperación. Se ve arrastrando su existencia, a menudo, de una manera tan tragicómica como amarga, hasta que alguna vez, rara vez, se 'rompe' y acaba él mismo con esa existencia.
Su rechazo a su situación está clara, pero insiste en llegar fondo de las cosas. Y asume que el hombre sufre sobre todo porque en realidad no sabe qué hacer, no sabe a qué atenerse para remediar su condición existencial. Concretamente, su verse forzado a (deseo de) sobrevivir por encima de todo, resulta truncado por la inevitabilidad de su propia muerte. Algunas veces piensa que existe un Ser Superior (un Algo) y que si confía en Él (en Ello), viviendo en el mundo como si estuviera al margen de todo (o fuera parte de un Todo), su doliente estado al menos se mitigaría. Pero esa confianza que exige una fe inexplicable, tiene su precio. El precio de la fe. Éste es normalmente la renuncia a supuestas compensaciones que puede conseguir y que supone en ocasiones, fugazmente, casi olvidar su situación. En cualquier caso, la duda insuperable hace que esta actitud parezca frecuentemente insostenible.
Otras veces decide que lo mejor es no pensar, que es necesario distraerse con algo que aparte la atención del problema existencial, un problema que, insiste, no sabe cómo resolver. De nuevo, esta escapatoria funciona parcialmente, especialmente si no se tiene tiempo para pensar, aunque el mal de fondo subsiste y va horadando la conciencia incesantemente.
¿Qué solución? Desde la mejor de las situaciones intuye que la manera óptima de diluir esa desesperanza está en inmiscuirse -del modo más directo al más indirecto- en actividades tecnológicas, científicas, artísticas y filosóficas:
- La tecnología, con la pretensión de remediar, con la menor dilación posible, las necesidades más perentorias (no pasar hambre, ni frío, no sufrir por causas de dolencias orgánicas).
- La ciencia, con la pretensión de dilucidar hasta qué punto puede ser posible resolver todas, y cada una, de las necesidades que surgen, ya a más largo plazo. Porque la satisfacción de las necesidades más inmediatas parece ceder el paso a otras que aguardan su turno, como soterradamente, y que cuando toca actualizarse son tan exigentes como las que fueron en su día las más apremiantes.
- El arte, porque le traslada al hombre a un mundo de bienestar sosegado, que no parece producir resaca, y ayuda a no perder la calma, e, incluso, resuelve la angustia existencial en ciertos casos.
- Por fin, la filosofía, actividad crítica de todo lo anterior, con objeto de cotejar hasta qué extremo no existe una ilusión indebida y se sigue 'con los pies en el suelo', porque si dura es la realidad cotidiana -se experimente o se piense (en 'propia carne' o en la de otros)-, peor es estar en Babia y despertarse en una pesadilla más horrenda que la que se haya podido soñar.
Estas aproximaciones atañerían a todos los seres humanos, en sus distintas variantes, especialmente en sus dos extremos: el hombre racional y el hombre instintivo.
[...] Estas tipologías [de personas], se insiste, más que ser en cierta medida genéticas (como afirma Eysenck), serían el resultado de la interacción del genotipo y el ambiente percibido, es decir, dichas tipologías serían, en general, estrategias de supervivencia. En todo caso se 'genetizarían', valga el término, aquellas que facilitaran más la supervivencia a través de los tiempos (quizá según un proceso de asimilación genética como, en su día, preconizara Conrad Waddington)."

jueves, 22 de marzo de 2018

Sobre "El mito de Sísifo", de Albert Camus

"Este transeúnte, ¿qué busca, por qué vive? ¿Y ese niño, y su madre, y ese viejo? Todo el mundo me exasperó durante aquel maldito paseo. Al final entré en una carnicería donde había colgada más o menos la mitad de una vaca. Ante semejante espectáculo estuve a punto de sufrir una crisis de llanto."
(Emil Cioran)

 "No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento. ¿Qué es la vida?. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré de devolver con indiferencia. "
Omar Khayyám (1048-1131)  


"[...] hay un recelo creciente de que la existencia es una carrera de ratas en una trampa: los organismos vivos, personas incluidas, no son más que tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás, las cuales los mantienen haciendo lo mismo y a largo plazo los desgastan. Así que, para seguir con esta farsa, los tubos encuentran maneras de producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con ojos y oídos, que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar. Siempre y cuando obtengan alimento suficiente, gastan su excedente energético en menearse de maneras complicadas, producir toda clase de sonidos inhalando y exhalando aire por el agujero de entrada y congregarse en grupos para luchar contra otros grupos. Con el tiempo, los tubos adquieren tal abundancia de aparatos adosados que apenas son reconocibles como simples tubos, y se las arreglan para hacerlo en una asombrosa variedad de formas. Existe una norma vaga de no comer tubos de la misma forma que la propia, pero en general hay una intensa competencia por ver quién se convierte en el tipo superior de tubo. Todo esto parece maravillosamente fútil, y sin embargo, si uno se pone a pensar en ello, comienza a parecer más maravilloso que fútil. De hecho, parece sumamente extraño"
(Alan Watts)



Introducción.

El mito de Sísifo es un ensayo filosófico de Albert Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como Le Mythe de Sisyphe. El ensayo se abre con la siguiente cita de Píndaro:
"No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible".
El título del ensayo proviene de un atribulado personaje de la mitología griega. En él, Camus discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre.

El libro fue escrito en plena segunda guerra mundial, durante uno de los periodos históricos modernos más absurdos vividos por la humanidad, y como fruto de esta circunstancia el autor pudo beber de primera mano el hecho del sinsentido del mundo. 

La obra comienza con estas palabras que han pasado ya a la posteridad por el ardor y el impacto que su mera lectura suponen:

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu. [...]
     Matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar. Es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida o que no se la comprende. Sin embargo, no vayamos demasiado lejos en esas analogías y volvamos a las palabras corrientes. Es solamente confesar que eso "no merece la pena". Vivir, naturalmente, nunca es fácil. Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia, por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que se ha reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter irrisorio de esa costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento. ¿Cuál es, pues, ese sentimiento incalculable que priva al espíritu del sueño necesario a la vida? Un mundo que se puede explicar incluso con malas razones es un mundo familiar. Pero, por el contrario, en un universo privado repentinamente de ilusiones y de luces, el hombre se siente extraño. Es un exilio sin recurso, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida. Tal divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado, es propiamente el sentimiento de lo absurdo. 
     Como todos los hombres sanos han pensado en su propio suicidio, se podrá reconocer, sin más explicaciones, que hay un vínculo directo entre este sentimiento y la aspiración a la nada. El tema de este ensayo es, precisamente, esa relación entre lo absurdo y el suicidio, la medida exacta en que el suicidio es una solución de lo absurdo. Se puede sentar como principio que para un hombre que no hace trampas lo que cree verdadero debe regir su acción. La creencia en lo absurdo de la existencia debe gobernar, por lo tanto, su conducta. Es una curiosidad legítima la que lleva a preguntarse, claramente y sin Falso patetismo, si una conclusión de este orden exige que se abandone lo más rápidamente posible una situación incomprensible. Me refiero, por supuesto, a los hombres dispuestos a ponerse de acuerdo consigo mismo.[...] A priori, e invirtiendo los términos del problema, así como uno se mata o no se mata, parece que no hay sino dos soluciones filosóficas: la del sí y la del no. Eso sería demasiado fácil. Pero hay que tener en cuenta a los que interrogan siempre sin llegar a una conclusión. A ese respecto, apenas ironizo: se trata de la mayoría. Veo igualmente que quienes responden que no, obran como si pensasen que sí. De hecho, si acepto el criterio Nietzscheano, piensan que sí de una u otra manera. Por el contrario, quienes se suicidan suelen estar con frecuencia seguros del sentido de la vida. Estas contradicciones son constantes. Ante estas contradicciones y estas oscuridades, ¿hay que creer, por lo tanto, que no existe relación alguna entre la opinión que se pueda tener de la vida y el acto que se realiza para abandonarla? No exageremos en este sentido.[...] 
     En el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo. El juicio del cuerpo equivale al del espíritu y el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento. Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar. En la carrera que nos precipita cada día un poco más hacia la muerte, el cuerpo conserva una delantera irreparable. Finalmente, lo esencial de esta contradicción reside en lo que yo llamaría la evasión, porque es a la vez menos y más que la diversión en el sentido pascaliano. El juego constante consiste en eludir. La evasión típica, la evasión mortal que constituye el tercer tema de este ensayo, es la esperanza: esperanza de otra vida que hay que "merecer", o engaño de quienes viven no para la vida misma, sino para alguna gran idea que la supera, la sublima, le da un sentido y la traiciona. Todo contribuye así a enredar las cosas. No en vano se ha jugado hasta ahora con las palabras y se ha fingido creer que negar un sentido a la vida lleva forzosamente a declarar que no vale la pena de vivirla. En verdad, no hay equivalencia forzosa alguna entre ambos juicios. Lo único que hay que hacer es no dejarse desviar por las confusiones, los divorcios y las inconsecuencias que venimos señalando. Hay que apartarlo todo e ir directamente al verdadero problema. El que se mata considera que la vida no vale la pena de vivirla: he aquí una verdad indudable, pero infecunda, porque es una perogrullada. ¿Pero es que este insulto a la existencia, este mentís en que se la hunde, procede de que no tiene sentido? ¿Es que su absurdidad exige la evasión mediante la esperanza o el suicidio? Esto es lo que se debe poner en claro, averiguar e ilustrar, dejando de lado todo lo demás. ¿Lo absurdo impone la muerte?"

Los muros del absurdo.

Y ciertamente todos vivimos nuestras vidas tras el decorado de la costumbre. Damos sentido al hábito y a la rutina y, viendo que todos parecen perseguir algo en similares circunstancias a las nuestras, extrapolamos que algo debe de haber. Así pues, en nuestro día a día no solemos cuestionar nuestros actos cegados por esta inercia que en principio no parece merecer controversia. Sin embargo:

"Suele suceder que los decorados se derrumben. Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el "por qué" y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro."

Estoy convencido de que en mayor o menor medida todos nos hemos visto sorprendidos ocasionalmente por esta pregunta repentina: "por qué" hago lo que hago, ¿para qué soporto esta lucha diaria? ¿por qué resisto todo ese sufrimiento y frustración? ¿Cómo soporto este repetitivo lapso vital estando seguro como estoy de que la muerte y el olvido es lo que espera al final de mi cruento camino? Pero inmediatamente luego, nos dice Camus: "la continuación es la vuelta inconsciente a la oficina o el despertar definitivo". Normalmente todos volvemos a la inconsciencia tras un breve pestañeo de atudimiento.

La necesidad de conocimiento.

Pero resulta que algunos superan el muro del engaño (logran eludir el instinto de evasión) y despiertan completamente frente un asombro continuo. Son personas que ya no logran zafarse con tanta ligereza de estos interrogantes existenciales, y surge en ellos una irrefrenable necesidad de conocer el porqué de todo lo humano. Y es que, una vez perdida la inocencia, todos esos actos cotidianos que antaño daban sentido se vuelven ilusorios. 8 horas diarias de trabajo sin descanso y finalmente la vejez, un cáncer o un infarto que acabarán con todo. ¡Por qué! ¿Cuál es el fin último de toda esta pantomima que encarnamos?

"[...] en un universo privado repentinamente de ilusiones y de luces, el hombre se siente extraño. Es un exilio sin recurso, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida. Tal divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado, es propiamente el sentimiento de lo absurdo."

El absurdo es representación de toda esta falta de sentido observado a nuestro alrededor. Se desea conocer la razón de todo; se necesita la certidumbre de un destino eterno del que beber esperanza, pero lo que se nos ofrece no nos satisface. Sólo disponemos para interpretar el mundo del método de la ciencia y de la religión, pero ambas acaban en un punto donde todo lo que se ofrece escapa del sentido común: es decir, escapa de nuestro entendimiento humano.

"[Y,]¿Qué significa para mí un significado fuera de mi condición? No puedo comprender sino en términos humanos. Lo que toco, lo que me resiste, eso es lo que comprendo. Y sé también que no puedo conciliar estas dos certidumbres: mi apetencia de absoluto y de unidad y la irreductibilidad de este mundo a un principio racional y razonable. ¿Qué otra verdad puedo reconocer sin mentir, sin hacer que intervenga una esperanza que no tengo y que no significa nada dentro de los límites de mi condición?"

Y merece la pena insistir en un asunto que muchos desconocen. La ciencia no explica lo humano:

"[...]la ciencia de esta tierra no me dará nada que pueda asegurarme que este mundo es mío. Me lo describís y me enseñáis a clasificarlo. Me enumeráis sus leyes y en mi sed de saber consiento en que sean ciertas. Desmontáis su mecanismo y mi esperanza aumenta. En último término, me enseñáis que este universo prestigioso y abigarrado se reduce al átomo y que el átomo mismo se reduce al electrón. Todo esto está bien y espero que continuéis. Pero me habláis de un invisible sistema planetario en el que los electrones gravitan alrededor de un núcleo. Me explicáis este mundo con una imagen. Reconozco entonces que habéis ido a parar a la poesía: no conoceré nunca. ¿Tengo tiempo para indignarme por ello? Ya habéis cambiado de teoría. Así, esta ciencia que debía enseñármelo todo termina en la hipótesis, esta lucidez naufraga en la metáfora, esta incertidumbre se resuelve en obra de arte. ¿Qué necesidad tenía yo de tantos esfuerzos? Las líneas suaves de esas colinas y la mano del crepúsculo sobre este corazón agitado me enseñan mucho más. He vuelto a mi comienzo. Comprendo que si bien puedo, por medio de la ciencia, captar los fenómenos y enumerarlos, no puedo aprehender el mundo. Cuando haya seguido con el dedo todo su relieve no sabré más que ahora. Y vosotros me dais a elegir entre una descripción que es cierta, pero que no me enseña nada, y unas hipótesis que pretenden enseñarme, pero que no son ciertas. Extraño a mí mismo y a este mundo, armado únicamente con un pensamiento que se niega a sí mismo en cuanto afirma, ¿qué condición es ésta en la que no puedo conseguir la paz sino negándome a saber y a vivir, en la que el deseo de conquista choca con muchos que desafían sus asaltos?"

No conoceremos nunca. Esa es la lección que debemos aprender de la anterior cita. Estudiemos física moderna y se comprenderá hasta el punto que ha llegado la metáfora y la poesía. Nos dicen que el mundo lo componen ondas materiales de probabilidad superpuestas y vibrando en un campo cuántico, dentro de un espacio-tiempo de cuatro o más dimensiones: palabras sin sentido para el intelecto del hombre, a esto se resume en estos momentos la realidad desde el ámbito científico. Un conglomerado inefable de matemáticas interpretadas sin ton ni son y maquilladas con alegorías clásicas que pretenden hacernos creer que de verdad los físicos saben de lo que hablan. No es el caso. Y si hay algo, de hecho, parecido a un conocimiento físico es aquel que dice que parece ser que la existencia se asemeja más a un neoplatonismo matemático que a otra cosa, donde todo lo que matemáticamente puede suceder, sucederá de hecho. ¿Pero en qué lugar dejan estas hipótesis al hombre y a su subjetivo fatal destino? Ante el absurdo la razón parece vana...pero tampoco hay nada mas allá de la razón. Vivir es pues hacer que viva lo absurdo (la contradicción), y hacer vivir al absurdo es, ante todo, contemplarlo.

Las evidencias del absurdo.

Para cada persona, y también para la propia especie en su conjunto, contemplamos un único destino: el de la muerte y el olvido; y ante nuestra búsqueda de esperanza y perpetuidad, la ciencia nos replica que todo pasa porque sí, porque matemáticamente todo lo posible ocurre y ocurre de acuerdo a tal manera...y punto. Una posición absurda: queremos eternidad y una razón para el ser, y acabamos sin embargo con unos dictados humanamente irrazonables

Parafraseando a un amigo: La existencia puede ser más o menos agradable para el que existe. Pero, poco después, llega la vejez, la enfermedad y la muerte. Y, entonces, uno se pregunta: ¿de qué ha servido todo? ¿Para qué veo todo esto si nunca más voy a ver nada y ni siquiera seré consciente de lo que vi? ¿Para qué estar un tiempo consciente si el castigo es que todo desaparezca como lágrimas en la lluvia? A nuestra especie como un todo le espera un destino muy similar, e incluso el destino del propio Universo como un todo parece estar marcado por una fatalidad muy similar: o muere por agotamiento ("muerte" térmica), o lo desgarra su propio ser expansivo (Big Rip), o quizás invierte de nuevo su curso hasta acabar de nuevo, tras el Big Crunch, en el mismo punto donde empezó (abocado a la amnesia del Big Bounce). La cuestión es que todas y cada una de las alternativas supone el olvido histórico y la destrucción de todo el fenómeno que el propio cosmos contuvo en su ser.

Tampoco hay por ningún lado rastro razonable de algún tipo de unidad absoluta (Dios), y mucho menos evidencia de que sea posible siquiera una existencia que no sea perecedera. Por el contrario todo se nos aparece como pasajero, efímero, diverso, mutable, irreconocible; todo es número, probabilidad, metáfora y poesía. Este es el verdadero drama del hombre: todo su apetito de absoluto acaba siempre en hambruna intelectual.

Un sentimiento trágico de la vida que ya Miguel de Unamuno supo destacar incluso antes que Camus:

"[...]La civilización toda se endereza al hombre, a cada hombre, a cada yo. ¿O qué es ese ídolo, llámese Humanidad o como se llamare, a que se han de sacrificar todos y cada uno de los hombres? Porque yo me sacrifico por mis prójimos, por mis compatriotas, por mis hijos, y estos a su vez por los suyos, y los suyos por los de ellos, y así en serie inacabable de generaciones. ¿Y quién recibe el fruto de ese sacrificio? Los mismos que nos hablan de ese sacrificio fantástico, de esa dedicación sin objeto, suelen también hablarnos del derecho a la vida. ¿Y qué es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social; pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir. Sí, sí, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilización, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego, cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes fábricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo esto, y quedará ¿para quién?[...] Si la conciencia no es, como ha dicho algún pensador inhumano, nada más que un relámpago entre dos eternidades de tinieblas, entonces no hay nada más execrable que la existencia. Alguien podrá ver un fondo de contradicción en todo cuanto voy diciendo, anhelando unas veces la vida inacabable, y diciendo otras que esa vida no tiene el valor que se le da. ¿Contradicción? ¡Ya lo creo! ¡La de mi corazón, que dice que sí, mi cabeza, que dice no! [...] ¡Contradicción!,  naturalmente! Como que sólo vivimos de contradicciones, y por ellas; como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción. Se trata, como veis, de un valor afectivo, y contra los valores afectivos no valen razones. Porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades." 

¡Contradicción!, por supuesto: trágica diferencia entre lo que uno espera y lo que uno recibe como respuesta, eso es el absurdo. Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante ese grito del corazón. El espíritu despertado por esta exigencia busca y no encuentra sino contradicciones y desatinos. Lo que yo no comprendo carece de razón. Y el mundo está lleno de estas paradojas ilógicas. El mundo mismo, cuya significación única no comprendo ni comprenderé, no es en sí sino una inmensa irracionalidad.

Así que, una vez bien despiertos, esto es lo que podemos sintetizar (de nuevo en palabras de Camus):

"Las experiencias aquí evocadas han nacido en el desierto que no hay que abandonar. Por lo menos hay que saber hasta dónde han llegado. En ese punto de su esfuerzo el hombre se halla ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de dicha y de razón. Lo absurdo nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo. Esto es lo que no hay que olvidar. A esto es a lo que hay que aferrarse, puesto que toda la consecuencia de una vida puede nacer de ello. Lo irracional, la nostalgia humana y lo absurdo que surge de su enfrentamiento son los tres personajes del drama que debe terminar necesariamente con toda la lógica de que es capaz una existencia."

Así pues aferrémonos a la única evidencia de la que tenemos verdadera constancia: la que me dice que el hombre es mortal y que la existencia en su conjunto es efímera, fútil y transitorio. Y por supuesto, la certidumbre que me dice que la realidad será por siempre para nuestra limitada perspectiva humana algo completamente irrazonable. Es decir, que el mundo mismo, cuya significación única no comprendo, no es sino una descomunal irracionalidad.

El suicidio filosófico.

Nos repite Camus que decir que algo es absurdo es destacar la contradicción de los hechos:

"Si veo a un hombre atacar con arma blanca a un grupo de ametralladoras, juzgaré que su acto es absurdo. Pero no lo es sino en virtud de la desproporción que existe entre su intención y la realidad que le espera, de la contradicción que puedo advertir entre sus fuerzas reales y el fin que se propone[...] la absurdidad nace de una comparación.[...]Lo absurdo es esencialmente un divorcio. No está ni en uno ni en otro de los elementos comparados. Nace de su confrontación.
En el plano de la inteligencia puedo decir, por lo tanto, que lo absurdo no está en el hombre (si semejante metáfora pudiera tener un sentido), ni en el mundo, sino en su presencia común. Es por el momento el único lazo que los une. Si quiero limitarme a las evidencias, sé lo que quiere el hombre, sé lo que ofrece el mundo y ahora puedo decir que sé también lo que los une."

El absurdo (la contradicción) es entonces lo que verdaderamente une nuestra existencia como personas y el mundo en que habitamos:

"La primera de sus características a este respecto es que [la contradicción] no puede dividirse. Destruir uno de sus términos es destruirla por completo. No puede haber absurdo fuera de un espíritu humano [fuera de la consciencia].[...] Así, lo absurdo termina, como todas las cosas, con la muerte. Pero tampoco puede haber absurdo fuera de este mundo. Y con este criterio elemental juzgo que la noción de lo absurdo es esencial y puede figurar como la primera de mis verdades."

¡La noción de lo absurdo es esencial al mundo! Y lo es desde el mismo instante en que permite que una consciencia pueda nacer en él. Porque incluso antes de que tal ente razonable aparezca evolutivamente en algún lugar del cosmos, este mismo potencial para la vivencia absurda ya estaba allí. Desde el primer instante de su existencia universal hasta su último estertor natural: el absurdo es un hecho en sí de la propia realidad. Es parte de su naturaleza esencial.

"Decir que este clima descrito es mortífero es apenas jugar con las palabras. Vivir bajo este cielo asfixiante exige que se salga de él o que se permanezca en él. Y se trata pues de saber cómo se sale de él en el primer caso y por qué se permanece en él, en el segundo. [...] El único dato es para mí lo absurdo. El problema consiste en saber cómo se puede salir de él y si el suicidio debe deducirse de ese absurdo.[...] Un hombre sin esperanza y consciente de no tenerla no pertenece ya al porvenir. Esto es natural. Pero es natural también que haga esfuerzos por liberarse del universo que él mismo ha creado."

El absurdo es esencial en nuestro mundo en tanto en cuanto va unido a la existencia de una conciencia. Y así pues, todas y cada unas de las consciencias son una potencial fuente de absurdo. Una fuente de lucha con la certidumbre de resultar vencido.

"Y llevando hasta su término esta lógica absurda, debo reconocer que esta lucha supone la ausencia total de esperanza (que nada tiene que ver con la desesperación), el rechazo continuo (que no se debe confundir con la renunciación) y la insatisfacción consciente (que no se debería confundir tampoco con la inquietud juvenil). Todo lo que destruye, escamotea o sutiliza estas exigencias (y en primer lugar el consentimiento que destruye el divorcio) arruina lo absurdo y desvaloriza la actitud que se puede proponer entonces. Lo absurdo no tiene sentido sino en la medida en que no se lo consiente."

Ante un destino personal que nos enseña que viviremos sin escapatoria sólo unos pocos años realizando un trabajo laboral diario sin sentido y hasta que nuestros huesos vuelvan al polvo tras un proceso de deterioro y enfermedad, la esperanza es vana. Nuestro rechazo ante tal absurdo deberá ser constante y la insatisfacción permanecer siempre consciente. Tal debe ser la actitud de un espíritu honesto ante todo lo dicho.

Y sin embargo, pocos son los que logran evitar la evasión; es decir, la negación de todo o parte del argumento absurdo. Finalmente casi todos de una manera u otra pretenden esquivar los hechos, y lo hacen consintiendo el absurdo. Agachan la cabeza ante el destino y cuales asnos reciben con agrado esa ilusoria esperanza que supone la zanahoria que ellos mismos ponen ante sus narices. Una esperanza forzosa que es con frecuencia de esencia religiosaEn pocas palabras: "[...] lo absurdo se convierte en dios (en el sentido más amplio de esta palabra) y la impotencia para comprender, en el ser que lo ilumina todo".

Pero como nada lleva lógicamente a este razonamiento, Camus lo denomina en mi opinión con acierto: dar el "salto". Un salto que simboliza el suicidio filosófico. Se trata de un pensamiento humillado que nace fruto de la renunciación. Para estas personas que beben de lo místico la razón es vana, pero hay algo más allá de la razón, mientras que para un espíritu absurdo la razón es vana y no hay nada mas allá de la razón. Y es inútil negar absolutamente la razón, puesto que es el único orden del cual vive la experiencia humana. De esta manera el salto hace de lo absurdo el criterio del otro mundo, cuando es únicamente un residuo de la experiencia de este mundo nuestro: "En su fracaso, el creyente encuentra su triunfo".

Pero el hombre absurdo no cae en esta humillación. Reconoce la lucha (racional) contra el absurdo, pero no desprecia absolutamente la razón y admite no obstante lo irracional (el sinsentido). Abarca así con la mirada todos los datos de la experiencia y está poco dispuesto a "saltar" antes de saber. Y lo hace aún sabiendo que en esta conciencia atenta no hay ya lugar para la esperanza: el polvo nos espera y nuestra razón es incapaz de explicar el mundo...¡pero aún así no saltaremos! Más vale soportar una nostalgia rebelde ante el absurdo que la mutilación intelectual auto-impuesta que supone divinizar lo irracional. 

Continuando con Camus:

"No hay en esto certidumbre lógica [sobre Dios]. Tampoco hay probabilidad experimental. Todo lo que puedo decir es que, en efecto, sobrepasa mi medida [la razón]. Si no deduzco de ello una negación, por lo menos no quiero fundamentar nada en lo incomprensible [lo irracional]. Quiero saber si puedo vivir con lo que sé [el absurdo] y con eso solamente. Me dicen también que la inteligencia debe aquí sacrificar su orgullo y la razón debe inclinarse. Pero si reconozco los límites de la razón no la niego por ello, pues reconozco sus poderes relativos. Yo quiero solamente mantenerme en este camino medio, en el que la inteligencia puede seguir siendo clara. Se trata de vivir en ese estado de lo absurdo [y de lograr hacerlo sin renunciar]".

Y hay de hecho muchas maneras de saltar, pero parece ser que lo esencial para todos es saltar. Imbuirse con agrado en esas negaciones redentoras, en esas contradicciones finales que niegan el obstáculo que no se ha saltado todavía. Y además resulta que estas pretensiones pueden nacer tanto (tal es la paradoja a que tiende este razonamiento) de cierta inspiración religiosa como del propio orden racional. Aspiran a lo eterno y cualquier cosa vale para dar el salto.

Esto significa que no sólo de la mística se nutre el suicidio filosófico, sino que también surge desde las entrañas de la propia razón tergiversada de la manera correcta. Se trata de aspirar a lo eterno, y ciertamente muchas filosofías modernas disfrazadas de cosmología pretenden salvar al hombre de su destino. Lo hacen de manera inefable, por supuesto, y normalmente no tienen siquiera una base experimental o teórica que les de soporte: ¡y sin embargo son fantasías tan fortificantes! Lástima que nada tengan que ver con la realidad.

Edwin Hubble y Albert Einstein pusieron la puntilla a principios del siglo XX a la posibilidad de cualquier tipo de eternidad (un Universo estático sin principio ni fin; es decir con una historia fenoménica no caduca y condenada al olvido). Pero vemos que el cosmos evoluciona y se agota. Las estrellas se consumen, el Universo se expande y la segunda ley de la termodinámica lo apuntilla todo. 

Y sin embargo todavía hay personas que sin apostar por Dios tienen fe en lo eterno (en la salvación histórica). Rechazan creer en un Dios impersonal y trascendente, pero no obstante buscan consuelo y esperanza convirtiendo al propio hombre en Salvador: se creen ateos, pero se auto-proclaman Dioses y pretenden que algún día nuestros descendientes serán capaces de doblegar las propias leyes naturales evitando así el anunciado fatal destino del mundo. ¡Qué disparate!

Valga nombrar, a modo de ejemplo, el caso de la denominada hipótesis del Punto Omega donde se mezclan conceptos espirituales con la moderna cosmología para terminar con un batiburrillo inefable donde la máxima parece ser, como en tantos otros casos, convertir al hombre en un Dios capaz de vencer a la propia naturaleza del mundo: se pretende que la consciencia doblegará finalmente las leyes naturales hasta evitar el colapso del mismísimo Universo restableciendo así nuestro ansia por lo eterno: memeces insustanciales.

Hay muchos más ejemplos a parte del Punto Omega, pero todos comparten el presupuesto del "salto" que supone que nuestro cerebro de mono venido a más algún día podrá sublevarse contra el destino absurdo y llenar de sentido al mundo tras una triunfal derrota sobre lo efímero. Dicen que estos vástagos nuestros serán capaces de detener (de algún modo inefable) la "muerte" térmica del Universo; y lo dicen a pesar de saberse desde la cosmología que el Universo se expande aceleradamente y que de hecho existe un horizonte causal determinado por la velocidad de la luz que impide que jamás ningún ente consciente va a poder alcanzar jamás siquiera una pequeña fracción de todo lo que constituye la realidad cósmica.

Saltos racionales ridículos e incluso cómicos que ciertamente no deberían de sacarnos del recto camino del absurdo trazado hasta ahora. Lo que hay es lo que vemos, aceptemos de una vez que el destino del hombre y del mundo en general están marcado. Nos guste o no todo pasará y nada permanecerá para siempre, ni siquiera la propia historia fenoménica del Universo. De ello se encarga de hecho el aumento en la entropía y la segunda ley de la termodinámica: en el fondo se trata de borrar cuanto antes la propia cronología del fenómeno existencial. Se trata de volver de manera acelerada a la nada (cuántica): a la pura e inefable matemática "inmóvil".

"El filósofo abstracto y el filósofo religioso parten del mismo desorden y se apoyan en la misma angustia. ¡Pero lo esencial [dicen] es explicar!". Pero no se trata de hacerlo a cualquier precio. No deben satisfacernos estos saltos deseperados; sino permanecer por contra en la recta línea de la razón y descubrir con estoicidad hasta donde llegamos. La honestidad consiste en saber mantenerse en ese borde vertiginoso, y lo demás es subterfugio.

Albert Camus resume el asunto de esta manera tan contundente:

"Mi razonamiento quiere ser fiel a la evidencia que lo ha estimulado. Esta evidencia es lo absurdo. Es ese divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena.[...] Se trataba de vivir y de pensar con esos desgarramientos, de saber si había que aceptar o rechazar. No puede tratarse de disfrazar la evidencia, de suprimir lo absurdo negando uno de los términos de su ecuación. Hay que saber si se puede vivir de él o si la lógica ordena que se muera de él. No me interesa el suicidio filosófico, sino el suicidio a secas."

El hombre rebelde.

En "El mito de Sísifo" nos dice en este punto Camus:

"Lo principal está ya hecho. Tengo algunas evidencias de las que no puedo apartarme. Lo que sé, lo que es seguro, lo que no puedo negar, lo que no puedo rechazar, eso es lo que cuenta. Puedo negar todo de esta parte de mí mismo que vive de nostalgias inciertas, salvo ese deseo de unidad, esa apetencia de solución, esa exigencia de claridad y cohesión. Puedo refutar todo en este mundo que me rodea, me hiere o me transporta, salvo ese caos, ese azar rey y esa divina equivalencia que nace de la anarquía. No sé si este mundo tiene un sentido que lo supera, pero sé que no conozco ese sentido y que por el momento me es imposible conocerlo. ¿Qué significa para mí un significado fuera de mi condición? No puedo comprender sino en términos humanos. Lo que toco, lo que me resiste, eso es lo que comprendo. Y sé también que no puedo conciliar estas dos certidumbres: mi apetencia de absoluto y de unidad y la irreductibilidad de este mundo a un principio racional y razonable. ¿Qué otra verdad puedo reconocer sin mentir, sin hacer que intervenga una esperanza que no tengo y que no significa nada dentro de los límites de mi condición?
     Si yo fuese un árbol entre los árboles, un gato entre los animales, esta vida tendría un sentido o, más bien, este problema no lo tendría, pues yo formaría parte de este mundo. Yo sería este mundo, al que me opongo ahora con toda mi conciencia y con toda mi exigencia de familiaridad. Esta razón tan irrisoria es la que me opone a toda la creación. No puedo negarla de un plumazo. Por lo tanto, debo mantener lo que creo cierto. Debo sostener lo que me parece tan evidente, inclusive contra mí mismo. ¿Y qué es lo que constituye el fondo de este conflicto, de esta fractura entre el mundo y mi espíritu, sino la conciencia que tengo de él?"

En este momento lo absurdo, a la vez tan evidente y tan difícil de conquistar, entra en la vida de un hombre y encuentra su patria. ¿Qué haremos ahora con él? ¿Se va a morir, a escapar mediante el salto, a reconstruir una casa de ideas y formas a la medida propia? ¿O se va, por el contrario, a mantener la apuesta desgarradora y maravillosa de lo absurdo?

El método consiste en obstinarse: 

"En cierto punto de su camino, el hombre absurdo es solicitado. La historia no carece de religiones ni de profetas, inclusive sin dioses. Se le pide que salte. Todo lo que puede responder es que no comprende bien, que eso no es evidente. No quiere hacer, precisamente, sino lo que comprende bien. Le aseguran que eso es pecado de orgullo, pero no entiende la noción de pecado; que quizás el infierno está al final, pero no tiene bastante imaginación para representarse ese extraño porvenir; que pierde la vida inmortal, pero eso le parece fútil. Quisieran hacerle reconocer su culpabilidad. El se siente inocente. Para decir la verdad, sólo siente eso, su inocencia irreparable. Ella es la que le permite todo. Así, lo que se exige a sí mismo es vivir solamente con lo que sabe, arreglárselas con lo que es y no hacer que intervenga nada que no sea cierto. Le responden que nada lo es. Pero eso, por lo menos, es una certidumbre. Con ella es con la que tiene que ver: quiere saber si es posible vivir sin apelación."

Al hombre absurdo se le exige que abandone su actitud. Se le pide que salte y abrace algún tipo de esperanza, la que sea poco importa. Aquellos que aún no saben convivir con el sentimiento absurdo se sienten incómodos ante el reflejo de ese hombre obstinado en aferrarse a vivir sin expectativas ni ilusión. En este sentido se trata al hombre absurdo de manera similar a lo que Emil Cioran denominó como "el caído": 

"El caído es un hombre como todos nosotros, con la diferencia de que no se ha dignado a jugar el juego. Le criticamos y le huimos, le guardamos rencor por haber revelado y expuesto nuestro secreto, le consideramos a justo título como un miserable y un traidor."

Llegados a este punto, Camus se centra en el objetivo principal de su obra, que no ha sido nunca otro que el suicidio (el real y no ya el filosófico): comprender si esta vida merece la pena ser vivida. Y si bien al comienzo de su ensayo la cuestión era precisamente ésta, una vez vislumbrado con claridad el absurdo:

"[Si] anteriormente se trataba de saber si la vida debía tener un sentido para vivirla. Ahora parece, por el contrario, que se la vivirá tanto mejor si no tiene sentido. Vivir una experiencia, un destino, es aceptarlo plenamente. Ahora bien, no se vivirá ese destino, sabiendo que es absurdo, si no se hace todo para mantener ante uno mismo ese absurdo puesto de manifiesto por la conciencia."

Negar uno de los términos de la oposición de que vive el absurdo es eludirlo. Abolir la rebelión consciente es eludir el problema.

En su obra, El Hombre Rebelde, nos dice: "Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta". Así que no, el verdadero hombre absurdo no renuncia a vivir el absurdo, se rebela ante él pero lo hace viviéndolo cuanto más mejor. Vivir sin dar el salto filosófico, pero también sin dar el salto desde el puente. 

Afirmar la esencia del absurdo supone aceptarlo, dejarlo vivir en nuestra consciencia. Se trata de no eludir sin más el problema. Nos dice Camus que: 

"Vivir es hacer que viva lo absurdo. [Y] Hacerlo vivir es, ante todo, contemplarlo [...] Es una confrontación perpetua del hombre con su propia oscuridad. Es exigencia de una transparencia imposible. Vuelve a poner al mundo en duda en cada uno de sus segundos. Así como el peligro proporciona al hombre la irremplazable ocasión de asirlo, también la rebelión metafísica extiende la conciencia a lo largo de la experiencia".

El que de verdad comprende que el mundo es absurdo debe llevar su creencia hasta sus últimas consecuencias, y eso supone continuar en el mundo, ponerlo en duda cada segundo de su vida: ¡exigir que se le brinde una solución que sabe de antemano que no recibirá! "Es esa presencia constante del hombre ante sí mismo. No es aspiración, pues carece de esperanza. Esta rebelión es la seguridad de un destino aplastante, menos la resignación que debería acompañarla".

Pese a las apariencias hay que insistir en que la experiencia absurda se aleja por completo del suicidio:

"Se puede creer que el suicidio sigue a la rebelión, pero es un error, pues no simboliza su resultado lógico. Es exactamente su contrario, por el consentimiento que supone. El suicidio, como el salto [filosófico], es la aceptación en su límite. Todo está consumado y el hombre vuelve a entrar en su historia esencial. Discierne su porvenir, su único y terrible porvenir, y se precipita en él. A su manera, el suicidio resuelve lo absurdo [también el suicidio filosófico del que hablamos antes]. Lo arrastra a la misma muerte. Pero yo sé que para mantenerse, lo absurdo no puede resolverse".

Es precisamente esta rebelión absurda de la que hablamos la que da su precio a la vida: 

"Extendida a lo largo de toda una existencia, le restituye su grandeza. Para un hombre sin anteojeras no hay espectáculo más bello que el de la inteligencia en lucha con una realidad que la supera. El espectáculo del orgullo humano es inigualable. Las depreciaciones no servirán de nada. Esta disciplina que el espíritu se dicta a sí mismo, esta voluntad bien armada, este frente a frente tienen algo de poderoso y de singular. Empobrecer esta realidad cuya inhumanidad hace la grandeza del hombre, supone empobrecerle a él al mismo tiempo. Comprendo por qué las doctrinas que me explican todo me debilitan al mismo tiempo. Me libran del peso de mi propia vida y, sin embargo, es necesario que lo lleve yo solo".

Se trata de no renunciar atemorizado como un cobarde, sino en gritar con todas nuestras fuerzas a esta realidad que intelectualmente nos supera. Es apartarse a una solitaria colina y chillar que no entendemos nada, bramar que no creemos en nada más que en nuestro fatal destino, y clamar una y otra vez que a pesar de todo no renunciaremos jamás a expresar y experimentar esta nostalgia absurda hasta agotar el último segundo de nuestras vidas. Esa es la verdadera rebelión.

"Se trata de morir irreconciliado y no de buena gana.[...]El hombre absurdo no puede sino agotarlo todo y agotarse él mismo. Lo absurdo es su tensión más extrema, la que mantiene constantemente con un esfuerzo solitario, pues sabe que con esa conciencia y esa rebelión al día testimonia su única verdad que es el desafío."

La libertad absurda.

Nos preocuparemos ahora sobre el tema de la libertad. ¿Somos realmente libres de actuar según la rebelión arriba propuesta? Para empezar hay que notar que desde el momento en que se reniega de Dios no debemos preocuparnos ya del problema de la libertad metafísica: 

"Se conoce la alternativa; o bien no somos libres y Dios todopoderoso es responsable del mal, o bien somos libres y responsables, pero Dios no es todopoderoso. Todas las sutilezas de escuela no han añadido ni quitado nada a lo decisivo de esta paradoja."

Pero una vez descartada esa preocupación metafísica como decimos sólo queda el sentimiento subjetivo de nuestra propia libertad:

"Por eso no puedo perderme en la exaltación o la simple definición de una noción que me escapa y pierde su sentido desde el momento que sobrepasa el marco de mi experiencia individual. No puedo comprender lo que sería una libertad que me fuera dada por un ser superior. He perdido el sentido de la jerarquía. [...] La única que conozco es la libertad de espíritu y de acción. Ahora bien, si lo absurdo aniquila todas mis probabilidades de libertad eterna, me devuelve y exalta, por el contrario, mi libertad de acción. Esta privación de esperanza y de porvenir significa un acrecentamiento en la disponibilidad del hombre."

Tengo completa libertad de acción puesto que ninguna moral (superior) puede ya coartar mi voluntad:

"Antes de encontrar lo absurdo, el hombre cotidiano vive con finalidades, con un afán de porvenir o de justificación (no importa con respecto a quién o qué). Evalúa sus probabilidades, cuenta con el porvenir, con el retiro o el trabajo de sus hijos. Cree todavía que se puede dirigir algo en su vida. En verdad, obra como si fuese libre, aunque todos los hechos se encarguen de contradecir esa libertad. Pero después de lo absurdo todo se desquicia. La idea de que "existo", mi manera de obrar como si todo tuviera un sentido (incluso si, llegado el caso, dijese que nada lo tiene), todo esto se halla desmentido de una manera vertiginosa por la absurdidad de una muerte posible. Pensar en el mañana, fijarse una finalidad, tener preferencias, todo ello supone la creencia en la libertad, aunque a veces se asegure que no se la siente. Pero en ese momento sé muy bien que no existe esa libertad superior, esa libertad de ser que es la única que puede fundamentar una verdad. La muerte aparece como la única realidad. Después de ella ya no hay nada que hacer.[...] el hombre absurdo comprende que hasta entonces estaba ligado a ese postulado de libertad, con cuya ilusión vivía. En cierto sentido, eso lo trababa. En la medida en que imaginaba una finalidad en su vida, se supeditaba a las exigencias de un propósito que había de alcanzar y se convertía en esclavo de su libertad."

Pero nuestras vidas subjetivas ya vimos que no tienen ninguna finalidad objetiva:

"Lo absurdo me aclara este punto: no hay mañana. Esta es en adelante la razón
de mi libertad profunda. [...]El hombre absurdo entrevé así un universo ardiente y helado, transparente y limitado en el que nada es posible pero donde todo está dado, y más allá del cual sólo están el hundimiento y la nada."

No hay eternidad ni posteridad, nada permanece para siempre e incluso el propio Universo por donde nos movemos acabará algún día volviendo a la nada. La muerte es la única realidad, lo único a lo que nos podemos asir sin miedo a equivocarnos: un renovado complemento al "cogito ergo sum".

Así pues el hombre absurdo comprende que pese a su presunción no era realmente libre, puesto que antes de comprender la esencia del absurdo el hombre vivía esclavo de una vana esperanza instintiva arropada por una razón cegada de eternidad. Sin embargo, una vez el velo se alza ya no queda lugar más que para la indiferencia ante todos nuestros actos. Todo vale, porque nada es importante. Todo es fútil y pasajero y por lo tanto somos libres para actuar a nuestro antojo. 

"¿Pero qué significa la vida en semejante universo? Por el momento nada más que la indiferencia por el porvenir y el ansia de agotar todo lo dado. La creencia en el sentido de la vida supone siempre una escala de valores, una elección, nuestras preferencias. La creencia en lo absurdo, según nuestras definiciones, enseña todo lo contrario."

Merece la pena que nos detengamos en esto:

"Saber si se puede vivir sin apelación es todo lo que interesa. No quiero salir de este terreno. Se me ha dado este rostro de la vida; ¿puedo acomodarme a él? Ahora bien, frente a esta preocupación particular, la creencia en lo absurdo equivale a reemplazar la calidad de las experiencias por la cantidad. Si me convenzo de que esta vida no tiene otra faz que la de lo absurdo, si siento que todo su equilibrio se debe a la perpetua oposición entre mi rebelión consciente y la oscuridad en que forcejeo, si admito que mi libertad no tiene sentido sino con relación a su destino limitado, entonces debo decir que lo que cuenta no es vivir lo mejor posible, sino vivir lo más posible. No tengo por qué preguntarme si esto es vulgar o repugnante, elegante o lamentable. De una vez por todas, los juicios de valor quedan descartados aquí en beneficio de los juicios de hecho."

No hay que atender a ninguna escala de valor, ni tampoco a una supuesta moral superior que nos atormente: dada la seguridad de nuestro fatal destino lo único que importa son los hechos. Experimentar nuestra rebeldía de cualquier modo sin preocuparnos por nada que no sea dedicar y agotar hasta el último de nuestros suspiros en hacer vivir al absurdo a través de nuestra consciencia. No importa la calidad de nuestras experiencias sino la cantidad: no debemos preocuparnos por lo moral de nuestros actos sino por actuar todo lo posible: "Sentir la propia vida, su rebelión, su libertad, y lo más posible".

Si la muerte es el absurdo mismo, nuestra rebelión consistirá en utilizar nuestra libertad y nuestra consciencia para "batir todos los récords [...] y estar frente al mundo con la mayor frecuencia posible". 

"El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente, tal es el ideal del hombre absurdo. Pero aquí la palabra ideal tiene un sonido falso. No es ni siquiera su vocación, sino sólo la tercera consecuencia de su razonamiento. Habiendo partido de una conciencia angustiada de lo inhumano, la meditación sobre lo absurdo vuelve al final de su itinerario al seno mismo de las llamas apasionadas de la rebelión humana."

Vivir con pasión nuestra propia desesperación consciente ante el sinsentido del mundo. Disfrutar con libertad cada segundo que podemos palpar ese grito de angustia surgiendo desde nuestro interior. Deleitarnos con la prolongación de nuestro razonar dentro de este mundo irrazonable. Regocijarnos ante la contradicción que supone esta existencia irracional que nosotros saturamos de razón...y hacerlo hasta que caigamos agotados y derrotados por nuestro ineludible destino mortal.

Al respecto nos dice Camus:

"Así saco de lo absurdo tres consecuencias, que son mi rebelión, mi libertad y mi pasión. Con el solo juego de la conciencia transformo en regla de vida lo que era invitación a la muerte, y rechazo el suicidio.[...] Pero es malo detenerse, difícil contentarse con una sola manera de ver, privarse de la contradicción, la más sutil, quizá, de todas las formas espirituales. Lo que precede define solamente una manera de pensar. Ahora se trata de vivir."

Vivir como un hombre absurdo.

El hombre absurdo "seguro de su libertad a plazo, de su rebelión sin porvenir y de su conciencia perecedera, prosigue su aventura en el tiempo de su vida. En él está su campo, en él está su acción, que sustrae a todo juicio excepto el suyo. [...] No se puede disertar sobre la moral. El hombre absurdo no ve en ellas sino justificaciones, y no tiene nada que justificar. Parto aquí del principio de su inocencia".

Pero esta inocencia es temible. Se resume en un: "todo está permitido". Pero no se trata de un grito de liberación y de alegría, sino de una comprobación amarga. Es más: 

"Todo está permitido, no significa que nada esté prohibido. Lo absurdo da solamente su equivalencia a las consecuencias de esos actos. No recomienda el crimen, eso sería pueril, pero  restituye al remordimiento su inutilidad. Del mismo modo, si todas las experiencias son indiferentes, la del deber es tan legítima como cualquier otra. Se puede ser virtuoso por capricho.
[...] Todas las morales se fundan en la idea de que un acto tiene consecuencias que lo justifican o lo borran. Un espíritu empapado de absurdo juzga solamente que esas consecuencias deben ser consideradas con serenidad. Está dispuesto a pagar. Dicho de otro modo, si bien para él puede haber responsables, no hay culpables.Todo lo más consentirá en utilizar la experiencia pasada para fundamentar sus actos futuros. El tiempo hará vivir al tiempo y la vida servirá a la vida. En este campo a la vez limitado y atestado de posibilidades, todo le parece imprevisible en sí mismo y fuera de su lucidez. ¿Qué regla podría deducirse, por lo tanto, de este orden irrazonable?"

En un mundo irrazonable toda moral es relativa. Se trata simplemente de comprender y aceptar las consecuencias de nuestros actos dentro del ambiente social donde nos encontremos accidentalmente, pero no debemos sentir remordimiento por nada puesto que todo es el fondo indiferente. León o gacela tanto da que da lo mismo.

Por lo tanto el hombre absurdo vive como un espíritu que sólo anhela con agotarse. Personas cuyos pensamientos, lo mismo que sus vidas, carecen de porvenir. Y puesto que todo lo que hace trabajar y agitarse al hombre utiliza la esperanza. El único pensamiento que no es mentiroso es, por lo tanto, un pensamiento estéril. En el mundo absurdo, el valor de una noción o de una vida entera se mide por su infecundidad.

Ejemplos.

Camus nos relata en su libro al respecto varias imágenes prácticas pero avisa:

"¿Necesito desarrollar la idea de que un ejemplo no es forzosamente un ejemplo que hay que seguir (menos todavía, si es posible en el mundo absurdo), y que estas ilustraciones no son, por lo tanto, modelos? [...] resulta ridículo, salvadas las distancias, deducir de Rousseau que hay que caminar a cuatro patas y de Nietzsche que conviene maltratar a la propia madre.[...] Las actitudes de que se va a tratar no pueden adquirir todo su sentido si no se tienen en cuenta sus contrarias."

Esto quiere decir que ante un mundo absurdo tan válida es una actitud como su contraria siempre y cuando dichas personas vivan en su conciencia la falta de provenir de todos sus actos. Personas que comprendan el absurdo de sus acciones y que sólo aspiren a agotarse en ellas con rebeldía y con pasión. Ellos saben que todo está permitido con tal de que se esté dispuesto a pagar las consecuencias, y su sentida libertad absurda les indican que la única moral que deben admitir es la suya propia: "Si bien para él puede haber responsables, no hay culpables".

Huelga decir que el hombre absurdo no es un ser triste puesto que no espera nada del mundo, comprende los límites de su inteligencia y el porvenir que espera a todo ser: "Hasta la frontera de la muerte física ignora la tristeza. Desde el momento que sabe, su risa estalla y hace que se perdone todo. Era triste en la época en que esperaba [y desesperaba]".

Frente a la contradicción esencial defienden la contradicción humana. Instalan su lucidez consciente en medio de lo que la niega. Exaltan su ser ante el destino que lo aplasta y su libertad, su rebelión y su pasión se unen en esta tensión, esta clarividencia y esta repetición desmesurada: "Sí, el hombre es su propio fin. Y es su único fin". Al final de todo, y a pesar de todo, está la muerte. Lo saben, y saben también que lo termina todo. Observan frente a frente este destino y lo desafían, menos por orgullo que por la conciencia que tienen de su condición intrascendente.

Y como se ha dicho, ante un mundo absurdo tan válida es una actitud como su contraria, pero siempre que se haga desde la consciencia del absurdo. Veámoslo con un ejemplo:

El parásito.

En una barriada cercana a mi casa hay varias tabernas donde se reúnen gran cantidad de personas que no aspiran a nada a parte de consumir su ración de cerveza diaria. Los hay de todas las edades, y ciertamente son personas absurdas. Viven día tras día sin aspirar a nada, mucho menos a un trabajo. Se dejan llevar y simplemente agotan y apuran su tiempo a la espera de que éste termine. Se aprovechan del fruto del trabajo ajeno para disfrutar de sus propios caprichos (los cuales no cabe duda que gozan con pasión). Y se les ve reír, cantar, debatir, pelear; pero lo hacen como divertimento: ellos saben que el mundo no tiene solución. Agotan sus vidas sin sentido ni esperanza y sólo se levantan para exigir su ración diaria de "pan". ¿Es este parásito moralmente reprochable? Sólo para el que mantiene la esperanza, para el que aún cree en la eternidad, en el porvenir, en el sentido. Es decir, sólo para el hombre que aún no comprende la realidad absurda.

Pero este parásito sí es consciente del absurdo, y no va a consentir prestar importancia ni aprecio a ningún pretendido "Bien" social. Ríen con sorna ante aquellos que pretenden construir castillos de arena a la orilla del mar al mismo tiempo que le meten la mano en el bolsillo. 

Repitamos las palabras de Camus"[..] seguro de su libertad a plazo, de su rebelión sin porvenir y de su conciencia perecedera, prosiguen su aventura en el tiempo de su vida. En él está su campo, en él está su acción, que sustrae a todo juicio excepto el suyo". 

El obrero.

Pero también ese obrero que sabe que alimenta al parásito puede ser un hombre absurdo, tan sólo basta con que reconozca la inutilidad de sus actos. Este tipo de hombres van de casa a la oficina y de la oficina a casa en un ciclo sin fin. Pero lo hacen con una medio sonrisa en la cara. Comprenden lo infecundo de sus actos pero "se puede ser virtuoso por capricho". Este obrero absurdo sabe que representa una comedia, una pantomima que acabará pronto en la nada, pero no obstante se agota en su día a día. Ha hecho de su inútil trabajo una pasión. 

¿Es moralmente mejor el obrero al parásito? El obrero ajeno a lo absurdo lo siente así sin duda, pero sólo por el hecho de no haber despertado aún. Sin embargo el obrero absurdo sustrae él también todo juicio y reitera con honestidad que: "en la condición de intrascendencia que tiene todo en el hombre cualquier postura es moralmente equivalente".

Este mundo absurdo y sin dios se puebla entonces con hombres que piensan con claridad y que ya no esperan nada. "Hay una felicidad metafísica en la defensa de la absurdidad del mundo. [...] Se trata solamente de ser fiel a la regla del combate. Este pensamiento puede bastar para alimentar a un hombre: ha sostenido y sostiene a civilizaciones enteras. No se niega la guerra. Hay que morir o vivir de ella. Lo mismo sucede con lo absurdo: se trata de respirar con él, de reconocer sus lecciones y de volver a encontrar su carne".

El escritor.

"En el tiempo del razonamiento absurdo, la creación sigue a la indiferencia y al descubrimiento. Señala el punto desde el que se lanzan las pasiones absurdas y en el que se detiene el razonamiento. Así se justifica su lugar en este ensayo."

Y lo mismo que Camus también yo justifico este largo artículo del mismo modo. Se trata sólo de comunicar que a pesar de todo, querido lector: "todo está bien". 

El mito de Sísifo.

"Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.[...] Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volver a subirla hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura."



"[...] Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su miserable condición: en ella piensa durante su descenso."

Creo que no es necesario decir que todos nosotros somos como Sísifo. El obrero que cada día carga con la piedra de ese monótono trabajo, pero también el parásito que cada día debe buscar esas migajas con las que seguir su camino. El hombre es el proletario de este mundo absurdo donde ha tomado conciencia. Pero "la clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo
tiempo su victoria. No hay destino que no se venza con el desprecio".

Aquellos hombres que despiertan de verdad ante el absurdo son los que logran con su lucidez vencer a su fatal destino. El hombre absurdo logra derrotar así el tormento mediante su propio reconocimiento consciente.

"Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la felicidad se hace demasiado apremiante sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poder sobrellevarla.Son nuestras noches de Getsemaní. Pero las verdades aplastantes pueden ser reconocidas."

Y es el propio reconocimiento del destino absurdo como ya vimos fuente de liberación: "todo está bien, no hay nada de qué preocuparse". Se reconoce que la humanidad es lo único que nos une al mundo, lo único que se comprende. Este hecho "resuena en el universo feroz y limitado del hombre[...] Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y la aflicción a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres".

Esa es la clave de la felicidad: ¡nuestro destino nos pertenece! Y Sísifo sonríe.

"Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo súbitamente devuelto a su silencio se elevan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamamientos
inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice "sí" y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha."

Creo que no se ha escrito en la historia de la filosofía palabras más reveladoras y sabias. En cada momento de nuestras vidas, cuando damos ese giro tras ver caer la roca, vislumbramos desde lo alto de la colina esos absurdos actos que todos realizamos cada día; pero comprendemos a la vez el origen humano de todo lo que es humano, y abrazamos con alegría el hecho de que somos libres: no hay Dios ni un destino superior, y sabemos que nuestros días están sellados por nuestra pronta muerte, ciegos dentro de este mundo irrazonable. La roca es nuestra vida, es nuestra cosa, y decimos "sí" con pasión a este destino perecedero e impuesto tras el nacimiento.    

Termina su gran ensayo Camus finalmente del siguiente modo:

"Y la roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz."

El ideal del hombre absurdo es el presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente donde todo comienza por la conciencia y nada vale sino por ella: "La única manera de lidiar con este mundo sin libertad [ni esperanza o porvenir] es volverte tan absolutamente libre que tu mera existencia sea un acto de rebelión".

Conclusión.

Una piedra es todo lo que tenemos en la vida. Y la arrastramos una y otra vez hacia la cima de esa montaña que es nuestro destino. En el fondo todo se fundamenta en realizar un trabajo físico con el que consumir energía conforme aumentamos la energía potencial gravitatoria de la roca: luego la roca cae y el mundo termina con menos energía libre que se ve convertida en calor. Ese es el destino del hombre y del mundo entero en realidad: todo fenómeno en el Universo se identifica con el mito de Sífifo, una tendencia cíclica natural en pos de un irrazonable y extraño fin termodinámico.

Y es cegados ante la controversia sobre la razón última que pudiera tener esta teleología (que no teología) natural, como finalmente descubrimos lo que somos en realidad: un simple medio con el que levantar una roca (como diría Alan Watts: tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás). Al mismo tiempo comprendemos que jamás conoceremos razón alguna más allá de lo inhumano de este destino; y es así como llegamos la tragedia. Pero también alacanzamos la libertad y la rebelión apasionada. Una vez vislumbrada la absurda meta que se nos encomienda no la rechazamos con cobardía, sino que la abrazamos con pasión, la vivimos hasta agotarnos en el propio dolor del presente y la sucesión de los presentes. ¡Y lo hacemos con alegría! La alegría del que se rebela y denuncia con constancia una injusticia, incluso a pesar de que sabe que tal lucha no tiene porvenir y que nadie la escuchará. Es un mero acto de repudio continuo que llevaremos vivo en nuestra consciencia todo el tiempo que podamos hasta caer derrotados y aplastados por los años.

¡Esclavos de un destino natural absurdo y ajeno a la razón, un destino incomprensible y condenado desde el propio principio, nos manifestaremos hasta el final contra el sinsentido del mundo mediante un apasionado grito de rebeldía y tragedia! Y sonreiremos, lo haremos en cada momento que demos la vuelta y bajemos a repetir este imbécil ciclo insustancial: ¡qué liberación para la razón reconocer que todo está bien, que nada merece nuestro aprecio porque nada es importante: todo está permitido! Para un mundo irrazonable la moral razonada es un apéndice relativo; todo es legítimo con tal de que se acepten las consecuencias. Por lo tanto levantaremos la piedra una y otra vez, y lo haremos de cualquier manera tal es la libertad que nos enseña el absurdo. 

Así pues no negaremos el absurdo con el abandono existencial voluntario, ¡No! Se trata de morir irreconciliado y no de buena gana. Puesto que nuestra muerte se encuentra de todas formas sellada, se trata de morir agotados tras una larga vida de protesta consciente. ¡Yo no pedí ésto y no entiendo las razones, pero ya que se me da la roca la haré mía, la levantaré y la arrastraré mientras mi consciencia se agota en una denuncia sin porvenir! Hare de mi existencia un puro acto de rebelión: seré razón dentro de la sinrazón, seré pese a que no entiendo el sentido del ser, y viviré feliz con el único conocimiento que mi espíritu puede alcanzar: que todo está bien, que nada es importante y que no hay destino que no se venza con el desprecio.

¡Qué desapego tan liberador! Continúa así con tu vida diaria, pero ríete de los aspavientos vehementes de los que aún tienen esperanzas y aspiran a la eternidad. Sonríe con mofa ante aquel y ante aquello que te pretenda molestar dando significado a ciertos actos en un mundo donde todo es insignificante. Nada puede afectar al que nada aprecia, y precisamente este desdén es el que nos permite y ayuda a continuar con alegría este inútil viaje existencial cuyo absurdo denunciaremos siempre a través de nuestra consciencia hasta que llegue el último de nuestros suspiros.