"No hay que tomarse nada a pecho -se repite quien se enoja consigo mismo cada vez que sufre y no pierde ninguna ocasión de sufrir." El aciago Demiurgo (Emil Cioran)
"El dolor es esencial a la vida y no proviene del exterior sino que cada uno lo llevamos dentro de nosotros mismos, como un manantial que no se agota."
Arthur Schopenhauer (1788-1860)
Hablemos del sufrimiento en el mundo: ¿para qué sirve realmente, si es que sirve para algo? Parece lógico mirar en primera instancia a la biología en busca de respuesta:
En el mundo académico (e incluso fuera de él), hoy día ya todos aceptan como lo más normal la tesis evolucionista por la cual el dolor y el sufrimiento que acompaña al fenómeno de la vida es simplemente una herramientas evolutiva más que ayuda fundamentalmente a la supervivencia del ser (individuo, especie, etc.). En este sentido, la más reciente propuesta del gen egoísta esto lo traduce en que el sufrimiento es una herramienta al servicio de todas esas moléculas de ADN que conforman el gen, los cuales luchan espontáneamente de manera "egoísta" por su propia persistencia,
Pero esto no nos ayuda tanto como parece, porque inmediatamente nos viene a la cabeza la pregunta de: ¿copiarse para qué? ¿Por qué y para qué la física subyacente al mundo favorece la replica egoísta de genes? ¿Es decir; para qué sirve en última instancia ese eterno ciclo vital de replicar genes una y otra, y otra vez de manera que los fenotipos más eficientes permanezcan? ¿Es útil para Algo o para Alguien que esto sea así y no de otro modo?:
Si lo es: ¿Cuál podría ser esa tétrica Necesidad o Carencia (trascendental) que se suple con nuestro dolor (y el del resto de seres vivos) de manera que se copien los genes más aptos a costa del dolor del fenotipo de los otros?
Y si no lo es, volvemos al principio: ¿qué sentido tiene entonces tanta lucha y sufrimiento por replicar y seleccionar genes durante una eterna encadenación de generaciones vitales?
Podemos resumir que:
Si Alguien o Algo se favorece (para lo que sea) del dolor y el sufrimiento tras la vida y la selección natural del fenotipo, entonces se trata sin duda de un Acto abominable y mezquino; y por el contrario, si finalmente no hay Nada ni Nadie que se favorezca de todo este dolor (y todo en el mundo es así porque sí, porque debe ser así), el ciclo vital es entonces un detestable y miserable fenómeno absurdo e inútil. En este caso, como diría Schopenhauer: "Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada".(Parerga y paralipomena, 1851)
Y comprendo que la pregunta resulte un poco molesta e inquietante (e incluso que no sepamos o podamos darle respuesta) y que eso nos haga mirar hacia otro lado ante el dantesco espectáculo que vemos a diario a nuestro alrededor (y en los medios); pero a pesar de todo, esta reflexión sigue siendo y siempre será una cuestión legítima: ¿para qué sirve el sufrimiento en el mundo?
También son muchos, por otra parte, los modernos estoicos abrazados al ateísmo que se plantean esta cuestión eligiendo la segunda opción alegremente, y afirmando sin tapujos que: "las cosas son así porque sí, y punto". Estos valientes hablan de mala suerte. Las cosas son simplemente así y hay que afrontarlas.
Pero es que no se trata sólo de mala suerte, porque eso supone mirar el asunto desde una perspectiva exclusivamente subjetiva al hombre (y a nuestra persona): si las cosas son así porque sí como dicen, se trata simple y llanamente de la constatación objetiva de que la vida (el ciclo vital y demás fenómenos relacionados con la biología: incluida nuestra existencia) es un inútil y absurdo fenómeno. Eso significa que todo el dolor y la lucha pasada (y futura) no sirvieron (ni servirán) para nada relevante más allá de la simple copia de moléculas materiales.
Porque si realmente todo es así porque sí, la vida sería un detestable y miserable fenómeno, cuyo motor; el sufrimiento, no tendría una finalidad concreta racional, sino que formaría parte de un espontáneo engranaje físico sinsentido objetivo.
Y vale que desde el salón de nuestra casa todo esto nos parezca de poca importancia, un acto de filosofía insustancial; pero imagina lo siguiente:
Imagina un padre al que se le acaba de morir un hijo entre sus brazos a causa de que un mosquito, al picarle días antes, le transmitió una enfermedad mortal. Dile a ese padre que "mala suerte, que las cosas son así porque sí", dile que todo ese dolor y sufrimiento que padece no tiene una finalidad o utilidad más allá que la de obligarlo a duplicar moléculas de ADN en una determinada secuencia.
¡Y es que no es sólo mala suerte, es algo más! Es la constatación del absurdo de la vida y de nuestro dolor; es una afirmación que le quita valor a cualquier acto vital. Un enunciado que nos dice que simplemente somos marionetas obligadas a ejercer en un estúpido y espontáneo teatrillo físico replicativo.
Pero bueno, imagino que para muchos hasta que no sienten en sus carnes el verdadero dolor no comprenden el alcance de semejante exposición.
sí que se vislumbra ya una objetiva respuesta, a pesar de que todavía sea parcial. Y es la siguiente: El ciclo vital no vale absolutamente para nada; o al menos, para nada relevante
Os dejo a continuación algunos aforismos (y reflexiones) que he escrito personalmente. Se agradecen comentarios y/o críticas:
I
No es que no podamos escapar de la voluntad, sino que no somos otra cosa más que voluntad: todos viven (vivimos) con vehemencia en pos de unos fines evolutivos totalmente ajenos a nuestro destino como sujetos y ¿para qué? Nadie lo sabe y la mayoría ni se lo plantea...simplemente siguen luchando hasta que les llega la muerte.
II
Antes de nuestro nacimiento, quince mil millones de años pasaron...y no lo "notamos". Cuando muramos, pasaran igualmente otros tantos billones de años en el mismo instante en que nuestro cerebro cese su procesar eléctrico. Muy bien se puede decir que es una muy delgada línea sensitiva la que separa nuestra existencia del inicio del Universo...y también de su final "térmico".
III
Ya lo dijo medio en broma Woody Allen: “Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa”. Y sin embargo, no es para tomárselo en broma: Si realmente Algo o Alguien creo a conciencia nuestra realidad pudiendo no haberlo hecho o haberlo hecho de un modo diferente, me parece realmente reprochable, detestable e indignante el propio acto de la creación. Y es que si el génesis es fruto de algún tipo de Necesidad trascendental (inteligible o no), no puedo más que reprobar que se haga uso de nosotros (meros títeres obligados por esencia a vivir y morir luchando) para suplir dicha Necesidad. La vida en general es muy dura, cruel y la justicia brilla por su ausencia; por lo tanto, cualquier utilidad que ese supuesto ente Divino pueda estar saciando con ese acto Voluntario de creación es profundamente abominable, el mayor crimen de la historia contra la humanidad: sin duda, el verdadero pecado original.
IV
¿Por qué es tan poco frecuente el suicidio? Pues aunque parezca una broma, la verdadera causa última de este hecho es física (y no meramente biológica). Si uno quiere comprender realmente por qué no ve a diario saltar gente por la ventana, debe comprender primero qué ha ido moldeando con el tiempo en nuestro cerebro el heurísito del miedo a la muerte que impide (a individuos mentalmente sanos) cometer tal acto de suicidio o auto-lesión. Y si indagamos y empezamos este camino reduciendo y descendiendo del complejo plano psicológico al plano neurológico, y luego del plano neurológico al biológico evolutivo, para finalmente acabar en el estudio físico básico; resulta que toda nuestra mecánica (todo nuestro movimiento y conducta) está enfocado (dictado y determinado estadísticamente de base) por estas leyes termodinámicas que aplican en el fenómeno a cualquier nivel de abstracción y complejidad organizativa. En concreto, se trata de una tendencia física natural a organizarse siempre de modo tal que se puedan consumir todos los recursos disponibles tan rápido como sea posible en aquellos sistemas expuestos a una diferencia de potencial energético. Esto, por una parte, es físicamente equivalente a decir que el Universo "busca" maximizar en todo momento el crecimiento entrópico, el consumo de energía libre, y abolir los gradientes energéticos al máximo ritmo posible; y por otra parte, pone de manifiesto que la mecánica (y la dinámica) animada e inanimada no es tan distinta como puede parecer a primera vista. En resumen, y para responder a la pregunta inicial: el que se mata no se replica, y además deja de consumir energía tanto él como la posible progenie o familiares a los que podría haber ayudado a consumir recursos durante más tiempo; por lo tanto, la tendencia al suicidio (o la auto-lesión) está físicamente penalizada (no es un acto o fenómeno que se vaya a dar con frecuencia), lo cual se traduce a más alto nivel explicativo (desde la biología) como que el suicidio es "una conducta evolutivamente poco estable". En el fondo es lo mismo.
V
¿Por qué el capitalismo es la estructura económica dominante desde la revolución industrial? Cada estructura o modelo socio-económico tiene una eficiencia máxima (innata y esencial) a la hora de explotar los recursos disponibles según las circunstancias. Por tanto, la máxima producción alcanzable por un país o conjunto de países estará estrechamente relacionada con la estructura social, política y económica de dicho país (o países). Por otra parte, la historia ha demostrado repetidamente que el sistema que más y mejor aprovecha los recursos naturales para producir bienes y servicios (a repartir luego entre "su" población) es el capitalismo. Lo que nos lleva, sumando a la ecuación el hecho de que todos quieren (queremos) acaparar el máximo posible de productos y bienes para nosotros y los nuestros, a descubrir por qué el capitalismo se ha ido gradualmente estableciendo como el sistema dominante en el planeta: sencillamente otras estructuras sociales no son tan eficientes (ni estables) como la capitalista a la hora de acercar a la mayor cantidad de población el suficiente número de bienes como para que ésta misma población no acabe sublevándose y echando abajo su propia estructura social. Cada momento histórico circunstancial ha seleccionado "evolutivamente" el tipo de estado que más bienes pudo producir a partir del potencial energético disponible en cada caso; y resulta que, a partir de los avances técnicos que permitieron la explotación de los recursos fósiles, el modelo económico más eficiente a la hora de maximizar la explotación de dichos recursos ha resultado (por el momento) ser el capitalismo. Esto por otra parte significa que, en el momento en que los recursos fósiles se agoten, y las circunstancias globales en cuanto a recursos energéticos cambien de nuevo radicalmente, es posible que el modelo económico dominante pueda verse de nuevo alterado. No es para nada descartable una vuelta en el futuro a alguna especie de neo-feudalismo.
"¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos?" (Miguel de Unamuno)
Si miramos a nuestro alrededor, vemos como todos se preocupan por el futuro de la humanidad, pero sin embargo pocos son los que se molestan por el hecho de comprender si tal preocupación tiene alguna justificación no instintiva. Vamos a verlo:
Partimos de una premisa muy clara de la física moderna: el destino de nuestro Universo está ya escrito: finalmente una "muerte" térmica hará imposible cualquier existencia o fenómeno dentro del mismo. Y aunque esta muerte ocurrirá dentro de billones de años, aún así podemos preguntarnos del siguiente modo: ¿Qué más da lo que dure nuestra especie? ¿Qué más da siglo arriba o siglo abajo si el final va a ser el mismo? Como diría Nietzsche: "No hay derecho ninguno ni a la existencia, ni al trabajo, ni a la felicidad: el destino del hombre no se distingue del destino del más vil gusano." (Aforismo 753 de Voluntad de Poder)
El ser humano esta condenado por su propia esencia natural (evolutiva). Da igual lo que pretendamos conseguir con ese supuesto y vanagloriado "libre albedrío" nuestro: el final será el mismo, es sólo cuestión de más o menos tiempo...y siendo este fatal destino como es; seguro: ¿a quién le importa alargar la agonía de lo inevitable?
Si no acaba con nosotros el hambre, lo hará una guerra nuclear, un meteorito, una enfermedad mortal, un cambio climático, o cualquier otra cosa. E incluso si logramos escapar y colonizar otros planetas y galaxias; como decimos, las propias leyes físicas garantizan el fin de toda existencia conforme se acerque la "muerte" termodinámica.
Por tanto, repito: ¿Qué importa el plazo cuando el final es el mismo? ¿Puede, para empezar, haber utilidad para algo dentro de un Universo condenado a desaparecer por completo en la nada? Y si no podemos vislumbrar por tanto una utilidad clara para ningún fenómeno del mundo: ¿para qué entonces tanto esfuerzo y empeño en encadenar generaciones de humanos?
Todos se llenan la boca con el Bien de la humanidad, la Necesaria supervivencia del hombre, y demás palabrería, pero: ¿para qué tanta vehemencia por sobrevivir como especie? ¿sirve acaso de algo (o para algo) nuestro ser como humanos? ¡Pues es que en principio parece que no! Existimos por existir y para existir, y nada más. Y eso estaría quizás bien...si no fuese porque (como sabemos con certeza) todo terminará igualmente más pronto que tarde; y porque con este final anunciado se irá al traste todo el esfuerzo (lucha, dolor y sufrimiento) de cualquier generación y existencia pasada. En el momento en que todo acabe, se hará evidente que todos habrán (habremos) luchado finalmente por y para nada esencialmente relevante.
Como Unamuno dijo:
"Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os dicen. ¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos? ¡Vive para la Verdad, el Bien, la Belleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema insinceridad de esta posición hipócrita." (fragmento de la obra: Del sentimiento trágico de la vida).
Como dice el filósofo español, el día en que todo termine (sea cuando sea): ¿qué será entonces de "nuestros yos todos"? ¿de qué habrá servido ese durísimo sacrificio estéril del que nadie se podrá ya aprovechar?
Pero es que además el plazo no es tan largo como parece. Tú existencia personal lector (como la mía) acabará en pocas décadas (y no en billones de años), pero resulta que con el fin de nuestra consciencia el transcurso del tiempo perderá la validez que le damos en nuestro día a día. Por ejemplo; los casi 14 mil millones de años que pasaron antes de mi nacimiento: ¡fueron "instantáneos"! Yo no sentí el paso del tiempo antes del surgimiento de mi consciencia, y puedo esperar por tanto lo mismo para el futuro tras mi muerte: pasarán los millones de años de manera "instantánea" en relación a lo que pueda quedar tras de mí (es decir; de mi"yo").
Del mismo modo que nos parece al despertar que pasaron las 7 horas del sueño en un solo "instante"; ¡igualmente en un "instante" pasarán tras nuestra muerte (el sueño eterno) los billones de años que lleven a la existencia Universal completa (sin nuestra persona) a su final térmico! Será por tanto un pequeño soplo de tiempo el que nos acerque a ese instante que ahora parece ilusamente muy ("muy") lejano. Pero como ves, lector; no es así: lo que nos separa realmente del fin de la humanidad (junto con todo lo demás), son simplemente esas pocas décadas de lucha que nos quedan por delante en pos de un fin (evolutivo) que reconocemos ya como totalmente irrelevante.
En este sentido, podemos decir que tras 14 mil millones de años (que transcurrieron como si fueran 14 milisegundos), pasaremos por la existencia como seres conscientes por durante unas 6 ó 7 décadas (con suerte): lucharemos y sufriremos por sobrevivir lo suficiente como para poder replicar una larga cadena de moléculas con instrucciones para fabricar nuevos hombres; para finalmente morir luego y que otros tantos miles de millones de años pasen inmediatamente llevándose por delante todo lo que hayamos podido conocer en estos pocos años de existencia (pensad por ejemplo en esa escena de la película basada en la novela "La máquina del tiempo" de H. G. Wells, donde el protagonista se queda atascado en la máquina y pasan los siglos y los milenios en un santiamén mientras está inconsciente tras sufrir un golpe...pero imaginad que en lugar de inconsciente hubiese muerto dentro de la máquina sin llegar a poder frenarla al despertar. Pues nuestra muerte será algo muy similar pero más rápido si cabe).
En este sentido, la existencia humana es absurda; y esa supuesta lucha por el Bien de la Humanidad y por el futuro Bienestar de los hijos de la Humanidad...más absurda aún. Cualquier preocupación por el futuro de nuestra especie es tan absurdo como preocuparse por el futuro de un castillo de arena en la playa.
Y todo lo que digo por supuesto puede sonar a nihilismo extremo, y quizás lo sea; pero no por eso tiene que ser falso. Y claro que (como yo) también Nietzsche, Leopardi y cualquier otro filósofo, poeta o científico dicen (o dijeron) una cosa y luego se fueron a la cama calentitos: pero es que ser filósofo no hace que dejes de ser persona con necesidades mundanas que suplir. Y más importante aún: ¡el simple hecho de que un filósofo no pueda dejar de ser persona no invalida lo que pueda llegar a comprender y promulgar de manera objetiva, racional y lógica!
Podemos por lo tanto decir, a modo de corolario, que: qué más da lo que dure nuestra estúpida existencia como especie. Un saludo, amigos.
escuchando serenamente el silencio del cosmos." (Omar Jayam)
Me gustaría en esta entrada haceros reflexionar sobre una importante pregunta que apenas tenemos tiempo de hacernos debido a nuestros numerosos y urgentes quehaceres diarios. Es muy probable que usted, querido lector, como miembro medio de la sociedad se preocupe (en general) por el futuro de la humanidad en temas sociales, políticos, económicos, energéticos, climáticos, etc. Pues bien, dígame amigo: ¿cuál cree que es la razón última (la verdadera) de toda esa preocupación social suya por unas generaciones futuras cuyos miembros es seguro que no conocerá? Cuando uno actúa preocupándose por el futuro social, es cierto que en parte lo hace por su comodidad presente y la de los suyos, pero indudablemente se trata de algo más: de mejorar el mundo también para todas las personas que resten por llegar a la vida. Sin embargo, y esta es la clave del asunto: ¿para qué sirve la propia vida humana que tanto deseamos mejorar? ¿cuál es ese destino por el que todos estamos abocados a luchar desde el mismo nacimiento? En este sentido, Giacomo Leopardi se preguntaba en pleno siglo XIX en uno de sus poemas: "¿por qué alumbrar, por qué mantener vivo a aquel que, por nacer, es necesario consolar? Si la vida es desventura, ¿por qué continuamos soportándola?". Y por supuesto, tenemos también el revelador poema de Omar Jayam (1048-1131) que nos dice:
"Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. ¿Cuál es tu destino? Admitamos que hayas podido despojar a la Verdad de todos sus ropajes. ¿Cuál es tu destino? Admitamos que hayas vivido cien años feliz y que vivas cien años más. ¿Cuál es tu destino?"
Admitamos, como dice el poeta persa, que hemos resuelto el problema energético, que la ciencia lo sabe todo, que vivimos cientos de años con salud...¿cuál sería (aún) en tal caso nuestro destino? Como digo, constantemente los problemas diarios nos nublan tanto la mente (los problemas personales junto con los sociales), que casi no nos paramos nunca a reflexionar sobre la propia necesidad que estamos tratando de solucionar con tanto ahínco, y no es, hasta que damos (idealmente) todas nuestras necesidades por saciadas cuando podemos preguntarnos sobre la razón de tanto esfuerzo. Así pues, os repito de nuevo la pregunta: ¿Por qué y para qué tanta vehemencia como especie por continuar creciendo, consumiendo, y devorando recursos y energía a toda costa? ¿para qué continuar con tanto estrés replicando y criando personas; alargando en el tiempo de este modo ese yugo de la vida (la de todos) de continua lucha y necesidad? Es decir; que sí, que luchamos sin duda por el bien social: por mejorar el bienestar propio, el de los nuestros, y el de todos los que vendrán, pero...¡para qué! ¿cuál es el destino de esa larga cadena vital humana? ¿cuál es su finalidad?
Hablar de esta manera puede sonar sin duda pesimista, porque normalmente no pensamos nunca por qué hacemos lo que hacemos; pero eso no implica que no tenga sentido preguntarse de este modo: ¿para qué seguir dando cuerda al sonsonete de la vida ahora que ya sabemos (desde hace bastante más de un siglo) que todo nuestro ser como especie es fruto de un proceso evolutivo natural y sinsentido: el mero resultado mecánico de un acto natural espontáneo y ciego a cualquier fin racional que sea relevante (humanamente hablando)?
Vayamos más lejos: admitamos que finalmente hemos logrado colonizar otros mundos dejando atrás una Tierra devastada...¿cuál será (aún) en ese caso nuestro destino? Es decir; que tanto afán por llegar a Marte o por encontrar mundos habitables a los que llegar: ¿a qué fin sirve? Pues dadas las similitudes, cuando uno reflexiona sobre este anhelo colonizador, realmente todo apunta a que sólo somos simples microbios venidos a más, salvo que con la excepcional capacidad (o al menos el potencial) para ir saltando de placa de Petri en placa de Petri conforme los recursos de estas placas se agotan...
Y sin embargo, es seguro que muchos de ustedes aún se enroquen en la dulce musiquilla del sacrificio social, del amor a la progenie, del bien común, y demás cantinela. Leed en ese caso con atención estas palabras del maravilloso Miguel de Unamuno:
"Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os dicen. ¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos? ¡Vive para la Verdad, el Bien, la Belleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema insinceridad de esta posición hipócrita." (fragmento de la obra: Del sentimiento trágico de la vida).
Todo el asunto del Bien social es pura hipocresía evolutiva (no necesariamente consciente), que nuestro cerebro se saca de la manga para continuar con el verdadero destino (el fin último) que no es por supuesto nada de todo eso. Admitamos lo evidente de una vez: Nuestro destino, nuestro sino, es exactamente el mismo que el de cualquier cepa bacteriana. Vale entender a ésta para entendernos a nosotros. Y por lo tanto, ya podemos responder a la pregunta que nos hemos venido haciendo desde el principio: ¿Cuál es el verdadero destino de estas bacterias (y por lo tanto el nuestro)? Muy sencillo: consumir energía mientras se replican, y replicarse para consumir energía...y nada más.
Os dejo hoy dos obras de arte unidas en un único vídeo: una magnífica narración en italiano del maravilloso poema "Canto nocturno de un pastor errante de Asia" de Giacomo Leopardi, acompañada de fondo por la sonata n. 14 "Claro de luna" de L.v. Beethoven.
Este poema de Leopardi, por cierto, tieneel gran mérito de ser capaz de describir y acercar en unas pocas estrofas gran parte de la filosofía de otro gran pensador como fue Arthur Schopenhauer; hasta el punto de que basta con leer con atención este canto nocturno para obtener una completa introducción a la obra del maestro de Danzig.
Por cierto que el poema en italiano (y esto es una opinión personal) me parece inmensamente más bonito y penetrante; probablemente porque este era el idioma nativo del poeta y por tanto de la poesía.
Os dejo a continuación el vídeo del que os hablo, y justo debajo os dejo la traducción en castellano para que podáis seguir el poema mientras se recita en italiano. Merece mucho la pena, hacedme caso:
XXIII – Canto nocturno de un pastor errante de Asía.
¿Qué haces, luna, en el cielo? Dime, ¿qué haces
silenciosa luna?
Surges de noche y vas
contemplando los desiertos, y luego te paras.
¿Aún no estás cansada
de recorrer los caminos del cielo?
¿Es que aún no te cansas ni te hastías
de mirar estos valles?
Se parece tu vida
a la del pastor.
Sale con la primera luz
y conduce el rebaño por el campo; ve
majadas, prados, fuentes.
Después, cansado, reposa de noche.
Otra cosa no espera nunca.
Dime, oh luna, ¿de qué le sirve
su vida al pastor,
ya ti la tuya? Dime, ¿adónde tiende
este vagar mío, tan breve,
y tu curso inmortal?
Viejo canoso, enfermo,
descalzo y casi sin vestido,
con la pesada carga a las espaldas,
por valles y montañas,
por rocas y por playas y por brañas,
al viento, con tormenta, cuando abrasa
la hora y cuando hiela
corre, corre anhelante,
cruza estanques, torrentes,
cae, se levanta y se apresura siempre,
sin reposo ni paz,
herido, ensangrentado; hasta que llega
allá donde el camino
y donde tanto afán al fin se acaba:
horrible, inmenso abismo
donde al precipitarse todo olvida.
Oh, virgen luna,
así es la vida mortal.
Al dolor nace el hombre
y ya hay riesgo de muerte en el nacer.
Es la pena, el tormento,
lo que, desde el principio, va probando.
Y los padres empiezan
a consolarle por haber nacido.
Y luego, cuando crece,
uno y otro le sostienen, y así, por siempre,
con palabras y actos,
procuran darle ánimo
y consolarle de su estado humano:
porque no existe más grata tarea
de padres con sus hijos.
Pero, ¿por qué alumbrar,
por qué mantener vivo
a aquel que, por nacer, es necesario consolar?
Si la vida es desventura,
¿por qué continuamos soportándola?
Intacta luna, tal
es el mortal estado.
Pero tú mortal no eres
y acaso cuanto digo no te importe.
Tú, solitaria, eterna peregrina,
tan pensativa, acaso bien comprendas
este vivir terreno,
nuestra agonía y nuestros sufrimientos;
acaso sabrás bien de este morir, de esta suprema
palidez del semblante,
y faltar de la tierra, y alejarse
de habitual y amorosa compañía.
Y tú, seguro que comprendes
el porqué de las cosas, y ves el fruto
del alba y de la noche,
del callado e infinito fluir del tiempo.
Sin duda sabes a qué dulce amor
sonríe la primavera,
a qué ayuda el verano y qué procura
con sus hielos el invierno.
Mil cosas sabes y otras mil descubres
que al sencillo pastor le están prohibidas.
A veces, si te miro
tan silenciosa, encima del desierto llano,
que allá, en el horizonte lejano, cierra el cielo;
o bien, con mi rebaño,
seguirme poco a poco; o cuando veo
arder allá en el cielo las estrellas,
pensativo me digo:
«¿Para qué tantas estrellas?
¿Qué hace el aire infinito, la profunda
serenidad sin fin? ¿Qué significa esta
inmensa soledad? ¿Y yo qué soy?».
Conmigo así razono y de este espacio
soberbio, ilimitado,
de esta familia innumerable,
adivinar no sé la utilidad, el fruto,
después de tanto afán, del movimiento
de cada cosa terrena y celeste
girando sin reposo
para volver allá donde surgieron.
Pero en verdad –oh doncella inmortal–
tú sí lo sabes todo.
Yo sólo sé y comprendo
que de los eternos giros
Y de mi frágil ser,
bien y goce
otro hallará; mi vida es mal tan sólo.
Oh, rebaño mío que reposas, oh tú, dichoso,
acaso ignorando tu miseria.
¡Cuánta envidia te tengo!
No sólo porque de afanes
te encuentras casi libre;
Y todo sufrimiento, todo daño,
cada temor extremo, pronto olvidas,
acaso porque nunca sientes tedio.
Reposando a la sombra, en la hierba,
estás dichoso y sosegado;
Y la mayoría del año
vives en tal estado, sin molestia.
Yo a la sombra me siento, sobre el césped,
Y de hastío se llena
mi mente, como sentir una espuela clavada;
así que nunca he estado tan lejos, aun sentado,
de hallar la paz o espacio.
y ya nada deseo,
Y razón de llorar nunca he tenido.
Lo que tú gozas y cuánto
no sé decirlo; sí sé que eres dichoso.
Poco es el goce que yo siento,
oh rebaño mío, pero de ello no me duelo.
Si supieses hablar preguntaríate:
«Dime, ¿por qué yaciendo
ocioso, sin cuidados,
cada animal descansa
y yo, cuando reposo, siento tedio?».
Quizá si alas tuviese
para ir a las nubes
y contar una a una las estrellas,
o, como el trueno, errar de cima en cima,
sería más feliz, dulce rebaño,
sería más feliz, cándida luna.
O es que tal vez se aleja
de la verdad mi mente, si pienso en otra suerte:
acaso en toda forma,
en todo estado, ya sea en cuna o en cubil,
es funesto a quien nace el nacimiento.
XXIII – CANTO NOTTURNO Dl UN PASTORE ERRANTE DELL’ ASIA
"El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.Toda la ciencia de los hombres: palabras.Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas:sombras. El resultado de tu meditación perpetua: nada" (Omar Jayam)
La ciencia física se encuentra estancada. Es algo que ya nadie puede negar. Hace más de 30 años que ningún nuevo avance teórico consigue revolucionar el panorama, y la experimentación, en lugar de apoyar las nuevas hipótesis que van apareciendo, no hacen más que echar más leña al fuego incrementando la inconsistencia de lo ya establecido (energía oscura, materia oscura, etc.).
Y resulta que ante esta perspectiva desalentadora hay un gremio que se frota las manos: el de la religión. Como la ciencia ya no es capaz de llenar con la misma fuerza que antes los huecos explicativos, pues en teoría quedaría abierta la veda para la vuelta a la pura especulación espiritual.
Sin embargo, a muchos teólogos creo que se les escapa (quizás intencionadamente) tomar en cuenta más a fondo en su argumento otra posibilidad (posiblemente la más sensata dados los hechos): que estemos simplemente condenados al escepticismo y al agnosticismo (a un profundo desconocimiento, en general).
Y es que bien podría ser que después de todo la ciencia actual no guíe (con sus fracasos) a valorar más a la metafísica como fuente de conocimiento, sino que simplemente se limite a mostrarnos o hacernos ver que ya no hay nada más que podamos entender (comprender, conocer, o como se quiera definir). Es decir; que nos lleve finalmente a aceptar la renuncia.
Porque es cierto que la limitación práctica y teórica descriptiva de la ciencia es cada vez más evidente; pero lo que quede tras ella probablemente no sea más que la comprensión de la renuncia, el sometimiento de la absoluta duda explicativa. De hecho, de no ser nuestra especie tan vehemente, esta abdicación debería haber llegado mucho antes, quizás desde David Hume.
Como no se cansan de repetir los teólogos el mundo es un misterio: ¡claro que sí, sin ninguna duda! pero es un misterio que por lo visto nos acompañará como especie por el resto de nuestra existencia. Un misterio cuya Verdadera causa permanecerá oculta por los restos de los tiempos: oculta para cada persona ya nacida, y también para cada persona que reste por nacer. Qué fenomenal poema aquel del persa Omar Jayam que ya hace mil años decía:
«Al mundo me trajeron sin mi consentimiento y los ojos abrí con sorpresa infinita, partiré después de reposarme un tiempo sin saber la razón de mi entrada y salida.»
Y da igual lo que cada cual crea o deje de creer como sujeto (¿metafísica? ¿fe? hay tantas como personas). No, amigos, no. No hay nada que podamos hacer para trascender nuestra experiencia: estamos condenados a la más absoluta duda trascendental.
En este sentido, creo que también viene a cuento la maravillosa cita de Leopardi que dice así:
«Tiempo llegará en que este Universo y la Naturaleza misma se habrán extinguido. Y al modo de grandísimos reinos e imperios humanos y sus maravillosas acciones que fueron en otra edad famosísimas no queda hoy ni señal ni fama alguna, así igualmente del mundo entero y de las infinitas vicisitudes y calamidades de las cosas creadas no quedará ni un solo vestigio, sino un silencio desnudo y una quietud profundísima llenarán el espacio inmenso. Así este arcano admirable y espantoso de la existencia universal, antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguirá y perderáse.»
Sí: "Tiempo llegará en que este Universo y la Naturaleza misma se habrán extinguido". Este es, de hecho, el único conocimiento inmanente (termodinámico) que la ciencia física nos asegura sin lugar a dudas: la "muerte" térmica del Universo, la cual es un hecho insoslayable; y del resto, pues poco más se puede comprender al detalle, y mucho menos explicar. Sin mucho miedo a equivocarnos podemos decir que: "este arcano admirable y espantoso de la existencia universal (el misterio), antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguirá y perderá" junto con todo lo demás.
"Biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto."
En el artículo se menciona que "Darwin se preguntaba una y otra vez que cómo una teoría que es tan sencilla de entender no calaba entre sus coetáneos (la banalidad de lo que importa es a menudo dura de digerir)."
Y yo creo que es evidente que esto sigue ocurriendo. Cualquiera puede preguntarse todavía como la gente no comprende (o no acepta) que: "[..]biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. [Que] Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto. "
Nadie es capaz de pararse y reflexionar sobre el hecho comprobado de que la razón de ser de todo ser vivo no tieneobjeto (es decir; que no tiene un sentido racional objetivo). Todos luchamos con asombrosa vehemencia por continuar el sonsonete de la vida, y ni siquiera la conciencia del absurdo existencial puede detenernos (me incluyo, por supuesto, porque vivo con tanta o más vehemencia que nadie). En este sentido, se puede concluir sin lugar a dudas que no somos otra cosa más que marionetas en manos de un estúpido "fin" natural por el mero ser (en realidad, porque permanezca aquello que sea un mayor eficiente consumidor de energía para cada momento y situación, puesto que a esto se reduce realmente la evolución según la física moderna).
La vida es en sí un medio, y los seres vivos meros títeres en manos de una extraña "necesidad" natural por consumir eficientemente toda la energía libre disponible en el menor tiempo posible (i.e. maximizar la entropía global del modo más óptimo en cada circunstancia). Cabría preguntarse por supuesto, si esta "necesidad" natural sigue o no algún Fin trascendente, y en tal caso cuál es.
Aquí, por ejemplo: Mainländer insistiría en que esa Necesidad trascendente fue la de satisfacer una única Necesidad por parte de una única (e incognoscible) Unidad premundana: el Deseo de alcanzar el No-Ser mediante la realización de un único Acto; y de hacerlo además del único Modo posible en que este paso al No-Ser podía ocurrir: este Modo constituiría la aparición de nuestro cosmos (de la multiplicidad acontecida tras el Big Bang) del modo tan preciso en que es y observamos (con lo que se explica de camino el fino ajuste que las constantes físicas cosmológicas presentan), y por tanto la "necesidad" natural inmanente de consumir toda la energía libre tan pronto como sea posible (disminuir la suma de fuerzas como diría Mainländer), se correlacionaría con la representación fenoménica de esa Necesidad trascendente por No-Ser lo más rápido posible (que por alguna razón no pudo ser instantáneamente). Esta unidad trascendente originaria por cierto fue, pero ya no es: desapareció precisamente al dar a luz a la multiplicidad del mundo.
Schopenhauer por otra parte, propondría por ejemplo; que ese "fin" natural inmanente es mera representación de la Voluntad trascendente ciega e irracional que lo sustenta todo (en el mundo o tras el mundo, es decir; que contra la postura de Mainländer, la Voluntad todavía sería) , buscando dicha Voluntad de continuo (oculta tras el velo del fenómeno) el mero ser y el persistir, y el ser además de todos los modos posibles; lo cual correlaciona bien con la realidad biológica y natural del mundo, pero no tan bien con la realidad evolutiva (y la "buscada" maximización del consumo energético subyacente), puesto que la Voluntad podría explicar la voluntad hacia la lucha y la vehemencia por el ser, pero no podría explicar por qué el mundo inmanente busca no sólo ser y ser de muchos modos, sino tambiénser siempre de modo que la energía libre disponible (y por tanto la capacidad para un nuevo ser) se consuma tan pronto como sea posible. Parece que la Voluntad de Schopenhauer se queda explicativamente corta, y que ciertamente Mainländer completa esta perspectiva con una cosmovisión más acorde con lo observado (por la ciencia) en lo inmanente.
Los científicos más radicales, por último, filosofan con la idea de los múltiples universos extrapolando la cuántica a lo trascendente, con lo cual no habría según ellos tal Fin trascendente, o mejor dicho, dicho Fin será tan espontáneo e insustancial como el "fin" natural inmanente de consumir la energía libre tan pronto como se pueda: en realidad serían equivalentes, y se trataría como digo, de extrapolar lo inmanente casi tal cual a lo trascendente.
Pero es que en realidad da igual cual sea la Verdad o la Realidad tras nuestra existencia personal, sea la que sea, cualquiera, todo apunta a que nada humanamente relevante se esconde tras nuestra vehemente lucha: muy probablemente ninguna razón sustente nuestro ser, o si la hay, muy posiblemente dicha razón sea indiferente a nuestro destino como meros sujetos (medios) para su Fin. En realidad, en el caso de Mainländer podríamos presumir al menos de ser eficientes medios para un Fin concreto, y de que "ayudamos" a cumplir con nuestro esfuerzo una razonable Necesidad trascendente (premundana) la cual de hecho nos dio origen. Y creo que podemos presumir de ello incluso a pesar de que dicha "ayuda" sea en favor de la pronta aniquilación de la existencia Universal...el que no se consuela es porque no quiere xDD.
En fin, que podemos concluir, junto a Schopenhauer, y sin mucho miedo a equivocarnos, que humanamente (o para la humanidad) "bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada"; y que si finalmente dicha vida es útil para Algo, seguro que ese Algo no tiene nada que ver con nosotros como sujetos.