lunes, 15 de abril de 2013

The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot


While the capacity for both awareness and prospection has clear survival advantages, conscious foresight also came at an enormous price—an understanding that somewhere in the future, death awaits us. This knowledge—that old age, sickness, decline of mental power, and oblivion are around the corner—is less than optimistic. It causes a great amount of anguish and fear.
Ajit Varkil, a biologist at the University of California at San Diego, argues that the awareness of mortality on its own would have led evolution to a dead end. The despair would have interfered with daily function, bringing the activities and cognitive functions needed for survival to a stop. Humans possess this awareness, and yet we survive. How?
The only way conscious mental time travel could have been selected for over the course of evolution is if it had emerged at the same time as false beliefs. In other words, an ability to imagine the future had to develop side by side with positive biases. The knowledge of death had to emerge at the same time as its irrational denial. A brain that could consciously voyage through time would be an evolutionary barrier unless it had an optimism bias. It is this coupling—conscious prospection and optimism—that underlies the extraordinary achievements of the human species, from culture and art to medicine and technology. One could not have persisted without the other. Optimism does not exist without at least an elementary ability to consider the future, as optimism is by definition a positive belief about what is yet to come, and without optimism, prospection would be devastating.

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"

Recomiendo este libro a todos aquellos "creyentes" de los diversos Dioses y Vírgenes que se han inventado e imaginado desde los orígenes de la humanidad: debéis saber que ese sentimiento maravilloso e inefable que os hace "creer", no es más que mera consecuencia de un simple proceso cognitivo de vuestro cerebro evolutivo: el hombre ha evolucionado para distorsionar y falsear la realidad exterior, de manera que pueda obtener así el consuelo necesario para sobrellevar el conocimiento consciente del sufrimiento y el dolor implícito del mundo.

http://www.amazon.com/Optimism-Bias-Irrationally-Positive-Vintage/dp/0307473511

(si alguien quiere leer el libro pero no gastar dinero, os puedo pasar una versión en formato epub ;))

"The Optimism Bias: A Tour of the Irrationally Positive Brain - Tali Sharot"


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domingo, 14 de abril de 2013

Debatiendo sobre el pesimismo y el optimismo en el hombre



  1. Pego a continuación parte del debate que se ha producido en la web http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/03/el-realismo-depresivo.html sobre el tema del pesimismo y el optimismo en el hombre:

    Gracias, Samuel, por tu respuesta. Creo que sí había comprendido de qué va el post, es más probable que me haya expresado mal. Pero la clave de si la evolución nos tiene programados o de si podemos decidir o no qué gafas (heurísticas) nos ponemos estriba en un matiz mucho más profundo que nos llevaría a una diatriba larguísima sobre qué margen de libertad tenemos sobre el color de esas gafas. Incluso si no tuviéramos ninguno en absoluto, y por motivos de variedad que también sería otro tema, lo obvio es que no todos llevamos el mismo color de gafas. Los hay que las llevan incluso negras y zas, se suicidan (con mucha congruencia, por cierto), lo cual deja patente que no todo el mundo lleva el mismo programa, mal que a la evolución le pese, porque estos, entonces, le salieron ranas :)
    No puedo estar de acuerdo en que -como dices- el vaso esté vacío (ni lleno). Tanto vacío como lleno me parecen dos colores demasiado estridentes de gafas (uno de los cuales, por cierto, tampoco le gusta a la evolución, pero igual me equivoco). Yo sigo prefiriendo lo de "a medias" :)
    Por supuesto estoy totalmente de acuerdo en la programación, etc. pero también pienso que -al igual que en la informática- para cada programa se encuentra, al final, un modo de hackearlo. Saludos y gracias de nuevo.
    Responder
  2. Hola, Ana di Zacco.

    Comprendo que pienses que comprendes el artículo, pero la cuestión es que; en tal caso, lo comprendes pero no lo compartes. Y es lo normal; no creo que ni un 1% sea capaz de aceptar en profundidad las evidencias que la moderna neurología y la psicología evolucionista nos muestra.

    Sencillamente, no podemos aceptar que el vaso esté vacío. No podemos aceptar el nihilismo al que nos lleva la teoría de la evolución. Simplemente el ser humano es soberbio y antropocéntrico por naturaleza. Simplemente nos negamos a aceptar la realidad pésima del mundo, por muchas evidencias de todo tipo que tengamos: si vemos noticias de niños muriendo de hambre o muriendo de cáncer, cambiamos de canal, y realizamos cualquier actividad hedonista para equilibrar lo que acabamos de ver (comer, follar, leer un libro al sol, etc.).

    Dices que comprendes la entrada del blog, pero no comprendes que desde hace mucho tiempo ya, se conoce que el cerebro humano posee bastantes heurísticos actuando en el subconsciente (uno de ellos el heurístico del optimismo). Simplemente, nuestra mente posee actividad cognitiva que escapa de nuestro control racional. Gran parte de nuestra conducta está dirigida por dicho subconsciente, y sólo a posteriori podemos justificar racionalmente por qué hicimos lo que hicimos (pretendiendo recuperar el control que no tenemos): por eso te insisto en que el cerebro evolutivo nos hace ver el vaso medio lleno, cuando está totalmente vacío (en base de nuestras observaciones empíricas del sufrimiento y dolor en el mundo, y en base al nihilismo al que nos lleva la biología al explicar la existencia del hombre como consecuencia de simples procesos físicos evolutivos).

    De hecho, dices que ves el vaso medio lleno, pero no dices con qué lo medio llenas: explícate, por favor. No creo que sepas con qué llenarlo racionalmente, más que con diversos argumentos hedonistas de diversa índole tergiversados de manera inefable o mística, de modo que dichos argumentos parezcan más de lo que no son con el fin de llenar el vaso lo máximo posible. Poco hay que llenar, sin embargo, si se estudian esos argumentos optimistas a fondo. Espero, por otra parte, que no intentes medio llenar el vaso con afirmaciones religiosas: la religión, la creencia irracional, es el último consuelo al que llega el hombre cuando no sabe cómo equilibrar la balanza de dolor y sinsentido del mundo. Es la expresión máxima a la que el subconsciente optimista nos lleva, y es la actitud más patética en el hombre: el acto de abandonar la razón.

    Por cierto, no tienes que preocuparte de que ver el mundo con gafas negras lleve al suicidio. El suicidio tampoco es un acto racional, por mucho que lo parezca. El suicida simplemente es un enfermo mental: una persona a la que le fallan los sistemas de control ante la autolesión. La propia depresión es ya un problema neurológico (problema relacionado con varios neurotransmisores), y la posible posterior muerte es también es una neuropatología añadida. ¡¡Nadie tiene la capacidad racional de suicidarse!! ¡No tenemos tal capacidad de decisión! ¡Nadie neurológicamente sano puede hacer tal cosa, piense lo que piense su parte racional! Más bien al contrario, parece ser que el suicidio es parte de un proceso evolutivo de autoeliminación de individuos enfermos o defectuosos que no es deseable que transmitan su carga genética en el acervo génico o que interfieran en el correcto funcionamiento de la sociedad (hay muchos ejemplos de animales que poseen tal proceso evolutivo de eliminar individuos enfermos, por ejemplo las hormigas).

    El hombre es un ser evolutivo, y toda nuestra conducta es evolutiva. No hay escapatoria posible ante este “determinismo”. Igual que parte de nuestro antropocentrismo se vino abajo con el conocimiento de que la Tierra no es el centro del Universo, también debe venirse abajo con respecto a nuestra supuesta “libertad” de acción: estamos condicionados evolutivamente por completo, y muy especialmente por los procesos cognitivos subconscientes que todos poseemos.

    ¡Un cordial saludo a todos!
    ResponderEliminar
  3. Samuel, creo que Ana y tú estáis de acuerdo en el diagnóstico. La diferencia puede estar en qué hacer luego, en a dónde nos lleva esto...Me interesa tu opinión al respecto. Me gustaría, si te apetece claro, que me contaras cómo te afecta este conocimiento evolucionista en tu vida personal, en cómo afecta a tu vida diaria. Todo lo que dices sobre el libre albedrío y el inconsciente coincide totalmente con la línea de este blog y lo puedes ver en las entradas sobre el nuevo inconsciente, o en la de Baumeister sobre el libre albedrío. No puedo estar más de acuerdo contigo. A un nivel racional también creo que el yo y el libre albedrío es una ilusión, pero una cosa es saber eso y tener ese conocimiento y otra muy diferente poder cambiar las cosas. Yo te hablo desde mi experiencia. Para mí la teoría de la evolución me ha abierto los ojos, es como ponerte unas gafas y ver la maquinaria que hay por debajo de las cosas, por qué existen, de dónde vienen, pero otra cosa muy diferente es que eso cambie mi vida. La ha cambiado sustancialmente, desde luego, pero muchas veces me veo haciendo las mismas cosas o cayendo en los mismos comportamientos a pesar de entender de dónde vienen. Quiero decir, sé que el amor es una estratagema para que me junte a una mujer y haga copias de mis genes pero me sigo enamorando. Siento casi hasta cómo me manipulan los genes pero no puedo evitarlo. Y me encanta el jamón...Y si pasa una chica con minifalda me vuelvo a mirarla...Toda esa realidad que pintas es impepinable pero luego mi acción sigue marcada por los heurísticos como tú dices o por los módulos o algoritmos preprogramados. Y aunque sé que es el motor optimista interno el que tira de mí no puedo impedir su funcionamiento. ¿Cómo manejas tú esto? ¿cómo lo llevas?
    En cualquier caso, muy interesante el tema :-)
    Responder
  4. Lo primero, Pitiklinov, decirte que me alegra saber que compartes mis ideas. Y lo segundo, por supuesto; responder a tus preguntas. No tengo ningún reparo en hacerlo:

    "¿Cómo manejas tú esto? ¿cómo lo llevas?"

    Lo llevo muy bien. Estoy casado, tengo dos hijas pequeñas, algunos buenos amigos, y una vida totalmente social y plena. Tengo estudios superiores de ingeniería, un máster y actualmente intento hacer un doctorado (aunque me está costando porque entre el trabajo y la familia no me queda tiempo para casi nada). Es decir, llevo una vida completamente normal y corriente, como la que pueda tener cualquier persona más optimista, o que desconozca o no acepte la realidad evolutiva del hombre.

    Pero es que no puede ser de otra manera, amigo: precisamente de eso se trata; el raciocinio no nos puede dar más libertad de acción que la que la evolución nos concede. Por mucho que razonemos sobre el dolor y el sinsentido de la vida, eso no nos va jamás a permitir sobreponernos a los instintos y los procesos cognitivos del subconsciente. Por ponerte un ejemplo claro: por mucho que razonemos y comprendamos que la aversión que todos los individuos mentalmente sanos sentimos hacia el incesto es un simple heurístico evolutivo, no por eso vamos a poder sobreponernos a dicho heurístico y acostarnos con nuestra madre (o padre). Es imposible que una persona sana cometa un acto de incesto por el simple hecho de comprender que sólo es una regla evolutiva.

    El subconsciente tiene el papel dominante en gran parte de nuestra conducta diaria. Nuestro ego intenta luego retomar el poder racionalizando esas decisiones inconscientes, pero es puro teatro. Y precisamente a este respecto tengo una anécdota personal que contar: yo soy una persona pesimista por naturaleza (mi heurístico del optimismo va a medio gas). Desde que tengo uso de razón soy ateo, y ya desde mi infancia, con 13 años, tenía una línea de pensamiento similar a la que os expongo aquí (algo menos elaborada, por supuesto, pero la base era muy parecida). Por cierto, el punto de inflexión en mi forma de ver el mundo ocurrió sobre esa época, tras leer el primer libro de Richard Dawkins: “El gen egoísta”.
    He renegado, por lo tanto, de tener hijos desde mucho antes de comenzar a salir con chicas, y por supuesto desde antes de conocer a mi actual esposa. Era para mí un acto horrible el engendrar nueva vida a este mundo terrible y carente de sentido. Un absurdo cruel y egoísta…y ahora tengo dos hijas preciosas y a las que quiero más que nada en el mundo. No hay nada que hacer: por mucho que nos disguste reconocerlo, la gran mayoría de las decisiones no las toma nuestro consciente. Tengo, por supuesto, una justificación racional (más bien dos ;)) con la que pretendo racionalizar la incongruencia de haber tenido hijos conociendo mi forma de pensar, pero la realidad sé que es bien distinta: he tenido hijos porque es para lo que estoy hecho; de alguna manera mi subconsciente me engañó o nubló mi raciocinio y no sé cómo. Pero eso no importa, sé que sólo soy una máquina de reproducir genes, y que no hay nada que pueda hacer al respecto: lo comprendo y lo acepto. Por cierto, tengo que decir que soy una muy buena máquina de reproducción y supervivencia (y hasta estoy contento de ello).
  5. La razón en el hombre tiene un puro papel adaptativo (y secundario), por lo que esta razón debe estar siempre, independientemente de lo razonado, supeditada a los “objetivos” evolutivos: no podemos hacer que dejen de gustarnos las mujeres, ni dejar de comer a diario, ni podemos autolesionarnos; no tenemos ninguna libertad de cambiar sustancialmente lo que somos (salvo que suframos de alguna enfermedad mental grave). Por eso no me extraña cuando dices que a ti te ha ocurrido exactamente lo mismo; que el conocimiento no ha cambiado en esencia tu conducta: eso demuestra es que eres una persona mentalmente sana :).

    Por eso yo siempre intento hacer ver a los temerosos de oír la realidad pésima del mundo, que no deben tener miedo de aceptar y comprender lo que la ciencia nos cuenta: ningún conocimiento va a cambiar en nada sustancialmente sus vidas. Van a continuar siendo lo que son: máquinas evolutivas de reproducción.

    Un cordial saludo, amigo.

viernes, 12 de abril de 2013

Realismo depresivo

A continuación transcribo un comentario mío realizado en la web Evolución y Neurociencias, al respecto del heurístico del optimismo que la ciencia propone poseemos programado en nuestro cerebro: http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/03/el-realismo-depresivo.html


No hace mucho tuve una experiencia personal al respecto. Puse en mi tablón de Facebook algún comentario sobre alguna noticia desagradable (no recuerdo cuál), y los posteriores comentarios en mi muro fueron degenerando en un debate optimismo-pesimismo. Pues bien; los comentarios optimistas de mis amigos (la mayoría de ellos con estudios superiores) eran exasperantes: una amiga mía, por ejemplo; doctora ella, llegó a justificar el enorme dolor en el mundo con las "cosas buenas de la vida", poniendo el estúpido ejemplo de que ella pasa, de vez en cuando; unos buenos momentos leyendo un libro al sol de la tarde.

Ese comentario fue el rematé: ¡¡justificar una actitud optimista frente al mundo, con unos nimios momentos de bienestar que la sociedad occidental se procura a costa del sufrimiento del 3er mundo y del mundo en vías de desarrollo me parece no sólo una estupidez sino incluso una actitud deleznable (si no fuese por el hecho de que dichos comentarios son actos del subconsciente heurístico del optimismo, claro)!!

Y es que no hay ilusión más poderosa en nuestra mente que la producida por el heurístico del optimismo. El mundo es terrorífico, de eso no hay dudas; basta con visitar los hospitales, los manicomios, las cárceles, observar las guerras, los asesinatos, el hambre en el mundo, la enfermedad infantil, el tráfico de esclavos, las salas de tortura, los cadalsos y todos los rincones donde habita la más negra miseria, los barrios ínfimos de nuestras grandes ciudades, las minas, las fábricas, donde se obtiene el derecho a respirar a cambio de catorce horas diarias de trabajo embrutecedor, incluidos niños de ocho años. Sin olvidarnos, por supuesto, del sufrimiento constante del hombre: la necesidad constante de obtener recursos y de luchar por ellos: luchar a diario ante la presión ambiental (la misma presión ambiental que permite el proceso evolutivo). Destacando también el dolor por el tedio y el aburrimiento de quienes tienen todas sus necesidades cubiertas (a costa del sufrimiento de sus congéneres), y el sufrimiento que el conocimiento de la levedad del ser y la inevitabilidad de nuestra muerte produce.

Ante esta perspectiva, es evidente que hombre, durante su evolución; debió forzosamente desarrollar mecanismos de defensa, entre los cuales yo creo que destacan dos: el heurístico del optimismo del que se habla en esta entrada del blog, y el heurístico que nos guarda de la autolesión.

El primero permite una actitud positiva hacia la vida, sin importar la realidad a la que nos enfrentemos. Lo cual nos empuja a seguir luchando por la vida frente a toda adversidad y, si es necesario, emborronando nuestro raciocinio y falsando los hechos objetivos. El heurístico que nos guarda de la autolesión, es un complemento indispensable del anterior. A veces (o muchas veces) el sufrimiento en la vida es tal, que el heurístico del optimismo es incapaz de consolar al individuo. En esos casos, y mientras mejora la situación lo suficiente, es indispensable que el cerebro posea un mecanismo inconsciente que evite que el individuo se autolesione (similar, por ejemplo; al que evita el incesto) y cometa un suicidio (a veces este mecanismo falla y el resultado es la muerte).

A mí personalmente, el conocimiento de la existencia de estos heurísticos me produce un enorme sentimiento de disgusto. Y me produce este sentir porque me hacen inferir la poca libertad de acción que poseemos. Me hace comprender con claridad que sólo somos maniquís en manos del proceso evolutivo: como diría Richard Dawkins, me confirma que sólo somos máquinas de reproducir genes: a toda costa y a cualquier precio.

El hecho de que nuestro cerebro venga programado con heurísticos, dan clara muestra de que ese supuesto libre albedrío es sólo una ilusión. Y es que no sólo somos máquinas programadas para luchar vehementemente por la reproducción y la supervivencia, es que incluso somos máquinas programadas para falsear la realidad: máquinas para las que todo vale con tal de conseguir los objetivos evolutivos.

Y el disgusto que siento es todavía mayor cuando tomo conciencia del nihilismo de la vida. Me explico:
Hoy es un hecho que, la evolución, causa de nuestra aparición en el mundo, es una simple ley física reducible a leyes mecánicas y térmicas más fundamentales. El proceso evolutivo es simple consecuencia de las leyes físicas del mundo, y es indudable  que estas leyes no persiguen en esencia ningún fin racional, que simplemente son así. Y al ser la evolución un proceso físico natural más también carece de un fin esencial: Simplemente es un proceso que surge espontáneamente a consecuencia de que las leyes físicas más fundamentales. Así pues, la evolución es un proceso ciego e irracional, un proceso espontáneo que ha creado estructuras materiales complejas (seres vivos). Y obviamente, el producto de un proceso espontáneo natural, que no persigue en esencia una finalidad racional (que sólo es como es, y actúa como actúa) no puede poseer un objetivo en esencia diferente al de su causa. Así pues, por duro que nos parezca, compartimos el nihilismo del resto de estructuras materiales del mundo. ¡Luchamos y sufrimos en nuestras vidas esencialmente por y para nada (luchamos por luchar)!
¡Sobrevivimos contra viento y marea, nos reproducimos, nos esforzamos por acaparar recursos, peleamos a diario contra el resto del mundo por nosotros y nuestros hijos, pero todo eso lo hacemos esencialmente por y para nada; lo hacemos porque estamos programados para hacerlo! ¡Incluso una gran parte de nuestra conducta es dictada por un subconsciente que escapa de nuestro control racional!
El mundo natural me parece cruel, y el heurístico del optimismo me parece el culmen de la crueldad, la máxima injusticia. El mundo nos obliga primero a ser conscientes (porque es evolutivamente favorable) de todo el dolor, y posteriormente nos lanza a falsear la realidad con el único fin de empujarnos a seguir luchando por y para nada esencialmente relevante. (Juzgar a la naturaleza de ser cruel no tiene mucho sentido por supuesto; el mundo simplemente es así, pero yo subjetivamente percibo esta realidad del mundo como un acto cruel).
Por último, es importante comprender que, si cuando lees comentarios como este que estoy haciendo (y que el autor hace en la entrada del blog), percibes una sensación desagradable y de rechazo,  que esa sensación es producto precisamente del heurístico de optimismo de tu cerebro. Evita eso prejuicios e intenta vislumbrar el mundo objetivamente.

Bueno, lo dejo aquí :).

Un saludo a todos.

martes, 9 de abril de 2013

La muerte

Evitar la muerte en lo posible es un objetivo natural de todo ser vivo (junto con el instinto de reproducción). Todos luchamos por mantenernos vivos, desde la bacteria unicelular hasta el ser humano. Parece ciertamente que hay una voluntad en el mundo que empuja vehementemente en este sentido.

Una visión moderna podría relacionar esa lucha por la vida, con una lucha contra las leyes termodinámicas del mundo, las cuales son, paradójicamente, en gran medida responsables de la aparición de la propia vida. No querer morir, es no querer que nuestra estructura corporal se desintegre; lo que supone una lucha continua contra las leyes naturales. Esta lucha es la base de todo el sufrimiento en el mundo.

Por otra parte, somos fruto de una ley natural evolutiva, la cual se puede reducir (y se debe) a leyes físicas más fundamentales: como la mecánica y la termodinámica. Esto nos debe hacer sospechar de que esa voluntad instintiva de la que todos somos partícipe, debe ser compartida por todo ente natural en el mundo. Y, es cierto que es eso lo observamos, por ejemplo, al estudiar la vehemencia con la que los cuerpos se mueven en el espacio, siguiendo rutas geodésicas, y presentando una lucha ciega ante cualquier cambio de trayectoria o estado. Acelerar un cuerpo inerte supone un trabajo; un esfuerzo, y eso es así porque el cuerpo se resiste naturalmente al cambio: es lo que se ha venido en llamar la ley de inercia.

Todo en la naturaleza parece obedecer a los designios de una ciega voluntad, de la cual nos tenemos que contentar con conocer sus diversas representaciones en el mundo.

En este punto, podemos tomar una actitud más o menos mística, y asociar esta voluntad con una entidad independiente del mundo: con una Voluntad, o podemos simplemente contentarnos con asociar esa voluntad simplemente con las propias leyes naturales. Sea como fuere, el resultado es muy similar, puesto que el conocimiento de facto en uno y otro caso es casi el mismo.

Este impulso irracional del que hablamos, lo vemos representado tanto en el movimiento de los átomos, como en la motivación humana, y además, dicho impulso es responsable no sólo de la aparición de la vida, sino del sufrimiento que hay en ella. Y esto es así debido a una lucha interna entre los diversos entes vivos (y no vivos) por seguir existiendo, acaparando el máximo de recursos posibles, los cuales son necesarios para mantener las complejas estructuras materiales, en contra de la 2ª ley de la termodinámica.

Esa voluntad o impulso natural es causa determinante en la aparición de todo fenómeno natural, y también es a la vez responsable de las calamidades en el mundo. La naturaleza lucha irracional y espontáneamente contra sí misma.

Y la muerte sí es indudablemente una solución al sufrimiento [b][i]individual[/i].[/b] Estar vivo requiere constituir y mantener un cuerpo complejo, el cual necesita de continuos recursos. Esto impone ya de base, y sin tener en cuenta otras necesidades del ser vivo como el deseo de reproducción, una lucha continua por mantener el organismo. Esa lucha, esa necesidad, nos garantiza un sufrimiento el cual sólo puede ser aliviado con la propia muerte.

Tampoco es plan de tirarse por un puente porque; primero de todo, la propia naturaleza nos ha grabado en la cabeza un miedo terrible a autolesionarnos, el cual es tan complicado o más de superar que la aversión al incesto, y segundo, porque no hay prisa: la naturaleza ya se encarga de matarnos a todos más o menos lentamente.

La vida es un sufrimiento pero es finita, por lo que no tiene mucho sentido aligerar lo que por otra parte es inevitable. Una vez que se comprende el sufrimiento, y se comprende el nihilismo y pesimismo del mundo, la vida se antoja más llevadera. El que nada espera no sufre decepciones, ni se agobia ante la adversidad. El pesimismo es la mejor herramienta para lograr una actitud estóica; actitud ciertamente necesaria para minimizar el sufrimiento en este  mundo.

Bueno, lo dejo aquí, con el fragmento de una obra que desde siempre me ha llamado la atención:

Jorge Manrique

 (1440-1479)


  Coplas por la muerte de su padre


  Recuerde el alma dormida,        
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte              5
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,             10
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                           15
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar             20
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

  Nuestras vidas son los ríos        25
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                          30
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos          35
y los ricos.

Invocación:

  Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,            40
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco yo
de verdad,                           45
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

  Este mundo es el camino
para el otro, que es morada          50
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,             55
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.


Desde siempre me ha parecido que no hay mayor consuelo ante la vida, que el saber que algún día moriremos.

Un saludo, amigos.