miércoles, 13 de noviembre de 2013

Vivimos en el peor mundo posible

El principio antrópico evita cualquier problema estadístico, y el hecho de la necesidad de una asimetría en el tiempo y la entropía en un mundo capaz del albergar vida consciente, nos puede asegurar que no importa lo mucho que intentemos imaginar un mundo peor posible, entrará siempre dentro de una clase de la que podemos tomar como representante al nuestro.

Voy a intentar formalizar esto para que quede lo más claro posible:

1) El peor mundo imaginable (posible o no) requiere de vida (o estructuras) conscientes de su existencia, y que dicha existencia requiera de recursos (lo que sea) que desear (dando lugar a necesidades y sufrimientos).

2) Un mundo posible, y capaz de albergar vida consciente, requiere de una asimetría entrópica sea cual sea su naturaleza. Es decir, debe haber lugares o partes de dicho mundo más desordenadas que otras, y además, dicha entropía debe aumentar en una dirección del tiempo (asimetría temporal).

3) En dicho mundo, deben actuar leyes naturales en el espacio-tiempo, las cuales permitan y sean aptas para que se produzca un proceso evolutivo de estructuras en creciente orden, y que finalmente den lugar a una estructura capaz de generar conciencia mediante su funcionamiento. De manera que dichas leyes y sus constantes físicas, estarán finamente ajustadas para permitir la existencia de seres conscientes. El problema estadístico se resuelve mediante el principio antrópico, ya que sólo mundos bien ajustados -por muy improbables que sean- podrán albergar vida consciente –que, por cierto, serán conscientes de la improbabilidad de su mundo-.

Por lo tanto:

Aceptar 1) es inevitable. ¿Qué puede haber peor que un mundo con posibilidad potencial de permitir un sufrimiento consciente? (y luego veremos de nuevo que el hecho de que ese sufrimiento sea eterno no es viable). ¿Es posible sufrir sin una asimetría temporal y sin algo que necesitar? ¿Es posible una necesidad sin algo que necesitar? ¿Es posible necesitar algo sin no poseerlo, o no poseer algo sin una asimetría entrópica que diferencie lo que tenemos de lo que no? 

Aceptar 2) y 3) es de perogrullo. Un  ser consciente requiere de una estructura material que funcione y actúe en el espacio-tiempo dando lugar a sus pensamientos. Esto es así, y proponer lo contrario no es racionalmente estable: es irracional suponer una consciencia que no requiera de una estructura material de apoyo. Además, aunque se negara tal necesidad material, aún se necesitaría de una asimetría temporal para poder dar lugar a pensamientos, y en definitiva es absurdo proponer una consciencia sin materia, espacio y tiempo sobre las que pensar: ¿sobre qué va a discurrir una conciencia dentro de una nada? Igualmente, al aceptar 1), necesitamos que esa conciencia sufra, y el sufrimiento requiere de necesidades. Una necesidad requiere de asimetría temporal, y de algo que desear, lo que requiere de sustancia y de asimetría en su distribución (asimetría entrópica temporal).

Una vez aceptado lo anterior, llegamos a lo siguiente:

Todo mundo que cumpla 1) formará parte de una clase de mundo abstracta a la que podemos llamar P (clase de peor mundo posible). Además, hemos visto que dichos mundos requieren cumpir 2) y 3) para ser consistentes.Nuestro mundo está dentro de esa clase P, junto con otros mundos imaginarios posibles más o menos similares, los cuales compartirán todos las características requeridas por 1), 2), y 3) para representar el peor mundo posible. Podemos incluso tomar nuestro mundo real y conocido como representante de esa clase, y asegurar junto a Schop. que sí que vivimos en el peor mundo posible (o, como poco, en un representante de P).

Dentro de la clase P, quizás habrá otros mundos posibles cuantitativamente peores que el nuestro; pero eso no es algo relevante: da igual que se sufra conscientemente más o menos, lo importante es el hecho potencial del sufrimiento consciente. Todo mundo que cumpla 1) es candidato a pertenecer a la clase P. Lo importante es comprender que dentro de P, no habrá mundos cualitativamente peores que el nuestro, ya que, por ejemplo; mundos con existencia consciente infinita -que es el único ejemplo cualitativamente peor que por lo visto se nos ocurre, y os reto de nuevo a proponer otro- no son viables debido a las restricciones de 2) y 3). Una asimetría entrópica y temporal impiden la existencia eterna de ninguna estructura -consciente o no-: ¡en un periodo de tiempo infinito y con asimetría entrópica, cualquier estructura tiene la certeza (probabilidad igual a 1) de sufrir un accidente fortuito que la destruya!

miércoles, 14 de agosto de 2013

La hipocresía ecologista (consciente o no)

Hace poco he leído las siguientes afirmaciones en boca de un autor famoso (uno entre miles que afirman lo mismo):

"El conocimiento de estos errores [ecológicos] puede ayudarnos a los humanos globalizados del XXI a detener el proceso de colapso de nuestra sociedad y nuestra especie:

La deforestación y la destrucción del hábitat
Los problemas de suelo (erosión, salinización y reducción por ello de la fertilidad y productividad)
Los problemas y errores en la gestión del agua (escasez, contaminación, tratamiento de aguas residuales)
Sobreexplotación de la caza
Sobreexplotación de la pesca
[...]"

Siempre me hacen gracia estas afirmaciones...cómo si la racionalidad humana pudiese actuar contra la irracionalidad intuitiva latente en nosotros y al orden de los preceptos evolutivos.

No comprenden que el conocimiento racional jamás va a poder rebatir la fundamental base génica de nuestro comportamiento:

En el fondo lo que impera es la supervivencia al corto/medio plazo: sobrevivir aquí y ahora, ya que el futuro es incierto. Eso es lo que nuestros genes llevan inscrito, y es lo que hacemos, y haremos durante lo que perdure nuestra especie: obedecer a la biología.

Por ejemplo:

- Si tengo familia con hijos, yo voy a trabajar en una central térmica (o en un pesquero o una explotación agrícola industrial) aunque sepa que estoy destruyendo el planeta: lo importante es que mis hijos coman hoy, y no voy a dejar a mis hijos pasar hambre (o malnutrición) para que dentro de 1000 años pueda o no comer alguien (ya que el futuro es incierto).

- Además hay que tener en cuenta el importante hecho de la escasez de recursos en la Tierra: Si hay un caladero de pesca en el mar...si no lo arraso yo, lo hará el país (comunidad o municipio) más cercano, por lo que mejor acaparo yo el recurso para beneficio mío y de los míos, antes de que lo haga el otro.

El problema de fondo con todo este tipo de propuestas ecologistas es siempre el mismo: la utopía racional (o la hipocresía inconsciente o consciente, según el caso). Siempre es gracioso ver a ecologistas activistas, llevando al colegio a sus hijos en todoterrenos, mandando mensajes electrónicos con un iPad (o similar), con teléfonos de última generación, con ropa (de marca o no) proveniente de la esclavitud de trabajadores del tercer mundo, comprando comida en supermercados (la cual se acapara de productos de proveedores de segura procedencia industrial), etc.

Las mismas personas que racionalizan y comprenden que nos estamos cargando el mundo (hecho innegable), luego no son capaces de evitar comprar en una tienda el pescado (o fruta/verdura) que provienen de la misma sobreexplotación que rechazan. Quieren que se deje de pescar en masa, pero no quieren luego tener que ir con una caña a pescar una trucha al rio, o que alguien se la pesque al por menor, y tener que pagar por ella 100€: no comprenden el funcionamiento del mercado, y la relación que la demanda y la oferta tienen en el precio o coste de un producto (y no me refiero al capitalismo).

Yo veo, como digo, una clara e inevitable inconsistencia e incongruencia, entre el conocimiento racional y nuestra realidad evolucionista, que es la que determina en última instancia la conducta del individuo.

Ocurre algo similar a cuando vemos a un sacerdote o sacerdotisa (monja o lo que sea) entrando desesperado en un centro de salud o solicitando ayuda médica urgente: racionalmente reniegan de la ciencia y sus consecuencias (fundamentalmente de la rama de la biología del a que la medicina se nutre), pero luego no tienen más remedio que aceptar (obedecer) sus preceptos evolutivos y acudir en ayuda (real) ante una situación de peligro para su supervivencia.

Bueno, no me extiendo más.

Un cordial saludo, amigos.



viernes, 12 de julio de 2013

El absurdo


Saludos: 

Son las 3 de la madrugada, y aquí me encuentro, en vela junto a mi hija: la cual sufre de 40 de fiebre. Lleva cuatro días luchando contra unas anginas: miles de bacterias alojadas en su cuerpo; las cuales no hacen más que luchar ellas también por no desaparecer.

Y en estos momentos me parece todo tan absurdo: tantos seres vivos luchando por la supervivencia con una desesperada vehemencia, pero sin ningún motivo aparente más que un férreo y ciego deseo de ser: de seguir siendo. No cabe duda de que existe una irracional voluntad de vida en el mundo.

Veo a mi hija luchando ahora, y también preveo todas sus futuras luchas, preveo toda una vida de lucha y dolor, exclusivamente por y para satisfacer la necesidad de seguir siendo.

Con este humor no es de extrañar que me venga a la cabeza la acertada cita de Schopenhauer que dice que: "Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada".

Y no se trata de ser pesimista, no, ¡por favor!; se trata de ser realista: de mirar el mundo sin el velo de engaño e ilusión que nuestro propio ser nos infunde con el único propósito de obligarnos a luchar con más ahínco por el ser: se trata de mirar la vida tal cual es, un absurdo, una lucha constante y sinsentido por querer ser.

Todo esto evidentemente ya nos lo adelantó Schopenhauer cuando dijo que:

"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras, cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas".

Estas frases resumen para mí la realidad de la vida en el mundo. Una realidad filosófica del siglo XIX, que hoy día no hace más que confirmarse tras numerosas revelaciones llegadas desde diversas ramas del saber científico. 

El nihilismo de la vida es hoy, gracias a las modernas teorías darwinistas basadas en el gen, algo que queda ya fuera de toda duda: y ¡sorpresa!, las ideas del gran filósofo de Danzig se ven correlacionadas con las modernas conclusiones a las que nos lleva la biología.

La soberanía de la Voluntad en nosotros se refleja en el poderío del gen, el dominio de la “esencia” del genoma sobre los actos del ser (su fenotipo). Y el ciego e irracional querer ser, es correlacionado sin duda por el proceso evolutivo. Por eso siempre pensaré, y creo que con razón, que Schopenhauer fue un enorme visionario que permanece infravalorado e incomprendido.

Lo dejo aquí; cansado y desvelado de madrugada: lleno de dolor viendo a mi hija sufrir…por sufrir. Me voy a su lado, a consolarla, y a luchar junto a ella; cosa que haré mientras mi cuerpo aguante: porque no hay que olvidar que todos somos hijos de la misma Voluntad.


Buenas noches…




lunes, 15 de abril de 2013

The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot


While the capacity for both awareness and prospection has clear survival advantages, conscious foresight also came at an enormous price—an understanding that somewhere in the future, death awaits us. This knowledge—that old age, sickness, decline of mental power, and oblivion are around the corner—is less than optimistic. It causes a great amount of anguish and fear.
Ajit Varkil, a biologist at the University of California at San Diego, argues that the awareness of mortality on its own would have led evolution to a dead end. The despair would have interfered with daily function, bringing the activities and cognitive functions needed for survival to a stop. Humans possess this awareness, and yet we survive. How?
The only way conscious mental time travel could have been selected for over the course of evolution is if it had emerged at the same time as false beliefs. In other words, an ability to imagine the future had to develop side by side with positive biases. The knowledge of death had to emerge at the same time as its irrational denial. A brain that could consciously voyage through time would be an evolutionary barrier unless it had an optimism bias. It is this coupling—conscious prospection and optimism—that underlies the extraordinary achievements of the human species, from culture and art to medicine and technology. One could not have persisted without the other. Optimism does not exist without at least an elementary ability to consider the future, as optimism is by definition a positive belief about what is yet to come, and without optimism, prospection would be devastating.

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"

Recomiendo este libro a todos aquellos "creyentes" de los diversos Dioses y Vírgenes que se han inventado e imaginado desde los orígenes de la humanidad: debéis saber que ese sentimiento maravilloso e inefable que os hace "creer", no es más que mera consecuencia de un simple proceso cognitivo de vuestro cerebro evolutivo: el hombre ha evolucionado para distorsionar y falsear la realidad exterior, de manera que pueda obtener así el consuelo necesario para sobrellevar el conocimiento consciente del sufrimiento y el dolor implícito del mundo.

http://www.amazon.com/Optimism-Bias-Irrationally-Positive-Vintage/dp/0307473511

(si alguien quiere leer el libro pero no gastar dinero, os puedo pasar una versión en formato epub ;))

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"


Recomiendo este libro a todos aquellos "creyentes" de los diversos Dioses y Vírgenes que se han inventado e imaginado desde los orígenes de la humanidad: debéis saber que ese sentimiento maravilloso e inefable que os hace "creer", no es más que mera consecuencia de un simple proceso cognitivo de vuestro cerebro evolutivo: el hombre ha evolucionado para distorsionar y falsear la realidad exterior, de manera que pueda obtener así el consuelo necesario para sobrellevar el conocimiento consciente del sufrimiento y el dolor implícito del mundo.

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viernes, 12 de abril de 2013

Realismo depresivo

A continuación transcribo un comentario mío realizado en la web Evolución y Neurociencias, al respecto del heurístico del optimismo que la ciencia propone poseemos programado en nuestro cerebro: http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/03/el-realismo-depresivo.html


No hace mucho tuve una experiencia personal al respecto. Puse en mi tablón de Facebook algún comentario sobre alguna noticia desagradable (no recuerdo cuál), y los posteriores comentarios en mi muro fueron degenerando en un debate optimismo-pesimismo. Pues bien; los comentarios optimistas de mis amigos (la mayoría de ellos con estudios superiores) eran exasperantes: una amiga mía, por ejemplo; doctora ella, llegó a justificar el enorme dolor en el mundo con las "cosas buenas de la vida", poniendo el estúpido ejemplo de que ella pasa, de vez en cuando; unos buenos momentos leyendo un libro al sol de la tarde.

Ese comentario fue el rematé: ¡¡justificar una actitud optimista frente al mundo, con unos nimios momentos de bienestar que la sociedad occidental se procura a costa del sufrimiento del 3er mundo y del mundo en vías de desarrollo me parece no sólo una estupidez sino incluso una actitud deleznable (si no fuese por el hecho de que dichos comentarios son actos del subconsciente heurístico del optimismo, claro)!!

Y es que no hay ilusión más poderosa en nuestra mente que la producida por el heurístico del optimismo. El mundo es terrorífico, de eso no hay dudas; basta con visitar los hospitales, los manicomios, las cárceles, observar las guerras, los asesinatos, el hambre en el mundo, la enfermedad infantil, el tráfico de esclavos, las salas de tortura, los cadalsos y todos los rincones donde habita la más negra miseria, los barrios ínfimos de nuestras grandes ciudades, las minas, las fábricas, donde se obtiene el derecho a respirar a cambio de catorce horas diarias de trabajo embrutecedor, incluidos niños de ocho años. Sin olvidarnos, por supuesto, del sufrimiento constante del hombre: la necesidad constante de obtener recursos y de luchar por ellos: luchar a diario ante la presión ambiental (la misma presión ambiental que permite el proceso evolutivo). Destacando también el dolor por el tedio y el aburrimiento de quienes tienen todas sus necesidades cubiertas (a costa del sufrimiento de sus congéneres), y el sufrimiento que el conocimiento de la levedad del ser y la inevitabilidad de nuestra muerte produce.

Ante esta perspectiva, es evidente que hombre, durante su evolución; debió forzosamente desarrollar mecanismos de defensa, entre los cuales yo creo que destacan dos: el heurístico del optimismo del que se habla en esta entrada del blog, y el heurístico que nos guarda de la autolesión.

El primero permite una actitud positiva hacia la vida, sin importar la realidad a la que nos enfrentemos. Lo cual nos empuja a seguir luchando por la vida frente a toda adversidad y, si es necesario, emborronando nuestro raciocinio y falsando los hechos objetivos. El heurístico que nos guarda de la autolesión, es un complemento indispensable del anterior. A veces (o muchas veces) el sufrimiento en la vida es tal, que el heurístico del optimismo es incapaz de consolar al individuo. En esos casos, y mientras mejora la situación lo suficiente, es indispensable que el cerebro posea un mecanismo inconsciente que evite que el individuo se autolesione (similar, por ejemplo; al que evita el incesto) y cometa un suicidio (a veces este mecanismo falla y el resultado es la muerte).

A mí personalmente, el conocimiento de la existencia de estos heurísticos me produce un enorme sentimiento de disgusto. Y me produce este sentir porque me hacen inferir la poca libertad de acción que poseemos. Me hace comprender con claridad que sólo somos maniquís en manos del proceso evolutivo: como diría Richard Dawkins, me confirma que sólo somos máquinas de reproducir genes: a toda costa y a cualquier precio.

El hecho de que nuestro cerebro venga programado con heurísticos, dan clara muestra de que ese supuesto libre albedrío es sólo una ilusión. Y es que no sólo somos máquinas programadas para luchar vehementemente por la reproducción y la supervivencia, es que incluso somos máquinas programadas para falsear la realidad: máquinas para las que todo vale con tal de conseguir los objetivos evolutivos.

Y el disgusto que siento es todavía mayor cuando tomo conciencia del nihilismo de la vida. Me explico:
Hoy es un hecho que, la evolución, causa de nuestra aparición en el mundo, es una simple ley física reducible a leyes mecánicas y térmicas más fundamentales. El proceso evolutivo es simple consecuencia de las leyes físicas del mundo, y es indudable  que estas leyes no persiguen en esencia ningún fin racional, que simplemente son así. Y al ser la evolución un proceso físico natural más también carece de un fin esencial: Simplemente es un proceso que surge espontáneamente a consecuencia de que las leyes físicas más fundamentales. Así pues, la evolución es un proceso ciego e irracional, un proceso espontáneo que ha creado estructuras materiales complejas (seres vivos). Y obviamente, el producto de un proceso espontáneo natural, que no persigue en esencia una finalidad racional (que sólo es como es, y actúa como actúa) no puede poseer un objetivo en esencia diferente al de su causa. Así pues, por duro que nos parezca, compartimos el nihilismo del resto de estructuras materiales del mundo. ¡Luchamos y sufrimos en nuestras vidas esencialmente por y para nada (luchamos por luchar)!
¡Sobrevivimos contra viento y marea, nos reproducimos, nos esforzamos por acaparar recursos, peleamos a diario contra el resto del mundo por nosotros y nuestros hijos, pero todo eso lo hacemos esencialmente por y para nada; lo hacemos porque estamos programados para hacerlo! ¡Incluso una gran parte de nuestra conducta es dictada por un subconsciente que escapa de nuestro control racional!
El mundo natural me parece cruel, y el heurístico del optimismo me parece el culmen de la crueldad, la máxima injusticia. El mundo nos obliga primero a ser conscientes (porque es evolutivamente favorable) de todo el dolor, y posteriormente nos lanza a falsear la realidad con el único fin de empujarnos a seguir luchando por y para nada esencialmente relevante. (Juzgar a la naturaleza de ser cruel no tiene mucho sentido por supuesto; el mundo simplemente es así, pero yo subjetivamente percibo esta realidad del mundo como un acto cruel).
Por último, es importante comprender que, si cuando lees comentarios como este que estoy haciendo (y que el autor hace en la entrada del blog), percibes una sensación desagradable y de rechazo,  que esa sensación es producto precisamente del heurístico de optimismo de tu cerebro. Evita eso prejuicios e intenta vislumbrar el mundo objetivamente.

Bueno, lo dejo aquí :).

Un saludo a todos.

martes, 9 de abril de 2013

La muerte

Evitar la muerte en lo posible es un objetivo natural de todo ser vivo (junto con el instinto de reproducción). Todos luchamos por mantenernos vivos, desde la bacteria unicelular hasta el ser humano. Parece ciertamente que hay una voluntad en el mundo que empuja vehementemente en este sentido.

Una visión moderna podría relacionar esa lucha por la vida, con una lucha contra las leyes termodinámicas del mundo, las cuales son, paradójicamente, en gran medida responsables de la aparición de la propia vida. No querer morir, es no querer que nuestra estructura corporal se desintegre; lo que supone una lucha continua contra las leyes naturales. Esta lucha es la base de todo el sufrimiento en el mundo.

Por otra parte, somos fruto de una ley natural evolutiva, la cual se puede reducir (y se debe) a leyes físicas más fundamentales: como la mecánica y la termodinámica. Esto nos debe hacer sospechar de que esa voluntad instintiva de la que todos somos partícipe, debe ser compartida por todo ente natural en el mundo. Y, es cierto que es eso lo observamos, por ejemplo, al estudiar la vehemencia con la que los cuerpos se mueven en el espacio, siguiendo rutas geodésicas, y presentando una lucha ciega ante cualquier cambio de trayectoria o estado. Acelerar un cuerpo inerte supone un trabajo; un esfuerzo, y eso es así porque el cuerpo se resiste naturalmente al cambio: es lo que se ha venido en llamar la ley de inercia.

Todo en la naturaleza parece obedecer a los designios de una ciega voluntad, de la cual nos tenemos que contentar con conocer sus diversas representaciones en el mundo.

En este punto, podemos tomar una actitud más o menos mística, y asociar esta voluntad con una entidad independiente del mundo: con una Voluntad, o podemos simplemente contentarnos con asociar esa voluntad simplemente con las propias leyes naturales. Sea como fuere, el resultado es muy similar, puesto que el conocimiento de facto en uno y otro caso es casi el mismo.

Este impulso irracional del que hablamos, lo vemos representado tanto en el movimiento de los átomos, como en la motivación humana, y además, dicho impulso es responsable no sólo de la aparición de la vida, sino del sufrimiento que hay en ella. Y esto es así debido a una lucha interna entre los diversos entes vivos (y no vivos) por seguir existiendo, acaparando el máximo de recursos posibles, los cuales son necesarios para mantener las complejas estructuras materiales, en contra de la 2ª ley de la termodinámica.

Esa voluntad o impulso natural es causa determinante en la aparición de todo fenómeno natural, y también es a la vez responsable de las calamidades en el mundo. La naturaleza lucha irracional y espontáneamente contra sí misma.

Y la muerte sí es indudablemente una solución al sufrimiento [b][i]individual[/i].[/b] Estar vivo requiere constituir y mantener un cuerpo complejo, el cual necesita de continuos recursos. Esto impone ya de base, y sin tener en cuenta otras necesidades del ser vivo como el deseo de reproducción, una lucha continua por mantener el organismo. Esa lucha, esa necesidad, nos garantiza un sufrimiento el cual sólo puede ser aliviado con la propia muerte.

Tampoco es plan de tirarse por un puente porque; primero de todo, la propia naturaleza nos ha grabado en la cabeza un miedo terrible a autolesionarnos, el cual es tan complicado o más de superar que la aversión al incesto, y segundo, porque no hay prisa: la naturaleza ya se encarga de matarnos a todos más o menos lentamente.

La vida es un sufrimiento pero es finita, por lo que no tiene mucho sentido aligerar lo que por otra parte es inevitable. Una vez que se comprende el sufrimiento, y se comprende el nihilismo y pesimismo del mundo, la vida se antoja más llevadera. El que nada espera no sufre decepciones, ni se agobia ante la adversidad. El pesimismo es la mejor herramienta para lograr una actitud estóica; actitud ciertamente necesaria para minimizar el sufrimiento en este  mundo.

Bueno, lo dejo aquí, con el fragmento de una obra que desde siempre me ha llamado la atención:

Jorge Manrique

 (1440-1479)


  Coplas por la muerte de su padre


  Recuerde el alma dormida,        
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte              5
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,             10
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                           15
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar             20
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

  Nuestras vidas son los ríos        25
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                          30
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos          35
y los ricos.

Invocación:

  Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,            40
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco yo
de verdad,                           45
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

  Este mundo es el camino
para el otro, que es morada          50
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,             55
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.


Desde siempre me ha parecido que no hay mayor consuelo ante la vida, que el saber que algún día moriremos.

Un saludo, amigos.

sábado, 2 de marzo de 2013

Naturalizar a Schopenhauer (II)


Me gustaría compartir con vosotros una pequeña reflexión: ¿os habéis planteado alguna vez las enormes semejanzas que existen entre la filosofía de Schop. y las conclusiones a las que está llegando la ciencia moderna? Para no extenderme mucho os propongo un ejemplo concreto:

Es aceptado que la ciencia moderna  reduce la existencia humana (y la vida en general) a un puro proceso evolutivo dado en el espacio-tiempo. Dicha evolución la basan únicamente en procesos mecánicos (naturales) sobre moléculas materiales muy particulares (destacando la molécula de ADN). Esto reduce toda la casuística de la aparición, desarrollo, y conservación de la vida a simples procesos físicos.

Todos los procesos físicos implicados en la ley evolutiva, base de la existencia, se basan tan sólo  en procesos mecánicos actuando en el espacio-tiempo y regidos por las leyes naturales. Pero entre esas leyes naturales  (o regularidades empíricas continuamente observadas ;)) destaca la llamada “segunda ley de la termodinámica”, la cual viene a decir que el mundo(el Universo) tiene una tendencia innata hacia el desorden, el cual DEBE ir siempre e irremediablemente en aumento.

De esta forma la vida (simple proceso natural) parece así consistir en una constante e irracional lucha del propio universo contra su propia esencia. El desorden DEBE aumentar en el mundo, pero existen; sin embargo, ciertas estructuras en el mismo que luchan ciega pero vehementemente contra esa norma: la vida es pues una especie de "deseo" agónico y desenfrenado de orden contra natura, un deseo sinsentido e irracional (y a su vez causa de todos nuestros sufrimientos. Somos seres conscientes, fruto de ese deseo irracional de orden (clara equivalencia con la máxima objetivación de la Voluntad propuesta por Schop.); y nuestro sufrimiento es causado por nuestra obligación de satisfacer esa necesidad irracional). Nuestro sufrimiento es causado así por una constante necesidad de satisfacción hacia nuestra esencia. Parece ser que nuestro sufrimiento es causado por alguna especie de lucha interna en la esencia del mundo: por una parte se exige el desorden, pero por otra se busca el orden. Vamos, es que es algo calcado a la propuesta Schopenheriana de una Voluntad en sí que muestra una lucha fenoménica contra sí misma.

Yo realmente veo tras la ciencia moderna una aproximación equivalente a la filosofía de Schop., sólo que nuestro autor partió del estado del arte filosófico-científico de su época, y lo hizo lo mejor que pudo. No comparto, como sabes, el modo en que llegó el autor a sus conclusiones, aunque sí veo muy justificada sus principales conclusiones revisadas bajo la ciencia actual.
La base filosófica de Schop. fue una extraordinaria proeza teniendo en cuenta la época en que vivió el autor (muy especialmente su postura pesimista del mundo). El pesimismo que Schop. inauguro debería estar hoy, gracias a la ciencia; más vivo y vigente que nunca. Sorprende el hecho de que no sea así. Claramente la poca cultura filosófica entre los científicos y la poca cultura científica entre los filósofos tenga gran parte de culpa.

Estoy convencido de que en algún momento, un Schop. moderno, con el carisma suficiente, naturalizará la obra de Schop. y restaurará su filosofía, aunque debidamente actualizada a los tiempos que corren.

Bueno, no me enrollo más :).

Un cordial saludo, amigos.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Refutación formal de la filosofía de Schopenhauer


Si, convencidos de que la intuición es la fuente primera de toda evidencia, de que solo la relación inmediata o mediata con ella es una verdad absoluta, de que además el camino más cercano a esta es el más seguro porque toda mediación de conceptos está expuesta a muchos engaños; si con esta convicción nos dirigimos a la matemática tal y como se estableció como ciencia con Euclides y ha permanecido en su conjunto hasta nuestros días, no podemos menos de encontrar extraño e incluso erróneo el camino que sigue. Nosotros exigimos que toda fundamentación lógica se reduzca a una intuitiva; ella, en cambio, se esfuerza con gran empeño en rechazar deliberadamente la evidencia intuitiva que es propia de ella y siempre cercana, para sustituirla por una evidencia lógica.

El MVR, pág. 82, 83
De aquí podemos sacar que según Schop.:

(1)  La intuición es la fuente primera de toda evidencia, y la relación inmediata o mediata con ella es una verdad absoluta.

Pues hasta que no hemos aprendido de ese gran espíritu que las intuiciones del espacio y el tiempo son totalmente distintas de las empíricas e independientes de toda impresión sensorial, que no están condicionadas por ella sino que la condicionan, es decir, son a priori y por eso no están expuestas al engaño de los sentidos, hasta entonces no hemos podido comprender que el tratamiento lógico de la matemática que hace Euclides es una inútil precaución, una muleta para piernas sanas, y que se asemeja a un caminante que en la noche, tomando un firme camino iluminado por un arroyo, se guarda de pisarlo y camina siempre a su vera sobre un suelo accidentado, contentándose con topar de tramo en tramo con el supuesto arroyo.
Solo ahora podemos afirmar con seguridad que lo que en la intuición de una figura se nos manifiesta como necesario no procede de la figura trazada sobre el papel, quizá de forma deficiente, ni tampoco del concepto abstracto que ahí pensamos, sino que nace inmediatamente de la forma de todo conocimiento de la que tenemos conciencia a priori: esa forma es siempre el principio de razón: aquí, en cuanto forma de la intuición, es decir, del espacio, es el principio de razón del ser; pero su evidencia y validez es tan grande e inmediata como la del principio de razón del conocer, es decir, la certeza lógica. Así que para dar crédito únicamente a esta última no necesitamos ni debemos abandonar el dominio propio de las matemáticas y acreditarlas en otro totalmente ajeno a ellas, el de los conceptos. Si nos mantenemos en el terreno propio de las matemáticas obtenemos la gran ventaja de que en ella saber que algo es así es lo mismo que saber por qué lo es, en lugar de separar totalmente ambas cosas, como hace el método de Euclides, y poder conocer solo la primera y no la última. […] Sin embargo, en la física solo estamos satisfechos cuando el conocimiento de que algo es así va unido al de por qué lo es: que el mercurio en el tubo de Torricelli tiene una altura de 28 pulgadas es un mal saber si no se le añade que está retenido por el contrapeso del aire. ¿Pero en la matemática ha de bastarnos la qualitas occulta del círculo por la cual los sectores de cada dos senos que se cortan en él forman siempre rectángulos iguales? Que eso es así lo demuestra Euclides en la proposición 35 del tercer libro: el porqué está todavía por ver. Igualmente, el teorema de Pitágoras nos da a conocer una qualitas occulta del triángulo rectángulo: la demostración de Euclides, coja y hasta capciosa, nos abandona en el porqué; y la sencilla figura adjunta, ya conocida, ofrece de un vistazo, en mucho mayor medida que aquella demostración, la comprensión del asunto y una íntima convicción interna de aquella necesidad y de la dependencia de aquella propiedad respecto del ángulo recto: También en el caso de catetos desiguales se ha de poder llegar a tal convicción intuitiva, como en general en el caso de cualquier verdad geométrica, ya simplemente porque su descubrimiento siempre partió de una intuición de esa necesidad y la demostración no se ideó hasta después: así pues, no es preciso un análisis del curso del pensamiento en el primer descubrimiento de una verdad geométrica para conocer intuitivamente su necesidad.

El MVR, pág. 86,87.
Mas eso es lo que Euclides ha hecho. Solo sus axiomas los basa, y por necesidad, en una evidencia inmediata: todas las siguientes verdades geometricas son demostradas lógicamente […]
Ciertamente, el partió del correcto supuesto de que la naturaleza ha de ser consecuente en todos los casos, o sea, también en su forma fundamental, el espacio; por eso, dado que las partes del espacio están entre sí en relación de razón y consecuencia, ninguna determinación espacial puede ser de otra forma que como es sin entrar en contradicción con todas las demás.

Rl MVR, pág. 90
De aquí obtenemos:

(2) Las intuiciones del espacio son apriori y no están expuestas al engaño de los sentidos.
(3) La geometría de Euclides es una inútil precaución, una muleta para piernas sanas. Y parece que es una inútil precaución porque su base se sustenta en el conocimiento intuitivo de su necesidad.
(4) Euclides basó, dice Schop., los axiomas de la geometría Euclídea por necesidad en una evidencia inmediata, y todas las siguientes verdades geométricas son demostradas lógicamente.

(5) De los puntos (1) al (4), podemos concluir que Schop. defendió en su obra la verdad de la geometría Euclidea basándose en el hecho de que; según él, dicha geometría parte y se nutre de un conocimiento intuitivo apriori del espacio. Ese conocimiento intuitivo es fuente de toda verdad absoluta, e inmune a engaños.

Hasta aquí estas bonitas palabras. Ahora vamos con la contrastación experimental:

(6) A finales del siglo XIX, el avance científico comenzó a tener serios problemas para dar cuenta de ciertas incongruencias surgidas a partir del mejor conocimiento conseguido sobre el electromagnetismo. En resumen, la ciencia de finales del siglo XIX, descubrió que muchos fenómenos no eran consistentes con la física construida a partir de la geometría Euclidiana.
(7) La ciencia finalmente se ve obligada a rechazar la hipótesis de que el espacio se comporta siguiendo una geometría Euclidea. Simplemente ve refutada dicha geometría mediante la observación empírica de ciertos fenómenos y su contrastación experimental. Lo observado no cuadraba con lo esperado según esta geometría.
(8) Surge así una nueva teoría científica, llamada Teoría General de la Relatividad, capaz de dar cuenta de esas nuevas inconsistencias aparecidas, además de poder seguir dando solución al mismo tiempo a todos los resultados que la física clásica había conseguido. La TGR englobaba pues la solución a los nuevos problemas surgidos, y explicaba la física clásica como una simple aproximación a una escala de observación de objetos a baja velocidad.
(9) Según la TGR, la física basada en la geometría de Euclides es una simple aproximación local a escalas de baja velocidad. Es pues una limitación sensorial la que hace que el espacio 3-dimensional Euclideo nos aparezca como evidentemente verdadero.

(10) Muy importante es que la TGR nos habla sobre una nueva geometría espacial. Esa geometría no es "intuitiva", pero tiene la capacidad para dar cuenta experimentalmente de fenómenos que la física pre-relativista simplemente no podía.
(11) La geometría del espacio no es pues euclidea: no es 3-dimensional, no es plana, ni cumple con los axiomas de Euclides, salvo localmente y de manera aproximada en casos concretos (para escala de velocidades pequeñas, etc.). Le TGR nos habla de un espacio curvo (no-euclidiano) de 4 dimensiones con sus propios axiomas.

(12) Según (7) y (9), nuestra "intuición" nos engaña al pretender conocer la geometría espacial, debido principalmente a limitaciones sensoriales.

Ahora veamos la incongruencia:
(13) Según (7), (9) y (12): La observación empírica de ciertos fenómenos y su contrastación experimental nos hicieron ver incongruencias que finalmente nos llevaron a rechazar la hipótesis de que el espacio se comporta siguiendo una geometría Euclidea. Ocurre así, que nuestra "intuición" nos engaña al pretender conocer la geometría espacial, debido principalmente a limitaciones sensoriales (principalmente limitaciones de escala: baja velocidad respecto de la velocidad de la luz, etc.).

(14) Según (13) la geometría Euclidea, aunque “intuitiva”, no es congruente experimentalmente con el espacio del mundo.
(15) Partiendo de (14), por lógica, sabemos que una proposición que no es congruente no puede ser verdadera.

(16) Con (5) y (15), vemos que Schop. se equivocó en su creencia sobre la verdad geométrica Euclidea del espacio.
(17)  Y vimos en (5) que basó su creencia en que, según él, dicha geometría parte y se nutre de un conocimiento intuitivo apriori del espacio. Ese conocimiento intuitivo lo supone fuente de toda verdad absoluta, e inmune a engaños.

Entre los puntos (16) y  (17) vemos la contradicción:
El espacio no es Euclideo, luego la geometría que surge del conocimiento intuitivo "apriori" del espacio no es cierta, por lo que tenemos que:
(18) El conocimiento intuitivo no es siempre fuente de verdad absoluta, y no es inmune a engaños (según (12)).

Llegamos así a una conclusión importante:

No importa a lo que llamara Schopenhauer intuición . Da completamente igual en  la argumentación propuesta. Definamos como queramos a esa intuición, pero el punto (1) no se mantendrá. Podemos igualar la intuición (de Schop.) a la "intuición" científica (intuición = "intuición"), o lo podemos igualar a una intuición Divina. Da igual lo que se haga, porque la conclusión es la mima: Sea lo que sea la intuición de Schop., no es inmune a engaños y se equivoca (18). Hay, así, una grave incongruencia en su filosofía.

Habría que buscar críticamente una solución a esta incrongruencia, ya que el resto de la filosofía la basa Schopenhauer en el punto (1), que tras (18) ya no se mantiene, por lo que toda su filosofía queda en entredicho.








viernes, 21 de diciembre de 2012

Naturalizar la filosofía de Schopenhauer

Supongo en el lector conocimientos previos de la obra filosófica de Schopenhauer y, a partir de ahí, voy a intentar acercaros a la idea de naturalizar sus ideas para poder así acercarlas a la realidad empírica que la ciencia moderna nos muestra:

Yo llegué a Schop. atraído por su pesimismo, y creo que precisamente es esa la base de la filosofía de Schop. que merece de admiración. Cierto que se perdió un poco en el misticismo metafísico y el idealismo de su época, pero es admirable cómo supo interpretar el mundo con esa visión negativa que apenas antes nadie se atrevió a expresar tan claramente (aunque todos la tenían ante sus ojos).

Pero Schop. desconocía (inevitablemente, debido a causas cronológicas) gran parte de las conclusiones científicas actuales, y su obra debe ser revisada críticamente aunque nos pese: la obra de Schop. debe evolucionar hacia el naturalismo (junto con el correspondiente nihilismo negativo al que la conclusiones científicas modernas nos impulsan). Es la continuación lógica del pesimismo del maestro: la filosofía naturalizada (y su nihilismo negativo) es la aproximación más congruente de su filosofía con el conocimiento científico del que disponemos.

Además no supone tanto esfuerzo como puede parecer en un primer momento naturalizar la filosofía de Schop. Basta con desechar todo el misticismo metafísico (y todo intento de conocer algo metafísico), desechar la propuesta idealista por incongruente e innecesaria (porque ya no buscamos trampear ese conocimiento metafísico), y relacionar todo su concepto de Voluntad con lo único que conocemos: los fenómenos del mundo. Por ejemplo, la supuesta objetivación de la Voluntad en el hombre se puede relacionar directamente con la motivación natural fruto del procesamiento eletro-químico y neuronal del cerebro humano (y desarrollado naturalmente por una ley material y evolutiva).

Y es que toda supuesta objetivación de una Voluntad se puede reducir a las meras leyes naturales actuando en el espacio-tiempo. No es necesario acudir a un ente metafísico para comprender los fenómenos del mundo. Sin embargo, nos encontramos que ya no podemos hacer, como digo; la "trampa" que Schop. propone para justificar un conocimiento metafísico (la Voluntad), puesto que al naturalizarnos completamente, limitamos nuestra capacidad de conocimiento a la sóla reflexión sobre el mundo físico. De manera que ni somos, ni seremos capaces de dar cuenta de la causa u origen de la propia naturaleza (siendo ella misma la causa última de todo fenómeno).

Por lo tanto, y creo que eso es lo que os impide avanzar filosóficamente, naturalizar la obra de Schop. implica rechazar un conocimiento metafísico (admitiendo humildemente dicha incapacidad). Precisamente desestimar cualquier conocimiento metafísico es algo que la ciencia ha hecho desde sus orígenes, y que junto con su capacidad formal para rechazar propuestas que son refutadas, la han hecho contribuir exponencialmente al conocimiento teórico de los fenómenos del mundo (junto con su aplicación práctica), como ninguna otra corriente intelectual lo pudo antes.

Como conclusión; decir que Schop. supo ver clara y audazmente (para su época), el sinsentido, la irracionalidad, y la ausencia de finalidad manifiesta de todos los fenómenos de los que somos testigos. Se dejo llevar, sin embargo, por un proceso laborioso (y en parte místico) en su intento de explicar esa negatividad del mundo. Probablemente su intención (consciente o no) era la de permitir cierta salida (o un respiro) a tanto pesimismo. De manera que mediante el ascetismo, las bellas artes y la negación, pretendió dar algo de “sentido” al sinsentido. Pero la cuestión es que; hoy día, tal propuesta es claramente incongruente con los hechos empíricos; y la única solución lógica parece ser naturalizar su filosofía de manera que podamos mantener su base pesimista: la idea de irracionalidad y sinsentido que vemos cada instante a nuestro alrededor, aunque evitando los conflictos empíricos mediante una reducción completa de su filosofía respecto a simples teorías naturales.

Así todo fenómeno en el mundo es pura consecuencia natural (incluida la evolución que da origen a la vida, y por supuesto, nuestra mente, causa de un cerebro material procesando información mecánicamente). De esta manera vemos que nada tiene fin o sentido, porque la naturaleza es completamente ciega e irracional. El mundo fenoménico aparece así como nuestra única base de conocimiento; conocemos cómo funciona el mundo (sus leyes regulares y sus características), pero lamentablemente nunca conoceremos su causa o explicación. Además, es curioso como algunos científicos obstinados, no se resignan e intentan ir más allá explicando el propio Universo. Evidentemente, cuando hacen ese intento, terminan haciendo filosofía en vez de ciencia, y sus resultados dejan muchísimo que desear. Por poner un ejemplo, hace poco Roger Penrose (famosísimo físico aún vivo) propuso su teoría de los eones: se trata de intentar enlazar el fin de un Universo con el Big bang o inicio de otro Universo (de manera que se van encadenando eones, donde el fin de un eón es el comienzo del siguiente). Pero lo realmente interesante de esta propuesta es si increíble esfuerzo por no salirse de la explicación física. Finalmente lo consigue aunque añade muchas premisas que deben aún ser verificadas. De todas formas, aún de confirmarse su teoría, aún quedaría por explicar por la causa del primer eón, la causa de que existan eones en lugar de nada, etc. Es decir, que debemos aceptar el hecho de que, ni la ciencia ni ninguna otra corriente intelectual podrán nunca justificar la causa o explicación de la propia naturaleza.

Abracemos, pues, ese nihilismo negativo total y absoluto al que nos lleva el naturalismo moderno. Abracemos estoicamente a ese rotundo pesimismo al que la ciencia nos ha llevado: Nos reconocemos como consecuencia de una naturaleza irracional que actúa ciega y ferozmente; y ni siquiera sabremos por qué ni para qué. Nuestra pequeña racionalidad local luchará y desaparecerá sin saber para qué tanto dolor. Nos reproduciremos como autómatas que somos impulsados por una ley evolutiva que programó nuestra mente, y daremos cuerda sin remedio, como dice Schop., a ese inútil reloj que es la vida humana.

Bueno, no me enrollo más, espero de corazón al menos haberos hecho reflexionar sinceramente sobre el asunto. Si alguien quiere aportar algo sobre esto que digo, será oído con mucho interés.

Un cordial saludo, amigos.