viernes, 14 de agosto de 2015

El absurdo de la vida y mis hijos


Hoy, un lector me ha comentado en una entrada sobre la incongruencia entre mi filosofía de la vida, y el hecho de que haya tenido hijos. Y es una buena observación, por eso creo que merece la pena que aclare el asunto en esta entrada.

El comentario en concreto ha sido el siguiente:

Rolando13 de agosto de 2015, 22:51

Samu: ¿Después de tener a tu última hija te diste cuenta del absurdo y sinsentido de la vida?, porque el hecho de que hayas tenido hijos demuestras que eres un inconsecuente, ya que en el tema del Absurdo II dices:"Porque, si tengo que creer en algo, es en que mis bisabuelos tuvieron una breve existencia, que lucharon y cumplieron con un absurdo y sinsentido objetivo biológico, y que volvieron al descanso de la nada de la que nunca debieron haber salido.".

La respuesta que me gustaría expresaros a todos (no sólo a Rolando) es la siguiente:

Sin duda mi conducta es contradictoria con mi filosofía (no lo niego), pero es que el hombre no es tan libre de actuar como nos suele parecer. Yo veo también absurdo respirar oxigeno continuamente por dos orificios en mi nariz, y tener que comer otros animales para mantener mi estructura orgánica con vehemencia para seguir vivo; pero es que yo no puedo no respirar o no comer: no soy libre de querer dejar de ser, porque no soy libre para querer lo que quiero, sino para hacer aquello que me alivia el dolor (o me da placer). Si no como, sufro, así que me alimento aun siendo absurdo el acto de aniquilar e introducir dentro de mi por un tubo (la traquea) otro ser vivo, pero repito, aun así lo hago y no puedo no hacerlo (ni siquiera puedo no querer hacerlo, y me encanta comer, siendo un placer para mí). Con los hijos me ocurrió algo parecido: simplemente NO pude evitar tenerlos, y no puedo explicar racionalmente bien el porqué. Simplemente NO pude NO procrear, como no puedo no respirar, o no querer comer o beber.

Y a pesar de todo, no me arrepiento, porque, de hecho, no puedo arrepentirme. Es tal el amor que la naturaleza me obliga a sentir por mis hijos, que no puedo más que dedicar toda mi vida a su cuidado y crianza. ¿Para qué?, me puedes preguntar. Pues para nada esencialmente hablando, pero no tengo otra elección, nací hombre y como tal actuaré y sentiré hasta el fin de mis días.

Y es que, el hecho de que alguien sea más o menos libre para filosofar y racionalizar el mundo a su manera, no implica que sea libre para actuar o decidir del mismo modo. Es de sobra conocido que se han descubierto, en estudios neurológicos, evidencias que apuntan a que la mayoría de nuestros actos y decisiones son llevados a cabo por procesos neuronales inconscientes (heurísticos).

La inconsistencia que Rolando detecta entre mi filosofía y mis actos es sin duda cierta, pero es que no puede ser de otro modo ya que, a pesar del hecho de ser yo un nihilista convencido, no puedo (no puedo querer, ni siquiera quiero poder querer) dejar de ser un hombre y vivir como un hombre y sentir como un hombre: así que como, bebo, respiro, realizo sexo todo lo que puedo, y así me dejaré llevar por mi hedonismo hasta que dentro de un par de décadas o tres me llegue la hora de desaparecer completamente. ¿Absurdo? ¡Sin duda! Pero es que la vida del hombre es absurda por naturaleza, y yo sólo soy un hombre.

Si se piensa bien, cualquier intento de rebeldía racional contra lo que es nuestra esencia natural (inconsciente), siempre va a resultar un pretendido acto inútil (vencido de antemano), que sólo servirá para añadir más dolor y sufrimiento a nuestra breve existencia. Y es un acto inútil porque, sean cuales sean nuestros actos, serán todos olvidados en muy poco tiempo; así que para qué luchar para nada, por nada, ni por la nada. Dejémonos transcurrir por este extraño río de la vida de la manera menos onerosa posible, y esperemos nuestra pronta llegada a la desembocadura de la nada mientras experimentamos el viaje en la manera que mejor podamos. El fin será el mismo.

Un saludo a todos.