domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Es el universo consecuencia de una computación trascendente?


Me ha surgido la siguiente reflexión leyendo un artículo en el blog Cuentos Cuánticos (http://cuentos-cuanticos.com/2014/11/14/neutrino-history-whats-next-organizando-particulas-1/):

En este artículo que comento, el autor hace un pequeño resumen sobre lo que es para la física actual una partícula:
¿Qué es en física una partícula? Pues no, no es una bolita que se mueve por ahí.  Desgraciadamente esa imagen es incorrecta ya que en la descripción de las partículas fundamentales tenemos que incorporar nociones de relatividad y de mecánica cuántica.  Las cosas no tienen formas definidas, las cosas no siguen caminos definidos, las cosas se mueven muy rápido.  Las cosas se convierten unas en otras si la energía así lo permite y si todas las cargas antes y después del proceso son iguales.
¿No veis una correlación muy grande entre esta descripción, y lo que nosotros hacemos cuando programamos nuestros ordenadores para simular una realidad física?

De hecho, la probabilidad que hay detrás de la mecánica cuántica, es fácilmente explicable en estos términos: sencillamente, esa probabilidad para cada tipo de evento, habría sido determinada por un programador trascendente.

Es sólo una posibilidad metafísica más, pero es interesante por lo completa que es: el universo sería así sólo el resultado de una computación física trascendente. La conservación de la energía y de la carga, serían únicamente reglas que el programa debe seguir en su procesar. Y, por ejemplo; la probabilidad de que un neutrón decaiga en un protón más un par electrón-neutrino, estaría también programada; y un sería un contador (o timer) el que aplicaría esa probabilidad cada cierto intervalo de tiempo.

También se podría explicar de este modo el fino ajuste que parecen presentar las constantes fundamentales de la física. No sería casualidad, sino un ajuste explícito de los programadores trascendentes, de modo que pudieran surgir estructuras materiales complejas durante la ejecución del programa.

Y, por último, es una hipótesis que serviría de soporte a la idea actual que defiende la física sobre el multiverso. Nuestro universo podría ser uno más de entre una infinidad de otros universos computados por el ordenador trascendente. De hecho, esta sería la mejor forma (la más sencilla) de "encontrar" los parámetros adecuados para las constantes fundamentales de un universo capaz de albergar estructuras materiales complejas:

Esos supuestos programadores trascendentes podrían haber generado un programa iterativo donde se fuesen probando los diversos valores para las constantes fundamentales, y observar luego el resultado obtenido en cada iteración. Más tarde, según fuese dicho resultado, se ajustarían de nuevo los parámetros de los universos más prometedores de la iteración anterior. Este proceso sería similar al seguido por nosotros en la computación evolutiva, y permitiría encontrar rápidamente los valores óptimos más adecuados para emular universos "habitables".

En fin, no es más que una meditación de un aburrido domingo por la tarde. Pero podría ser la Verdad oculta tras el mundo ;).

Un saludo.

---- EDITO (18/11/2014)

Voy a transcribir una conversación que he mantenido en un foro de Facebook en un grupo sobre ciencia, hablando al respecto de esta entrada en concreto:

  • Marcos García Personalmente me atrae tan poco esta posibildad como la de la panspermia: sólo sirve para mandar el problema de la realidad a otro sitio. Porque, si el universo es "sólo" una simulación ¿cuáles son las características de la realidad en la que se simula? 23 h · Me gusta
  • Samuel No se puede conocer las caracteristicas de la realidad que simula, porque es una realidad trascendente. Pero aunque esta solo sea una metafisica tan posible como cualquier otra, es muy elegante y de una gran capacidad explicativa: es muy completa. 
    23 h · Editado · Me gusta
  • Marcos García Permíteme discrepar en lo de "gran capacidad explicativa": el concepto de que el universo es una simulación _no explica nada_. Y, lo que es peor, aumenta la complejidad de lo que hay que estudiar sin evidencia alguna que lo apoye. Occam se lo pasaría pipa 
    En cuanto a la elegancia... nada en el universo se rige necesariamente, por lo que se sabe hasta ahora, por criterios de elegancia. Que seamos capaces de reducir la complejidad de los sucesos a ecuaciones relativamente simples no las convierte en elegantes: las convierte en eficaces.
    22 h · Me gusta · 1
  • Louis le Hutin Esto sólo lleva el problema a otro nivel. Si somos una simulación, alguien está simulando. ¿En qué universo? ¿Con qué leyes? ¿Cómo surgió esa inteligencia?
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  • Samuel No lo entendeis: se trata de una explicacion trascendente. No aplica Occam, porque hablamos de metafisica. Se quiera o no, debe haber una explicacion trascendente para las leyes naturales que describimos: algo debe haber tras ellas, porque debe haber una razon de que las leyes sean las que son, en lugar de ser de otra manera, o de no haber nada en absoluto. Y es en este sentido, donde esta explicacion trascendente de que somos productos de un computador trascendente es elegante y completa.  Y claro que lo que se hace es pasar el problema a otro nivel: al nivel trascendente del que poco se puede conocer. Negar lo trascendente tampoco arregla el problema porque sencillamente deja la pregunta sin respuesta.
    49 min · Editado · Me gusta
  • Marcos García Samuel:
    Lo siento, pero no tiene por qué haber una explicación trascendente para las leyes naturales, eso es teleología (sin evidencias que la apoyen). Por eso Occam es aplicable: añade complejidad innecesaria a la vista de las evidencias 
    que se conocen actualmente.
    Tampoco es metafísica: la hipótesis de la simulación es una hipótesis, si mal no recuerdo, falsable. El problema es que por ahora no hay evidencia que concuerde con ella.
    Ya he dicho antes que no es elegante simplemente porque tú lo digas. De hecho, a mí me parece una chapuza  . Y no es ni mucho menos completa, como te ha indicado Louis le Hutin: simplemente traslada el problema de las reglas de la realidad a un ámbito mayor.
    10 min · Me gusta
  • Samuel Marcos García, el que no haya una explicación trascendente, es ya una hipótesis metafísica irrefutable e incompleta. La hipótesis de la simulación también es irrefutable (si consigues falsarla o corroborarla te espera un premio nobel de los históricos). Es decir; que recuerdas mal.
    Si no hay nada trascendente, tenemos leyes y fenómenos que simplemente aparecen sin razón de la nada, eso sí que es una explicación chapucera y compleja: ¿no te parece complejo que las cosas sean como son porque sí, porque tú así lo creas?
    Sin embargo, introducir una explicación trascendente que sea completa (en el sentido de que da cuenta de por qué todas las cosas son como son) es algo elegante y simple: todo es como es, por ejemplo; porque somos fruto de una programación trascendente que así lo establece. Fácil, elegante y sencillo.
    Tú propones que las cosas son como son porque sí, que no son de otro modo porque no, y que no hay más que hablar: eso es algo poco elegante e improbable: aquí sí que se pondría las botas Occam.

    En fin: un saludo, amigo.
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sábado, 15 de noviembre de 2014

Videoblog: primer intento


Como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo mi primer intento de realizar una entrada audiovisual a modo de videoblog. Aún no me llevo bien con la edición de vídeo, y hay que verlo más como una prueba para futuras entradas que otra cosa ;).



Las citas utilizadas en el vídeo son:
"Al mundo me trajeron sin mi consentimiento y los ojos abrí con sorpresa infinita, partiré después de reposarme un tiempo sin saber la razón de mi entrada y salida." 
"Llegado a este Universo el porqué ignorando y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre, salgo de él como el viento que el desierto cruzando, sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando." 
Omar Khayyám 
Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada.
(Schopenhauer; Parerga y paralipomena, 1851)

viernes, 14 de noviembre de 2014

Mis aforismos de andar por casa


Inspirado por la entrada que escribí ayer sobre Emil Cioran, os voy a dejar hoy algunos aforismos que he escrito personalmente. Es muy probable que sean malos, aunque sinceramente, espero que alguno merezca algo la pena. Se agradecen comentarios y/o críticas ;).

Somos presos de nuestra mente. Pero unos presos agradecidos; de esos que son capaces de vender a cualquiera por unos minutos de satisfacción. 
La vida es extraña. Cada domingo, hablo con una anciana que siempre me responde al saludo con una sonrisa y diciendo: "aquí estoy, Samuel; sigo viva", como si su única meta hubiese sido sobrevivir una semana más. Y realmente creo que es así: vive por vivir.
¿Te crees libre? Intenta no pensar en nada durante el día de hoy.
Qué simpático me parece el credo cristiano: ¡ruegan por vivir una eternidad! Pobres idiotas, no saben que lo que en realidad están anhelando es el infierno.
 Quiero, quiero, quiero, quiero...pero, Dios mío, ¡¿para qué quiero?!
Capitalismo, comunismo, socialismo, izquierdas y derechas...¡palabras! Lo único que existe en realidad, es el interés personal maquillado por un poco de marketing.
La Nada. Bendita palabra. La sentí durante millones de años, y la deseo para toda la eternidad.
 A veces pienso que el hombre no ha hecho jamás nada que merezca la pena de admiración: y entonces recuerdo la música. El único legado de valor que dejaremos al Universo.
 BEETHOVEN, Concierto para Piano nº5 "Emperor"
No hay nada más descorazonador, que observar, tras el orgasmo; cómo hemos sido vilmente manipulados por la naturaleza. Ésta nos embauca y nos engatusa regalándonos un poquito de placer; y nosotros, como buenas ovejas, aceptamos con gusto las órdenes de nuestro pastor. Apenas podemos pararnos a pensar en la mamarrachada que nuestro amo nos hace hacer: meter una protuberancia en un orificio para escupir luego un viscoso líquido.
- ¡Come niño! estudia, aprende, y crece sano. Consigue un buen trabajo, forma una familia y ¡dame nietos! 
- Pero, ¿para qué quieres que haga todo eso mamá? 

- .....

Bueno. Lo dejo aquí porque no sé si estoy haciendo el mamarracho xDD, o si he escrito algo que merezca la pena al menos de leer. Ya me iréis contando si os parece interesante.

¡Un saludo!

jueves, 13 de noviembre de 2014

Extractos del libro Ese maldito yo, de Emil Cioran


Ese maldito yo, es una obra del escritor y filósofo rumano Émile Michel Cioran. Su título original es Aveux et anathèmes y fue publicada en 1986. Es un libro de reflexiones filosóficas dividido en seis secciones escritas en aforismos. Sus temas principales son la edad, el tiempo, la divinidad, la religión y la muerte.


Si queréis saber más sobre Emil Cioran, podéis entrar aquí.

A continuación voy a compartir algunas de las reflexiones más interesantes, en mi opinión, de este libro. Si queréis leer el libro completo, lo podéis descargar en formato PDF desde: (http://crimideia.com.br/blog/wp-content/uploads/2010/02/emil-cioran-ese-maldito-yo28198729.pdf):




Mientras me exponía sus proyectos, le escuchaba sin poder olvidar que no le quedaban más que unos días de vida. Qué locura la suya de hablar de futuro, de su futuro. Pero, ya en la calle, ¿cómo no pensar que a fin de cuentas la diferencia no es tan grande entre un mortal y un moribundo? Lo absurdo de hacer proyectos es sólo un poco más evidente en el segundo caso.
El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.
Muy injustamente, se otorga al tedio un estatuto menor que a la angustia. En realidad es más virulento que ella, pero le repelen las demostraciones que tanto le gustan a aquélla. Más modesto y sin embargo más devastador, puede surgir en cualquier momento, mientras que la angustia, distante, se reserva para las grandes ocasiones.
No habiendo sabido nunca lo que busco en este mundo, sigo esperando a quien pueda decirme lo que busca él.
Para engañar a la melancolía hay que moverse sin tregua. En cuanto nos detenemos, ella se despierta, si es que alguna vez se adormeció realmente.
Toda victoria es más o menos una falacia. Sólo nos afecta en la superficie, mientras que las derrotas, por muy pequelas que sean, nos hieren en lo más profundo de nuestro ser, donde procurarán no hacerse olvidar, de manera que, suceda lo que suceda, podemos contar con su compañía.
No sé qué sed diabólica me impide romper mi pacto con mi aliento.
En cuanto salgo a la calle, pienso: «¡Qué perfección en la parodia del Infierno!».
Lo que aún me apega a las cosas es una sed heredada de antepasados que llevaron la curiosidad de existir hasta la ignominia.
El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
¿Para qué nos agitamos tanto? Para volver a ser lo que éramos antes de ser.
Habiendo vivido día tras día en compañía del Suicidio, sería injusto e ingrato que lo denigrara ahora. ¿Existe algo más sano, más natural? Lo que no lo es, es el apetito rabioso de existir, tara grave, tara por excelencia, mi tara...
Existe, es evidente, una melancolía sobre la que a veces actúan los fármacos; existe otra, subyacente a nuestras explosiones de alegría, que nos acompaña constantemente, sin dejarnos solos ni un instante. De esa maléfica presencia nada nos permite librarnos: ella es nuestro «yo» frente a sí mismo para siempre.
El medio más seguro de no perder la razón inmediatamente: recordar que todo es irreal que lo seguirá siendo...
Intento en vano imaginar el cosmos sin... mí. Afortunadamente, la muerte se apresurará a remediar la insuficiencia de mi imaginación.
Muriendo nos convertimos en los dueños del mundo.
Abro una antología de textos religiosos y caigo de entrada sobre esta frase de Buda: «Ningún objeto merece ser deseado». -Cierro inmediatamente el libro, pues tras eso, ¿qué leer?
Si un gobierno decretara en pleno verano que las vacaciones son prolongadas indefinidamente y que, so pena de muerte, nadie debe abandonar el paraíso en que se encuentra, se producirían suicidios en masa y masacres sin precedentes.
Confiaba en poder asistir en vida a la desaparición de nuestra especie. Pero los dioses no me han sido favorables.
Nadie tanto como él tenía el sentido de la irrealidad de todo. Cada vez que le hablaba de ello me citaba, con una sonrisa cómplice, la palabra sánscrita lila, que significa gratuidad absoluta según el Vedanta, creación del mundo por diversión divina. ¡Cuánto reímos juntos de todo! Y ahora él, el más jovial de los desengañados, se encuentra bajo tierra por culpa suya, por haberse dignado tomar por una vez la nada en serio.
La ansiedad, lejos de proceder de un desequilibrio nervioso, se apoya en la constitución misma de este mundo, y no vemos por qué no estaríamos ansiosos en cada instante, dado que el tiempo mismo no es más que ansiedad en plena expansión, una ansiedad de la que no distinguimos el comienzo ni el final, una ansiedad eternamente conquistadora.
Cuanto más se ha sufrido, menos se reivindica. Protestar es una prueba de que no se ha atravesado ningún infierno.
El sueño, mucho más que el tiempo, es el antídoto ideal contra las congojas. El insomnio, por el contrario, amplificando la mínima contrariedad y convirtiéndola en tragedia, vela sobre nuestras heridas, impidiendo que se marchiten.
En lugar de observar el rostro de los transeúntes, me fijé en sus pies, y todos aquellos agitados se redujeron a pasos que se precipitaban -¿hacia qué? Y me pareció evidente que nuestra misión era rozar el polvo en busca de un misterio carente de seriedad.
¿Cómo explicar que el hecho de no haber sido, que la ausencia colosal que precede al nacimiento no parezca incomodar a nadie, y que aquel a quien le perturba no le perturbe demasiado?
Las nubes pasaban. En el silencio de la noche, hubiera podido oírse el ruido que hacían apresurándose. ¿Por qué nos hallamos aquí, qué sentido puede tener nuestra presencia ínfima? Pregunta sin respuesta a la cual, sin embargo, respondí espontáneamente, sin la menor reflexión, y sin sonrojarme por haber proferido una insigne trivialidad: «Estamos aquí para torturarnos, y únicamente para eso».
Aunque aparecidos tardíamente, seremos envidiados por nuestros inmediatos sucesores, y aún más por nuestros sucesores lejanos. Para ellos seremos privilegiados, y con razón, pues más nos vale estar lo más lejos posible del futuro.
Ningún pensamiento más corrosivo ni más tranquilizador que el pensamiento de la muerte. Si lo rumiamos hasta el punto de no poder prescindir de él es sin duda a causa de esa doble cualidad. Qué suerte encontrar dentro de un mismo instante un veneno y un remedio, una revelación que nos mata y que nos hace vivir, un tóxico fortificante.
Un cráneo expuesto en una vitrina es ya un desafío; un esqueleto entero, un escándalo. ¿Cómo el pobre transeúnte, aunque sólo le eche una mirada furtiva, se dedicará luego a sus tareas? ¿Y con qué ánimo irá el enamorado a su cita? Con mayor motivo, una observación prolongada de nuestra última metamorfosis no podrá más que disuadir deseos y delirios. ...De ahí que, alejándome de aquel escaparate, no pudiera sino maldecir semejante horror vertical y su sarcástica sonrisa ininterrumpida.
Parecerse a un corredor que se detiene en plena carrera para intentar comprender qué sentido tiene correr. Meditar es un signo de sofoco.
«Lo que es transitorio es dolor; lo que es dolor es no-yo. Lo que es no-yo no es mío, yo no soy ello, ello no soy yo» (Samyutta Nikaya). Lo que es dolor es no yo. Difícil, imposible estar de acuerdo con el budismo sobre este punto, capital sin embargo. El dolor es lo que más somos nosotros mismos, lo más yo. Extraña religión: ve dolor por todas partes y al mismo tiempo lo declara irreal.
Se necesita una inmensa humildad para morir. Lo raro es que todo el mundo la posea.
Toda forma de progreso es una perversión, en el sentido de que el ser es una perversión del no-ser.
La prueba de que un acto generoso es un acto contra natura, es que suscita unas veces inmediatamente, otras meses o años después, un malestar que no nos atrevemos a confesar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
En aquel funeral no se hablaba más que de sombra y de sueño y de polvo que vuelve al polvo. Luego, sin transición, se prometió al muerto alegría eterna, etc., etc. Tanta inconsecuencia me exasperó y me hizo abandonar tanto al pope como al difunto. Ya en la calle, no pude dejar de pensar que no era yo el más indicado para protestar contra quienes se contradicen tan ostensiblemente.
Se insiste sobre las enfermedades de la voluntad y se olvida que la voluntad como tal es sospechosa, y que no es normal desear.
El padecimiento que supone cada nueva estación... La naturaleza cambia y se renueva únicamente para golpearnos.
¿Para qué sirve nuestro cuerpo sino para hacernos comprender lo que la palabra torturador significa?
Este transeúnte, ¿qué busca, por qué vive? ¿Y ese niño, y su madre, y ese viejo? Todo el mundo me exasperó durante aquel maldito paseo. Al final entré en una carnicería donde había colgada más o menos la mitad de una vaca. Ante semejante espectáculo estuve a punto de sufrir una crisis de llanto.
Siempre hay alguien por encima de uno: más allá del propio Dios se eleva la Nada.
¿Qué son los atormentados sino mártires agriados por ignorar en nombre de quién inmolarse?
En todas las épocas de la existencia descubrimos que la vida es un error. Sin embargó, a los quince años se trata de una revelación en la que entra un estremecimiento de terror y una pizca de magia. Con el tiempo, esa revelación, degenerada, se convierte en una perogrullada, y es así como echamos de menos la época en que era fuente de sorpresas. En la primavera de 1937, paseando por el parque del hospital psiquiátrico de Sibiu, en Transilvania, fui abordado por un «huésped». Intercambiamos algunas palabras y luego le dije: «Se está bien aquí». -«Es cierto. Merece la pena estar loco», me respondió. «Pero está usted, a pesar de todo, en una especie de prisión.» -«Si usted quiere, pero aquí se vive sin la menor preocupación. Además, la guerra se acerca, usted lo sabe tan bien como yo, y este lugar es seguro. No se nos moviliza y no se bombardea un manicomio. Si yo fuera usted, me haría internar inmediatamente.» Turbado y maravillado, le dejé e intenté informarme sobre él. Se me aseguró que estaba realmente loco. Loco o no, nunca nadie me ha dado un consejo más razonable.
Dejar de existir no significa nada, no puede significar nada. ¿Para qué ocuparse de lo que sobrevive a una irrealidad, de una apariencia que sucede a otra apariencia? La muerte no es efectivamente nada, o todo lo más un simulacro de misterio, como la propia vida. Propaganda antimetafísica de los cementerios...
Si se me pidiese que resumiera lo más brevemente posible mi visión de las cosas, que la redujese a su mínima expresión, en lugar de palabras escribiría un signo de exclamación un ! definitivo.
Asombrosa falta de necesidad: la Vida, improvisación, fantasía de la materia, química efímera...
A un viejo amigo que me anuncia su decisión de acabar con su vida, le respondo que no hay que darse demasiada prisa, que la última parte del juego no carece totalmente de atractivo, que puede uno avenirse hasta con lo Intolerable, a condición de no olvidar jamás que todo es bluff, bluff generador de suplicios...
Sólo la planta se acerca a la «sabiduría»; el animal es incapaz de alcanzarla. En cuanto al hombre... La Naturaleza debería haberse limitado al vegetal, en lugar de descalificarse por gusto de lo insólito.
Nada comparable a la emergencia del hastío en el momento de despertarse. Ella nos hace remontar miles de millones de años hacia atrás, hasta los primeros signos, hasta los pródromos del ser, de hecho hasta el comienzo mismo del hastío.
Lo maravilloso de esta vida es que cada día nos aporta una nueva razón de desaparecer.
La existencia podría justificarse si todo el mundo se comportase como si fuese el último ser vivo.
Habría que estar tan poco al corriente de todo como un ángel o un subnormal para creer que la calaverada humana puede acabar bien.
Sobre un planeta gangrenado deberíamos abstenernos de hacer proyectos, pero seguimos haciéndolos, dado que el optimismo es, como se sabe, un tic de agonizante.
Mientras quede un solo dios de pie la tarea del hombre no se habrá acabado.
Después de todo, yo tampoco he perdido el tiempo, yo también me he zangoloteado como todo hijo de vecino en este universo descabellado.
-Usted dijo alguna vez que sólo se suicidan los optimistas... -Lo dije ante mi imposibilidad de superar la dialéctica que es la forma más elemental del pensamiento, la infancia de la reflexión. De esta manera, si nada valoramos de la vida, ¿qué podríamos valorar de la muerte?
El tedio es una forma de ansiedad, pero de una ansiedad depurada de miedo. Cuando nos aburrimos no tememos, en efecto, nada, salvo el aburrimiento mismo.
Tras tantos años, tras toda una vida, volví a verla. «¿Por qué lloras?», le pregunté de entrada. «No lloro», me respondió. Y en efecto no lloraba, me sonreía, pero habiendo la edad deformado sus rasgos la alegría no podía ya acceder a su rostro, en el que se hubiera podido leer: «Quien no muera joven, se arrepentirá tarde o temprano».
Aunque aparecidos tardíamente, seremos envidiados por nuestros inmediatos sucesores, y aún más por nuestros sucesores lejanos. Para ellos seremos privilegiados, y con razón, pues más nos vale estar lo más lejos posible del futuro.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

No hay que temer a la muerte


"Cuando yo ya no esté, no habrá más rosas, cipreses,labios rojos ni vino perfumado. No habrá más albas ni crepúsculos,alegrías ni penas.El universo no existirá,pues su realidad depende de nuestro pensamiento."

"No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento. ¿Qué es la vida?. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré de devolver con indiferencia. "
Omar Khayyám (1048-1131 

La muerte es parte de la vida. Todo lo vivo termina por morir; es algo de lo que la segunda ley de la termodinámica se encarga: el orden es costoso de mantener, y más tarde que pronto, las estructuras complejas pierden la batalla frente al constante aumento de entropía que el universo determina.

Para el hombre, como para el resto de seres vivientes; la muerte es simplemente eso: ese momento en que se pierden las cualidades conseguidas momentáneamente por una alta complejidad estructural en la materia. Pero el hombre no es un animal más. Nuestra capacidad de raciocinio nos permite comprender y prever nuestra muerte segura. Y esa certeza, causa normalmente temor: temor a perder la vida, o; más concretamente, temor a dejar de ser y de sentir, terror a cesar de existir como un ser consciente.

Sin embargo no deberíamos sentir ese temor, porque, de hecho, "morimoscada noche. Cada noche vamos a la cama, y literalmente, dejamos de ser o existir. Cuando dormimos, pasamos por diversas fases del sueño. En la etapa 4ª (Sueño Delta), el cerebro casi se desconecta por completo: las ondas cerebrales son amplias y lentas, y no se sueña. Durante los 20 minutos aproximadamente que dura esta fase del sueño, nuestro mundo realmente deja de existir, y nosotros con él. Durante 20 minutos, experimentamos cada noche algo muy similar a lo que será nuestra muerte.

Y no es tan malo, ¿verdad? ¿Acaso alguien tiene alguna pega para esos 20 minutos donde no se experimenta sufrimiento, ni necesidad, ni deseo, ni nada? ¿No es incluso apetecible esa falta de ser, a la continua lucha consciente por satisfacer extrañas necesidades sinsentido (porque, no me negaréis que no es extraño que nos pasemos media vida buscando y luchando por conseguir otra persona(o personas) con un hueco -o protuberancia-, donde meter -o que nos metan- un trozo de carne, para luego escupir -o que nos escupan- dentro un jugo viscoso. Es estúpido y absurdo que tengamos que sufrir por conseguir semejante mamarrachada xDD)?

Y no debemos dejarnos engañar por el vehemente deseo de vivir que todos llevamos programado evolutivamente en nuestro cerebro. La muerte no es tan mala.

De todas formas, no nos llevemos las manos a la cabeza: no estoy defendiendo para nada el suicidio. Al contrario, estoy intentando hacer ver que la futura muerte que nos espera no es algo a lo que temer, sino algo que nos liberará del sufrimiento terrenal. Comprender que la muerte es cierta, pero que no es necesariamente mala o negativa, sino algo parecido a un justo descanso, que nos espera tras nuestro paso por este mundo, el cual que es realmente terrorífico.

De hecho, si hay que elegir entre el ser consciente, donde una parte muy considerable del tiempo estamos sufriendo por muy diversas causas (aunque casi siempre relacionadas con la propia supervivencia y la reproducción), y la no existencia, donde ni siquiera existe el mundo, porque como dice Omar Khayyám en la cita que colocado al principio de este artículo: "Cuando yo ya no esté, el universo no existirá,pues su realidad depende de nuestro pensamiento".

De hecho:
Durante 13500 millones de años el universo no existió, hasta que hace 35 años vine al mundo. Durante todo ese tiempo no hubo sufrimientos ni padecimientos; hasta que aparecí en la existencia. Y cuando yo me vaya, estoy seguro de que todo el dolor se irá conmigo. Y si alguien me dice que antes de mi existencia ya había dolor; yo le replico que quizás lo hubiese, pero que yo no lo percibía, por lo que a mí respecta, es como si no existiera: y lo mismo ocurrirá cuando muera. 

No hay que temer a la muerte, no; sino abrazarla como la liberadora que es. Tampoco hay que buscarla, porque ella llegará por sus propios medios y, además; qué importancia tiene aguantar 60 ó 70 años de este extraño devenir que es la vida. Como defendía Albert Camus: El conocimiento de este esperado destino final nos debe ayudar a disfrutar del sinsentido, aún mientras sufrimos. También viene a la palestra, como tantas veces, las acertadas citas del maestro de Danzig. Como Schopenhauer dijo: "Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada.(Schopenhauer; Parerga y paralipomena, 1851)".

Y es que, sin seres conscientes, quizás podría existir el dolor, pero no podría existir la conciencia del dolor. Y ese es, en mi opinión, el gran mal del universo: la posibilidad de la conciencia. De hecho, hemos visto que sin un pensamiento consciente, el universo ni siquiera podría existir tal y como un ser consciente lo percibe: y eso sería maravilloso

A modo de resumen:

No temáis el retorno a la nada que es el morir. Al contrario, hay que esperar a la muerte con ansias y; a poder ser, intentar que la transición sea rápida e indolora. 

Nada nos perdemos con nuestra muerte, puesto que con nosotros muere la existencia; pero sí que ganamos mucho, puesto que la no existencia (la verdadera nada existencial) impide cualquier tipo de sufrimiento, tedio o dolor. 

Porque de hecho, todas las noches "morimos" durante 20 minutos, y no creo que exista mejor momento en nuestros días que esos minutos de paz absoluta y descanso completo; ni necesidades ni padecimientos; ni deseos ni frustraciones: nada.

Algún día de nuestra vida, esos 20 minutos serán perfectos y durarán por toda la eternidad: ese es el verdadero paraíso que a todos nos espera.

Un abrazo.

martes, 28 de octubre de 2014

Selección de poemas de Omar Khayyám (Omar Jayam)


Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishaburí (en persaغیاث الدین ابو الفتح عمر بن ابراهیم خیام نیشاپوریOmar Jayam o Omar Khayyám (c. 18 de mayo de 1048 — c. 4 de diciembre de 1131) fue un matemático, astrónomo y poeta persa, nacido en Nishapur, la entonces capital selyúcida de Jorasán (actual Irán). Su nombre suele encontrarse también escrito de acuerdo con la transcripción inglesaKhayyam.


Se requiere una gran erudición para cubrir un campo de conocimientos tan vasto como el abarcado por Omar Jayam y para lograr la calidad de la sabiduría que nos trasmite, también en su poesía, que ha requerido siglos para empezar a ser debidamente valorada, al desarrollar la humanidad una cultura más ajustada al universo natural, y menos limitada por las creencias en que se debió apoyar en su proceso de evolución.

A continuación, os voy a copiar una selección personal de parte de las magníficas poesías de este gran sabio. Poesías de una calidad y profundidad asombrosas:
Olvida que no alcanzaste la recompensa que acaso merecías.
Sé feliz. No te quejes.
No esperes nada.
Lo que ha de sucederte escrito está en el Libro
que, a su capricho, hojea el viento de la Eternidad.
*
Amigo ¿en qué meditas? ¿En tus antepasados?
Polvo en el polvo. ¿En sus méritos?
Sonríe… Toma este cántaro y bebamos
escuchando serenamente el silencio del cosmos.
*
Porque esta vida no es-como probaros espero-,Mas que un difuso tablero de complicado ajedrez.Los cuadros blancos: los días los cuadros negros: las noches...Y ante el tablero, el destino acciona allí con los hombres,como con piezas que mueven a su capricho sin orden...Y uno tras otro al estuche van. De la nada sin nombre.
*
Me pregunto qué poseo verdaderamente.Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte.Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan,cenizas que el viento dispersa: un hombre ha vivido.
*
El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.Toda la ciencia de los hombres: palabras.Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas:sombras.El resultado de tu meditación perpetua: nada
 *
Cuando yo ya no esté, no habrá más rosas, cipreses,labios rojos ni vino perfumado. No habrá más albas ni crepúsculos,alegrías ni penas.El universo no existirá,pues su realidad depende de nuestro pensamiento.
 *
He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno, a la caja de la nada.
 *

 Este es sin duda mi poema favorito de este autor:


VIII. ¿Y después?



Que a esta vida la has vivido

piensa, como lo has querido:
           ¿Y después?

Imagínate, confiado,
que tu hora última ha llegado:
           ¿Y después?

Que cien años transcurrieron
y tu plena dicha vieron,
sin pesares, sin enojos,
y al colmo de tus antojos:
           ¿Y después?

Pídele a tu fantasía
cien años más todavía:
Los dioses que todo pueden
cien años más te conceden...
           ¿Y... después?

 *
VI. Nada



Has recorrido el mundo palmo a palmo

y todo aquello que en el mundo viste,
            es nada, nada;

Has sentido pasar como un ensalmo
músicas y palabras: cuanto oíste,
            es nada, nada;

Al Universo todo lo has medido,
y el Universo en su infinita anchura
             es nada, nada;

Por fin en el rincón te has escondido
de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura?
             ¡Nada, nada, nada!

*
7. Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
y los ojos abrí con sorpresa infinita,
partiré después de reposarme un tiempo
sin saber la razón de mi entrada y salida. 
*
26. Confórmate con saber, únicamente, que todo es misterio; la creación
del mundo y la tuya, el destino del universo y tu suerte. Sonríe ante
estos enigmas como ante un peligro que desdeñaras. No creas que
lograrás saber algo al franquear el umbral de las tinieblas. ¡Paz a
los hombres en el negro silencio del más allá! 

* 
33. La vida es un juego monótono en el que sólo puedes ganar dos cosas:
el dolor y la muerte. ¡Dichoso aquél que expiró el mismo día de su
nacimiento! ¡Y más dichoso aún el que no ha nacido! 
*
69. No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso
al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento.
¿Qué es la vida?. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré
de volver con indiferencia. 
*
32. Llegado a este Universo el porqué ignorando
y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre,
salgo de él como el viento que el desierto cruzando,
sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando.

Estos son mis poemas favoritos. Puedes leer más poemas de Omar Khayyám en este enlace: http://www.amediavoz.com/khayyam.htm

¡Un saludo!