viernes, 3 de noviembre de 2017

¿Estamos solos en el Universo? Opinión de Max Tegmark

"Despite popular belief to the contrary, it’s quite plausible that we’re the only life form capable of making our observable Universe come alive in the future." (Max Tegmark)


Según un estudio reciente de la PNAS, parece ser que hay un planeta potencialmente habitable como la Tierra orbitando alrededor de al menos un 1% del total de estrellas del universo: esto es, un total de 100 millones de billones de planetas habitables parecidos a la Tierra. En otras palabras: hay 100 planetas análogos a la Tierra por cada grano de arena en nuestras playas -piensa en ello la próxima vez que estés en una ;). Y sin embargo...no hay ni rastro de señales de inteligencia extraterrestre por ninguna parte.

Piensa en ello: el SETI (Search for Extraterrestial Intelligence, o Búsqueda de inteligencia extraterrestre) es una organización dedicada exclusivamente a prestar atención a las señales de vida inteligente. Pues bien, si como muchos afirman hay 100.000 o más civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia, e incluso si solo una fracción de ellas está enviando ondas de radio, rayos láser u otros modos de transmisión, ¿no debería esta colección de satélites del SETI haber captado en sus más de 30 años de funcionamiento todo tipo de señales? Pero no lo ha hecho. Ni una. Nunca. ¿Dónde está todo el mundo?

A este asombroso hecho se le conoce como la paradoja de Fermi, y según menciona el cosmólogo Max Tegmark en su último libro "Life 3.0: Being Human in the Age of Artificial Intelligence", esto podría ser una clara señal de que a pesar de todo el mencionado potencial de habitabilidad cósmica, podría ser que finalmente fuésemos los únicos seres inteligentes que pueblan el Universo.

Y no es que Max Tegmark niegue la posibilidad o la probabilidad de que exista vida ahí fuera, sino de que dicha vida haya logrado avanzar y evolucionar lo suficiente como para lograr un nivel de inteligencia adecuado para generar la ciencia y la tecnología necesarias para comenzar a utilizar para fines útiles los procesos electromagnéticos. Por lo tanto, el ser humano bien podría ser el único sistema vivo con la suficiente inteligencia como para poder transmitir radiológicamente al espacio, lo cual es un indicativo de que podemos ser el único ente consciente del Universo. Y es que, puesto que el razonamiento superior, la consciencia y las capacidades tecnológicas van tan de la mano, es difícil creer que existan muchos seres conscientes ahí fuera pero que luego no lleguen a dominar nunca estas técnicas que al Homo sapiens sapiens le llevo unos pocos milenios descubrir.

Y merece la pena insistir una vez más en que no se basa exclusivamente la paradoja de Fermi en el hecho de que no hayamos hasta ahora logrado un encuentro directo físico con una nave alienígena tipo película de Hollywood, sino de que no hemos recibido ni siquiera una sola señal electromagnética del espacio exterior que de cuenta de procesos complejos no explicables por fenómenos inertes. Como ya hemos comentado, el observatorio SETI de la NASA, por ejemplo; lleva recogiendo y procesando señales desde hace muchas décadas, y no se ha hallado absolutamente nada. Bien parece que la inteligencia en el Universo sea un evento extremadamente raro (incluso único).

Max Tegmark, de hecho va más allá y pone números al asunto. Descarta mediante hechos físicos Universales como son el límite de la velocidad de la luz, las ENORMES distancias espaciales implicadas, y la exponencial resistencia que un cuerpo opone en relación directa a su masa para aumentar su velocidad (acelerar) cualquier posibilidad de que existan civilizaciones capaces de lograr viajes galácticos (ni siquiera estelares); y se basa pues en la posibilidad más evidente: que el contacto entre civilizaciones, de llegar a existir, se produzca gracias a transmisiones electromagnéticas viajando a la velocidad de la luz. Pero a raíz de que ni siquiera este tipo de comunicaciones hayan llegado a ocurrir realiza la siguiente estimación:

Normalmente, dice el cosmólogo, la gente cree en la existencia de otras formas de vida inteligente basados en la estadística. Ya hemos comentado que se estima que existen 100 millones de billones de planetas similares a la Tierra en el Universo: ¿cómo no va a haber vida inteligente en ninguno de ellos? Pues bien, resulta que este argumento depende de un valor empírico que no se suele tener en cuenta: la distancia media o típica entre una civilización inteligente y su vecina más próxima.


Imaginemos que esta figura representa la historia cósmica acontecida desde el Big Bang, donde podemos ver como diferentes civilizaciones llegan a aparecer en distintos momentos (punto inferior de cada cono), y cómo tales civilizaciones han podido extenderse en el tiempo por el espacio al 50% de la velocidad de la luz (cono más opaco) y al 100% de la velocidad de la luz (cono más traslucido). Pues bien, la distancia típica a la que nos referíamos antes es precisamente la distancia media a la que se encontrarían todo ese conjunto de hipotéticos entes inteligentes (puntos en la figura) que, a parte de nosotros, poblarían el Universo.

Indudablemente nuestra aparición en el mundo no tiene ningún atributo no explicable mediante leyes físicas, y por lo tanto es de perogrullo que el mismo proceso se podría repetir, quizás con leves variaciones, en otros planetas; pero recalquemos que la cuestión de fondo es: ¿cómo de probable es el hecho de que surja en el cosmos una estructura inteligente? Dependiendo de esa probabilidad, la distancia media entre vecinos racionales será una u otra (y viceversa, esta distancia típica es un buen indicativo de lo probable que es el origen de la vida inteligente). Poniendo números podría ser que la distancia media (la distancia entre puntos en la figura de arriba) sea del orden de 10^20 metros (un uno seguido de 20 ceros), o podría ser del orden de 10^21, 22, 23,...,100, 101, etc.

Pues bien, si la distancia que suele separar una civilización de otra resulta ser mayor de 20.000 millones de años luz (y teniendo en cuenta que la región del espacio desde la cual la luz ha podido llegarnos hasta el momento desde el Big Bang es de 13.800 millones de años), se podría decir que la probabilidad de que estemos solos en la parte visible del Universo es inmensa. Por otra parte, tenemos el hecho de que hasta el momento no se ha recibido ninguna evidencia alienígena a pesar de nuestra insistencia durante décadas en el SETI, lo cual ha conseguido reducir el rango medio en el que pueden existir seres tecnológicos a una distancia de entre 10^21 (el borde de nuestra Galaxia) y 10^26 (el borde del Universo observable).

Y es que si la distancia típica fuese menor a 10^21 metros (lo cual supone que habría en nuestra Galaxia muchos otros seres inteligentes), inevitablemente ya habríamos recibido comunicaciones intencionadas (o por error) de alguno de todos esos seres. Pero como evidentemente no es así, es bastante atinado afirmar que la distancia media esperable entre civilizaciones es mayor que estos supuestos 10^21 metros (en realidad bastante mayor); lo que indica que como poco es casi una certeza que estamos solos en la Vía Láctea. Pero resulta que además la cota que este hecho nos deja para la separación media de vecinos inteligentes es muy estrecha. Es decir, que si en los primeros 21 órdenes de magnitud no se ha encontrado nada de nada, es complicado que en los 5 órdenes de magnitud que restan hasta el borde del Universo visible la cosa sea muy distinta: es decir; que bien podría ser el caso de que realmente el origen de una consciencia tecnológica sea un fenómeno tan raro (y deba pasar tantos filtros improbables), que realmente estemos solos (o MUY poco acompañados) en todo el Universo visible (esos 10^26 metros).

Para más inri, incluso si finalmente hay vida inteligente (o incluso si es abundante) más allá de esos 10^26 metros, resulta que estarán para siempre fuera de nuestro alcance comunicativo (debido al limite establecido por la velocidad de la luz), lo cual hace que a efectos prácticos podamos afirmar hoy por hoy que la probabilidad de que seamos los únicos seres sintientes en todo el cosmos (observable) es bastante alta y para nada descartable (a pesar de esos 100 millones de billones de planetas habitables).

Como señala Max Tegmark, si finalmente no hacemos nada al respecto y algún cataclismo natural acaba terminando con la existencia completa de nuestra especie (como le ocurrió por ejemplo a los dinosaurios), quizás la conciencia en todo el Universo desaparezca con nosotros, y quién sabe si dada su improbabilidad lo haga para siempre.

martes, 31 de octubre de 2017

Life 3.0 (Max Tegmark)

"The ultimate origin of goal-oriented behavior lies in the laws of physics, which involve optimization." (Max Tegmark)


Sorprendente y brillante el último libro de Max TegmarkLife 3.0: Being Human in the Age of Artificial Intelligence. Mientras lo leía no paraba de tomar notas para escribir futuras entradas en este blog, pero primero voy a introducir en este artículo lo que son los resúmenes que el propio autor realiza al finalizar cada capítulo de su obra. Creo que estos esquemas os pueden dar una idea de la calidad del trabajo, y quizás os puedan llevar a leer el libro completo, cosa que recomiendo con mucho ahínco. Especialmente interesante me ha parecido el capítulo 7, donde por cierto se menciona el trascendente trabajo del físico Jeremy England respecto al origen de la vida.

Chapter 1. Welcome to the Most Important Conversation of Our Time.

• Life, defined as a process that can retain its complexity and replicate, can develop through three stages: a biological stage (1.0), where its hardware and software are evolved, a cultural stage (2.0), where it can design its software (through learning) and a technological stage (3.0), where it can design its hardware as well, becoming the master of its own destiny.

• Artificial intelligence may enable us to launch Life 3.0 this century, and a fascinating conversation has sprung up regarding what future we should aim for and how this can be accomplished. There are three main camps in the controversy: techno-skeptics, digital utopians and the beneficial-AI movement.

• Techno-skeptics view building superhuman AGI as so hard that it won’t happen for hundreds of years, making it silly to worry about it (and Life 3.0) now.

• Digital utopians view it as likely this century and wholeheartedly welcome Life 3.0, viewing it as the natural and desirable next step in the cosmic evolution.

• The beneficial-AI movement also views it as likely this century, but views a good outcome not as guaranteed, but as something that needs to be ensured by hard work in the form of AI-safety research.

• Beyond such legitimate controversies where world-leading experts disagree, there are also boring pseudo-controversies caused by misunderstandings. For example, never waste time arguing about “life,” “intelligence,” or “consciousness” before ensuring that you and your protagonist are using these words to mean the same thing! This book uses the definitions in table 1.1.

• Also beware the common misconceptions in figure 1.5: “Superintelligence by 2100 is inevitable/impossible.” “Only Luddites worry about AI.” “The concern is about AI turning evil and/or conscious, and it’s just years away.” “Robots are the main concern.” “AI can’t control humans and can’t have goals.”

• In chapters 2 through 6, we’ll explore the story of intelligence from its humble beginning billions of years ago to possible cosmic futures billions of years from now. We’ll first investigate near-term challenges such as jobs, AI weapons and the quest for human-level AGI, then explore possibilities for a fascinating spectrum of possible futures with intelligent machines and/or humans. I wonder which options you’ll prefer!

• In chapters 7 through 9, we’ll switch from cold factual descriptions to an exploration of goals, consciousness and meaning, and investigate what we can do right now to help create the future we want.

• I view this conversation about the future of life with AI as the most important one of our time—please join it!

Chapter 2. Matter Turns Intelligent.

• Intelligence, defined as ability to accomplish complex goals, can’t be measured by a single IQ, only by an ability spectrum across all goals.

• Today’s artificial intelligence tends to be narrow, with each system able to accomplish only very specific goals, while human intelligence is remarkably broad.

• Memory, computation, learning and intelligence have an abstract, intangible and ethereal feel to them because they’re substrate-independent: able to take on a life of their own that doesn’t depend on or reflect the details of their underlying material substrate.

• Any chunk of matter can be the substrate for memory as long as it has many different stable states.
• Any matter can be computronium, the substrate for computation, as long as it contains certain universal building blocks that can be combined to implement any function. NAND gates and neurons are two important examples of such universal “computational atoms.”

• A neural network is a powerful substrate for learning because, simply by obeying the laws of physics, it can rearrange itself to get better and better at implementing desired computations.

• Because of the striking simplicity of the laws of physics, we humans only care about a tiny fraction of all imaginable computational problems, and neural networks tend to be remarkably good at solving precisely this tiny fraction.

• Once technology gets twice as powerful, it can often be used to design and build technology that’s twice as powerful in turn, triggering repeated capability doubling in the spirit of Moore’s law. The cost of information technology has now halved roughly every two years for about a century, enabling the information age.

• If AI progress continues, then long before AI reaches human level for all skills, it will give us fascinating opportunities and challenges involving issues such as bugs, laws, weapons and jobs—which we’ll explore in the next chapter.

Chapter 3. The Near Future: Breakthroughs, Bugs, Laws, Weapons and Jobs.

• Near-term AI progress has the potential to greatly improve our lives in myriad ways, from making our personal lives, power grids and financial markets more efficient to saving lives with self-driving cars, surgical bots and AI diagnosis systems.

• When we allow real-world systems to be controlled by AI, it’s crucial that we learn to make AI more robust, doing what we want it to do. This boils down to solving tough technical problems related to verification, validation, security and control.

• This need for improved robustness is particularly pressing for AI-controlled weapon systems, where the stakes can be huge.

• Many leading AI researchers and roboticists have called for an international treaty banning certain kinds of autonomous weapons, to avoid an out-of-control arms race that could end up making convenient assassination machines available to everybody with a full wallet and an axe to grind.

• AI can make our legal systems more fair and efficient if we can figure out how to make robojudges transparent and unbiased.

• Our laws need rapid updating to keep up with AI, which poses tough legal questions involving privacy, liability and regulation.

• Long before we need to worry about intelligent machines replacing us altogether, they may increasingly replace us on the job market.

• This need not be a bad thing, as long as society redistributes a fraction of the AI-created wealth to make everyone better off.

• Otherwise, many economists argue, inequality will greatly increase.

• With advance planning, a low-employment society should be able to flourish not only financially, with people getting their sense of purpose from activities other than jobs.

• Career advice for today’s kids: Go into professions that machines are bad at—those involving people, unpredictability and creativity.

• There’s a non-negligible possibility that AGI progress will proceed to human levels and beyond—we’ll explore that in the next chapter!

Chapter 4. Intelligence Explosion?

• If we one day succeed in building human-level AGI, this may trigger an intelligence explosion, leaving us far behind.

• If a group of humans manage to control an intelligence explosion, they may be able to take over the world in a matter of years.

• If humans fail to control an intelligence explosion, the AI itself may take over the world even faster.

• Whereas a rapid intelligence explosion is likely to lead to a single world power, a slow one dragging on for years or decades may be more likely to lead to a multipolar scenario with a balance of power between a large number of rather independent entities.

• The history of life shows it self-organizing into an ever more complex hierarchy shaped by collaboration, competition and control. Superintelligence is likely to enable coordination on ever-larger cosmic scales, but it’s unclear whether it will ultimately lead to more totalitarian top-down control or more individual empowerment.

• Cyborgs and uploads are plausible, but arguably not the fastest route to advanced machine intelligence.

• The climax of our current race toward AI may be either the best or the worst thing ever to happen to humanity, with a fascinating spectrum of possible outcomes that we’ll explore in the next chapter.

• We need to start thinking hard about which outcome we prefer and how to steer in that direction, because if we don’t know what we want, we’re unlikely to get it.

Chapter 5. Aftermath: The Next 10,000 Years.

• The current race toward AGI can end in a fascinatingly broad range of aftermath scenarios for upcoming millennia.

• Superintelligence can peacefully coexist with humans either because it’s forced to (enslaved-god scenario) or because it’s “friendly AI” that wants to (libertarian-utopia, protector-god, benevolent-dictator and zookeeper scenarios).

• Superintelligence can be prevented by an AI (gatekeeper scenario) or by humans (1984 scenario), by deliberately forgetting the technology (reversion scenario) or by lack of incentives to build it (egalitarian-utopia scenario).

• Humanity can go extinct and get replaced by AIs (conqueror and descendant scenarios) or by nothing (self-destruction scenario).

• There’s absolutely no consensus on which, if any, of these scenarios are desirable, and all involve objectionable elements. This makes it all the more important to continue and deepen the conversation around our future goals, so that we don’t inadvertently drift or steer in an unfortunate direction.

Chapter 6. Our Cosmic Endowment: The Next Billion Years and Beyond.

• Compared to cosmic timescales of billions of years, an intelligence explosion is a sudden event where technology rapidly plateaus at a level limited only by the laws of physics.

• This technological plateau is vastly higher than today’s technology, allowing a given amount of matter to generate about ten billion times more energy (using sphalerons or black holes), store 12–18 orders of magnitude more information or compute 31–41 orders of magnitude faster—or to be converted to any other desired form of matter.

• Superintelligent life would not only make such dramatically more efficient use of its existing resources, but would also be able to grow today’s biosphere by about 32 orders of magnitude by acquiring more resources through cosmic settlement at near light speed.

• Dark energy limits the cosmic expansion of superintelligent life and also protects it from distant expanding death bubbles or hostile civilizations. The threat of dark energy tearing cosmic civilizations apart motivates massive cosmic engineering projects, including wormhole construction if this turns out to be feasible.

• The main commodity shared or traded across cosmic distances is likely to be information.

• Barring wormholes, the light-speed limit on communication poses severe challenges for coordination and control across a cosmic civilization. A distant central hub may incentivize its superintelligent “nodes” to cooperate either through rewards or through threats, say by deploying a local guard AI programmed to destroy the node by setting off a supernova or quasar unless the rules are obeyed.

• The collision of two expanding civilizations may result in assimilation, cooperation or war, where the latter is arguably less likely than it is between today’s civilizations.

• Despite popular belief to the contrary, it’s quite plausible that we’re the only life form capable of making our observable Universe come alive in the future.

• If we don’t improve our technology, the question isn’t whether humanity will go extinct, but merely how: will an asteroid, a supervolcano, the burning heat of the aging Sun or some other calamity get us first?

• If we do keep improving our technology with enough care, foresight and planning to avoid pitfalls, life has the potential to flourish on Earth and far beyond for many billions of years, beyond the wildest dreams of our ancestors.

Chapter 7. Goals.

• The ultimate origin of goal-oriented behavior lies in the laws of physics, which involve optimization.

• Thermodynamics has the built-in goal of dissipation: to increase a measure of messiness that’s called entropy.

• Life is a phenomenon that can help dissipate (increase overall messiness) even faster by retaining or growing its complexity and replicating while increasing the messiness of its environment.

• Darwinian evolution shifts the goal-oriented behavior from dissipation to replication.

• Intelligence is the ability to accomplish complex goals.

• Since we humans don’t always have the resources to figure out the truly optimal replication strategy, we’ve evolved useful rules of thumb that guide our decisions: feelings such as hunger, thirst, pain, lust and compassion.

• We therefore no longer have a simple goal such as replication; when our feelings conflict with the goal of our genes, we obey our feelings, as by using birth control.

• We’re building increasingly intelligent machines to help us accomplish our goals. Insofar as we build such machines to exhibit goal-oriented behavior, we strive to align the machine goals with ours.

• Aligning machine goals with our own involves three unsolved problems: making machines learn them, adopt them and retain them.

• AI can be created to have virtually any goal, but almost any sufficiently ambitious goal can lead to subgoals of self-preservation, resource acquisition and curiosity to understand the world better—the former two may potentially lead a superintelligent AI to cause problems for humans, and the latter may prevent it from retaining the goals we give it.

• Although many broad ethical principles are agreed upon by most humans, it’s unclear how to apply them to other entities, such as non-human animals and future AIs.

• It’s unclear how to imbue a superintelligent AI with an ultimate goal that neither is undefined nor leads to the elimination of humanity, making it timely to rekindle research on some of the thorniest issues in philosophy!

Chapter 8. Consciousness.

• There’s no undisputed definition of “consciousness.” I use the broad and non-anthropocentric definition consciousness = subjective experience.

• Whether AIs are conscious in that sense is what matters for the thorniest ethical and philosophical problems posed by the rise of AI: Can AIs suffer? Should they have rights? Is uploading a subjective suicide? Could a future cosmos teeming with AIs be the ultimate zombie apocalypse?

• The problem of understanding intelligence shouldn’t be conflated with three separate problems of consciousness: the “pretty hard problem” of predicting which physical systems are conscious, the “even harder problem” of predicting qualia, and the “really hard problem” of why anything at all is conscious.

• The “pretty hard problem” of consciousness is scientific, since a theory that predicts which of your brain processes are conscious is experimentally testable and falsifiable, while it’s currently unclear how science could fully resolve the two harder problems.

• Neuroscience experiments suggest that many behaviors and brain regions are unconscious, with much of our conscious experience representing an after-the-fact summary of vastly larger amounts of unconscious information.

• Generalizing consciousness predictions from brains to machines requires a theory. Consciousness appears to require not a particular kind of particle or field, but a particular kind of information processing that’s fairly autonomous and integrated, so that the whole system is rather autonomous but its parts aren’t.

• Consciousness might feel so non-physical because it’s doubly substrate-independent: if consciousness is the way information feels when being processed in certain complex ways, then it’s merely the structure of the information processing that matters, not the structure of the matter doing the information processing.

• If artificial consciousness is possible, then the space of possible AI experiences is likely to be huge compared to what we humans can experience, spanning a vast spectrum of qualia and timescales—all sharing a feeling of having free will.

• Since there can be no meaning without consciousness, it’s not our Universe giving meaning to conscious beings, but conscious beings giving meaning to our Universe.

• This suggests that as we humans prepare to be humbled by ever smarter machines, we take comfort mainly in being Homo sentiens, not Homo sapiens.

jueves, 19 de octubre de 2017

AlphaGo Zero

Previous versions of AlphaGo initially trained on thousands of human amateur and professional games to learn how to play Go. AlphaGo Zero skips this step and learns to play simply by playing games against itself, starting from completely random play. In doing so, it quickly surpassed human level of play and defeated the previously published champion-defeating version of AlphaGo by 100 games to 0.
If similar techniques can be applied to other structured problems, such as protein folding, reducing energy consumption or searching for revolutionary new materials, the resulting breakthroughs have the potential to positively impact society. 
(Profesor David Silver)



¡Realmente increíble las implicaciones que tiene este descubrimiento de DeepMind! Su modelo neuronal AlphaGo Zero es capaz de aprender SOLO sin necesitar de datos de ningún tipo (ya no necesita siquiera aprender de jugadas de humanos como su versión anterior); simplemente aprende jugando contra sí mismo. Los chicos de Google DeepMind hablan de un entrenamiento de "tabula rasa" mediante un proceso de Reinforce Learning autónomo (auto-sostenido). Este proceso de entrenamiento consiste en partir de una red neuronal profunda (similar a lo que sería un cerebro con sinapsis aleatorias), y mediante una iteración de entrenamiento autónomo mediante ensayo-error y pequeñas mutaciones esa tabula rasa (esa red neuronal con sinapsis aleatorias) poco a poco va ajustando su estructura hasta lograr sin ninguna ayuda algorítmica humana vencer al mejor jugador mundial de Go. Es decir, que a partir de eso que sería el equivalente computacional de neuronas unidas mediante sinapsis aleatorias, este modelo de red neuronal de DeepMind es capaz en pocas semanas de aprender y finalmente emular (y mejorar) la creatividad y la imaginación necesarias para jugar este juego milenario que ha necesitado de millones de años para su implantación cerebral en el hombre.

¡Además esta mejora de AlphaGo Zero supone que el programa ahora es capaz de vencer siempre (al 100%) a su versión predecesora (que ya era ella por cierto capaz de vencer al mejor jugador del mundo)! Es decir, que han conseguido una mejora no ya sobrehumana, sino exponencialmente mejor que su predecesora...¡y además han logrado disminuir (exponencialmente) los requisitos de hardware necesarios para su funcionamiento!



Realmente la IA general está despegando, y todo apunta a que no hace falta más que un modelo neuronal lo suficientemente grande y profundo, suficiente capacidad computacional, y un entrenamiento y modulación similar a la evolución natural.




Implicaciones reales del proyecto sobre el avance hacia una IA general.

Imagina que eres tú el que está jugando a Go: ¿cómo sabes qué movimiento hacer? Recuerda que en el Go la lógica no es fundamental: hay más jugadas disponibles que átomos en el Universo lo que hace que no sea posible racionalizar las jugadas, cosa que convierte en muy importante el proceso de creatividad, imaginación y sobre todo el instinto. De hecho, un gran maestro humano de Go juega  casi exclusivamente guiado por el instinto: mueve donde CREE que es más adecuado, pero NO sabe racionalmente por qué debe mover en cierto lugar concreto en lugar de en cualquier otro (algo que con el ajedrez por ejemplo NO pasa puesto que es mucho más asequible a la planificación racional).

Otro ejemplo: vas por la calle y ves pasar una chica (o un chico) y sientes atracción por ella (o por él): ¿por qué sientes realmente atracción por esa persona? No lo sabes, sólo sabes que sientes atracción por cierto estereotipo de persona y punto. Un ejemplo más: los artistas y su creatividad. Estos trabajos son frutos de ideas que le "salen" de dentro al artista, pero casi siempre de manera instintiva sin saberse bien cómo ni de donde (por eso hablan metafóricamente de la ayuda de su musa, que es en realidad parte de su subconsciente).

El ser humano tiene por lo tanto muchos comportamientos e ideas que son de origen inconscientes e instintivos, los cuales no tienen ni explicación ni soporte racional directo. Y son precisamente este tipo de comportamientos creativos e imaginativos los que DeepMind está logrando de momento simular con mucho éxito; demostrando  por ejemplo que AlphaGo Zero es capaz de adquirir tales habilidades instintivas con una capacidad sobrehumana (y sin soporte algorítmico humano). Se podría decir en cierta manera que; aunque por ahora sólo en el terreno del Go, este modelo neuronal es capaz de actuar con más creatividad, imaginación e instinto que cualquier jugador humano. Y eso es algo muy revelador del futuro que nos espera en IA.

Referencia original: https://deepmind.com/blog/alphago-zero-learning-scratch/

domingo, 15 de octubre de 2017

El misticismo oculto tras la física moderna

"La Matemática no es real, pero «parece real». ¿Dónde está ese lugar?"
(Richard Feynman)


Continuando con el estudio en física moderna que comencé hace ya 3 años, estoy estos días siguiendo una serie de lecturas que el profesor Leonard Susskind hizo para la Universidad de Stanford hablando sobre el modelo estándar de partículas. La lectura es bastante amena y fácil de entender (desde un punto de vista matemático), pero a pesar de esta sencillez el profesor es capaz de transmitir la esencia de la que es actualmente la teoría física más precisa y avanzada de la que disponemos en estos momentos. Podéis acceder a estas 10 charlas desde YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=Igl8hE3Eac0

Sea como fuere, lo que más me ha llamado la atención de este primer paso cualitativo que he dado en avanzar sobre el modelo estándar una vez que ya estudié a fondo (de manera bastante formal) la QED (Quantum Electro Dynamics), es que conforme la teoría cuántica de campos fue desarrollándose el siglo pasado la complejidad fue en aumento a cada paso dado. Finalmente todo parece haber acabado en un teoría repleta de conceptos matemáticos cada vez más alejados de una interpretación física coherente con el mundo macroscópico de nuestro alrededor. 

Y no se trata de que las matemáticas lleguen un momento en que no sean asequibles, al contrario; llega un momento en que se detecta un patrón algebraico muy claro que te facilita entender cada vez mejor todo el conjunto; sino que lo que me parece a mí es que cada vez todo se vuelve más y más abstracto, hasta que parece como si las matemáticas tomaran el mando y la física quedara atrás relegada al papel de contrastar que las probabilidades calculadas por la teoría matemática cuadran con lo observado en el laboratorio (y por cierto que sí que lo hace con bastantes decimales de precisión).

Las descripciones matemáticas, de hecho, llevan tan lejos la teoría como para asegurar la existencia de una infinidad de partículas "virtuales" que interaccionan de manera "oculta" en cada instante con las partículas "reales" observables. Esas partículas virtuales son tan reales como las demás, sólo que no existen el suficiente tiempo como para que la violación de la energía que supone su espontánea aparición ex nihilo sea detectable. Existe de hecho una descripción gráfica que ayuda a intentar visualizar estos sucesos que acontecen durante el proceso de decaimiento, de creación-destrucción, y de interacción (fuerzas) de partículas o entre partículas. Se trata de los diagramas de Feynman:



Cada diagrama de arriba representa una posible forma en la que pueden repelerse dos electrones que se aproximan debido al intercambio de un fotón (a), dos fotones (b) y (c), un fotón que entre medias crea un par partícula/antipartícula que después se aniquila y vuelve a dar un fotón (c), un fotón que se intercambia y otro fotón que se emite y se absorbe independientemente: desde (e) a (j), etc. Los electrones vienen representado por las lineas rectas y los fotones por las líneas ondulantes. Así pues en (a) se puede entender que el evento sucedido es que dos electrones se aproximan hasta que el intercambio de un fotón los "empuja" y aleja uno del otro. Merece la pena mencionar que el caso de (d) es remarcable, puesto que supone un quebradero de cabeza matemático dado que se observa un loop (un bucle de creación destrucción virtual) que de hecho puede repetirse infinitas veces y de distintas maneras. 

El cálculo preciso (exacto) de todo el proceso en la repulsión de dos electrones requiere en sí de hecho de la integración en la probabilidad de todos y cada uno de los diagramas de este estilo que es posible imaginar (que son infinitos). Es decir, que la naturaleza parece que de algún modo es capaz de tener en cuenta para cada evento microscópico acontecido toda esta infinita mezcolanza de posibles eventos "virtuales" y conseguir siempre un coherente resultado probabilista para el devenir del fenómeno, mientras que, por otra parte, este cálculo nosotros sólo podemos realizarlo parcialmente aproximando (cortando arbitrariamente) la complicación permitida en nuestros cómputos (es decir; no teniendo en cuenta diagramas con muchos bucles o situaciones complejas de creación-destrucción, y quedándonos con los pocos diagramas que más aportan a la probabilidad global e ignorando el resto).

En resumen: que dado un evento microscópico cualquiera, lo que las matemáticas nos parecen querer decir es que el Universo se las apaña para tener en cuenta (sumar) la probabilidad de toda la infinidad de posibles circunstancias que podrían llevar a cada resultado final determinado (de manera que se respeten las leyes de conservación de energía, momento, carga, etc.). Es como si el mundo conociera en cada instante cada posible desenlace microscópico dado el estado infinitesimal actual del cosmos, y tuviera en cuenta además todos los infinitos procesos "ocultos o virtuales" que podrían llevar a cada uno de estos desenlaces determinando así la probabilidad para cada uno de ellos. La cuestión evidente que surge es: ¿cómo es capaz del Universo de hacer algo así? (léase también esta otra entrada sobre el asunto).

Nosotros como humanos podemos por ejemplo lanzar dos haces de hadrones entre sí, y aplicando aproximaciones numéricas sobre la teoría matemática que hemos desarrollado, realizar una estimación para la probabilidad de aquellos sucesos permitiros (dado el estado inicial). Podemos hacer este cálculo con mucho esfuerzo, de manera aproximada y estadística, y utilizando una gran cantidad de recursos para estudiar la información anterior y posterior a la colisión. En este sentido cientos de terabytes de información son procesados y almacenados para poder estimar estas probabilidades en el LHC, y el estudio experimental posterior lleva meses hasta poder alcanzar resultados contrastables con lo que la teoría dice.

Sin embargo la Naturaleza de algún modo se las apaña para realizar este tipo de cálculos de manera analítica exacta sin aproximaciones (teniendo en cuenta los infinitos diagramas de Feynman), y además lo hace de manera instantánea e infinitesimal teniendo en cuenta el estado del Universo completo en cada momento. De manera súbita el Universo en sí parece ser capaz de determinar la dinámica de una infinidad de partículas interactuando mediante infinitos procesos "ocultos o virtuales" y sin demora aparente: ¿cómo es posible que el mundo pueda llevar y guiar con tanta exactitud (e instantáneamente) al fenómeno teniendo en cuenta que debe contar con una infinidad de circunstancias diferentes en cada instante?  

Cada vez que tecleo en mi ordenador, por ejemplo; el cosmos se las arregla para calcular instantáneamente la mecánica que deben seguir esos varios cientos de trillones de procesos microscópicos que dan forma al mundo macroscópico de mi alrededor. Cientos de trillones de partículas con conforman las moléculas de mi cuerpo, de mi cerebro, de mi mesa y de mi ordenador se mueven sin fallo alguno al instante siguiendo las leyes naturales; y eso a pesar de que yo sé que cada nanosegundo el Universo en sí ha tenido de algún modo que determinar y "decir" a cada una de todas esas partículas cómo debían o no moverse determinando finalmente el estado final macroscópico de todo.

Es decir; que parece que el mundo puede calcular, computar o sabe prever (según quiera el lector entenderlo) continuamente a partir de cada estado inicial dado (el estado actual), la probabilidad de una infinidad de estados finales diferentes teniendo en cuenta además una infinidad de procesos "ocultos o virtuales" intermedios, y finalmente determinando de algún modo mediante un proceso de decoherencia el estado final macroscópico sacando de entre todas esas probabilidades calculadas el resultado final (eso que a Einstein tan poco le gustaba y que metafóricamente relacionaba como si "Dios" jugase a los dados). Y ocurre además todo infinitesimalmente en cada lugar del espacio-tiempo y teniendo en cuenta la infinita interconexión entre todo lo existente (y lo virtual). Finalmente, y para más inri, lo hace de manera instantánea sin aparente dilación o retardo durante este continuo proceso de cálculo natural.

Y es llegados a este punto cuando me asombra el hecho de cómo la comunidad científica ha logrado ocultar (o ignorar) el descarado misticismo que hay implícito tras toda la física moderna. ¿Cómo podría el cosmos realizar la monumental hazaña de procesar esta infinita computación instantánea si no fuera porque es en sí un ente omnipotente? ¿Y cómo se puede interpretar esta omnipotencia si no es mediante una relación panteísta admitiendo que el Universo es en sí una especie de auto-sostenido Ente todopoderoso?

Pero claro, este misticismo implícito (que por cierto el ya mencionado Albert Einstein defendía) tiene unas implicaciones que no agradan a ciertos grupos de personas que se aferran precisamente a la ciencia para negar cualquier postulado metafísico. Siento decirles que su postura no es legítima, y que, como poco y para no entrar en complicaciones deístas, hay que admitir la existencia de un Ente esencial omnipotente: el propio Universo auto-sostenido (panteísta).

Por lo tanto, y si se le quitamos al concepto de Dios cualquier connotación antropocéntrica o teísta, no cabe duda de que lo que la ciencia física moderna realmente parece favorecer de manera casi ineludible NO es el concepto ateísta de que no hay Dios; sino por contra la afirmación de que existe algo muy parecido a este ente Superior idealizado: nuestra propia realidad y todo lo contenido en ella (algo que no puedo evitar mencionar que cuadra muy bien con la cosmovisión de ciertos filósofos como es el caso de la propuesta de Spinoza o de Philipp Mainländer entre muchos otros) .

sábado, 7 de octubre de 2017

Nuestro legado entrópico

"This is how humankind contributes to the rise of en-
tropy in the Universe: We consume organized energy in the form of
structured foodstuffs, and we radiate away as body heat an equivalent
energy in the form of highly disorganized infrared photons. We, too,
are dissipative structures-highly evolved dissipators."
Eric Chaisson (Cosmic Evolution)

El mundo es diferente hoy día gracias a todos y cada uno de los seres vivos que han poblado nuestro planeta desde hace 4.000 millones de años. Y cada existencia, por leve y breve que haya podido ser, ha supuesto un antes y un después Universal. Una afirmación atrevida, ¿verdad? ¡Pues es cierta!

Dada la manera en que funciona la física en la naturaleza, el simple hecho de ser y de conformar un cuerpo complejo presupone el "pago" a cambio de un enorme coste energético de magnitud similar a la complejidad alcanzada por dicho cuerpo. Un coste y un consumo que siempre deja huella y que supone un legado irreversible. En pocas palabras: el futuro del mundo sin nuestro ser particular habría sido muy distinto. Pero, ¿en qué consiste ese legado que la humanidad en general y cada persona en particular dejará impreso en el fenómeno? ¡Un extraordinario aumento entrópico!

Cuanto más compleja es una estructura natural, mayor flujo de energía libre requiere para mantenerse y persistir reiteradamente en el tiempo, y el consumo de dicha energía libre supone una degradación en la calidad de la energía total (y constante del Universo). Una degradación y un aumento de entropía que desde el mismo momento que llega a acontecer no tiene ya vuelta atrás. Por su manera de actuar, el cosmos pierde (incluso "busca") siempre atenuar la calidad y la capacidad de la energía que contiene; y en el caso particular de la Tierra y de toda la complejidad que contiene, esto se traduce en la aparición y sustentación de procesos que toman la energética luz del Sol y la acaba convirtiendo en un desecho de desorganizada luz infrarroja que es "escupida" al espacio exterior.


Y ese será nuestro gran legado, el legado de todo ser que haya poblado nuestro planeta. Cada pequeña aportación vital ha supuesto y supondrá de manera más o menos directa un exponencial aumento entrópico. Cientos de miles de trillones de fotones solares degradados pueblan ahora el Universo; unos fotones que habrían escapado sin más rebotando en la superficie terráquea si no hubiesen sido atrapados primero por el proceso fotosintético del alguna bacteria o planta. Un proceso fotosintético que permite el florecimiento de un ciclo metabólico más complejo por el que unos seres devoran a otros mientras por el camino esa energía originaria acaba cada vez más y más descompuesta en un (activo) intento natural por maximizar el propio acto degenerativo.

Podemos entender de este modo como la Tierra es de manera global una enorme plataforma degenerativa, y como cada parte constituyente atrapada bajo su potencial gravitatorio es algo así como un resorte dentro de esta enorme maquinaria térmica. Y aunque esta visión todavía no es ortodoxia, no cabe duda de que es cuestión de tiempo de que esta esencia mecanicista llegue y sea reconocida por el mundo académico.

De manera que ya es hora de afrontar los hechos, reconocer que todo nuestro trabajo diario, y todo el esfuerzo existencial va unido irremediablemente a este destino natural que nos dio forma y nos mantiene como fenómenos persistentes. "Sólo" somos máquinas térmicas. Más concretamente, somos máquinas que comen máquinas para construir más máquinas constituyendo un ciclo de máximo flujo energético. Y además somos máquinas constituidas por millones de máquinas más pequeñas (células), y agrupadas en cooperación con otras máquinas (sociedad). Pero de todas formas, y a pesar de esta complicación presentada, todo es finalmente reducible a la misma guía y coordinación que determina cualquier otro movimiento natural: acelerar el consumo de la energía libre de calidad y disminuir tan pronto como sea posible el potencial generativo en el Universo.

En este sentido es interesante notar como Alan Watts, una famoso teólogo de los años sesenta, no sólo intuyó este estatuto termodinámico de la vida, sino que lo afrontó directamente, y encontró en él una fuente de revelación natural:
"Los estándares religiosos, sean judíos, cristianos, mahometanos, hinduistas o budistas, son -tal como se practican ahora- como minas agotadas: muy duras de excavar. Con algunas excepciones no fáciles de encontrar, sus ideas sobre el hombre y el mundo, su imaginería, sus ritos y sus nociones de la buena vida no parecen ajustarse al universo tal como lo conocemos, ni a un mundo humano que está cambiando tan deprisa que mucho de lo que uno aprende en la escuela ya ha quedado obsoleto el día de la graduación [...]. Porque hay un recelo creciente de que la existencia es una carrera de ratas en una trampa: los organismos vivos, personas incluidas, no son más que tubos que tragan cosas por delante y las echan por detrás, las cuales los mantienen haciendo lo mismo y a largo plazo los desgastan. Así que, para seguir con esta farsa, los tubos encuentran maneras de producir nuevos tubos, que también tragan cosas por delante y las echan por detrás. En el extremo de entrada incluso desarrollan ganglios nerviosos denominados cerebros, con ojos y oídos, que les facilitan la búsqueda de cosas que tragar. Siempre y cuando obtengan alimento suficiente, gastan su excedente energético en menearse de maneras complicadas, producir toda clase de sonidos inhalando y exhalando aire por el agujero de entrada y congregarse en grupos para luchar contra otros grupos. Con el tiempo, los tubos adquieren tal abundancia de aparatos adosados que apenas son reconocibles como simples tubos, y se las arreglan para hacerlo en una asombrosa variedad de formas. Existe una norma vaga de no comer tubos de la misma forma que la propia, pero en general hay una intensa competencia por ver quién se convierte en el tipo superior de tubo. Todo esto parece maravillosamente fútil, y sin embargo, si uno se pone a pensar en ello, comienza a parecer más maravilloso que fútil. De hecho, parece sumamente extraño."
Si nuestro destino como meros resortes entrópicos dentro de una maquinaria planetaria mayor (que algunos llaman Gaia) es o no fútil dependerá ya del juicio subjetivo del lector, pero no cabe duda de que nuestra mera existencia le supone objetivamente al Universo un antes y un después. El simple hecho de que usted, lector, y yo, estemos "disfrutando" de unas décadas de vida, supone que el mundo será irreversiblemente diferente a como habría sido sin nuestro paso por el ser. Nuestro paso existencial será "recordado" durante toda la eternidad; y nuestro rastro irá unido al de todos esos fotones viajando por el cosmos y a los que ayudamos a degradar para siempre de una manera u otra.

Probablemente más pronto que tarde nadie nos recordará una vez fallezcamos y nuestro ordenado cuerpo se diluya en átomos y moléculas independientes; pero el fruto de nuestro esfuerzo vital existirá por siempre, o al menos mientras el Universo aguante. Cada segundo de nuestras vidas supone de hecho un cambio definitivo en la historia Universal, y eso es algo que como poco debería de hacer reflexionar al nihilista más acérrimo (como lo fui yo mismo no hace tanto).

Es indudable que el mundo tiene una "preferencia" para el modo en que debe acontecer el fenómeno (su dinámica); y esta tendencia natural es clara e irreversible, tiene dirección y sentido, y conlleva a priori la propia posibilidad de nuestro origen como especie. Así pues somos consecuencia de una predilección natural, y a ella le rendimos (queramos o no, y lo sepamos o no) tributo con cada uno de nuestros suspiros.

Por lo tanto nuestro legado final, como personas pero también como miembros sociales de nuestra especie, será el de haber servido del mejor modo posible al Universo y a su "necesidad" térmica. Y todo ese esfuerzo y dolor vertido por el hombre tendrá finalmente una "recompensa" en modo de recuerdo histórico. El mundo nos recordará por siempre y llevará en él la impronta de todos y cada uno de nuestros actos vitales.

Así pues, amigo; vive, construye y consume de la manera más óptima dada tus circunstancias, el cosmos te lo "agradecerá".

sábado, 30 de septiembre de 2017

"Madre!" (Darren Aronofsky)



Anoche fui a ver la película "Madre!", del director Darren Aronofsky. La película es sin duda muy controvertida, llena de fuertes escenas explícitas bastante desagradables; pero es también el tipo de film que no deja indiferente a nadie y que te permite debatir luego con los amigos durante horas sobre la  verdadera interpretación de sus metáforas. Y eso a pesar de que ya hay explicación "oficial" en palabras del propio director, el cual nos dice que: "Madre!" es una historia sobre la Madre Naturaleza — Jennifer Lawrence— contada a través de sus ojos, y donde se emplea la Biblia únicamente como estructura para narrar la historia, y no como elemento clave a nivel argumental.

Y ciertamente no cabe duda de que el autor pretende realizar una reflexión sobre los estragos que la estupidez humana (ese narcisista y obsesionado Homo Sapiens Sapiens, metafóricamente interpretado por Javier Bardem) inflige sobre la Madre Tierra; siendo que al final la cinta termina con un giro argumental cíclico en el que se observa como todo el proceso acaba tal como empieza enseñándonos las mismas escenas iniciales de la película.

Pero sea como fuere, y a pesar de esta explicación oficiosa, ciertamente cada cual es libre de dar una interpretación más libre (o profunda) al sentido de esta obra. Es algo que muchos (críticos y aficionados) están haciendo (los hay que incluso apelan a que Darren Aronofsky se limita a hacer  un personal análisis del tradicional génesis Bíblico). Y como yo no quiero ser menos (xD), os dejo a continuación mi interpretación particular:

Yo creo que el personaje de Javier Bardem representa a la esencia de nuestro mundo -algo con lo que muchos críticos concuerdan en la red-, se trataría no pues de una representación metafórica del hombre en sí, sino de la interpretación del Creador mismo: un Ente ofuscado y fascinado en el propio acto de concebir y engendrar realidades en las que luego se ve inmerso y que se encarga de experimentar. Se trataría de un Dios necesitado de amor y compañía, un solitario (y quizás atormentado) Ser encargado de crear primero un lugar donde depositar su "obra" histórica (esa Madre Naturaleza que literalmente se la ve aparecer de la nada al inicio de la película -y al final de la misma), y a la cual utiliza luego para saciar su Carencia desplegando y liberando en ella toda su desbocada creatividad.

Sin embargo esta eterna e insaciable Deidad siempre termina plasmando irremediablemente parte de su esencia egoísta y destructiva en todo aquello que genera; condenando así invariablemente a priori toda su perpetua iteración creativa. La escena final del film, de hecho, esa que une las primeras escenas de la película con las últimas, se puede interpretar sin duda como el proceso que la moderna cosmología denomina Big Bang: una gran bola de fuego creadora del Universo. De este modo, cada intento que el Creador realiza por colmar su desesperación existencial e intemporal supone una historia evolutiva cósmica distinta, iniciada a partir de un violento acto originario sentenciado constantemente a terminar de igual manera.

Pero la Divinidad sufre aterrada ante sus límites; ante la imposibilidad de lograr idear la manera de engendrar una existencia que no muestre lo negativo de su dicotomía esencial. Y no importa cuánto lo intenta, finalmente el contenedor en que debe basarse para plasmar su sustancia (la Naturaleza) acaba inexorablemente auto-destruyéndose; lo cual hace que  cualquier realidad diferenciada no sea más que un acto condenado desde el principio al desastre; un ciclo más dentro de una infinita lucha esencial por conseguir un fin que ya sabe que no es posible llevar a cabo.

Por lo tanto nosotros, hijos de Dios, no seríamos más que otro ingenio dentro de este interminable proceso; otro mero intento que lleva (como no puede ser de otra forma) en sus entrañas el carácter dual del Hacedor: como Él adoramos y necesitamos experimentar la existencia, pero al mismo tiempo no podemos evitar destruirla por el simple hecho de ser. Finalmente nuestros descendientes más lejanos acabarán consumiendo la poca energía libre que le quede al mundo...concluyendo así con su muerte térmica el ciclo en que nos encontramos.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Evolución Cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza (libro de Eric Chaisson)

"Heraclitus of old Greece (a philosopher of twenty-five centuries ago) had it correct: Everything flows; nothing is
permanent except change. It’s perhaps the best observation anyone ever
made." 
(Eric Chaisson)

"Such is the nature of change. The emergence of order and the growth of complexity, everywhere and in all scales, do exact a toll-and that toll means a Universe sinking further into an ever-disordered realm of chaos."
"Cosmic Evolution: The Rise of Complexity in Nature" (Eric Chaisson)

«"Heráclito tenía razón", afirma Popper, "no somos [el individuo] cosas, sino llamas. O, más prosaicamente, somos, como todas las células, procesos metabólicos, redes de vías químicas.[...] Los árboles despliegan activamente sus raíces y hojas para absorber el agua y la energía, dos ingredientes necesarios para incrementar la disipación. [...] Cada nueva hoja, cada nueva predisposición fototrófica, es una nueva oportunidad para la degradación de energía. En resumen, el dicho cartesiano "pienso, luego existo" se convierte en "existo porque disipo".»
 "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución" (Dorion Sagan y Eric D. Schneider)

"You start with a random clump of atoms, and if you shine light on it for long enough, it should not be so surprising that you get a plant." 
(Jeremy England, interview commentary with Natalie Wolchover)



Me gustaría presentaros en esta entrada otro gran hallazgo de divulgación científica. Esta vez gracias a la recomendación de un buen amigo (eso sí, un amigo virtual :P). Se trata del trabajo "Evolución cósmica: El aumento de la complejidad en la naturaleza" (Cosmic Evolution: The Rise of Complexity in Nature), un libro escrito por el astrofísico Eric Chaisson profesor en la Universidad de Harvard. También escribió este mismo autor una continuación a esta obra que me encuentro actualmente devorando: "Epic of Evolution: Seven Ages of the Cosmos". Su primer libro sobre el asunto tiene un contenido un poco más técnico (con algo de matemáticas incluso, algo raro de ver en un trabajo de divulgación), mientras que el segundo intenta acercar el contenido a un público más general (desapareciendo evidentemente cualquier referencia matemática explícita).

Sea como fuere, el trabajo de Eric Chaisson es realmente impresionante y revelador, y viene muy en la línea del modo en que aborda el tema Dorion Sagan (hijo del famoso Carl Sagan) en su libro: "La Termodinámica de la vida: física, cosmología, ecología y evolución". Ya comenté hace unos días con cierta profundidad en esta otra entrada el trabajo de Sagan, y salta a la vista como el trabajo de ambos autores se complementan a la perfección para dar un resultado tan asombroso como inesperado para la mayoría de la gente: el Universo que parece tener después de todo un claro "propósito" en su continua deriva temporal: esto es, aumentar en cada momento la complejidad estructural de sus partes constituyentes para lograr siempre el mayor consumo (óptimo) de energía libre dadas las circunstancias.

Es decir, que después de todo no todo es una dinámica espontánea y estocástica sin rumbo marcado en nuestro mundo, sino que por el contrario, todo el movimiento y el cambio observado desde su propio origen tras el Big Bang posee un incesante "esfuerzo" natural intrínseco en pos de un claro "fin" tendente a mantener y favorecer la existencia de aquellas estructuras cósmicas que más y mejor destruyen energía libre mediante la interacción física de sus partes constituyentes. En otras palabras: nuestro cosmos evoluciona en su conjunto -y desde su primer yoctosegundo- mediante una mecánica que organiza al fenómeno sin excepción del mejor modo posible para garantizar el máximo flujo energético posible.

Es ésta una afirmación sorprendente: ¡nuestro cosmos muestra una clara tendencia evolutiva -física- a nivel global! Y merece por cierto la pena recalcar que el origen de la vida y la evolución biológica aquí en la Tierra no son otra cosa más que una manifestación más de este mismo principio Universal. Y aunque ciertamente es ortodoxia entre los biólogos presuponer que la evolución biológica no persigue ningún fin, esto es sólo cierto parcialmente (de manera miope). Esa afirmación, de hecho, sólo tiene sentido tomada dentro de un marco exclusivamente biológico aislado, ignorando por tanto la base física que sustenta todo devenir animado e inanimado en su conjunto. Una presunción que muchos alegremente extrapolan luego hasta abarcar falazmente el nihilismo más absoluto. Pero resulta que una vez tomado el asunto desde la más amplia y básica perspectiva física y cosmológica, el asunto de la vida ahora sabemos que vuelve a tomar un cierto sentido objetivo liberada ya de las cadenas del sinsentido contingente de la biología terrenal.

Porque ciertamente la evolución biológica entendida de manera tradicional (es decir; corta de miras) no presenta objetivamente más que sinrazón. Y eso es algo que el maravilloso filósofo español Carlos Castrodeza se encargó de imprimir con gran calidad literaria en su intento de Darwinizar el mundo. Siendo memorable en este sentido esta cita suya: "La idea central es que biológicamente, es decir, desde la perspectiva de la historia natural, la razón de ser de todo ser vivo es permanecer, pero esa permanencia no tiene objeto. Se trata de permanecer por permanecer porque, valga la vacuidad epistémica, en su dimensión tanto gnoseológica como ética, permanece lo que permanece y punto". Y desde esa perspectiva eminentemente biológica todo lo dicho es cierto. Pero hoy día, y gracias a recientes trabajos de físicos como por ejemplo Jeremy England, parece que por fin comienza a evidenciarse de manera clara y formal (es decir, mediante teorías matemáticas y la experimentación) aquellos trabajos pioneros en el campo de la biogénesis (valga mencionar en este sentido por cierto la obra del genial Erwin Schrödinger).

Y es que la nueva física termodinámica orientada sobre sistemas no aislados fuera del equilibrio térmico vienen a apoyar cada vez con más fuerza los trabajos de divulgación que van en la línea de la perspectiva que Eric Chaisson y Dorion Sagan defienden en sus trabajos: es decir; que si uno quiere, puede concluir que a un nivel meramente biológico (y antropocéntrico) el nihilismo de Castrodeza tiene cierta razón, pero desde una perspectiva más amplia (más física y menos antropocéntrica) tales propuestas ya no se sostienen. Castrodeza no tenía realmente razón porque la existencia y la persistencia de todo fenómeno en el mundo (incluida la vida) sí que tiene objeto: todo lo que permanece, permanece por y para aumentar la entropía en el Universo (i.e.; para apoyar en la tarea de degradar al máximo la calidad de la energía libre existente).

Todo lo existente en el cosmos es pues un medio utilizado por el Universo para satisfacer su único "fin" natural (termodinámico): devorar tan pronto con sea posible toda la energía libre (capaz de generar trabajo) que la aparición de cualquier tipo de gradiente supone (diferencias entre ciertas propiedades fenoménicas). Es decir; que la física del mundo posee desde su mismo instante inicial un gran potencial para posibilitar el cambio fenoménico, pero al mismo tiempo también posee desde el principio una fuerte tendencia intrínseca esencial dirigida a abolir -mediante su auto-organización- tan pronto como sea posible cualquier diferencia fenoménica acontecida. Y es esta auto-organización tendente a devorar de manera óptima la energía libre la fuente de toda la complejidad observada en el cosmos: desde la formación de los propios átomos y moléculas, pasando por las galaxias, las estrellas, los planteas, y por supuesto la vida. Toda complejidad no es así más que una reacción natural espontánea tendente a mejorar el modo en que degradar y disipar eficientemente toda esta energía. Podemos entender por tanto cualquier complicación observada, y su propia dinámica, como un método natural mediante el cual el Universo responde y se organiza a sí mismo para mantener su teleológico (que no teológico) "deseo" de devorar energía libre al mayor ritmo posible. Así pues, de este modo y volviendo al caso del hombre, vemos que éste sí que posee después de todo una clara función objetiva compartida por el resto de fenómenos complejos: leones, gacelas, plantas, algas, bacterias, virus, moléculas, átomos, huracanes, ríos, cristales, estrellas, galaxias, etc.

También, por otra parte, sabemos que la realidad hace uso en su vehemencia degradativa de un enorme arsenal estructural para lograr su codiciada "finalidad" termodinámica; siendo una de las tácticas más eficientes aquella de anidar e interconectar (mediante algún tipo de "simbiosis") dichas estructuras en cuando es posible. Como ejemplos de este tipo de "simbiosis" podemos destacar la formación de estrellas a partir del polvo estelar, la formación de la célula eucariota a partir de la simbiosis de varias células procariotas, la formación de organismos multicelulares a partir de la cooperación de varios tipos de células eucariotas, y por supuesto la aparición de sociedades (agrupaciones y alianzas) de organismos del mismo tipo. En este sentido es muy importante hacer notar que cuando este tipo de asociaciones tienen lugar, el resultado del conjunto en cuanto a eficiencia en el consumo por unidad de masa suele ser mucho mayor que el consumo de las partes por separado. Se produce así naturalmente un fenómeno "holístico" muy remarcable y empírico.

En palabras del propio Chaisson (Cosmic Evolution, páginas 138, 139):

"Living systems require substantially larger values of energy density flow to main-
tain their order, including growth and reproduction. Photosynthesis is
the most widespread biological process occurring on the face of the
Earth, dating back at least 3.3 billion years when rocks of that age first
trapped the chlorophyl porphyrins that drive this process in green
plants, bacteria, and algae. These lower life forms need 17 kJ for each
gram of photosynthesizing biomass, and they get it directly from
the Sun. Since the annual conversion of C02 to biomass is 1.7 X 10^17 g
(or ~10 billion tons of carbohydrates), the entire biosphere must use
energy at the rate of nearly 10^21 erg s-1 g-1(or about 0.1 percent of the total
radiant energy reaching Earth's surface). And given that the total mass
of the terrestrial biosphere (living component only) is approximately
10^18 g, then energy density for the physico-chemical process of photosynthesis is
roughly 900 erg s-1 g-1.
Humans, by contrast, consume typically 2800 kcal per day (or 130
watts in the form of food) to drive our metabolism; this energy, gained
indirectly from that stored in other (plant and animal) organisms and
only indirectly from the Sun, is sufficient to maintain our body tem-
perature and other physiological functions as well as to fuel move-
ment during our daily tasks. Metabolism, by the way, is a genuinely
dissipative mechanism, thus making a connection with previous ther-
modynamic arguments that some might have (wrongly) considered per-
tinent only to inanimate systems. Having an average male body mass
of 70 kg, we therefore maintain a energy density flow of some 2 X 10^4 erg s-1 g-1 while in good health. This is how humankind contributes to the rise of en-
tropy in the Universe: We consume organized energy in the form of
structured foodstuffs, and we radiate away as body heat an equivalent
energy in the form of highly disorganized infrared photons. We, too,
are dissipative structures-highly evolved dissipators.
In turn on up the complexity continuum, the adult human brain-
the most exquisite clump of matter in the known Universe- has a cra-
nial capacity of typically 1300 g and requires about 400 kcal per day
(or 20 watts) to function properly. Our brains therefore have a flow of energy density
value of roughly 1.5 X 10^5 erg s-1 g-1. This large energy density flowing
through our heads, mostly to maintain the electrical actions of count-
less neurons, testifies to the disproportionate amount of worth Nature
has invested in brains; occupying 2 percent of our body's mass yet using
nearly 20 percent of its energy intake, our cranium is striking evidence
of the superiority, in evolutionary terms, of brain over brawn. Thus, to
keep thinking, our heads glow (in the far-infrared) with as much energy
as a small lightbulb; when the "light" goes out, we die.
Finally, we consider civilization en masse, the open system of all hu-
manity comprising modern society going about its daily, energy-driven
business. Today's ~6 billion inhabitants utilize ~18 trillion watts to
keep out technological culture fueled and operating, admittedly un-
evenly distributed in localized pockets across the globe.
The cultural ensemble equalling the whole of humankind then has a energy density flow value of some 5 X 10^5 erg s-1 g-1. Not surprisingly, a group of brainy organisms
working collectively is even more complex than the totality of its indi-
vidual components, at least as regards our criterion for order of free
energy rate density-a good example of "the whole being greater than
the sum of its parts", without resorting to anything other than the flow
of free energy through an organized, and in this case social, open sys-
tem."


Entendemos ahora como ha sido esta especialmente dirigida dinámica natural la que ha facilitado sin cesar la aparición de estructuras cada vez más y más eficientes realizando trabajo, alcanzándose gracias a esta evolución cósmica un aumento exponencial en la densidad de consumo energético por unidad de masa. Y es importante recalcar la palabra exponencial, porque ese ritmo de crecimiento tiene siempre grandes implicaciones físicas (y filosóficas).

Pero dejadme que antes de continuar os ponga al respecto un par de gráficas sacadas también del comentado libro "Cosmic Evolution". Estas gráficas vienen a resumir lo dicho anteriormente y demuestran claramente la existencia de una dirección (y sentido) natural privilegiado en el tiempo:






Todas estas gráficas, fruto del trabajo de investigación del profesor Eric Chaisson, son de una relevancia asombrosa, y es difícil entender como la comunidad internacional no se ha hecho aún suficiente eco del asunto: simple y llanamente estas gráficas demuestran que el Universo sigue y persigue un "fin" objetivo bien diferenciado. Como decimos, ya no podemos hablar de irrelevancia direccional en el mundo de las leyes físicas. Ya no podemos entender que todo cambio en el fenómeno sigue un curso intrascendente o contingente por lo general, sino que ahora debemos aceptar que todo sigue un devenir bien "intencionado". Hay objetivo en las leyes físicas que gobiernan el mundo, hay dirección y sentido, hay finalidad: ¡y todos (entes animados e inanimados) conformamos un gradual continuo de medios y "soluciones" mediante los cuales el Universo consigue su "propósito"!

Pero no nos confundamos con los términos: a la Naturaleza no le "interesa" en concreto la existencia y permanencia del ser humano (del Homo Sapiens Sapiens) o de cualquier otra estructura o ser, más que de un modo temporal; mientras sea una estructura lo suficientemente eficaz a la hora de acaparar localmente energía libre. Y por supuesto no se está defendiendo que la Naturaleza busque algún tipo de progreso estético, ni mucho menos ético, ni tampoco ningún progreso que podamos relacionar ni remotamente con algún concepto relativo al hombre o a nuestra humanidad.  El mundo sólo "quiere" realmente abolir gradientes, y para ello hace uso siempre de los mejores medios a su alcance en cada momento y en cada circunstancia. Y es esta y no otra la verdadera causa ultima de toda la dinámica (y la conducta) observada en el mundo de la complejidad dentro de sistemas fuera del equilibrio térmico (como por ejemplo es el caso de la Tierra). El hombre pues sólo constituye una pequeña parte (temporal y prescindible) dentro de una gran engranaje Universal (véanse los gráficos anteriores).

Pero todas maneras, y a riesgo de ser repetitivo, recalquemos e insistamos de nuevo más en lo mismo: el hombre NO es en absoluto un actor relevante ni trascendente en cuanto a la realidad cósmica. Y no lo es ni como sujeto (como ente individual) ni como especie (como agrupación social y cultural). La humanidad es sin duda actualmente por estos lares un (grandioso) medio para producir trabajo, consumo y disipación; pero no obstante es un medio como decimos transitorio, un peldaño temporal más dibujado en el gráfico arriba mostrado; una estructura destinada como tantas otras a desaparecer en el tiempo, siendo si acaso y con suerte un catalizador de apoyo al escalón que nos continuará en el crecimiento exponencial que la evolución cósmica "persigue". Posiblemente, de hecho, existan ahora mismo en el Universo otros muchos seres sintientes destinados también ellos a ir apareciendo y desapareciendo en sus propios planetas. Y aunque cada uno de estos seres, máquinas térmicas en general, de alcanzar nuestro nivel intelectual podrán reflexionar acaso de manera nihilista en cuanto a su propio origen y destino, cometerían no obstante el mismo error argumental que cualquier persona que así piense hoy día: el nihilismo (objetivo) ya no es admisible, puesto que ahora sabemos que formamos parte de un engranaje Universal; somos piezas que, queramos o no, ya únicamente con nuestra mera existencia favorecemos y apoyamos un Bien común degradativo. El mero hecho de ser y persistir ya implica de hecho el ser una fiel estructura disipativa: una máquina dedicada por completo a acaparar y conducir continuamente un flujo continuo de energía.

Y me gustaría enfatizar todo lo dicho un poco más si cabe. Os enlazo para ello a continuación un documental que Hilary Harris filmó en 1975, llamado: "Organism". El documental se basa en mostrar la "equivalencia visual" que presenta nuestra sociedad (agrupación de personas) con la agrupación de células que conforman nuestro organismo individual. En mi opinión, lo fundamental del trabajo es el hecho de que esta clara analogía se hace mucho más patente cuando se filma nuestro mundo social a gran velocidad (y desde una amplia perspectiva panorámica):


En el documental salen personas que probablemente murieron hace ya bastante tiempo; muchas de las cuales incluso posiblemente ya ni siquiera nadie recuerda. Su existencia como sujetos fue efímera, leve e insignificante. Pero no obstante su trabajo y su esfuerzo vital sí que permanece: muchas de sus aportaciones personales es posible que todavía perduren; como por ejemplo algunos de los edificios que ayudaron a construir, algunas ideas culturales que ayudaran a promover, o alguna innovación tecnológica a la que pudiesen aportaran algo. Y aunque no fuera así, todavía es posible que dejaran descendencia que aún esté viva, consumiendo en estos momentos eficientemente energía; o como poco, seguro que es notable el aumento de entropía (residuos) que todas esas vidas de consumo, alimentación y respiración produjeron: el cambio climático, por ejemplo; es una suerte de gran acumulación de la degradación y polución que todos los seres humanos hemos ido produciendo hasta este instante en pos de este comentado natural (y común) afán de producción y consumo (se estima por poner un solo ejemplo, que gran parte del efecto invernadero es causado por las flatulencias de los miles de millones de animales de granjas que sirven para nuestro consumo alimentario). De todas formas no se nos puede culpar por ello, simplemente actuamos de acuerdo a como estamos predestinados dada nuestra esencia como máquinas térmicas encargadas de procesar y disipar la energía de alta calidad del Sol.

De todas formas, y aunque ya hemos visto que como sujetos somos tan insignificantes y prescindibles como una célula individual dentro de un organismo, al mismo tiempo, y tal como le ocurre a esta célula, todo (cualquier estructura o fenómeno, animado o no) forma siempre parte y contribuye (lo sepa o no) en favor de un único "fin" termodinámico reductible común. Una verdadera causa última que da sentido a cualquier existencia, ya sea ésta más o menos organizada, y por muy leve y temporal que dicha presencia fenoménica sea. Todo lo que existe en nuestro mundo, existe para ayudar con su esfuerzo y trabajo en continuar la senda exponencial de consumo ascendente que el Universo "desea" mantener.

En este sentido, hace pocos días científicos de renombre (destacando quizás el físico Stephen Hawkins), alertaban del peligro de que las máquinas inteligentes nos desplacen o reemplacen (o destruyan si se quiere ser más hollywoodiense). Y no están equivocados. Es más, se trata de una simple deducción a la vista de lo ya comentado. Máquinas con inteligencia sobrehumana, de reproducción autónoma, y con la ventaja añadida de no poseer la levedad y la debilidad que presentan las estructuras biológicas basadas en el carbono. No cabe duda de que estos artilugios son firmes candidatos a continuar el camino exponencial en el consumo de energía libre por unidad de masa. En cierto modo es incluso de perogrullo el hecho anunciado de que tan pronto como estas máquinas sean catalizadas por nuestra cultura tecnológica, y dada la enorme eficiencia termodinámica que tendrán, irremediablemente irán gradualmente (y no abruptamente como ocurre en las películas de Hollywood) desplazando a nuestra especie como ente dominante en el planeta (podéis profundizar más sobre este tema en esta otra entrada del blog).

Además, y aventurando un poco el futuro, parece que si uno se fija en las gráficas de Eric Chaisson el siguiente paso lógico para mantener el ritmo de crecimiento exponencial debería ser el de la colonización espacial. Es decir; que aquellas eficientes estructuras evolucionadas localmente en cada planeta (con capacidad para albergar vida) y con la capacidad añadida (tecnológica) para escapar de la gravitación del propio planeta, comiencen la conquista (o invasión) de otros planetas esparciendo así su "semilla".

Pero los organismos biológicos como los aparecido aquí en la Tierra no son aptos para tal hazaña (dado lo limitados que están por su origen evolutivo y por la sobre-adaptación histórica al hábitat local al planeta de origen). En este sentido es de sobra conocido que las condiciones espaciales son muy agresivas para estos organismos; y los larguísimos periodos de tiempo necesarios para alcanzar otros sistemas planetarios diferentes de aquellos donde estos entes se originan lo empeora todo. Volviendo por ejemplo al caso concreto del hombre, es claramente inviable que miles de generaciones sobrevivan en una nave de gran tonelaje viajando durante ciento de miles de años hasta alcanzar otro planeta al que luego habrá que moldear (hacer habitable) a las condiciones de nuestro mundo original. Pues este mismo problema lo tendrá cualquier otro tipo de vida aparecido en cualquier planeta del Universo mediante un proceso evolutivo similar al acontecido en la Tierra.

Así que no, no serán humanos los que pueblen otras partes del cosmos. Si la colonización espacial llega a ocurrir, será como consecuencia de un producto catalizado culturalmente (tecnológicamente) de manera Lamarckiana. Es decir, que ya sea el hombre u otra especie orgánica la encargada de dar el siguiente paso en la evolución cósmica, el caso es que muy probablemente el ente que logre finalmente expandirse por el espacio y alcanzar otros sistemas planetarios (viajando sin problemas durante miles o cientos de miles de años y sin la necesidad de adaptar cada hábitat planetario) estará basado de alguna manera en algún tipo de base metálica o en algún compuesto sintético artificial dispuesto (diseñado) para tal fin. Este producto catalizado será posiblemente un ente inteligente, preparado para soportar grandes viajes estelares y para auto-reparar cualquier accidente que sufra a partir meramente de la energía y la materia circundante. Será además una entidad capaz de replicarse de manera autónoma, a gran velocidad y con gran eficiencia, y llevará por tanto el concepto de consumo de energía libre por unidad de masa a cotas varios órdenes de magnitud superior a lo que el hombre (o cualquier otro ente biológico) podría siquiera imaginar.

Por lo tanto, y a pesar de nuestra insignificancia para el mundo como sujetos, serán después de todo estos sintéticos "hijos" nuestros, fruto del avance tecnológico al que todos y cada uno de los seres humanos vividos y por vivir habremos podido contribuir de una manera u otra, los que con suerte ayuden en el "pretendido" avance natural en pos de la continua superación en el ritmo general de degradación energética. Toda nuestra lucha como individuos y como especie se vería así reconfortado por el reconocimiento de que después de todo, todo nuestro esfuerzo SÍ podría objetivamente servir para algo: aunque ese algo no sea relevante desde un punto de vista puramente subjetivo o antropocéntrico.

Cada vez que nos alimentamos, cada vez que respiramos, cada día de trabajo, cada vez que amamos, que nos reproducimos, que criamos, que nos peleamos; cada agresión y cada cooperación, todo va enfocado siempre a la misma finalidad natural: acelerar en lo posible la transformación de la energía libre (en potencia) disponible en energía totalmente degradada e incapaz de generar nuevo trabajo (movimiento coordinado) efectivo. Porque el hecho de tener que mantenerse e incrementarse en lo posible siempre el flujo ininterrumpido de energía libre es lo que une al mundo animado y al animado. Es este mandamiento termodinámico lo que en todo momento guía y dirige de manera global cualquier cambio a gran escala: desde el movimiento inanimado más básico hasta la conducta social más intrincada.

Y respecto al origen o causa de esta propia tendencia dinámica, comentar que el profesor Eric Chaisson nos explica que fue la propia expansión del espacio originado tras el Big Bang lo que permitió, dadas las leyes naturales en su conjunto, la aparición de lo que se denomina como energía en potencia (energía potencial); pero que la aparición de este tipo de energía fue aparejada inmediatamente por una aversión a las diferencias en las propiedades físicas locales (gradientes) que ésta potencialidad no homogénea propiciaba. El Universo parece querer de alguna manera "retractarse" de su propia existencia, insistiendo en abolir su propio potencial para generar movimiento (cambio efectivo) cuanto antes mejor (idealmente a un ritmo exponencial). Esto parece indicar que el mundo de alguna manera "necesita" liquidar esa especie de saldo entrópico en el menor tiempo posible. Merece por cierto la pena mencionar que esto es algo sospechosamente "similar" a lo que ocurre en el mundo microscópico (cuántico), donde a una partícula se le "permite" aparecer (existir) salida de la nada (vacío cuántico) violando el principio de conservación de la energía; pero únicamente siempre y cuando restaure este saldo de energía "robado" lo suficientemente rápido como para que la realidad no lo "note" (haciéndose uso del principio de incertidumbre de Heisenberg).

Y es que, ante la indiscutible tendencia termodinámica presente por todo el cosmos y a cualquier escala o nivel de abstracción en que se mire, uno no puede evitar la fundamental pregunta sobre cuál puede ser la razón de ser (la esencia) de esta clara inclinación natural hacia la destrucción acelerada de toda su energía libre. La ciencia física hasta ahora nos explica bastante bien el modo en que todo deriva (su mecánica); es decir, que nos ayuda a reconstruir el pasado y a prever el futuro, pero todavía tenemos que encontrarle una explicación en sí a la propia dinámica marcadamente direccional que hemos venido explicando hasta ahora. La mayoría de físicos que trabajan en la actualidad en estos temas (estudiando la termodinámica en sistemas no aislados y fuera del equilibrio térmico) reconocen la anterior pregunta como legítima (aceptando como ineludible el hecho de que el Universo presenta una suerte de tendencia teleológica en tales sistemas), pero la gran mayoría dejan luego completamente abierta la respuesta a la misma: puesto que sencillamente no saben de momento cómo responderla.

Y es que además hay muchas posibles respuestas, siendo todas ellas de momento meras hipótesis especulativas. Algunas de tales propuestas hacen uso de postulados teológicos metafísicos (como la cosmovisión de Philipp Mainländer de la que hablé hace tiempo en el blog); pero no es en absoluto necesario que esto sea así, habiendo efectivamente otras propuestas que intentan explicar el asunto sin la necesidad de apelar a ninguna metafísica teológica intencional (como podría ser el caso de la propuesta del vacío cuántico y su relación con el origen del Universo que arriba he bosquejado un poco, y que expliqué con más detalle en esta otra entrada).

Sea como fuere, y a modo de resumen, sólo remarcar que parece indiscutible que la vida ahora sí que se puede decir que posee en general un sentido objetivo Universal. Y ciertamente dicho objetivo podrá subjetivamente valorarse luego (por aquellos entes con capacidad para hacerlo como es nuestro caso) de muy diversas maneras: algunos pensarán que este objetivo natural sencillamente no merece la pena, otros lo verán como una especie de trágica broma cósmica, algunos serán capaces de aceptar este destino nuestro de manera estoica, otros negarán lo evidente apelando a algún Dios (humanizado) y a Su designio inescrutable, e incluso los habrán que vean algún tipo de redención o penitencia en el fondo del asunto. En realidad como sujeto cada cual entenderá esta comentada "finalidad" termodinámica a su manera; y la valorará y la juzgará igualmente como desee...pero de todas formas nuestra valoración subjetiva es tal inútil (objetivamente) como nuestra existencia personal: el hecho evidente e incuestionable es que todos viviremos (nos guste más o menos), y que todos aportaremos (queramos o no) en la destrucción acelerada de cualquier fuente de energía libre. Al Universo le importa bien poco nuestra opinión o nuestras preocupaciones; él "sabe" lo que "quiere" y hará uso de todos los medios que estén a su alcance para conseguirlo. No está de más en este punto insistir por enésima vez en la constatación de que el mundo se "deshará" del ser humano (no activamente, sino mediante la misma evolución cósmica natural que nos dio origen) tan pronto como deje de serle útil (i.e.; en cuando las circunstancias cambien lo suficiente y dejemos se constituir termodinámicamente un óptimo local adecuado).

¿Se trata nuestro destino en fin, visto lo visto y como diría Leopardi, de un "abisso orrido, immenso, ov'ei precipitando il tutto obblia" (una fatalidad horrible, y un inmenso abismo donde al precipitarse todo se olvida)? Yo personalmente no lo veo así. Yo creo (aunque asumo que es sólo eso, una mera creencia), que el Universo se comporta de este modo porque de algún modo metafísico así lo necesita. Y como de momento no soy capaz (y posiblemente nunca lo sea) de acertar a ver qué tipo de metafísica y qué necesidad concreta puede ser esta, me limito a dejarme llevar por el hedonismo y en la manera de lo posible por el estoicismo. Trabajo y lucho como este mundo desea que haga, crío a mis hijas con el amor que el propio Universo quiere que sienta y disfrute; y moriré si puedo lograrlo con un sentimiento de redención; un auto-reconocimiento personal que me demostrará (a mí mismo) que hice todo lo que pude por acatar los designios que evolutivamente me fueron impuestos desde el mismo momento de mi nacimiento. Y aunque al cabo de pocas décadas poco rastro directo quedará de mi paso por la existencia, espero al menos de corazón que algunos de mis actos (o la mayoría de ellos) sirvan al menos de manera indirecta para avanzar todo lo posible en ese vehemente fin termodinámico que todo ser (vivo y no vivo, consciente o no) comparte por el simple hecho de pertenecer a esta Realidad.