domingo, 26 de junio de 2016

Mis aforismos de andar por casa (IV)

Os dejo a continuación algunos aforismos (y reflexiones) que he escrito personalmente. Se agradecen comentarios y/o críticas:
I
No es que no podamos escapar de la voluntad, sino que no somos otra cosa más que voluntad: todos viven (vivimos) con vehemencia en pos de unos fines evolutivos totalmente ajenos a nuestro destino como sujetos y ¿para qué? Nadie lo sabe y la mayoría ni se lo plantea...simplemente siguen luchando hasta que les llega la muerte.

II
Antes de nuestro nacimiento, quince mil millones de años pasaron...y no lo "notamos". Cuando muramos, pasaran igualmente otros tantos billones de años en el mismo instante en que nuestro cerebro cese su procesar eléctrico. Muy bien se puede decir que es una muy delgada línea sensitiva la que separa nuestra existencia del inicio del Universo...y también de su final "térmico".

III

Ya lo dijo medio en broma Woody Allen: “Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa”. Y sin embargo, no es para tomárselo en broma: Si realmente Algo o Alguien creo a conciencia nuestra realidad pudiendo no haberlo hecho o haberlo hecho de un modo diferente, me parece realmente reprochable, detestable e indignante el propio acto de la creación. Y es que si el génesis es fruto de algún tipo de Necesidad trascendental (inteligible o no), no puedo más que reprobar que se haga uso de nosotros (meros títeres obligados por esencia a vivir y morir luchando) para suplir dicha Necesidad. La vida en general es muy dura, cruel y la justicia brilla por su ausencia; por lo tanto, cualquier utilidad que ese supuesto ente Divino pueda estar saciando con ese acto Voluntario de creación es profundamente abominable, el mayor crimen de la historia contra la humanidad: sin duda, el verdadero pecado original. 


IV
¿Por qué es tan poco frecuente el suicidio? Pues aunque parezca una broma, la verdadera causa última de este hecho es física (y no meramente biológica). Si uno quiere comprender realmente por qué no ve a diario saltar gente por la ventana, debe comprender primero qué ha ido moldeando con el tiempo en nuestro cerebro el heurísito del miedo a la muerte que impide (a individuos mentalmente sanos) cometer tal acto de suicidio o auto-lesión. Y si indagamos y empezamos este camino reduciendo y descendiendo del complejo plano psicológico al plano neurológico, y luego del plano neurológico al biológico evolutivo, para finalmente acabar en el estudio físico básico; resulta que toda nuestra mecánica (todo nuestro movimiento y conducta) está enfocado (dictado y determinado estadísticamente de base) por estas leyes termodinámicas que aplican en el fenómeno a cualquier nivel de abstracción y complejidad organizativa. 

En concreto, se trata de una tendencia física natural a organizarse siempre de modo tal que se puedan consumir todos los recursos disponibles tan rápido como sea posible en aquellos sistemas expuestos a una diferencia de potencial energético. Esto, por una parte, es físicamente equivalente a decir que el Universo "busca" maximizar en todo momento el crecimiento entrópico, el consumo de energía libre, y abolir los gradientes energéticos al máximo ritmo posible; y por otra parte, pone de manifiesto que la mecánica (y la dinámica) animada e inanimada no es tan distinta como puede parecer a primera vista. 


En resumen, y para responder a la pregunta inicial: el que se mata no se replica, y además deja de consumir energía tanto él como la posible progenie o familiares a los que podría haber ayudado a consumir recursos durante más tiempo; por lo tanto, la tendencia al suicidio (o la auto-lesión) está físicamente penalizada (no es un acto o fenómeno que se vaya a dar con frecuencia), lo cual se traduce a más alto nivel explicativo (desde la biología) como que el suicidio es "una conducta evolutivamente poco estable". En el fondo es lo mismo.

V
¿Por qué el capitalismo es la estructura económica dominante desde la revolución industrial? Cada estructura o modelo socio-económico tiene una eficiencia máxima (innata y esencial) a la hora de explotar los recursos disponibles según las circunstancias. Por tanto, la máxima producción alcanzable por un país o conjunto de países estará estrechamente relacionada con la estructura social, política y económica de dicho país (o países). Por otra parte, la historia ha demostrado repetidamente que el sistema que más y mejor aprovecha los recursos naturales para producir bienes y servicios (a repartir luego entre "su" población) es el capitalismo. Lo que nos lleva, sumando a la ecuación el hecho de que todos quieren (queremos) acaparar el máximo posible de productos y bienes para nosotros y los nuestros, a descubrir por qué el capitalismo se ha ido gradualmente estableciendo como el sistema dominante en el planeta: sencillamente otras estructuras sociales no son tan eficientes (ni estables) como la capitalista a la hora de acercar a la mayor cantidad de población el suficiente número de bienes como para que ésta misma población no acabe sublevándose y echando abajo su propia estructura social. Cada momento histórico circunstancial ha seleccionado "evolutivamente" el tipo de estado que más bienes pudo producir a partir del potencial energético disponible en cada caso; y resulta que, a partir de los avances técnicos que permitieron la explotación de los recursos fósiles, el modelo económico más eficiente a la hora de maximizar la explotación de dichos recursos ha resultado (por el momento) ser el capitalismo. 

Esto por otra parte significa que, en el momento en que los recursos fósiles se agoten, y las circunstancias globales en cuanto a recursos energéticos cambien de nuevo radicalmente, es posible que el modelo económico dominante pueda verse de nuevo alterado. No es para nada descartable una vuelta en el futuro a alguna especie de neo-feudalismo.


jueves, 9 de junio de 2016

¿Qué más da lo que dure nuestra especie?

"¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos?" (Miguel de Unamuno)

Si miramos a nuestro alrededor, vemos como todos se preocupan por el futuro de la humanidad, pero sin embargo pocos son los que se molestan por el hecho de comprender si tal preocupación tiene alguna justificación no instintiva. Vamos a verlo:

Partimos de una premisa muy clara de la física moderna: el destino de nuestro Universo está ya escrito: finalmente una "muerte" térmica hará imposible cualquier existencia o fenómeno dentro del mismo. Y aunque esta muerte ocurrirá dentro de billones de años, aún así podemos preguntarnos del siguiente modo:

¿Qué más da lo que dure nuestra especie? ¿Qué más da siglo arriba o siglo abajo si el final va a ser el mismo? Como diría Nietzsche: "No hay derecho ninguno ni a la existencia, ni al trabajo, ni a la felicidad: el destino del hombre no se distingue del destino del más vil gusano." (Aforismo 753 de Voluntad de Poder) 

El ser humano esta condenado por su propia esencia natural (evolutiva). Da igual lo que pretendamos conseguir con ese supuesto y vanagloriado "libre albedrío" nuestro: el final será el mismo, es sólo cuestión de más o menos tiempo...y siendo este fatal destino como es; seguro: ¿a quién le importa alargar la agonía de lo inevitable? 

Si no acaba con nosotros el hambre, lo hará una guerra nuclear, un meteorito, una enfermedad mortal, un cambio climático, o cualquier otra cosa. E incluso si logramos escapar y colonizar otros planetas y galaxias; como decimos, las propias leyes físicas garantizan el fin de toda existencia conforme se acerque la "muerte" termodinámica. 

Por tanto, repito: ¿Qué importa el plazo cuando el final es el mismo? ¿Puede, para empezar, haber utilidad para algo dentro de un Universo condenado a desaparecer por completo en la nada? Y si no podemos vislumbrar por tanto una utilidad clara para ningún fenómeno del mundo: ¿para qué entonces tanto esfuerzo y empeño en encadenar generaciones de humanos? 

Todos se llenan la boca con el Bien de la humanidad, la Necesaria supervivencia del hombre, y demás palabrería, pero: ¿para qué tanta vehemencia por sobrevivir como especie? ¿sirve acaso de algo (o para algo) nuestro ser como humanos? ¡Pues es que en principio parece que no! Existimos por existir y para existir, y nada más. Y eso estaría quizás bien...si no fuese porque (como sabemos con certeza) todo terminará igualmente más pronto que tarde; y porque con este final anunciado se irá al traste todo el esfuerzo (lucha, dolor y sufrimiento) de cualquier generación y existencia pasada. En el momento en que todo acabe, se hará evidente que todos habrán (habremos) luchado finalmente por y para nada esencialmente relevante. 

Como Unamuno dijo: 
"Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os dicen. ¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos? ¡Vive para la Verdad, el Bien, la Belleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema insinceridad de esta posición hipócrita." (fragmento de la obra: Del sentimiento trágico de la vida). 
Como dice el filósofo español, el día en que todo termine (sea cuando sea): ¿qué será entonces de "nuestros yos todos"? ¿de qué habrá servido ese durísimo sacrificio estéril del que nadie se podrá ya aprovechar? 

Pero es que además el plazo no es tan largo como parece. Tú existencia personal lector (como la mía) acabará en pocas décadas (y no en billones de años), pero resulta que con el fin de nuestra consciencia el transcurso del tiempo perderá la validez que le damos en nuestro día a día. Por ejemplo; los casi 14 mil millones de años que pasaron antes de mi nacimiento: ¡fueron "instantáneos"! Yo no sentí el paso del tiempo antes del surgimiento de mi consciencia, y puedo esperar por tanto lo mismo para el futuro tras mi muerte: pasarán los millones de años de manera "instantánea" en relación a lo que pueda quedar tras de mí (es decir; de mi"yo"). 

Del mismo modo que nos parece al despertar que pasaron las 7 horas del sueño en un solo "instante"; ¡igualmente en un "instante" pasarán tras nuestra muerte (el sueño eterno) los billones de años que lleven a la existencia Universal completa (sin nuestra persona) a su final térmico! Será por tanto un pequeño soplo de tiempo el que nos acerque a ese instante que ahora parece ilusamente muy ("muy") lejano. Pero como ves, lector; no es así: lo que nos separa realmente del fin de la humanidad (junto con todo lo demás), son simplemente esas pocas décadas de lucha que nos quedan por delante en pos de un fin (evolutivo) que reconocemos ya como totalmente irrelevante. 

En este sentido, podemos decir que tras 14 mil millones de años (que transcurrieron como si fueran 14 milisegundos), pasaremos por la existencia como seres conscientes por durante unas 6 ó 7 décadas (con suerte): lucharemos y sufriremos por sobrevivir lo suficiente como para poder replicar una larga cadena de moléculas con instrucciones para fabricar nuevos hombres; para finalmente morir luego y que otros tantos miles de millones de años pasen inmediatamente llevándose por delante todo lo que hayamos podido conocer en estos pocos años de existencia (pensad por ejemplo en esa escena de la película basada en la novela "La máquina del tiempo" de H. G. Wells, donde el protagonista se queda atascado en la máquina y pasan los siglos y los milenios en un santiamén mientras está inconsciente tras sufrir un golpe...pero imaginad que en lugar de inconsciente hubiese muerto dentro de la máquina sin llegar a poder frenarla al despertar. Pues nuestra muerte será algo muy similar pero más rápido si cabe). 

En este sentido, la existencia humana es absurda; y esa supuesta lucha por el Bien de la Humanidad y por el futuro Bienestar de los hijos de la Humanidad...más absurda aún. Cualquier preocupación por el futuro de nuestra especie es tan absurdo como preocuparse por el futuro de un castillo de arena en la playa. 

Y todo lo que digo por supuesto puede sonar a nihilismo extremo, y quizás lo sea; pero no por eso tiene que ser falso. Y claro que (como yo) también Nietzsche, Leopardi y cualquier otro filósofo, poeta o científico dicen (o dijeron) una cosa y luego se fueron a la cama calentitos: pero es que ser filósofo no hace que dejes de ser persona con necesidades mundanas que suplir. Y más importante aún: ¡el simple hecho de que un filósofo no pueda dejar de ser persona no invalida lo que pueda llegar a comprender y promulgar de manera objetiva, racional y lógica! 

Podemos por lo tanto decir, a modo de corolario, que: qué más da lo que dure nuestra estúpida existencia como especie.

Un saludo, amigos.

jueves, 26 de mayo de 2016

¿Cuál es nuestro destino?

"Amigo ¿en qué meditas? ¿En tus antepasados?
Polvo en el polvo. ¿En sus méritos?
Sonríe… Toma este cántaro y bebamos
escuchando serenamente el silencio del cosmos." (Omar Jayam)

Me gustaría en esta entrada haceros reflexionar sobre una importante pregunta que apenas tenemos tiempo de hacernos debido a nuestros numerosos y urgentes quehaceres diarios. Es muy probable que usted, querido lector, como miembro medio de la sociedad se preocupe (en general) por el futuro de la humanidad en temas sociales, políticos, económicos, energéticos, climáticos, etc. Pues bien, dígame amigo: ¿cuál cree que es la razón última (la verdadera) de toda esa preocupación social suya por unas generaciones futuras cuyos miembros es seguro que no conocerá? Cuando uno actúa preocupándose por el futuro social, es cierto que en parte lo hace por su comodidad presente y la de los suyos, pero indudablemente se trata de algo más: de mejorar el mundo también para todas las personas que resten por llegar a la vida. Sin embargo, y esta es la clave del asunto: ¿para qué sirve la propia vida humana que tanto deseamos mejorar? ¿cuál es ese destino por el que todos estamos abocados a luchar desde el mismo nacimiento? 

En este sentido, Giacomo Leopardi se preguntaba en pleno siglo XIX en uno de sus poemas: "¿por qué alumbrar, por qué mantener vivo a aquel que, por nacer, es necesario consolar? Si la vida es desventura, ¿por qué continuamos soportándola?". Y por supuesto, tenemos también el revelador poema de Omar Jayam (1048-1131) que nos dice: 

"Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas podido despojar a la Verdad de todos sus ropajes. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas vivido cien años feliz 
y que vivas cien años más. ¿Cuál es tu destino?" 

Admitamos, como dice el poeta persa, que hemos resuelto el problema energético, que la ciencia lo sabe todo, que vivimos cientos de años con salud...¿cuál sería (aún) en tal caso nuestro destino? Como digo, constantemente los problemas diarios nos nublan tanto la mente (los problemas personales junto con los sociales), que casi no nos paramos nunca a reflexionar sobre la propia necesidad que estamos tratando de solucionar con tanto ahínco, y no es, hasta que damos (idealmente) todas nuestras necesidades por saciadas cuando podemos preguntarnos sobre la razón de tanto esfuerzo. Así pues, os repito de nuevo la pregunta: ¿Por qué y para qué tanta vehemencia como especie por continuar creciendo, consumiendo, y devorando recursos y energía a toda costa? ¿para qué continuar con tanto estrés replicando y criando personas; alargando en el tiempo de este modo ese yugo de la vida (la de todos) de continua lucha y necesidad? Es decir; que sí, que luchamos sin duda por el bien social: por mejorar el bienestar propio, el de los nuestros, y el de todos los que vendrán, pero...¡para qué! ¿cuál es el destino de esa larga cadena vital humana? ¿cuál es su finalidad?

Hablar de esta manera puede sonar sin duda pesimista, porque normalmente no pensamos nunca por qué hacemos lo que hacemos; pero eso no implica que no tenga sentido preguntarse de este modo: ¿para qué seguir dando cuerda al sonsonete de la vida ahora que ya sabemos (desde hace bastante más de un siglo) que todo nuestro ser como especie es fruto de un proceso evolutivo natural y sinsentido: el mero resultado mecánico de un acto natural espontáneo y ciego a cualquier fin racional que sea relevante (humanamente hablando)? 

Vayamos más lejos: admitamos que finalmente hemos logrado colonizar otros mundos dejando atrás una Tierra devastada...¿cuál será (aún) en ese caso nuestro destino? Es decir; que tanto afán por llegar a Marte o por encontrar mundos habitables a los que llegar: ¿a qué fin sirve? Pues dadas las similitudes, cuando uno reflexiona sobre este anhelo colonizador, realmente todo apunta a que sólo somos simples microbios venidos a más, salvo que con la excepcional capacidad (o al menos el potencial) para ir saltando de placa de Petri en placa de Petri conforme los recursos de estas placas se agotan... 

Y sin embargo, es seguro que muchos de ustedes aún se enroquen en la dulce musiquilla del sacrificio social, del amor a la progenie, del bien común, y demás cantinela. Leed en ese caso con atención estas palabras del maravilloso Miguel de Unamuno: 

"Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os dicen. ¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos? ¡Vive para la Verdad, el Bien, la Belleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema insinceridad de esta posición hipócrita." (fragmento de la obra: Del sentimiento trágico de la vida). 

Todo el asunto del Bien social es pura hipocresía evolutiva (no necesariamente consciente), que nuestro cerebro se saca de la manga para continuar con el verdadero destino (el fin último) que no es por supuesto nada de todo eso. Admitamos lo evidente de una vez: 

Nuestro destino, nuestro sino, es exactamente el mismo que el de cualquier cepa bacteriana. Vale entender a ésta para entendernos a nosotros. Y por lo tanto, ya podemos responder a la pregunta que nos hemos venido haciendo desde el principio: ¿Cuál es el verdadero destino de estas bacterias (y por lo tanto el nuestro)? Muy sencillo: consumir energía mientras se replican, y replicarse para consumir energía...y nada más. 


martes, 24 de mayo de 2016

Canto nocturno de un pastor errante de Asia (Giacomo Leopardi)

"A veces, al mirarte
tan silenciosa en el desierto llano
que en su confín se une con el cielo,
o bien con mi rebaño
seguirme en mi camino; cuando miro
fulgurar en el cielo las estrellas,
pensativo me digo:
¿Para qué tantas luces?
¿Qué hace el aire sin fin, esa profunda
serenidad? ¿Qué significa esta
inmensa soledad? ¿Qué soy yo mismo?"
 (Giacomo Leopardi)

Os dejo hoy dos obras de arte unidas en un único vídeo: una magnífica narración en italiano del maravilloso poema "Canto nocturno de un pastor errante de Asia" de Giacomo Leopardi, acompañada de fondo por la sonata n. 14 "Claro de luna" de L.v. Beethoven.

Este poema de Leopardi, por cierto, tiene el gran mérito de ser capaz de describir y acercar en unas pocas estrofas gran parte de la filosofía de otro gran pensador como fue Arthur Schopenhauer; hasta el punto de que basta con leer con atención este canto nocturno para obtener una completa introducción a la obra del maestro de Danzig.

Por cierto que el poema en italiano (y esto es una opinión personal) me parece inmensamente más bonito y penetrante; probablemente porque este era el idioma nativo del poeta y por tanto de la poesía.

Os dejo a continuación el vídeo del que os hablo, y justo debajo os dejo la traducción en castellano para que podáis seguir el poema mientras se recita en italiano. Merece mucho la pena, hacedme caso:


XXIII – Canto nocturno de un pastor errante de Asía. 

¿Qué haces, luna, en el cielo? Dime, ¿qué haces
silenciosa luna?
Surges de noche y vas
contemplando los desiertos, y luego te paras.
¿Aún no estás cansada
de recorrer los caminos del cielo?
¿Es que aún no te cansas ni te hastías
de mirar estos valles?
Se parece tu vida
a la del pastor.
Sale con la primera luz
y conduce el rebaño por el campo; ve
majadas, prados, fuentes.
Después, cansado, reposa de noche.
Otra cosa no espera nunca.
Dime, oh luna, ¿de qué le sirve
su vida al pastor,
ya ti la tuya? Dime, ¿adónde tiende
este vagar mío, tan breve,
y tu curso inmortal?

Viejo canoso, enfermo,
descalzo y casi sin vestido,
con la pesada carga a las espaldas,
por valles y montañas,
por rocas y por playas y por brañas,
al viento, con tormenta, cuando abrasa
la hora y cuando hiela
corre, corre anhelante,
cruza estanques, torrentes,
cae, se levanta y se apresura siempre,
sin reposo ni paz,
herido, ensangrentado; hasta que llega
allá donde el camino
y donde tanto afán al fin se acaba:
horrible, inmenso abismo
donde al precipitarse todo olvida.
Oh, virgen luna,
así es la vida mortal.

Al dolor nace el hombre
y ya hay riesgo de muerte en el nacer.
Es la pena, el tormento,
lo que, desde el principio, va probando.
Y los padres empiezan
a consolarle por haber nacido.
Y luego, cuando crece,
uno y otro le sostienen, y así, por siempre,
con palabras y actos,
procuran darle ánimo
y consolarle de su estado humano:
porque no existe más grata tarea
de padres con sus hijos.
Pero, ¿por qué alumbrar,
por qué mantener vivo
a aquel que, por nacer, es necesario consolar?
Si la vida es desventura,
¿por qué continuamos soportándola?
Intacta luna, tal
es el mortal estado.
Pero tú mortal no eres
y acaso cuanto digo no te importe.

Tú, solitaria, eterna peregrina,
tan pensativa, acaso bien comprendas
este vivir terreno,
nuestra agonía y nuestros sufrimientos;
acaso sabrás bien de este morir, de esta suprema
palidez del semblante,
y faltar de la tierra, y alejarse
de habitual y amorosa compañía.
Y tú, seguro que comprendes
el porqué de las cosas, y ves el fruto
del alba y de la noche,
del callado e infinito fluir del tiempo.
Sin duda sabes a qué dulce amor
sonríe la primavera,
a qué ayuda el verano y qué procura
con sus hielos el invierno.
Mil cosas sabes y otras mil descubres
que al sencillo pastor le están prohibidas.
A veces, si te miro
tan silenciosa, encima del desierto llano,
que allá, en el horizonte lejano, cierra el cielo;
o bien, con mi rebaño,
seguirme poco a poco; o cuando veo
arder allá en el cielo las estrellas,
pensativo me digo:
«¿Para qué tantas estrellas?
¿Qué hace el aire infinito, la profunda
serenidad sin fin? ¿Qué significa esta
inmensa soledad? ¿Y yo qué soy?».
Conmigo así razono y de este espacio
soberbio, ilimitado,
de esta familia innumerable,
adivinar no sé la utilidad, el fruto,
después de tanto afán, del movimiento
de cada cosa terrena y celeste
girando sin reposo
para volver allá donde surgieron.
Pero en verdad –oh doncella inmortal–
tú sí lo sabes todo.
Yo sólo sé y comprendo
que de los eternos giros
Y de mi frágil ser,
bien y goce
otro hallará; mi vida es mal tan sólo.

Oh, rebaño mío que reposas, oh tú, dichoso,
acaso ignorando tu miseria.
¡Cuánta envidia te tengo!
No sólo porque de afanes
te encuentras casi libre;
Y todo sufrimiento, todo daño,
cada temor extremo, pronto olvidas,
acaso porque nunca sientes tedio.
Reposando a la sombra, en la hierba,
estás dichoso y sosegado;
Y la mayoría del año
vives en tal estado, sin molestia.
Yo a la sombra me siento, sobre el césped,
Y de hastío se llena
mi mente, como sentir una espuela clavada;
así que nunca he estado tan lejos, aun sentado,
de hallar la paz o espacio.
y ya nada deseo,
Y razón de llorar nunca he tenido.
Lo que tú gozas y cuánto
no sé decirlo; sí sé que eres dichoso.
Poco es el goce que yo siento,
oh rebaño mío, pero de ello no me duelo.
Si supieses hablar preguntaríate:
«Dime, ¿por qué yaciendo
ocioso, sin cuidados,
cada animal descansa
y yo, cuando reposo, siento tedio?».

Quizá si alas tuviese
para ir a las nubes
y contar una a una las estrellas,
o, como el trueno, errar de cima en cima,
sería más feliz, dulce rebaño,
sería más feliz, cándida luna.
O es que tal vez se aleja
de la verdad mi mente, si pienso en otra suerte:
acaso en toda forma,
en todo estado, ya sea en cuna o en cubil,
es funesto a quien nace el nacimiento.


XXIII – CANTO NOTTURNO Dl UN PASTORE ERRANTE DELL’ ASIA

Che fai tu, luna, in ciel? dimmi, che fai,
Silenziosa luna?
Sorgi la sera, e vai,
Contemplando i deserti; indi ti posi.
Ancor non sei tu paga
Di riandare i sempiterni calli?
Ancor non prendi a schivo, ancor sei vaga
Di mirar queste valli?
Somiglia alla tua vita
La vita del pastore.
Sorge in sul primo albore
Move la greggia oltre pel campo, e vede
Greggi, fontane ed erbe;
Poi stanco si riposa in su la sera:
Altro mai non ispera.
Dimmi, o luna: a che vale
Al pastor la sua vita,
La vostra vita a voi? dimmi: ove tende
Questo vagar mio breve,
Il tuo corso immortale?

Vecchierel bianco, infermo,
Mezzo vestito e scalzo,
Con gravissimo fascio in su le spalle,
Per montagna e per valle,
Per sassi acuti, ed alta rena, e fratte,
Al vento, alla tempesta, e quando avvampa
L'ora, e quando poi gela,
Corre via, corre, anela,
Varca torrenti e stagni,
Cade, risorge, e più e più s'affretta,
Senza posa o ristoro,
Lacero, sanguinoso; infin ch'arriva
Colà dove la via
E dove il tanto affaticar fu volto:
Abisso orrido, immenso,
Ov'ei precipitando, il tutto obblia.
Vergine luna, tale
E' la vita mortale.

Nasce l'uomo a fatica,
Ed è rischio di morte il nascimento.
Prova pena e tormento
Per prima cosa; e in sul principio stesso
La madre e il genitore
Il prende a consolar dell'esser nato.
Poi che crescendo viene,
L'uno e l'altro il sostiene, e via pur sempre
Con atti e con parole
Studiasi fargli core,
E consolarlo dell'umano stato:
Altro ufficio più grato
Non si fa da parenti alla lor prole.
Ma perchè dare al sole,
Perchè reggere in vita
Chi poi di quella consolar convenga?
Se la vita è sventura,
Perchè da noi si dura?
Intatta luna, tale
E' lo stato mortale.
Ma tu mortal non sei,
E forse del mio dir poco ti cale.

Pur tu, solinga, eterna peregrina,
Che sì pensosa sei, tu forse intendi,
Questo viver terreno,
Il patir nostro, il sospirar, che sia;
Che sia questo morir, questo supremo
Scolorar del sembiante,
E perir dalla terra, e venir meno
Ad ogni usata, amante compagnia.
E tu certo comprendi
Il perchè delle cose, e vedi il frutto
Del mattin, della sera,
Del tacito, infinito andar del tempo.
Tu sai, tu certo, a qual suo dolce amore
Rida la primavera,
A chi giovi l'ardore, e che procacci
Il verno co' suoi ghiacci.
Mille cose sai tu, mille discopri,
Che son celate al semplice pastore.
Spesso quand'io ti miro
Star così muta in sul deserto piano,
Che, in suo giro lontano, al ciel confina;
Ovver con la mia greggia
Seguirmi viaggiando a mano a mano;
E quando miro in cielo arder le stelle;
Dico fra me pensando:
A che tante facelle?
Che fa l'aria infinita, e quel profondo
Infinito Seren? che vuol dir questa
Solitudine immensa? ed io che sono?
Così meco ragiono: e della stanza
Smisurata e superba,
E dell'innumerabile famiglia;
Poi di tanto adoprar, di tanti moti
D'ogni celeste, ogni terrena cosa,
Girando senza posa,
Per tornar sempre là donde son mosse;
Uso alcuno, alcun frutto
Indovinar non so. Ma tu per certo,
Giovinetta immortal, conosci il tutto.
Questo io conosco e sento,
Che degli eterni giri,
Che dell'esser mio frale,
Qualche bene o contento
Avrà fors'altri; a me la vita è male.

O greggia mia che posi, oh te beata,
Che la miseria tua, credo, non sai!
Quanta invidia ti porto!
Non sol perchè d'affanno
Quasi libera vai;
Ch'ogni stento, ogni danno,
Ogni estremo timor subito scordi;
Ma più perchè giammai tedio non provi.
Quando tu siedi all'ombra, sovra l'erbe,
Tu se' queta e contenta;
E gran parte dell'anno
Senza noia consumi in quello stato.
Ed io pur seggo sovra l'erbe, all'ombra,
E un fastidio m'ingombra
La mente, ed uno spron quasi mi punge
Sì che, sedendo, più che mai son lunge
Da trovar pace o loco.
E pur nulla non bramo,
E non ho fino a qui cagion di pianto.
Quel che tu goda o quanto,
Non so già dir; ma fortunata sei.
Ed io godo ancor poco,
O greggia mia, nè di ciò sol mi lagno.
Se tu parlar sapessi, io chiederei:
Dimmi: perchè giacendo
A bell'agio, ozioso,
S'appaga ogni animale;
Me, s'io giaccio in riposo, il tedio assale?

Forse s'avess'io l'ale
Da volar su le nubi,
E noverar le stelle ad una ad una,
O come il tuono errar di giogo in giogo,
Più felice sarei, dolce mia greggia,
Più felice sarei, candida luna.
O forse erra dal vero,
Mirando all'altrui sorte, il mio pensiero:
Forse in qual forma, in quale
Stato che sia, dentro covile o cuna,
E' funesto a chi nasce il dì natale.

martes, 10 de mayo de 2016

El estancamiento científico y la religión

"El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.Toda la ciencia de los hombres: palabras.Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas:sombras. El resultado de tu meditación perpetua: nada" (Omar Jayam)


La ciencia física se encuentra estancada. Es algo que ya nadie puede negar. Hace más de 30 años que ningún nuevo avance teórico consigue revolucionar el panorama, y la experimentación, en lugar de apoyar las nuevas hipótesis que van apareciendo, no hacen más que echar más leña al fuego incrementando la inconsistencia de lo ya establecido (energía oscura, materia oscura, etc.).

Y resulta que ante esta perspectiva desalentadora hay un gremio que se frota las manos: el de la religión. Como la ciencia ya no es capaz de llenar con la misma fuerza que antes los huecos explicativos, pues en teoría quedaría abierta la veda para la vuelta a la pura especulación espiritual.

Sin embargo, a muchos teólogos creo que se les escapa (quizás intencionadamente) tomar en cuenta más a fondo en su argumento otra posibilidad (posiblemente la más sensata dados los hechos): que estemos simplemente condenados al escepticismo y al agnosticismo (a un profundo desconocimiento, en general).

Y es que bien podría ser que después de todo la ciencia actual no guíe (con sus fracasos)  a valorar más a la metafísica como fuente de conocimiento, sino que simplemente se limite a mostrarnos o hacernos ver que ya no hay nada más que podamos entender (comprender, conocer, o como se quiera definir). Es decir; que nos lleve finalmente a aceptar la renuncia.

Porque es cierto que la limitación práctica y teórica descriptiva de la ciencia es cada vez más evidente; pero lo que quede tras ella probablemente no sea más que la comprensión de la renuncia, el sometimiento de la absoluta duda explicativa. De hecho, de no ser nuestra especie tan vehemente, esta abdicación debería haber llegado mucho antes, quizás desde David Hume.

Como no se cansan de repetir los teólogos el mundo es un misterio: ¡claro que sí, sin ninguna duda! pero es un misterio que por lo visto nos acompañará como especie por el resto de nuestra existencia. Un misterio cuya Verdadera causa permanecerá oculta por los restos de los tiempos: oculta para cada persona ya nacida, y también para cada persona que reste por nacer. Qué fenomenal poema aquel del persa Omar Jayam que ya hace mil años decía:
«Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
y los ojos abrí con sorpresa infinita,
partiré después de reposarme un tiempo
sin saber la razón de mi entrada y salida.» 

Y da igual lo que cada cual crea o deje de creer como sujeto (¿metafísica? ¿fe? hay tantas como personas). No, amigos, no. No hay nada que podamos hacer para trascender nuestra experiencia: estamos condenados a la más absoluta duda trascendental.

En este sentido, creo que también viene a cuento la maravillosa cita de Leopardi que dice así:
«Tiempo llegará en que este Universo y la Naturaleza misma se habrán extinguido. Y al modo de grandísimos reinos e imperios humanos y sus maravillosas acciones que fueron en otra edad famosísimas no queda hoy ni señal ni fama alguna, así igualmente del mundo entero y de las infinitas vicisitudes y calamidades de las cosas creadas no quedará ni un solo vestigio, sino un silencio desnudo y una quietud profundísima llenarán el espacio inmenso. Así este arcano admirable y espantoso de la existencia universal, antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguirá y perderáse.»
Sí: "Tiempo llegará en que este Universo y la Naturaleza misma se habrán extinguido". Este es, de hecho, el único conocimiento inmanente (termodinámico) que la ciencia física nos asegura sin lugar a dudas: la "muerte" térmica del Universo, la cual es un hecho insoslayable; y del resto, pues poco más se puede comprender al detalle, y mucho menos explicar. Sin mucho miedo a equivocarnos podemos decir que: "este arcano admirable y espantoso de la existencia universal (el misterio), antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguirá y perderá" junto con todo lo demás.

Un saludo.

viernes, 22 de abril de 2016

El absurdo (III)

"Biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto."
(Carlos Castrodeza)

Leyendo una magnífica entrada sobre el filósofo Carlos Castrodeza en el Blog de Carlos Javier González Serrano (El vuelo de la lechuza): https://elvuelodelalechuza.com/2013/03/02/la-razon-de-ser-meditaciones-darwinianas-carlos-castrodeza/, me ha surgido la siguiente reflexión:

En el artículo se menciona que "Darwin se preguntaba una y otra vez que cómo una teoría que es tan sencilla de entender no calaba entre sus coetáneos (la banalidad de lo que importa es a menudo dura de digerir)."

Y yo creo que es evidente que esto sigue ocurriendo. Cualquiera puede preguntarse todavía como la gente no comprende (o no acepta) que: "[..]biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. [Que] Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto. "

Nadie es capaz de pararse y reflexionar sobre el hecho comprobado de que la razón de ser de todo ser vivo no tiene objeto (es decir; que no tiene un sentido racional objetivo). Todos luchamos con asombrosa vehemencia por continuar el sonsonete de la vida, y ni siquiera la conciencia del absurdo existencial puede detenernos (me incluyo, por supuesto, porque vivo con tanta o más vehemencia que nadie). En este sentido, se puede concluir sin lugar a dudas que no somos otra cosa más que marionetas en manos de un estúpido "fin" natural por el mero ser (en realidad, porque permanezca aquello que sea un mayor eficiente consumidor de energía para cada momento y situación, puesto que a esto se reduce realmente la evolución según la física moderna).

La vida es en sí un medio, y los seres vivos meros títeres en manos de una extraña "necesidad" natural por consumir eficientemente toda la energía libre disponible en el menor tiempo posible (i.e. maximizar la entropía global del modo más óptimo en cada circunstancia). Cabría preguntarse por supuesto, si esta "necesidad" natural sigue o no algún Fin trascendente, y en tal caso cuál es.

Aquí, por ejemplo: Mainländer insistiría en que esa Necesidad trascendente fue la de satisfacer una única Necesidad por parte de una única (e incognoscible) Unidad premundana: el Deseo de alcanzar el No-Ser mediante la realización de un único Acto; y de hacerlo además del único Modo posible en que este paso al No-Ser podía ocurrir: este Modo constituiría la aparición de nuestro cosmos (de la multiplicidad acontecida tras el Big Bang) del modo tan preciso en que es y observamos (con lo que se explica de camino el fino ajuste que las constantes físicas cosmológicas presentan), y por tanto la "necesidad" natural inmanente de consumir toda la energía libre tan pronto como sea posible (disminuir la suma de fuerzas como diría Mainländer), se correlacionaría con la representación fenoménica de esa Necesidad trascendente por No-Ser lo más rápido posible (que por alguna razón no pudo ser instantáneamente). Esta unidad trascendente originaria por cierto fue, pero ya no es: desapareció precisamente al dar a luz a la multiplicidad del mundo.

Schopenhauer por otra parte, propondría por ejemplo; que ese "fin" natural inmanente es mera representación de la Voluntad trascendente ciega e irracional que lo sustenta todo (en el mundo o tras el mundo, es decir; que contra la postura de Mainländer, la Voluntad todavía sería) , buscando dicha Voluntad de continuo (oculta tras el velo del fenómeno)  el mero ser y el persistir, y el ser además de todos los modos posibles; lo cual correlaciona bien con la realidad biológica y natural del mundo, pero no tan bien con la realidad evolutiva (y la "buscada" maximización del consumo energético subyacente), puesto que la Voluntad podría explicar la voluntad hacia la lucha y la vehemencia por el ser, pero no podría explicar por qué el mundo inmanente busca no sólo ser y ser de muchos modos, sino también ser siempre de modo que la energía libre disponible (y por tanto la capacidad para un nuevo ser) se consuma tan pronto como sea posible. Parece que la Voluntad de Schopenhauer se queda explicativamente corta, y que ciertamente Mainländer completa esta perspectiva con una cosmovisión más acorde con lo observado (por la ciencia) en lo inmanente.

Los científicos más radicales, por último, filosofan con la idea de los múltiples universos extrapolando la cuántica a lo trascendente, con lo cual no habría según ellos tal Fin trascendente, o mejor dicho, dicho Fin será tan espontáneo e insustancial como el "fin" natural inmanente de consumir la energía libre tan pronto como se pueda: en realidad serían equivalentes, y se trataría como digo, de extrapolar lo inmanente casi tal cual a lo trascendente.

Pero es que en realidad da igual cual sea la Verdad o la Realidad tras nuestra existencia personal, sea la que sea, cualquiera, todo apunta a que nada humanamente relevante se esconde tras nuestra vehemente lucha: muy probablemente ninguna razón sustente nuestro ser, o si la hay, muy posiblemente dicha razón sea indiferente a nuestro destino como meros sujetos (medios) para su Fin. En realidad, en el caso de Mainländer podríamos presumir al menos de ser eficientes medios para un Fin concreto, y de que "ayudamos" a cumplir con nuestro esfuerzo una razonable Necesidad trascendente (premundana) la cual de hecho nos dio origen. Y creo que podemos presumir de ello incluso a pesar de que dicha "ayuda" sea en favor de la pronta aniquilación de la existencia Universal...el que no se consuela es porque no quiere xDD.

En fin, que podemos concluir, junto a Schopenhauer, y sin mucho miedo a equivocarnos, que humanamente (o para la humanidad) "bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada"; y que si finalmente dicha vida es útil para Algo, seguro que ese Algo no tiene nada que ver con nosotros como sujetos.

Un saludo.

martes, 19 de abril de 2016

La carencia de datos limita las aspiraciones de la ciencia


Acaban de publicarme un artículo en la revista Tendencias21: La carencia de datos limita las aspiraciones de la ciencia

La introducción del artículo viene a decir así:
"La teoría de cuerdas o la de multiversos son claros ejemplos de que nuestro conocimiento del mundo está cayendo en la especulación racional pura.
Es un secreto a voces que hace ya décadas que la física se topó con el límite de lo observable (o al menos, con el límite de lo representable para nuestro cerebro). Ante esta carencia experimental, la racionalidad intenta tomar el mando. Así, tras un largo periodo gobernado por la más pura ciencia empírica, estamos entrando en un tiempo en el que nuestro conocimiento del mundo está cayendo en la especulación racional pura. La teoría de cuerdas o la teoría de multiversos son dos claros ejemplos de esta deriva."
Es la segunda vez que consigo publicar algo en esta revista, y la verdad es que me alegra bastante ;). Espero que os guste el trabajo (es una adaptación de algo que ya escribí por aquí), y si es así: pulsar en me gusta y compartir la entrada (me haréis un favor) :-) .


jueves, 14 de abril de 2016

El vacío cuántico y el origen del Universo

"Cualquiera que no esté impactado con la teoría cuántica no la ha entendido."
(Niels Bohr)

El vacío cuántico.

Heisenberg
Uno de los aspectos más contra-intuitivos del que nos habla la física cuántica, es el hecho de que es posible que de la "nada" (el vacío cuántico) puedan surgir cosas (partículas). Es un hecho físico bastante aceptado, y supone grosso modo que una existencia (algo) puede aparecer por las buenas a partir de la no existencia (de la nada). Es decir; que algo que no era, de repente puede ser, así sin más. Y si bien es cierto que el vació cuántico no es estrictamente una nada absoluta, realmente se le parece bastante.

Esta inmediata generación existencial cuesta sin duda trabajo de digerir, pero una vez aceptado el hecho como tal, cabe preguntarse lo siguiente: ¿hay alguna condición que se deba cumplir a priori para que la nada permita tal sorprendente suceso de creación espontánea? Pues sí que la hay, una muy simple y determinada: el paso al ser se condiciona a que la relación entre la masa creada (la cantidad de energía equivalente, en realidad) y el tiempo efectivo de existencia deben seguir una relación matemática muy concreta, la que nos enseña el principio de incertidumbre de Heisenberg:

 (1)

Esto viene a decir que el mundo cuántico (la realidad) posee una incertidumbre intrínseca a su ser, mediante la cual la precisión con la que se conoce la energía de una partícula multiplicada por la precisión con la que se conoce su tiempo de existencia, no puede ser menor (más preciso) de una cierta cantidad (un valor ħ constante muy pequeño relacionado con la constante de Plank).

Es posible, por lo tanto, que una partícula (un ser) aparezca en la realidad desde la nada (violando temporalmente la ley de conservación de la energía), con la única condición de que lo haga por un espacio de tiempo lo suficientemente pequeño como para que la incertidumbre en la energía supere la masa en reposo de dicha partícula. Es decir; que la precisión en el rango de tiempo en que esta partícula existe sea tan alta, que si pasamos a la derecha dividiendo en la inecuación (1) este valor, sea lo suficientemente pequeño como para que la incertidumbre en la energía aumente hasta alcanzar la masa de la partícula que entrará en el ser durante Δt segundos. Conforme la precisión en el tiempo se hace mayor  (i.e. conforme Δt tiende a cero), la ΔE (la incertidumbre en la energía) permite que partículas cada vez de mayor masa m = E / c2 aparezcan desde la nada, aunque sólo lo puedan hacer durante Δt segundos antes de volver al no-ser.

Otra forma de entender ésto, es como que es posible la creación espontánea de ser (masa), siempre y cuando la incertidumbre entre la masa (energía) y el tiempo sea lo suficientemente alta (mayor o igual a ħ/2) para que el mundo no se llegue a enterar de la violación ocurrida en las leyes de conservación: lo que no se puede detectar no es ilegal, y por tanto puede ser tal cual y sin problemas ;-).

En resumen:

1) Cuanto menos tiempo dure una existencia, más masa puede poseer eso que sale espontáneamente del vació.

2) Y también, cuanto más tiempo desee algo salido de la nada existir, menos masa (y por tanto energía) puede poseer.

El origen del Universo.

¿Y qué tiene que ver esto con el posible origen de nuestro Universo? Pues que muchos científicos afirman que un proceso similar al descrito para la aparición de partículas virtuales tuvo precisamente lugar en el Big Bang.

Nuestro Universo es cosmológicamente plano (o casi plano), y eso hace que la energía neta total contenida en el mismo sea cero (o casi cero). Y aunque ciertamente hay movimiento real, esto se debe simplemente a que existen zonas (posiciones) más densas energéticamente que otras, y eso produce gradientes que la termodinámica procede a abolir del modo más rápido posible; pero este movimiento no implica que la energía global sea muy grande. De hecho, cuando se procede a sumar y a restar la energía (cinética y potencial) de todo lo que el mundo contiene: ¡terminamos con una cantidad energética neta nula (o casi nula)!

Y volviendo a la inecuación (1), vemos que cuando la energía ΔE es muy pequeña (y se conoce, por tanto, con mucha precisión), el intervalo de tiempo permitido para que tal cantidad de energía exista salida de la nada es mayor o igual a:

Δt >= ħ / ΔE

Como  ħ es un valor muy pequeño pero constante, en el momento en que la E neta tiende a cero, el tiempo admisible de existencia tiende a infinito. En el caso límite, si resulta que la energía neta de nuestro Universo es exactamente cero, el mismo podría existir de modo estacionario eternamente sin violar las leyes de conservación. En cualquier caso, aún sin ser estrictamente cero, se estima que el valor energético global del mundo es tan cercano a cero que físicamente es viable su existencia una cantidad enorme de tiempo a pesar de haber salido literalmente del vacío (de la "nada"). Es decir, que:
El origen de nuestro mundo sería (podría ser) el resultado de una fluctuación cuántica que no colapsó y pudo continuar extendiéndose gracias al principio de incertidumbre dada la baja (o nula) energía total que éste contiene.
Implicaciones filosóficas.

1ª) Esta idea propuesta avala de algún modo la hipótesis del multiverso según la cual si este hecho de creación a partir de una fluctuación cuántica es físicamente posible, no es descartable que haya ocurrido (o vaya a ocurrir) en otras ocasiones; o que incluso ocurra de modo continuo en realidades (mundos) paralelos al nuestro. Lo que se hace con esta hipótesis de algún modo es "meta-inducir" el hecho físico contrastado de la aparición de partículas en el Universo a partir del vacío cuántico (siempre que se respete el principio de incertidumbre), haciéndolo extensivo al origen del propio Universo: en este sentido, el propio cosmos (y todo lo que contiene), se habría originado a partir de una de estas fluctuaciones a un nivel trascendente (es decir; en una especie de espuma cuántica global la cual comparte muchas propiedades con nuestra física: entre ellas el principio de incertidumbre).

2ª) Si todo lo postulado por la hipótesis del multiverso es cierto, la existencia sería eterna e infinita. Ya sea que los Universos convivan en paralelo (con múltiples fluctuaciones concurrentes); o que uno siga a otro fluctuación tras fluctuación ("esperándose" que un Universo acabe antes de dar a luz a otro), el hecho es que esta explicación supone que siempre ha habido Universos, y que siempre los habrá: y además, que el número de tales existencias es infinito.

3ª) De esta manera, y esto es importante: todo lo que puede ser, ya habrá sido y lo será de nuevo una infinidad de veces. El eterno retorno se confirmaría de este modo, puesto que cualquier cosa compatible con un Universo dinámico (i.e. que posea movimiento efectivo debido a una densidad energética dispersa) sencillamente va a ocurrir tarde o temprano, y además lo hará exactamente igual una infinidad de veces, y otra infinidad de veces lo hará con ligeras variaciones. Es decir; que de ser todo esto cierto, yo ya habría vivido (y viviré) este mismo momento en que me encuentro ahora mismo escribiendo una infinidad de veces. Del mismo modo, habré vivido y viviré situaciones muy similares a la actual, pero donde pequeñas fluctuaciones cuánticas habrán llevado a un curso de acontecimientos ligeramente distintos: en algunas de estas realidades escribiré alguna palabra distinta, por ejemplo; y en otras realidades varias fluctuaciones pueden conllevar a un cambio mayor: por ejemplo, produciéndome un trombo conforme escribo llevándome a la tumba (xDD).

Y quizás pueda alguien dudar si el "yo" de todas esas infinitas vivencias es el mismo "yo" de mi ser presente; pero si tenemos en cuenta que lo que se llama "yo" surge meramente de la computación neuronal eléctrica del cerebro, y puesto que dicha computación será idéntica en cada una de esas realidades repetidas, no cabe duda de que sí, seré yo el que repita mi ser por toda una eternidad. Este hecho es realmente inquietante, la verdad.

Conclusión.

Cuando se pone uno a especular con todo esto, no podemos más que echarnos las manos a la cabeza y preguntarnos si realmente todo puede ser y ocurrir de este modo tan extraño y paradójico (a pesar de todas las evidencias que los científicos nos dicen que existen a favor). Pero es que realmente da igual cuanto vaya todo contra nuestro sentido común evolutivo (macroscópico); los hechos son los hechos, y como diría Richard Feynman:
"Pienso que se puede afirmar tranquilamente que nadie entiende la mecánica cuántica... No te pongas a repetir, si puedes evitarlo '¿pero cómo puede ser así?' porque te irás por una coladera hacia un callejón sin salida del que nadie ha escapado. Nadie sabe cómo puede ser así."
Nadie sabe ni sabrá cómo puede ser así, pero así es sin duda; al menos en el caso cuántico de nuestro Universo. Y aunque la hipótesis del multiverso, aún con el respaldo cuántico, todavía tiene que ser confirmada o refutada (si es que es posible tal cosa), sus consecuencias son realmente asombrosas (aterradoras incluso, según como se mire).

Y es remarcable, por cierto, cómo las implicaciones filosóficas del multiverso cuadran bastante bien con la postura que el filósofo Friedrich Nietzsche defendió antes incluso del surgimiento de la propia teoría cuántica. En su obra "La gaya ciencia", escribe Nietzsche:
"¿Qué sucedería si un demonio... te dijese: Esta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla... una serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro... vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden... y también este instante y yo mismo... Si este pensamiento tomase fuerza en ti... te transformaría quizá, pero quizá te anonadaría también...¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino ésta suprema y eterna confirmación!"
En este sentido, la vida (nuestra vida) debería ser tan intensa y tan perfecta (dice el filósofo) que no deseásemos ningún cambio en sus infinitas sucesiones, puesto que todo cambio fuese ya necesariamente a peor.

Del mismo modo, la idea del multiverso también da apoyo a la propuesta budista en cuanto a su postulada eterna repetición vital. Según Buda, cada persona sufre tras la muerte infinitas reencarnaciones (algo como vemos asombrosamente de acuerdo con la hipótesis cuántica que hemos descrito), un eterno proceso vital del cual sólo se puede escapar mediante una constante meditación que te lleve a alcanzar el Nirvana; siendo este Nirvana simplemente el cese existencial de la persona: un estado de gracia equivalente a lograr detener por fin el sonsonete vital, alcanzar la deseable nada absoluta, esto es: el verdadero descanso que la simple muerte personal no nos permitiría conseguir.

Y puede que Buda tuviese razón respecto a nuestro eterno ciclo vital, pero mucho me temo que ninguna meditación o iluminación vaya a poder poner freno a la realidad cuántica. Realmente podríamos estar ¿condenados? a repetir una y otra vez nuestro ser por toda la eternidad. Sin embargo, aunque esta idea pueda parecer bastante angustiosa y desagradable, yo personalmente creo que no es para tanto, siempre y cuando no tengamos recuerdo alguno de esa infinidad existencial ya pasada...por cierto, ¿no habéis notado en ocasiones un fuerte sentimiento de Déjà vu? ¿quién sabe si...? (:-P)

El uróboros simboliza el esfuerzo eterno, 
la lucha eterna, o el esfuerzo inútil, la naturaleza cíclica 
de las cosas, el eterno retorno  y otros conceptos que vuelven a comenzar 
a pesar de las acciones para impedirlo.

Un saludo, eterno compañero de viaje. Quizás nos quede por delante encontrarnos en este camino una infinidad de ocasiones, aunque sólo sea a través de estas páginas...

miércoles, 13 de abril de 2016

Señor juez (Javier Krahe)

"Radiante de salud, en la flor de la edad me va muy bien en todo con la salvedad de un hastío tan persistente. Que vivir para mí es de una insipidez, que me estomaga y me conduce, señor Juez, a salirme por la tangente." (Javier Krahe)
Me gustaría en esta entrada homenajear, en la medida de lo posible, al recientemente fallecido cantautor Javier Krahe. Maestro de la sátira y socialmente comprometido, supo hacernos ver durante toda su carrera el absurdo de la vida de una manera artística a la par que sarcástica: ciertamente la vida no se merece mucho más que ser tomada como una trágica broma (quizás de muy mal gusto), y Javier supo transmitir con su música la ridícula realidad.

Son muchas las obras que merecen ser nombradas pero voy a dejaros con la que es, en mi opinión, uno de sus trabajos más claros en este sentido del que os hablo: "Señor juez", la carta de suicidio más original e ingeniosa que quizás se haya escrito. Una carta en la que un suicida le cuenta al juez las razones de su trágico acto final. Una person a la que le va muy bien en todo pero que ve insípida la vida y sus quehaceres. Finalmente se observa cómo el juez, insensible a lo que la carta le cuenta (quizás inmerso en el aburrimiento de su propia vida) despacha al ujier la misma de manera indiferente y con mal humor cuando detecta en ella una falta de ortografía. El juez (el que juzga, que en la vida diaria somos todos) no ha entendido nada del profundo mensaje del suicida.


Cada vez que escucho esta canción no puedo evitar recordar las palabras que Schopenhauer nos dejó respecto del hastío:
"Lo que ocupa a todos los vivos y los tiene sin aliento, es la necesidad de asegurar la existencia. Una vez hecho esto, ya no se sabe que hacer. Por eso, el segundo esfuerzo de los hombres es aligerar la carga de la vida, hacerla insensible, matar el tiempo; es decir, huir del hastío. Una vez libertados de toda miseria material y moral, una vez que han soltado de la espalda cualquiera otra carga, los vemos convertirse ellos mismos en su propia carga y considerar como una ganancia toda hora que consiguen pasar, aun cuando en el fondo esa hora se reste de una existencia que con tanto celo se esfuerzan en prolongar.[...] La vida del hombre oscila como un péndulo entre el dolor y el hastío. Tales son, en realidad, sus dos últimos elementos."


Señor Juez nada más le quería decir,
que en el día de hoy cansado de vivir
me decido a causar mi baja,
la eterna, la fetén, me excluyo del padrón
y aquí a renglón seguido le expongo la razón,
por la cual rompo la baraja:
No piense en una tragicomedia de amor,
que sufro un cáncer y, no soporto el dolor,
que rechazo ir a un asilo;
que perdí, la razón, la potencia sexual,
que estoy a fin de mes, que si tal que si cual
ni otras cosas por el estilo.

Radiante de salud, en la flor de la edad
me va muy bien en todo con la salvedad
de un hastío tan persistente.
Que vivir para mí es de una insipidez,
que me estomaga y me conduce, señor Juez,
a salirme por la tangente.
Lo que me finiquita el quid de la cuestión,
no es ni más ni menos que la célebre opresión,
entendida en sentido lato.
Ya me comprende usted, qué le voy a explicar,
si aquí en este redil juzgar es sojuzgar
y de eso sabrá usted un rato.

Si yo fuera mujer, minoría racial,
cristiano de base, zurdo, homosexual,
Tercer Mundo, obrero, artista,
me podría sumar a su revolución1,
pero al no ser así, ofrecer mi adhesión
me parece paternalista.
No puedo trastocar mi sexo, ni mi piel,
mi ateísmo, mis manos, mis lunas de miel,
desclasarme o pulsar la lira.
Y aunque pudiera, qué, no sería ya igual,
no sería quien soy, motivo primordial,
por el que un servidor suspira.

Y si no soy quien soy, es una ingenuidad
creer que si me ahorco tengo libertad,
más que para escoger la soga.
¡Mi asesino es usted!, ¿ por qué no lo iba a ser ?,
representa la ley, simboliza el poder,
el poder y quién se lo arroga...".
Aquí ya me indigné y di la carta al ujier,
-Archive esto por ahí- no lo podréis creer,
escribía arroga con h, escribía arroga con h.
Y las faltas así, desde hace ya algún tiempo,
es que no las aguanto me ponen a cien,
estaré atravesando un bache.


Y para todos aquellos a los que la anterior canción les haya llamado la atención, os dejo a continuación otro memorable ejemplo del gran trabajo de Javier Krahe: "El cromosoma". 




Hace tiempo que me importa un comino, 
que el último jalón de mi camino 
caiga lejos de Roma. 
Hace tiempo que no juego al acertijo, 
tan esdrújulo de un padre y un hijo, 
y una blanca paloma. 

Y lo cierto es que no me desespero, 
desde el día en que al célebre madero 
lo comió la carcoma. 
Pero si me preguntan y lo digo 
aparte de algún que otro íntimo amigo 
todos creen que es broma. 

Y como con eso no se bromea, 
esperan que Dios me dé con la tea 
de churruscar Sodoma, 
o que al menos diga yo, reconfortante, 
que me he hecho mahometano o protestante, 
hablamos otro idioma. 

Pues nada más que eso me faltaba 
que tuviera que asirme a la chilaba 
del profeta Mahoma, 
ni a tripa de Lutero ni aún de Buda. 
Prefiero caminar con una duda 
que con un mal axioma. 

Porque dudo que la final de este asunto, 
la cosa no se acabe con un punto 
sino con punto y coma, 
y no espero un cielo o un infierno. 
Lo más confío en que seré algo eterno 
gracias al cromosoma. 

Tranquilo puedo vivirme mi historia 
sabiendo que a las puertas de la gloria, 
mi nariz no se asoma. 
La muerte no me llena de tristeza, 
las flores que saldrán por mi cabeza 
algo darán de aroma.