domingo, 25 de octubre de 2015

Carta a un amigo cristiano (III)

Saludos de nuevo, amigo.

Le respondo por partes a sus palabras sobre Schopenhauer y a su insistencia en que la religión no es metafísica:

Schopenhauer parte de un sentimiento inmanente que él cree que le revela la Verdad trascendente al mundo. Usted hace tres cuartas partes de lo mismo. Su postura y la de Schopenhauer, mucho que le pese, son idénticas en cuanto a forma, pero divergen en cuanto a contenido:

1) Schopenhauer observa el mundo y detecta el problema del mal, el dolor y el sufrimiento por doquier (en todo ser vivo y fenómeno), observa una lucha interminable por satisfacer interminables e instintivos deseos. A continuación, busca en su interior cual puede ser el origen de ese dolor, y detecta de manera inmanente un sentimiento volitivo innato que parece ser la base de todo su dolor: un ciclo interminable de necesidades que saciar so pena de sufrimiento. Y este instinto que le surge desde lo más profundo, lo relaciona con su esencia, con la representación en el fenómeno de sus propiedades trascendentales. Él no es más que voluntad (un puro acto volitivo sin razón de ser más que la del mero ser), y como tal es sólo una pequeña representación de entre muchas de una esencia trascendental de similares características a la que llama Voluntad. Absolutamente todo en el mundo se reduce a actos volitivos irracional, y como tal, Schopenhauer siente desde su más profunda intuición algo que identifica con un conocimiento inmanente en su ser: TODOS los fenómenos del mundo no son más que las diversas representaciones de una misma esencia trascendental, una esencia de la que sólo puede conocer lo que su "alma" (su comunicación directa con la cosa en sí a través de un pretendido conocimiento inmanente) le muestran:

Y lo que él cree detectar de esta manera en su "alma" no es ni más ni menos que las cualidades de la cosa en sí: le parece conocer a través de la observación de su estar en la realidad como representación fenoménica su origen esencial, el origen esencial de TODO en el mundo; y cree conocer como le digo algunas de sus cualidades trascendentales: la Voluntad, reconoce, debe ser congruente con el fenómeno, y por lo tanto, debe compartir sus propiedades: por lo tanto, la Voluntad (con mayúsculas), también debe ser un puro acto volitivo sin razón de ser más que la del mero ser (como es el caso al que se reduce cada uno de los fenómenos observables). El dolor y el sufrimiento son consecuencias así de la Voluntad, de su represenatación en el fenómeno. Una Voluntad irracional y ciega, puro acto volitivo por ser representado de todas las formas posibles...¡y nada más! (sé que le encanta cuando digo esta coletilla xDDD).

Metafísica, sí, y obra maestra. Una de las metafísicas más congruentes con el mundo empírico que nos rodea y del que todos formamos parte.

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2) Usted, y el resto de religiosos puros (quitando a esos teólogos que tanto le incomodan porque sacan a la luz la incongruencia religiosa tradicional, me imagino), ven el mismo problema del mal que Schopenhauer (al igual que puede verlo cualquiera con ojos y raciocinio), pero, en lugar de hacer lo más honesto y congruente, es decir; buscar la causa esencial de este mal, de la injusticia y del sufrimiento, no lo hacen e incluso le dan la vuelta a la tortilla y relacionan trascendencia con amor ¡pese a que sea algo ridículo y que no haya señal empírica ninguna al respecto más que una historieta escrita por 4 tipejos y transmitida culturalmente desde hace 2000 años!

Es decir que usted realiza una introspección y detecta lo mismo que Schopenhauer: ningún fin racional para tanto dolor y sufrimiento, pero en lugar de continuar con la deducción lógica, frena en seco disgustado por donde van los tiros...¡y sencillamente se inventa dicho fin racional(mejor dicho, hace suya las ideas imaginadas e inventadas para tal fin por alguien hace milenios, hablando de cruces, semidioses, reencarnaciones y demás sandeces)! Es ridículo, absurdo y de cobardes. Sí, siento decírselo, pero la religión cristiana me parece un conjunto de ideas a medida del cobarde y el débil de espíritu: del necesitado de consuelo.

Usted, yo, y su vecino del quinto (nuestra mente y nuestro ser pensante) muy probablemente no seamos más que máquinas neuronales en funcionamiento físico-químico: meros fenómenos complejos y nada más en esencia. Es casi seguro que no hay ninguna diferencia esencial entre un hombre y un caracol, ni entre un hombre y una bacteria o una piedra. Por lo tanto no sea cobarde (no tema tanto el no-ser) y déjese de locuras desesperadas: deje de imaginarse trinidades, cruces, vírgenes preñadas de palomas y padres amorosos. Usted y yo (con todo nuestro ser) casi seguro que desapareceremos cuando frene la corriente eléctrica entre nuestras neuronas:  se acabó...puf!, adiós existencia. ¡No pasa nada! No es para tanto. Ya hemos pasado 13.500 millones de años sin existir y no lo pasamos tan mal, ¿verdad? ;). Aproveche lo que le queda de vida de un modo más productivo que de rodillas rezando al vacío palabras ridículas.

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Por último: cuando usted me habla de cruces y de trinidades, y a continuación me insiste en que no me habla de metafísica sino de un sentimiento religioso, perdone que me ria :). Esas creencias les han sido inculcadas de un modo cultural racional no lo niegue: le han contado hace años con palabras y con letras esas fantasías, y usted antes de "sentir" nada de cruces o trinidades y vírgenes, tuvo que oír esas palabras y reflexionar y conceptualizarlas: usted hizo filosofía y metafísica antes de que ese "sentimiento" religioso tan particular se instaurase en su mente.

En fin.

Un saludo, amigo.